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PERO SIGUES ADELANTE

“Querido viejo;

Me siento como Hans Thomas, el muchacho noruego que emprende un incierto viaje junto a su padre, tú, un marino en tierra aficionado a la vida y a la filosofía, de bolsillo, la popular, la más sabia. Pretendemos cruzar el mundo a pie o en coche, o tan sólo con nuestra imaginación, que, como muy bien sabes, nos lleva a todas partes con tan solo desearlo.

En el camino nos detendremos en un pueblecito, que ni siquiera aparece en los mapas, donde un enigmático enano nos regalará un enorme libro que cuenta la historia de un poeta vivo ya muerto y cuya poderosa obra continúa, contra viento y marea, como el marino que naufragó hace 150 años y llegó a una isla desierta, que tampoco aparecía en mapa alguno, y a la que el destino parece haber vinculado…

Y allí sigue nuestro querido marino, emitiendo alaridos por los techos del mundo entre estrofas soñadas y por soñar porque sabe que, en sueños, es libre el hombre. Dice el gran libro del misterioso enano que el marino vive intensamente, sin mediocridad alguna, pues sabe que el futuro está en él y lo encara con orgullo, sin miedo.Y no, no es cierto que viva en silencio, el peor de los errores del hombre. Sabe que la mayoría vive en silencio, un silencio espantoso. Y resuelto, ha decidido no resignarse. Tampoco huir.

Será cierto, querido viejo, que la sociedad de hoy somos nosotros, seres vivos aspirantes a poetas que, ciegos, no aprendemos de quienes nos pueden enseñar, desechando las experiencias de quienes nos precedieron, nuestros poetas muertos que, como el marino, aún siguen viviendo. ¿Es cierto que ellos nos pueden ayudar a caminar por la vida ?

¿Remamos a favor o en contra de nosotros mismos ? Intuyo que lo hacemos en contra, transformando la vida en un infierno. ¿Es cierto que también podemos disfrutar del pánico que nos provoca tener la vida por delante ?

Mientras te escribo estas líneas, observo que las corrientes pasan y el agua cambia, pero el río sigue siendo el río. Lucho con denuedo por no dejarme arrastrar por las circunstancias. Pero, ¿ qué hacer con ellas ?

Quizás es lo que hecmos todos: nos lanzamos y esperamos poder volar, porque si no es así, caemos como piedras. Y durante la caída nos preguntamos, ¿se puede saber por qué he saltado?… Pero aquí estoy, cayendo, y sólo hay una persona que puede hacerme creer que vuelo… y eres tú, soy yo.

Afectuosamente, tuyo, siempre

PD:  Cuando encuentres al querido señor Gaarder (Jostein) pregúntale si es cierto que si no sabemos en todo momento a dónde vamos, puede resultar útil saber
de dónde venimos para ser más que un mono desnudo.

En su búsqueda incansable y maravillosa de nuevas voces, el Café Romantic ha hallado a Menchu Regueiro, de A Coruña, que, en 99 palabras, nos dice que es preferible seguir caminando que detenerse y ponerse a temblar. Música de Pablo Alborán (clicando en la imagen).

Hay momentos que sentimos que todo aquello que anhelamos se va desvaneciendo poco a poco, que el pasado vuelve a nuestra memoria de forma casi inexplicable, recordándonos que el tiempo pasa y nada cambia.

Entonces, y sólo entonces, nos damos cuenta que esos recuerdos, esos que nos quedan, son lo mejor que hemos tenido, pero sigues adelante…

Y llega un momento en el que la ilusión desaparece, tus sueños dejan también de serlo y todo pierde sentido. Y sigues… a pesar de que sólo tú sabes que una parte importante de ti, ya se ha quedado en el camino…

 

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Historias de una pequeña gran historia

La idea de perder tanto control sobre la felicidad es insoportable. En las huellas de mi rostro, a veces marchito y ajado, más de las debidas, y sólo disimulado por la máscara de una juventud tardía, o de una madurez  apremiante, el viejo de la imprenta interpreta mi carga. Al igual que las alas tienen un peso, esa carga es un peso que noto sobre la espalda, sobre el alma. Trato de que esa misma carga me levante; la carga que me haga volar.

En el camino de la sierpe, el camino de siempre, como la vida misma, el viejo pisó mi sombra, proyección de mi oscuridad, mientras me armaba para desafiar a la adversidad y enfrentarme al enemigo sin temor. El enemigo era yo mismo.

– ¡ Henos aquí, mi joven amigo !, igual que en las pequeñas grandes historias, las que realmente importan, llenas de oscuridad y peligros constantes.

No sabía si quería conocer el final del capítulo, porque ¿cómo iba a acabar bien? ¿Cómo volvería el mundo a ser lo que era después del sufrimiento?

El viejo se detuvo y aplastó mi sombra, y con ello agrietó la oscuridad.

– Todo es pasajero. Como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba, para dar paso a un nuevo día.

– ¡ Hoy como ayer, mañana como hoy ! – espeté.

Me hizo alzar la vista.

– ¿ Brilla el sol ? – preguntó.

– ¡ Más radiente que nunca ! – respondí, casi gritando.

– Esa es la historia, tu historia, la que llena el corazón. Son las que tienen sentido, aún cuando eres demasiado joven para entenderlas – dijo con lógica absurdidad -.

Me aparté a la izquierda para liberar mi sombra, que ahora se proyectaba sobre la del viejo.

– Creo que lo entiendo. Ahora lo entiendo, querido viejo. Somos los protagonistas de esas historias que se rendirían si quisieran. Pero no lo hacen, siguen adelante, porque debemos luchar por algo.

– Debes aprender amigo mío que las derrotas también tienen una dignidad que la victoria no conoce. Puede que no tengamos que ser felices, puede que la gratitud no tenga nada que ver con la alegría, puede que ser agradecido signifique estar contento con lo que tienes, apreciar las victorias, admirar la lucha que implica seguir viviendo. Quizás estamos agradecidos por lo que nos resulta familiar y puede que por las cosas que no sabremos nunca. Al final del día el simple hecho de tener el valor de no derrumbarnos, es suficiente motivo para celebrarlo.

Seguimos caminando… mi sombra me precedía, ¡ libre !.

El Café Romantic presenta un breve relato, un diálogo virtual e imaginario entre un servidor y el excelente escritor coruñés Luis Anguita Juega, a partir de los principales elementos de la trama de su novela “Donde está tu destino” y que nos habla de las historias que hay detrás de cada uno de nosotros, de los sueños, de la desazón y de la esperanza…

Imagen con música: May it be, Enya

Luis: Cada vida tiene una historia.

El Café Romantic (CR): Algunas historias abren la puerta para algo más.

Luis: Un joven sin pasado, un futuro sin destino.

CR: El destino no podía hallarle dos veces.

Luis: Un marinero solitario.

CR: Un marinero del mundo con ruta para todos los puertos.

Luis: Una amistad.

CR: Los amigos son un raro lujo en estos tiempos.

Luis: Una muchacha que no está dispuesta a renunciar a sus sueños.

CR: No hay certezas cuando se habla de sueños, algunos se logran, pero otros tantos chisporrotean y mueren. Cuando eso sucede es tentador preguntarse por qué uno ha soñado alguna vez en la vida.

Luis: Una mirada grabada en la mente.

CR: Siempre abierta de mente y corazón.

Luis: Un destino caprichoso que provoca un encuentro cuando ya no hay esperanza.

CR: Me pinto los ojos con las chiribitas de la ilusión y la esperanza para regalar encajadas cómplices y abrazos fraternales.

Luis: Un viejo médico que se revela ante una injusticia.

CR: Emociones extremas y amores contrariados. Pobres y míseros. Arriba y abajo. Y más abajo aún. Injusticia. Desamor. Homosexualidad reprimida.

Luis: Un adolescente que ama la medicina.

CR: Los huesos se rompen, los órganos estallan, la carne se desgarra. Podemos coser la carne, reparar el daño, calmar el dolor. Pero cuando la vida se desmorona… Cuando nosotros nos desmoronamos… no hay ciencia, ni reglas exactas. Tan sólo tenemos que dejarnos sentir así. Y para un cirujano, no hay nada peor ni mejor que eso.

Luis: Una historia donde nadie está dispuesto a renunciar a sus sueños.

CR: Sólo al soñar tenemos libertad, siempre fue así; y siempre así será.

Ilustración de la novela de Luis Anguita, “Donde está tu destino”

 

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Una pequeña gran historia de un viejo y un vagabundo

El viejo de la imprenta y yo emprendimos un viaje con el único fin de no buscar otro saber que el que pudieramos hallar en nosotros mismos o en el gran libro del mundo. Quisimos ponernos a prueba en las ocasiopnes que la fortuna nos deparaba y a reflexionar sobre las cosas que se nos presentaba; se trataba de obtener algún provecho de ello. Alcanzamos sin quererlo una tierra yerma que parecía olvidada de la mano de Dios.

– Lo sé. Quizá haya sido un error. No deberíamos haber llegado hasta aquí – susurró el viejo, anclando su circunspecta mirada en el infinito.

Lo confieso, al principio me asusté. No parecía mi viejo de siempre. Sin embargo, como mago, extrajo una fe desconocida de su sombrero.

– Henos aquí, querido amigo, como en las grandes historias, aquellas que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros,- me dijo para liquidar mis temores.

Imaginé que esas historias son aquellas de las que no quieres saber el final, porque ¿cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido?.

El viejo me leyó el temeroso pensamiento

– Descuida, mi joven amigo. Al final, todo es pasajero. Como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba, para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún.

La calma batalló en mí con el temor y venció. Estábamos viviendo una de esas historias que llenan el corazón; de aquellas que tenían un sentido que no lograba ver. Lo entendí. Los protagonistas de estas historias, que son las historias de la vida, se rendirían si quisieran. Pero no lo hacen: siguen adelante, porque todos luchan, luchamos, por algo.

David Creus, de Mollet, también tiene un amigo, un vagabundo, que le acompaña en el fantástico viaje de la imaginación y también conoce alguna de estas historias. Música: libertad poderosa, liberadora del alma.

 

Querido amigo David;

hoy mi vaso se llenó de monedas. Me vestí con la camisa y el jersey que me regalaste, y eso David me asusta. La imagen no debería ser quien cierre o abra puertas para acercarse al ser humano. Míralo así: no llores por lo que no ves. Llora por lo que ves y no puedes hacer nada por cambiar. Yo he pasado un buen día.

 

 

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Tras el muro (1a parte)

Por Alfons Carrasco (Mollet del Vallès, Barcelona) de su libro “Cuentos Cortos I”. Con música, sobre la imagen; Dire Straits, “Brothers in arms”

 

Esta es mi historia. Todo el mundo tiene una historia que contar y, si no la tiene, es que aun no la ha vivido. Pero yo soy de la opinión de que todo el mundo tiene cosas buenas que explicar y, por qué no decirlo, también cosas malas, algunas se pueden contar y otras es mejor no contarlas.

Alguien espléndido en su época dijo: “todo lo que se ignora se desprecia”. Yo voy a contar una historia que tal vez podría callarme, tal vez podría silenciarla, pero prefiero decir que, si esta es una de las historias que puedo contar, imaginad las que no puedo contar y que, por ende, será mejor despreciar.

Yo nunca he trabajado hasta la fecha, nunca he tenido un sitio donde ir cada día ni ninguna obligación más que la de contentar a mi estómago y a mi alma, soy lo que se suele decir un buscavidas. Aún hoy en día, todo el mundo me dice que tuve una infancia difícil y eso, quieras o no, te marca para siempre, aunque no es la excusa para contar mi historia, ni mucho menos.

Como buscavidas que soy, mi mejor escuela siempre ha sido la calle, aquí tengo a mis mejores amigos y también, por qué no decirlo, a mis mejores enemigos. Todos compartimos el mismo cielo, las mismas estrellas y vemos el mismo sol cada día.

No sé cómo empezó todo, pero sí sé cuándo fue la primera vez que me ocurrió. Aún hoy se me ponen los pelos de punta y un escalofrío recorre mi cuerpo; lo que se me antojaba como un don especial es hoy mi terrible destino al que me enfrento cada día.

Recuerdo que salí del portal de mi casa a última hora de la tarde, era una época en la que solía dormir de día y deambulaba por la noche, sobre todo en esa época del año, verano. Por eso intentaba que el sol no me calentara la cabeza, me produce jaqueca y me pone de un humor de perros.

Recuerdo como tomé la estrecha calle del casco antiguo de mi ciudad, la cual con una suave pendiente desemboca en la plaza, mi plaza, como yo la llamo; es el primer sitio que me encuentro para rebuscar en los contenedores de basuras algún manjar que llevarme a la boca o, en el peor de los casos, pedir en el restaurante las sobras del día anterior, que últimamente era lo más habitual. Todo el mundo en el barrio me conocía, no era amigo de nadie, sólo conocido de todo el mundo, incluso de la policía, pero esa era otra historia.

Seguí caminando ese atardecer calle arriba en dirección a las ramblas de la ciudad, allí el bullicio de la gente, sobre todo turistas, se notaba incluso a varias callejuelas antes de llegar, ya que la música y los entretenimientos llenaban el ambiente de melodías inconexas y sin sentido que parecían transportarte a otro mundo dentro de la gran ciudad.

Desemboqué justo en medio de la rambla, frente a la tienda de animales donde se arremolinaban los turistas ávidos por observar a los pájaros que con su cantar atraían a toda clase y curiosos. Un grupo de jóvenes contemplaba ensimismados las jaulas de loros, cacatúas y otros animales ‘exóticos’ según rezaba el cartel y en ese instante pude ver mi primer objetivo. Un bolso entreabierto de una de las jóvenes que, absorta por la curiosidad, tenía toda su atención puesta en reír las gracias de un loro al que intentaba entender qué palabras emitía su garganta.

Me acerqué con sigilo, sin llamar la atención y casi sin respirar, deteniéndome justo detrás de ella, deslicé mi hábil brazo por el interior del bolso, y ¡bingo! Palpé algo parecido a un monedero grande con suave tacto y bastante peso; tiré de él intentando no hacer ningún movimiento brusco y una vez fuera, lo introduje rápidamente en la entrepierna de mi pantalón. De repente una mano me agarró fuertemente del hombro, gritando unas palabras ininteligibles para mí:

—¡Fuck! ¡Son of a bitch! —me gritó casi al oído un tipo joven y alto.

—Suéltame, cabrón —me limité a decir efectuando un brusco movimiento.

—¡Thief! !Stop thief! —volvió a gritar, al mismo tiempo que todos salieron de su nube y clavaron sus miradas en mí.

Rápidamente empecé a correr ramblas arriba entre un tumulto de gente que, ajenos a los acontecimientos, miraban atónitos el espectáculo mientras me abrían paso, a duras penas, por mis empujones. Tras de mí, pude ver cómo varios de los jóvenes empezaban a correr gritando todo tipo de insultos que no lograba entender. Crucé una de las calles que descendían hacia el puerto y a esa hora de la tarde, por suerte, los atascos habituales del tráfico hicieron que pudiese pasar sin dificultad entre la marea de coches que se hallaban detenidos a escasos centímetros los unos de otros como si fueran en peregrinación.

Me introduje en uno de los callejones que salpican las ramblas a cada lado, sin fijarme en cuál de ellos, cegado por la tensión del momento y el sudor, junto con el afán de escapar de los jóvenes que cada vez tenía más cerca de mis talones. Ahí maldije la hora en que empecé a fumar y noté cómo me estaba cansando rápidamente, empezándome a faltar el aliento.

Giré a la derecha por la primera bocacalle que encontré y fui a dar con unos containers de basura que desparramaron su contenido en el suelo tras mi violento choque contra ellos, me levanté y a duras penas recorrí varios metros hasta llegar a un pequeño bar que en realidad era un tugurio de mala muerte; entré en él y corrí en paralelo a la pequeña barra hasta el fondo, donde me detuve en seco mirando hacia la puerta.

En unos segundos vi pasar corriendo a mis perseguidores a través de la cristalera de la puerta del bar; mientras recuperaba el aliento, observé las miradas de los allí presentes que se clavaron en mi, justo cuando iba a abrir la boca, la puerta del establecimiento volvió a abrirse; allí estaban los tres perseguidores, jadeando también, cara a cara conmigo y yo enjaulado en una especie de ratonera en la que se había convertido aquel sucio local y sin salida a la vista.

Echaron a correr los tres en mi dirección. En ese momento, el sudor frío empezó a resbalar por mi frente, el corazón inició una veloz carrera consigo mismo y la adrenalina empezó a fluir en mi torrente sanguíneo, mientras mi espalda se pegaba literalmente a la sucia pared. Mi mente deseaba poder traspasar aquella pared con todas mis fuerzas, cuando de repente y para mi asombro me colé literalmente a través de ella, fue como si la pared me hubiera absorbido; durante unos segundos mis ojos no percibieron ningún tipo de luz y se hizo un silencio a mi alrededor, pero esa sensación tan sólo duró unos segundos.

Continuará…

 

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“Sople aquí”, un libro con una tasa de humor del 99% que no es delito (El quiosco)

El otro día cayó en mis manos un libro, y siempre que cae en mis manos un libro de una persona cercana se convierte en un gran acontecimiento. Por el título, pensé que se trataría de una guía de como eludir, o hacer frente, a un control de alcoholemia de la policía, en este caso la de Catalunya. Ojeé la primera página y la sorpresa fue mayúscula, agradable en todo caso. Después cayeron las páginas y en un santiamén lo concluí, lo “bebí como si fuera agua”, como diría la escritora cordobesa y amiga María del Pino, a quien también atrapó la lectura, incluso en la calle rodeada de una danza imposible de vehículos y peatones que se disputan el espacio en una desigual batalla.

Es una buena idea para aquellos que creen que los policías no son personas, como tú y como yo. “Sople aquí” (Ed. Raima), de Santi Fornell, es un libro sobre los Mossos d’Esquadra destinado a aquellos que no lo son. El libro es un compendio de anécdotas, unas más graciosas, otros entrañables que el autor se ha ido encontrando durante los 9 años de ejercicio profesional en la División de Tráfico de los Mossos d’Esquadra.

He tenido el placer de leerlo. Es una obra entretenida, incluso fresca, diría yo. Otra manera divertida, cuando menos, de conocer la tarea cotidiana de la policía de Catalunya.

El libro incluye un diccionario básico Mosso-ciudadano y un apartado de frases célebres donde se recogen las mejores frases que los ciudadanos han dirigido a los agentes mientras trabajaban. Un libro que demuestra que, a pesar de todo, el mundo todavía está lleno de buena gente. En el cuerpo de la policía de Catalunya, y afuera. Con una tasa de humor del 99 por ciento, este libro alegra y no es delito.

Sobre el autor.

Ya conocía a Sant Fornell de referencias, siempre acertadas, gracias a Alfons Carrasco, guionista y escritor afincado en Mollet. Este libro, y la opinión de María del Pino, me han ayudado a profundizar en la persona y el personaje que se esconde tras un traje de policía y al que la mayoría siempre vería como un simple “pone-multas”. Nada más lejos de la realidad. Fornell es policía, es persona, es escritor, es creador.

Santi Fornell (1969, Balsareny) es humanista y tiene trazas de pedagogo. Es una apasionado de las artes, entre las cuales, practica el teatro, la pintura y la ilustración. Es mosso d’esquadra desde 1991.

L’altre dia va caure a les meves mans un llibre, i sempre que cau a les meves mans un llibre d’una persona propera es converteix en un gran esdeveniment. Pel títol, vaig pensar que es tractaria d’una guia de com eludir, o fer front, a un control d’alcoholèmia de la policia, en aquest cas la de Catalunya. Vaig llambregar la primera pàgina i la sorpresa va ser majúscula, agradable en tot cas. Després van caure les pàgines i en un tres i no res ho vaig concloure, ho “vaig beure com si fos aigua”, com diria l’escriptora cordobesa i amiga María del Pino, a qui també va atrapar la lectura, fins i tot al carrer envoltat d’una dansa impossible de vehicles i vianants que es disputen l’espai en una desigual batalla.

És una bona idea per aquells que creuen que els policies no són persones, com tu i com jo. “Bufi aquí”, de Santi Fornell, és un llibre sobre els Mossos d’Esquadra destinat a aquells que no ho són. El llibre és un compendi d’anècdotes, unes més gracioses, altres entranyables que l’autor s’ha anat trobant durant els 9 anys que porta a la Divisió de Trànsit dels Mossos d’Esquadra.

He tingut el plaer de llegir-ho. És una obra entretinguda, fins i tot fresca, diria jo. Una altra manera divertida, si més no, de conèixer la tasca quotidiana de la policia de Catalunya.

El llibre inclou un diccionari bàsic Mosso-ciutadà i un apartat de frases cèlebres on hi ha les millors frases que els ciutadans han dirigit als agents mentre treballaven. Un llibre que demostra que, malgrat tot, el món encara és ple de bona gent. Als Mossos, i a fora.

Amb una taxa d’humor del 99 per cent, aquest llibre alegra i no és delicte.

Sobre l’autor.

Ja coneixia a Sant Fornell de referències, sempre encertades, gràcies a Alfons Carrasco, guionista i escriptor establert a Mollet. Aquest llibre, i l’opinió de María del Pino, m’han ajudat a aprofundir en la persona i el personatge que s’amaga darrera  d’un vestit de policia i al que la majoria sempre veuria com un simple “posa-multes“. Gens més lluny de la realitat. Fornell és policia, és persona, és escriptor, és creador. Santi Fornell (1969, Balsareny) és humanista i, a més, té traces de pedagog. És una apassionat de les arts, entre les quals, practica el teatre, la pintura i la il·lustració. És Mosso d’Esquadra des de 1991.

 

 

 

 

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El niño raro (Ir capítulo)

Decía Marie Curie, que no era diferente sino especial: “en la vida no hay cosas que temer, sólo hay cosas que comprender”. Y esas cosas comienzan en uno mismo. Abre bien los ojos. Haz trabajar la cabeza, Controla el corazón. No cierres nunca la boca. Gritan bien fuerte, cuando sea necesario. Da todo de ti mismo.

Un cuento por entregas de Rocío Sánchez Rivas, de Sevilla, que nos habla del camino que todos debemos emprender para comprender y realizar. Un relato con música, por supuesto; come away with me lyrics.

En un pueblo llamado Esmeralda, habitado por un centenar de habitantes, vivía Carlos, un niño solitario y callado que apenas había pronunciado más de diez palabras a lo largo de sus pocos años de vida. Su único entretenimiento, y a quien dedicaba toda su atención, era Rufo, un San Bernardo que le habían regalado por su noveno cumpleaños.

En Esmeralda todos los vecinos lo conocían por “el niño raro”, apodo que  gustaba a los padres de Carlos, aunque ellos también pensaran que lo era. Pero un buen día, Carlos sorprendió a todo el pueblo con un acontecimiento inesperado. Al anochecer, el “niño raro” salió de casa para dar de comer a Rufo y observó un destello de luz que provenía de un olmo situado a quinientos metros de su casa.

La curiosidad pudo con él y se acercó al árbol para ver qué era esa luz brillante. El perro le siguió y, juntos, se adentraron en el bosque hacia el viejo olmo. A medida que se acercaba escuchaba susurros dulces y melódicos cómo una canción de un idioma no conocido. La luz era cegadora y no pudo ver nada. De momento, notó que alguien o algo tiraba de él, pero sin ser agarrado. Era como una fuerza incalculable que lo adentró en una ceguera total. Se desvaneció un minuto, quizás una semana, o un año, no lo sabía con exactitud, estaba aturdido.

En su ceguera blanca vio una sombra tenue que transmitía esa melodía pacificadora. Carlos estaba aterrado y fascinado a la vez, brotó de su garganta una palabra:

-¡Ayúdame!.

La voz le contestó en el idioma de la música que eso era precisamente lo que quería hacer, venía para ayudarlo.

Se acercó a él. Carlos pudo ver el rostro y la silueta borrosa de lo que parecía un boceto de mujer con rasgos extraños. Tenía ojos de gato, la nariz minúscula, la boca grande, el cabello largo y blanquecino a la altura de los tobillos. Entre las telas que cubrían su cuerpo se apreciaba su delgadez y fragilidad, como el tallo de una flor.

Carlos se preguntaba, ¿quién será esta mujer de extraña belleza? ¿Es realidad lo que estoy viviendo, o sólo es un sueño? Ha dicho que quiere ayudarme, que para eso ha venido, pero, ¿qué puede hacer ella por mí?

La mujer acercó la mano y le mostró una semilla luminosa, parecida a una luciérnaga, y le susurró al oído:

-Toma este fruto de la vida, la verdad y la justicia, siémbralo donde otras personas no puedan dañarlo hasta que crezca. Cuando dé su fruto, cómelo y de ti emanará una gran sabiduría.

El niño respondió.

-Soy un niño raro, eso dicen todos de mí. No creo que sea posible poder cambiar eso.

Hubo replica.

-Carlos, a veces es bueno ser “raro” o diferente para poder ser sabio. Tu destino está escrito.

El niño se quedó pensativo. Sin decir nada más guardó la semilla y se arrodilló ante la mujer diciéndole, “gracias, lo haré”.

Ella con una dulce sonrisa se alejó de él al ritmo de la música en cada uno de sus movimientos.

 

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El quiosco / No es país para emprendedores

Mi amigo Xavier Cruzado, director, entre otros, de excelentes cortometrajes como “Ficción Real”, para el cual se prestaron desinteresadamente actores de la talla de Roger Pera, Mariam Aguilera y Xavier Serrat (y en cuyo proyecto, – original de Alfonso Carrasco, que fue primer premio del Concurso de Guiones de La Vanguardia-, tuve la oportunidad de participar), ha proyectado otro corto, “El límite”.

Para ello, solicitó el permiso de Renfe pues había escenas que se desarrollaban en la red de cercanías. Es una historia de ficción cuyo guión no pretende situar a la compañía en el ojo de la crítica. Tampoco su final significa (en la ficción) el final de Renfe. Sin embargo, la compañía que día sí, día también, nos desespera contínuamente, le ha denegado el permiso con argumentos que podríamos calificar de “peregrinos”. Le respondieron:

“Lamento comunicarte que una vez observado con detalle el guión no podemos tramitar esta autorización. Por motivos de seguridad vincular el servicio de Renfe con acciones que insinúen, sugieran o se asocien con infracciones o incumplimientos hacia el servicio no es oportuno, a pesar que tal y como sucede en tu guión, finalmente no se produzca. Un saludo”.

Xavier Cruzado no es (tampoco le hace falta serlo) Almodóvar, ni Amenábar, Ni Bardem, ni Bigas Lunas… (con todos mis respetos hacia ellos). Xavier Cruzado sólo quiere crear. Crear arte. Contar historias, ficciones tan reales como la vida misma. Pero, he aquí que España, una potencia mundial en “contradicciones” (que no en economía, cultura…), no es país para emprendedores porque, muchas veces, demasiadas, las ideas de quienes pretenden fomentar la cultura, en este caso a través del cine, y en las que radica la sabiduría popular, la más rica, no encajan en las mentes unidireccionales de quienes detectan el poder.

Desde aquí mi apoyo incondicional a Xavier Cruzado y a todos aquellos que crean, que imaginan, que sueñan, que tienen algo que contar y que sólo encuentran piedras en el camino del tamaño de la estupidez humana.

Reproduzco aquí la respuesta de X. Cruzado a la negativa de Renfe a su petición. Y no hacen falta más palabras. La obviedad es tan obvia que por ser tan obvia, obviamente olvidamos.

Apreciada srta…

Atendiendo su respuesta sobre la denegación de autorización para el rodaje del cortometraje “El Límite” en sus instalaciones, lamentamos profundamente su resolución, pues como bien ha indicado, la historia (no basada en hechos reales), aunque “juega” con la insinuación e intenciones de su protagonista, nunca lleva las lleva a término y como bien acaba, se entrega a la policia para dar cuenta de sus acciones.

No obstante, cabe recordar que no hace mucho tiempo, se llevó a rodaje la historia del atentado terrorista más sangriento que ha sufrido la sociedad española, perpetrado por islamistas radicales afincados en España. Fué precisamente la red de ferrocarril de cercanías, en una de las estaciones más concurridas de la capital, donde se llevó a cabo esta acción tan brutal, con el triste resultado ya conocido.

En mi humilde opinión como persona y profesional, creo que una TV movie tan conocida como el “11 M”, y vista por millones de ciudadanos, siempre quedará en la imagen y recuerdos de todos nosotros, y no por ello dejaremos de usar las redes públicas de transporte para seguir con nuestras vidas. En cambio, un humilde cortometraje de muy bajo presupuesto y que con un poco de suerte podrá verse en algunos festivales nacionales e internacionales, me permite mostrar una duda razonable en cuanto al impacto visual e imaginario que puede crear en sus espectadores.

Es por ello, que desde el total respeto y acato de su resolución, creo injusto que mientras se dé permiso a una gran productora para el rodaje de un episodio tan sangriento como un atentado terrorista en la red de cercanías (con los traumas y recelos que ello conlleva), por otra parte y alegando que pueda sugerir o se asocie con infracciones o incumplimientos hacia el servicio, considerando que no es oportuno, se deniegue el permiso a un humilde equipo de rodaje para filmar un cortometraje de bajo presupuesto. Ello conlleva a lamentar que por una parte se apoye a las grandes productoras y cadenas de televisión y por otra no se apoye al ya maltratado cine independiente que intentamos llevar a cabo muchos profesionales del sector.

No obstante, le agradezco su gestión y espero tener oportunidad de encontrar otras formas de colaboración en un futuro.

Atentamente, Xavier Cruzado

Productor & Director de “El Límite

 

 

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