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Calor (a García Lorca)

Siempre me gustó ir al sur, es como caminar cuesta abajo por la cuesta de la vida, la cuesta que me lleva a tu morada. El tiempo me arrastra hacia la sierra, ¡hogar!. Ahora sopla el viento y en los vértices del tiempo, anidan estos sentimientos. Ni una página en blanco más en el libro de la vida, una vida que duele al punto de las lágrimas, lágrimas que manan de la propia vida.

Hoy, a esta hora, hace 76 años, la sangre de García Lorca se mezclaba con la seca tierra en una fosa común de intolerancia, odio, ignorancia cavada por intolerantes e ignorantes, aquellos cuya alargada sombra aún planea sobre nosotros. Imagen con vídeo en tributo a quienes dieron su vida por la libertad frente al odio, la ira y la intolerancia que supuso el Alzamiento de 1936 y el franquismo que se impusieron por la (sin)razón de las armas.

Querido Federico, puedo oír y tocar lo que nadie oye ni siente; recibo mensajes de pájaros, del viento, de los árboles, de un perro o de una gallina. Y, al llegar, soy un hombre del sur y no quiero saber nada del tiempo que transcurrió al cruzarse nuestros caminos, en el silencio, el silencio de la cuesta, la cuesta de la vida, cuesta abajo, vida arriba.

En la cuesta, polvo, sol, fatiga y hambre. Solo soy un pobre hombre, con la casa a cuestas. He dormido en cualquier esquina. A veces, clandestinamente, en un zaguán. Todo lo que tengo lo llevo conmigo: unas hojas de papel y un lápiz. Tu espíritu me arrastra; horizonte.

Miro el horizonte sin que mis ojos vean; mi corazón siente y no palpita. ¡Suspiro corto!, eternidad que me sume en un éxtasis perpetuo. Luego de la cuesta, cuesta que me lleva a tu morada, la sierra del sur, hogar, tallo deseos en una noche de verano que suena a canción otoñal.

Bajo la piel reseca, ríos sólidos de sangre, tu sangre, mi sangre, empapan mi espíritu. Te siento. Y contra el cielo impasible, soy firme roca que parte el agua del embravecido río de la vida.

Ya escucho tu alma a través del tiempo. Te siento sin prisas. Encuentro la calma. Me rindo sin miedo. La cuesta me ha llevado hacia ti, abajo. Es un fin; ¡punto de partida!. Una hoja en blanco donde puedo escribir lo que quiero.

Querido Federico: siento el retraso en escribirte, pero he estado fuera los últimos cuarenta años, por voluntad propia. Me han reconfortado tus últimas palabras en las que me hablabas de tus impresiones y paisajes. Detecto que la fantasía ha derramado su fuego espiritual sobre la naturaleza exterior agrandando las cosas pequeñas, aquellas a las que apenas prestamos importancia y que hacen de nosotros seres, sino imprescindibles, sí importantes.

No te puedes imaginar, amigo Federico, cómo están las cosas por aquí. ¡Si Dios no lo remedia! La desazón me envuelve hasta el embargo y se diría que me he vuelto cómodamente insensible. Por lo que se refiere a los hombres cabría decir que aún viven, o mejor dicho, sobreviven, pero también cabría puntualizar que se les ha borrado de la humanidad. A la memoria acuden, como una plañidera letanía, las palabras del amigo Antonio, ¿recuerdas?: “los buenos momentos terminan enseguida; los malos se prolongan hasta la eternidad”.

Abundan los días de jondura de silencio y la pena, con mayor frecuencia de la debida, tizna cada vez más cuando estalla. ¡Ay!, querido Federico si estuvieses aquí. Seguimos teniendo un problema con Dios.

He recibido con inmensa alegría tus últimas palabras en las que me invitas a sentirme abatido pero nunca batido. Cuesta abajo, vida empinada, veo cómo pasan cosas, cosas casi siempre interpretadas con tristeza y retratadas con amargura, e intento sobreponerme a las adversidades de la vida, una realidad compleja, dramática, repleta de baches y curvas imprevistas que altera nuestro guión de sopetón.

Observo en mi alma, y en la tuya, algo que sobrepuja a todo lo existente. Un algo que, en la mayor parte de las horas, está dormido. Sin embargo, cuando recordamos o sufrimos, como es el caso, una amable lejanía despierta.

Quiero seguir tu camino y ver poesía en todas las cosas, en lo hermoso y en lo feo, en lo repugnante y en lo deleitable. Me cuesta, sin embargo, descubrirla. Ya me advertiste de que era difícil alcanzar ese descubrimiento pero intento no desfallecer.

Cuan admirable es el espíritu que recibe una emoción y la interpreta de muchas maneras, todas distintas y contrarias y ninguna contrapuesta. Pasamos por el mundo y, cuando llegue a la puerta de la ruta solitaria, espero poder copar todas las emociones existentes: virtud, pecado, pureza, negrura.

Querido Federico, es, sin embargo esa realidad de la que te hablo, lo que trastoca los planes personales e impide ese descubrimiento a través del incógnito a la par que maravilloso viaje a las profundidades de nuestro interior.

Camino cuesta abajo. Qué razón tienes, amigo Federico; debemos interpretar las cosas siempre escanciando nuestra alma sobre ellas, buscando un algo espiritual donde no existe, proporcionando a las formas el encanto de nuestros sentimientos y ser uno y ser mil para sentir las cosas en todos sus matices. Ahora soy capaz de verlo, abajo de la cuesta que me ha llevado a tu alta morada: veo lagos donde hay charcas y charcos donde hay pantanos; veo montañas donde hay colinas y cerros donde hay montañas cuando la vista no es capaz de alcanzar el horizonte… y almas antiguas que pasaron por plazas solitarias.

Tus últimas palabras son acicate para el alma y el corazón: hay que ser religiosos y profanos. Reunir el misticismo de una severa catedral gótica con la maravilla de la Grecia o la Roma pagana. Verlo todo, y sentirlo todo. En la eternidad, ya gozaremos del premio de no haber tenido horizontes.

Busco en tus palabras la humildad y la sinceridad para ponerlas en práctica en un mundo que nos es hostil. Quiero desplegar amor y misericordia para todos y recibir en pago tan solo un respeto. Ciertamente, poco más nos queda que soñar. ¡Desdichado del que no sueñe, pues nunca verá la luz!.

Nos hallamos ante un momento de la historia en que se presenta como un friso continuo de ventanas que se abren y se cierran y en el que aparecen paisajes y personajes, en una suerte de trampantojo creada, quizás por Dios y el diablo al unísono. ¿ Habrán generado una amistad desconocida para nosotros?.

¿ En qué creer?, querido Federico. Las ilusiones forman parte del pasado y, quizás, del futuro pero hoy solo son frustraciones. Si este es nuestro futuro, quizás prefiera un pasado.

La política, amigo mío, ha dejado de ser un noble arte. Recuerdas a Rimbaud: “Regresaré, con miembros de hierro, la piel ensombrecida, la mirada furiosa: por mi máscara, me juzgarán de una raza fuerte. Tendré oro: seré ocioso y brutal. Las mujeres cuidarán a esos feroces lisiados reflujo de las tierras cálidas. Intervendré en política. ¡Salvado!.”

Querido Federico, cada día muero un poco más contigo y ¡vivo!. El hombre que viste camisa vieja, maldito bastardo, ha llamado al viajero para que venga a buscarte. En esta noche de verano que suena a canción otoñal, tu muerte, hostia de la comunión de unos que se decían españoles y que dieron vida a una cruzada de plomo, sangre e ira, me da vida.

Se oye el sonido de un alfiler cayendo en la medianoche de la nada, y en la nada encuentro todo. Las palabras han descargado las armas; muerte y luego, más muerte. La jondura del silencio se ha hecho pero inquietas voces acuden a mí. Escucho el sonido de tu silencio, nuestro silencio. Grito en carne viva frente al rostro del demonio.

Demonio de corte fascista / fascista llaga / llaga en el gesto / gesto adusto / adusta garantía / garantía de eficacia / maldita eficacia / eficacia amargada / amargada dolencia / dolencia intestinal / intestino severo / severo en el alma / el alma torcida / torcida en el espíritu.

Mueres; muero un poco más contigo y vuelvo a vivir. El silencio estalla de tanto callar. El obispo reparte maldiciones al paso del cortejo fúnebre que nada lleva. Y en la nada, todo. Los huesos para la tierra, tu alma fértil para nosotros. Lo que veo no existe y, sin embargo, lo estoy viendo.

Y la pena también tizna cuando estalla. Y estalla el silencio cuando mueres para que yo viva. Y hablo. Y me enfrento a vientos en varias direcciones y tormentas de diferente intensidad. Reinvento sobre tu recuerdo el entorno, a cada paso; me hundo y me levanto. Bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque ya no caerán más abajo.

Abismo y luego más abismo. Asesino al fantasma, el fantasma de cicatriz fascista. Y regreso, regreso junto a ti. Me disfrazo, nos disfrazamos de cordialidad. Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista… Solo un hombre del sur, ora maldito, ora maduro, que busca el sentido de la vida, cuesta abajo, en el filo de la vida, vida que me da tu muerte.

Trago rancio. Los fusileros, risueños, ingenuos ellos de su destino, marchan. Vaciado el cargador, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y Lucifer. En el macadán queda por siempre tu espíritu, abajo de la cuesta.

Y en el carrusel de la vida, en tu nombre, requiebros de amor, amor de trato risueño y encantador, de distinta belleza, una belleza imperfecta, ¡perfección!.

El cielo pide paciencia. Me apunto otra derrota. La tierra de tus huesos medita por mí, tierra del sur. Y tu muerte me recuerda lo resistente que es mi espíritu (humano) cuando quiere serlo. Azucarillo y aguardiente para endulzarme el momento, momento eterno.

Y las cosas que el diablo fascista intentó enterrar encontraron la forma de aflorar. No recuerdo si pasó de verdad o imagino que pasó. ¿Has muerto?; sólo herido. Vives, y yo contigo. Una estampita. Un Cristo. ¡Agua!. Agua del sur. He bajado la cuesta para subir por la vida.

Tuyo, en la herida, Goyo Martínez.

 

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Hoy me visto de pobre

A veces no hay palabras, no hay citas que puedan resumir lo que paso aquel día, a veces lo haces todo bien, lo haces perfectamente, y aun así sientes que has fallado, ¿Tenía que acabar así? ¿Podía haberse hecho algo para evitar la tragedia? Volverán a casa e intentarán recuperarse. Volverán con sus familias pero nunca volverá a ser aquellos niños y niñas, inocentes ellos. Suman centenares de vidas en un remoto lugar en el que creían que los monstruos no existían hasta que supieron que llevaban toda la vida conviviendo con uno. ¿Cuánto tiempo podrán seguir mirando hacia el abismo? ¿Cuándo se darán cuenta de que son incapaces de recuperar la alegría de vivir que les quita este mundo?… Como he dicho, a veces no hay palabras, ni citas que puedan resumir lo que paso aquel día. A veces el día, simplemente… termina.”

(Goyo Martínez)

Un profundo, provocador y desgarrador alegato contra el mundo que nos atropella y nos condena hasta el hastío de Mary Fernández, de Miami (EEUU), a través de la página de Guillermo Heskel (Buenos Aires). Con música, por supuesto.

 

Hoy necesito vestirme de pobreza, pasar hambre, sentir frío; y no tener ni un centavo en el bolsillo del roto pantalón viejo, como el de Celestina, la pobre mendiga de la esquina que algún alma caritativa le donó un día en que por viejo decidio regalarlo, sin que le doliera hacerlo, porque a ella ya no le servía.

Hoy necesito sentir que me duele el cuerpo, porque duermo en el piso de piedra; y  que tengo que ir al río a limpiar mi piel curtida, sucia y reseca que destila el aroma que llevamos los pobres, la pestilencia de la peor enfermedad del mundo, el olor terrible de la pobreza extrema.

Hoy necesito beber de la copa de barro del pobre en la geografía injusta del desafortunado que en vez de nacer en cuna pudiente llegó al mundo como Jesús, el Hijo de Dios, para nacer en un humilde pesebre, y darnos al mundo el mensaje divino.

Hoy necesito gritarles a todos mi angustia y dolor, que somos nosotros los hombres los que inventamos la pobreza, que somos los egoistas los que permitimos el hambre, que somos los arrogantes los que ignoramos al necesitado, que somos los ciegos que no queremos ver la realidad del pobre, que hay millones de pequeños que se mueren de hambre, de frío, de enfermedades, de soledad, de abandono, de abuso, que no llegan…

… Que se pongan de moda las obras de caridad, que se ponga de moda hacer limpieza de cosas materiales, repartir los que tenemos de sobra y dárselo a quien de verdad no tiene nada.

Hoy necesito caminar descalza y que me quemen las plantas de los pies, extender mis manos al mundo, levantar mi voz furiosa, porque toco miles de puertas y son muy pocos los que saben abrirlas…

… ¿Es que no sienten acaso vergüenza de saber que sus hermanos usan zapatos viejos, sucios y rotos?. ¿Qué culpa tienen nuestros hermanos, los que viven en la Puna de haber nacido en el lugar equivocado?.

Hoy quiero convencer al mundo de que tenemos poco, mucho, demasiado, y de que, cuando hay abundancia, debemos compartirla con nuestros hermanos. Le pido a Dios que la gente avara sienta vergüenza en su escondida conciencia, que no tenga tanto apego al exceso de sus lujos, que no le duela regalar una de sus diez manzanas… es tan poco lo que necesita un pobre, casi nada faltándole todo.

Hoy quiero que los ricos hagan cola para comprar nada, que se ponga de moda los valores del alma, que sea elegante tener suficiente, que no exista el termino “morirse de hambre”, sentir frío, indiferencia, ignorancia.

… Que les llegue a todos la hora de comprender que DIOS no nos quiere pobres, ni tristes, ni enfermos, ni abandonados, ni en guerras; que lo tenemos todo en este mundo, todo, para que la pobreza sea erradicada del planeta…

… Fue el hombre el que inventó la moneda, las joyas, el precio de los diamantes y las esmeraldas, el precio del agua, de los terrenos, de las drogas.

Que cierren las cuentas de los bancos, que no haya vacaciones para nadie, que se expandan las pestes de este mundo y apliquen la vacuna contra la miseria…

… Que se pongan de moda los que piden, que todos quieran sentarse a la intemperie a disfrutar la ola de vacío, a gozar la enorme indiferencia,

¡que ser pobre se ponga de moda!

 

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Hoy me visto de pobre

A veces no hay palabras, no hay citas que puedan resumir lo que paso aquel día, a veces lo haces todo bien, lo haces perfectamente, y aun así sientes que has fallado, ¿Tenía que acabar así? ¿Podía haberse hecho algo para evitar la tragedia? Volverán a casa e intentarán recuperarse. Volverán con sus familias pero nunca volverá a ser aquellos niños y niñas, inocentes ellos. Suman centenares de vidas en un remoto lugar en el que creían que los monstruos no existían hasta que supieron que llevaban toda la vida conviviendo con uno. ¿Cuánto tiempo podrán seguir mirando hacia el abismo? ¿Cuándo se darán cuenta de que son incapaces de recuperar la alegría de vivir que les quita este mundo?… Como he dicho, a veces no hay palabras, ni citas que puedan resumir lo que paso aquel día. A veces el día, simplemente… termina.”

(Goyo Martínez)

Un profundo, provocador y desgarrador alegato contra el mundo que nos atropella y nos condena hasta el hastío de Mary Fernández, de Miami (EEUU), a través de la página de Guillermo Heskel (Buenos Aires). Con música, por supuesto.

Foto: Hoy necesito vestirme de pobreza<br />
pasar hambre<br />
sentir frio<br />
y no tener ni un centavo en el bolsillo<br />
del roto pantalon viejo como el de Celestina<br />
la pobre mendiga de la esquina<br />
que algun alma caritativa le dono<br />
un dia en que por viejo decidio regalarlo,<br />
sin que le doliera hacerlo,<br />
porque a ella ya no le servia. </p>
<p>Hoy necesito sentir que me duele el cuerpo<br />
porque duermo en el piso de piedra<br />
y que tengo que ir al rio<br />
a limpiar mi piel curtida, sucia y reseca<br />
que destila el aroma que llevamos los pobres,<br />
la pestilencia de la peor enfermedad del mundo,<br />
el olor terrible de la pobreza extrema. </p>
<p>Hoy necesito beber de la copa de barro del pobre<br />
en la geografía injusta del desafortunado<br />
que en vez de nacer en cuna pudiente<br />
llego al mundo como Jesus el Hijo de Dios<br />
para nacer en un humilde pesebre,<br />
y darnos al mundo el mensaje divino. </p>
<p>Hoy necesito gritarles a todos mi angustia y dolor<br />
que somos nosotros los hombres los que inventamos la pobreza,<br />
que somos los egoistas los que permitimos el hambre,<br />
que somos los arrogantes los que ignoramos al necesitado,<br />
que somos los ciegos que no queremos ver la realidad del pobre,<br />
que hay millones de pequenos que se mueren de hambre,<br />
de frio, de enfermedades, de soledad, de abandono, de abuso,<br />
que no llegan </p>
<p>Que se pongan de moda las obras de caridad<br />
que se ponga de moda hacer limpieza de cosas materiales<br />
repartir los que tenemos de sobra<br />
y darselo a quien de verdad no tiene nada </p>
<p>Hoy necesito caminar descalza<br />
y que me quemen las plantas de los pies<br />
extender mis manos al mundo<br />
levantar mi voz furiosa<br />
porque toco miles de puertas<br />
y son muy pocos los que saben abrirlas </p>
<p>Es que no sienten acaso verguenza<br />
de saber que sus hermanos<br />
usan zapatos viejos, sucios y rotos<br />
que culpa tienen nuestros hermanos<br />
los que viven en la Puna<br />
de haber nacido en el lugar equivocado </p>
<p>Hoy quiero convencer al mundo<br />
de que tenemos poco,  mucho,  demasiado<br />
y de que cuando hay abundancia debemos compartirla<br />
con nuestros hermanos<br />
le pido a Dios que la gente avara sienta verguenza<br />
en su escondida conciencia<br />
que no tenga tanto apego al exceso de sus lujos<br />
que no le duela regalar una de sus diez manzanas<br />
es tan poco lo que necesita un pobre,<br />
casi nada faltandole todo.   </p>
<p>Hoy quiero que los ricos hagan cola para comprar nada<br />
que se ponga de moda los valores del alma<br />
que sea elegante tener suficiente<br />
que no exista el termino "morirse de hambre"<br />
sentir frio, indiferencia, ignorancia, </p>
<p>Que les llegue a todos la hora<br />
de comprender que DIOS no nos quiere pobres,<br />
ni tristes, ni enfermos, ni abandonados, ni en guerras,<br />
que lo tenemos todo en este mundo, todo,<br />
para que la pobreza sea erradicada del planeta<br />
Fue el hombre el que invento la moneda<br />
las joyas, el precio de los diamantes y las esmeraldas,<br />
el precio del agua, de los terrenos, de las drogas. </p>
<p>Que cierren las cuentas de los bancos<br />
que no haya vacaciones para nadie<br />
que se expandan las pestes de este mundo<br />
y apliquen la vacuna contra la miseria<br />
que se pongan de moda los que piden<br />
que todos quieran sentarse a la intemperie<br />
a disfrutar la ola de vacío<br />
a gozar la enorme indiferencia<br />
que ser pobre se ponga de moda

Hoy necesito vestirme de pobreza, pasar hambre, sentir frío; y no tener ni un centavo en el bolsillo del roto pantalón viejo, como el de Celestina, la pobre mendiga de la esquina que algún alma caritativa le donó un día en que por viejo decidio regalarlo, sin que le doliera hacerlo, porque a ella ya no le servía.

Hoy necesito sentir que me duele el cuerpo, porque duermo en el piso de piedra; y  que tengo que ir al río a limpiar mi piel curtida, sucia y reseca que destila el aroma que llevamos los pobres, la pestilencia de la peor enfermedad del mundo, el olor terrible de la pobreza extrema.

Hoy necesito beber de la copa de barro del pobre en la geografía injusta del desafortunado que en vez de nacer en cuna pudiente llegó al mundo como Jesús, el Hijo de Dios, para nacer en un humilde pesebre, y darnos al mundo el mensaje divino.

Hoy necesito gritarles a todos mi angustia y dolor, que somos nosotros los hombres los que inventamos la pobreza, que somos los egoistas los que permitimos el hambre, que somos los arrogantes los que ignoramos al necesitado, que somos los ciegos que no queremos ver la realidad del pobre, que hay millones de pequeños que se mueren de hambre, de frío, de enfermedades, de soledad, de abandono, de abuso, que no llegan…

… Que se pongan de moda las obras de caridad, que se ponga de moda hacer limpieza de cosas materiales, repartir los que tenemos de sobra y dárselo a quien de verdad no tiene nada.

Hoy necesito caminar descalza y que me quemen las plantas de los pies, extender mis manos al mundo, levantar mi voz furiosa, porque toco miles de puertas y son muy pocos los que saben abrirlas…

… ¿Es que no sienten acaso vergüenza de saber que sus hermanos usan zapatos viejos, sucios y rotos?. ¿Qué culpa tienen nuestros hermanos, los que viven en la Puna de haber nacido en el lugar equivocado?.

Hoy quiero convencer al mundo de que tenemos poco, mucho, demasiado, y de que, cuando hay abundancia, debemos compartirla con nuestros hermanos. Le pido a Dios que la gente avara sienta vergüenza en su escondida conciencia, que no tenga tanto apego al exceso de sus lujos, que no le duela regalar una de sus diez manzanas… es tan poco lo que necesita un pobre, casi nada faltándole todo.

Hoy quiero que los ricos hagan cola para comprar nada, que se ponga de moda los valores del alma, que sea elegante tener suficiente, que no exista el termino “morirse de hambre”, sentir frío, indiferencia, ignorancia.

… Que les llegue a todos la hora de comprender que DIOS no nos quiere pobres, ni tristes, ni enfermos, ni abandonados, ni en guerras; que lo tenemos todo en este mundo, todo, para que la pobreza sea erradicada del planeta…

… Fue el hombre el que inventó la moneda, las joyas, el precio de los diamantes y las esmeraldas, el precio del agua, de los terrenos, de las drogas.

Que cierren las cuentas de los bancos, que no haya vacaciones para nadie, que se expandan las pestes de este mundo y apliquen la vacuna contra la miseria…

… Que se pongan de moda los que piden, que todos quieran sentarse a la intemperie a disfrutar la ola de vacío, a gozar la enorme indiferencia,

¡que ser pobre se ponga de moda!

 

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He visto ( carta a Federico y a Goyo)

Por Miquel Quintana, Sant Cugat del Vallès (Barcelona)

Relato con música (clica sobre la carta, si deseas). Pachebel, canon in D.

 

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Imagina

Por Irma Vega, 16 años, de Oviedo (Asturias), 16 años. Recibido en elespiademadrid@gmail.com

(Ilustración de goyo martínez. Clica sobre la imagen para escuchar la música de este bonito relato)

 

Hubo una vez un pueblo;

en el pueblo, una casa;

en la casa, una ventana;

en la ventana, asomada, una persona;

una persona que imaginaba;

imaginaba una ventana,  a la que se asomaba;

una ventana de una casa;

una casa de un pueblo… libre;

libre para decidir; 

decidir lo que quería ser;

ser él mismo!.

 

 

 

 

 

 

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