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“Sople aquí”, un libro con una tasa de humor del 99% que no es delito (El quiosco)

El otro día cayó en mis manos un libro, y siempre que cae en mis manos un libro de una persona cercana se convierte en un gran acontecimiento. Por el título, pensé que se trataría de una guía de como eludir, o hacer frente, a un control de alcoholemia de la policía, en este caso la de Catalunya. Ojeé la primera página y la sorpresa fue mayúscula, agradable en todo caso. Después cayeron las páginas y en un santiamén lo concluí, lo “bebí como si fuera agua”, como diría la escritora cordobesa y amiga María del Pino, a quien también atrapó la lectura, incluso en la calle rodeada de una danza imposible de vehículos y peatones que se disputan el espacio en una desigual batalla.

Es una buena idea para aquellos que creen que los policías no son personas, como tú y como yo. “Sople aquí” (Ed. Raima), de Santi Fornell, es un libro sobre los Mossos d’Esquadra destinado a aquellos que no lo son. El libro es un compendio de anécdotas, unas más graciosas, otros entrañables que el autor se ha ido encontrando durante los 9 años de ejercicio profesional en la División de Tráfico de los Mossos d’Esquadra.

He tenido el placer de leerlo. Es una obra entretenida, incluso fresca, diría yo. Otra manera divertida, cuando menos, de conocer la tarea cotidiana de la policía de Catalunya.

El libro incluye un diccionario básico Mosso-ciudadano y un apartado de frases célebres donde se recogen las mejores frases que los ciudadanos han dirigido a los agentes mientras trabajaban. Un libro que demuestra que, a pesar de todo, el mundo todavía está lleno de buena gente. En el cuerpo de la policía de Catalunya, y afuera. Con una tasa de humor del 99 por ciento, este libro alegra y no es delito.

Sobre el autor.

Ya conocía a Sant Fornell de referencias, siempre acertadas, gracias a Alfons Carrasco, guionista y escritor afincado en Mollet. Este libro, y la opinión de María del Pino, me han ayudado a profundizar en la persona y el personaje que se esconde tras un traje de policía y al que la mayoría siempre vería como un simple “pone-multas”. Nada más lejos de la realidad. Fornell es policía, es persona, es escritor, es creador.

Santi Fornell (1969, Balsareny) es humanista y tiene trazas de pedagogo. Es una apasionado de las artes, entre las cuales, practica el teatro, la pintura y la ilustración. Es mosso d’esquadra desde 1991.

L’altre dia va caure a les meves mans un llibre, i sempre que cau a les meves mans un llibre d’una persona propera es converteix en un gran esdeveniment. Pel títol, vaig pensar que es tractaria d’una guia de com eludir, o fer front, a un control d’alcoholèmia de la policia, en aquest cas la de Catalunya. Vaig llambregar la primera pàgina i la sorpresa va ser majúscula, agradable en tot cas. Després van caure les pàgines i en un tres i no res ho vaig concloure, ho “vaig beure com si fos aigua”, com diria l’escriptora cordobesa i amiga María del Pino, a qui també va atrapar la lectura, fins i tot al carrer envoltat d’una dansa impossible de vehicles i vianants que es disputen l’espai en una desigual batalla.

És una bona idea per aquells que creuen que els policies no són persones, com tu i com jo. “Bufi aquí”, de Santi Fornell, és un llibre sobre els Mossos d’Esquadra destinat a aquells que no ho són. El llibre és un compendi d’anècdotes, unes més gracioses, altres entranyables que l’autor s’ha anat trobant durant els 9 anys que porta a la Divisió de Trànsit dels Mossos d’Esquadra.

He tingut el plaer de llegir-ho. És una obra entretinguda, fins i tot fresca, diria jo. Una altra manera divertida, si més no, de conèixer la tasca quotidiana de la policia de Catalunya.

El llibre inclou un diccionari bàsic Mosso-ciutadà i un apartat de frases cèlebres on hi ha les millors frases que els ciutadans han dirigit als agents mentre treballaven. Un llibre que demostra que, malgrat tot, el món encara és ple de bona gent. Als Mossos, i a fora.

Amb una taxa d’humor del 99 per cent, aquest llibre alegra i no és delicte.

Sobre l’autor.

Ja coneixia a Sant Fornell de referències, sempre encertades, gràcies a Alfons Carrasco, guionista i escriptor establert a Mollet. Aquest llibre, i l’opinió de María del Pino, m’han ajudat a aprofundir en la persona i el personatge que s’amaga darrera  d’un vestit de policia i al que la majoria sempre veuria com un simple “posa-multes“. Gens més lluny de la realitat. Fornell és policia, és persona, és escriptor, és creador. Santi Fornell (1969, Balsareny) és humanista i, a més, té traces de pedagog. És una apassionat de les arts, entre les quals, practica el teatre, la pintura i la il·lustració. És Mosso d’Esquadra des de 1991.

 

 

 

 

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Cuentos y más cuentos (via goyomartinez9)

Cuéntame un cuento

Cuentos y más cuentos ¡Ah!, los cuentos, qué maravilloso invento. Qué es la vida si no un cuento. La narración breve de quiénes somos y de qué queremos, en la frontera entre la ficción y la realidad. "Érase una vez… "; "cuentan que…". La belleza de lo simple. El regreso a la inocencia. Una noche con las estrellas. O un diluvio y un frío de mil demonios en la ciudad que se resiste a seguir la lógica de las estaciones. En silencio o a lágrima viva. Con caras de asom … Read More

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Publicado por en 06/07/2011 en El espía de Madrid

 

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Cuentos y más cuentos

¡Ah!, los cuentos, qué maravilloso invento. Qué es la vida si no un cuento. La narración breve de quiénes somos y de qué queremos, en la frontera entre la ficción y la realidad. “Érase una vez… “; “cuentan que…”. La belleza de lo simple. El regreso a la inocencia. Una noche con las estrellas. O un diluvio y un frío de mil demonios en la ciudad que se resiste a seguir la lógica de las estaciones. En silencio o a lágrima viva. Con caras de asombro y perplejidad. Cuando experimentábamos las mil sensaciones que nuestros rostros eran capaces de expresar y luego rompíamos a llorar o a reír… Cuentos y más cuentos. Que nunca nos falten los cuentos. 

Os propongo cuentos y minicuentos… con pasión, con el alma, con el corazón. Escribidme los vuestros. No importa el asunto, sólo cuentos. En castellano, catalán, euskera o en la lengua que sea (si es así, por favor enviadme la traducción para una mejor comprensión de lectores y lectoras)

Una página abierta a vuestra libre imaginación. A cada cuento/narración se le asignará una música que le dé aún mayor espíritu a letras y palabras dotadas de vida, las vuestras.

Enviadme vuestras narraciones con título, nombre y apellidos y ciudad/pueblo de residencia a elespiademadrid@gmail.com (asunto cuentos) o alojadlos en la sección de comentarios de este blog o en mi facebook http://www.facebook.com/?ref=home#!/

Mi idea, que también es mi ilusión, es agrupar todas las narraciones y publicar un libro. Qué os parece un título: ¡Que nunca mueran los cuentos!

Un abrazo, Goyo, el cuentista.

 
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Publicado por en 06/07/2011 en Cuéntame un cuento

 

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Cuando la política asoma, la humanidad se exilia… (a la figura de Robert Manrique) (via goyomartinez9)

Cuando la política asoma, la humanidad se exilia... (a la figura de Robert Manrique) Hace 24 años que lo conozco y nunca deja de sorprenderme, como una puesta de sol. Es inagotable y agotador. Amigo de sus amigos. Fiel. De emociones inusitadas, puede actuar por placer, por curiosidad, por necesidad o por el extremo deseo de conocer nuevos mundos, nuevas vidas. Sabe que hay otros mundo, pero están en este. Y también sabe que hay otras vidas, pero están tí, en cada uno de nosotros. Y el dicho popular, que es muy sabio, cobra vigenc … Read More

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Publicado por en 02/07/2011 en El espía de Madrid

 

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Cuando la política asoma, la humanidad se exilia… (a la figura de Robert Manrique)

Hace 24 años que lo conozco y nunca deja de sorprenderme, como una puesta de sol. Es inagotable y agotador. Amigo de sus amigos. Fiel. De emociones inusitadas, puede actuar por placer, por curiosidad, por necesidad o por el extremo deseo de conocer nuevos mundos, nuevas vidas. Sabe que hay otros mundo, pero están en este. Y también sabe que hay otras vidas, pero están tí, en cada uno de nosotros. Y el dicho popular, que es muy sabio, cobra vigencia: lo que cuenta no son los años de vida, sino la vida de esos años.

Describir a Robert Manrique con unas cuantas líneas es como intentar descubrir el universo a partir de una sola estrella. Podría decir de él que es un tipo delicioso y fuerte a la vez. Que cae cien, mil veces y se levanta cien y mil veces. De mil y un matices. Pero si me quedo con una palabra para definirlo es humanidad, entendida como la sensibilidad y la bondad hacia los semejantes.

Estos días, con ocasión de la presentación en varias ciudades de la novela El Espía de Madrid (Ed. Singular), le he dicho ven y él ha venido. No ha hecho falta decírselo dos veces. Lo ha dejado todo para acompañarme (a mí y a mi compañero coautor, Joan Salvador Vergés). Y aún hoy en día, 24 años despúés, no deja de emocionarme y de sorprenderme por su manera de emocionarse y sorprenderse.

Él me descubrió otro mundo, un mundo posible; quizás no sea el mejor de los mundos, ese que hoy en día buscamos todos, sino un mundo factible. Donde viven y sobreviven seres únicos, irrepetibles.

“Nos rodean excelentes personas, auténticos tesoros escondidos de sensibilidad humana y de sabiduría acumulada…”, ha dicho de Manrique y de ellos la ex consellera Montserrat Tura (prólogo del libro Pido la Palabra, ed. Lectio). Hablo de las víctimas del terrorismo. Con ellas he aprendido a reír y a llorar; a ver nuevas luces de esperanza y a sufrir.

“La felicidad une, el dolor reúne”, qué fantástica frase me enseñó Robert Manrique cuando, durante dos años, los que necesité para escribir “Pido la palabra”, ví la botella; no estaba medio vacía, sino medio llena. Él, a base de esfuerzo, la intenta llenar cada día un poco más. Y así, desde hace 24 años, con frío y con calor, con una maleta o un hatillo, a pie, por carretera o por avión. Parece que nunca está pero siempre se le percibe. La falta noria del destino quiso que, un 19 de junio de 1987, se asomara al infierno. Unos malnacidos, los terroristas de ETA, que dicen luchar por la libertad de un pueblo cuando en realidad lo atenaza con el miedo, cambiaron su vida; la de él y otras 21 personas que murieron y otras 44 que resultaron heridas en el atentado de Hipercor. Todos ellos inocentes.

El diablo quiso atraparlo en su infierno pero él se resistió y regreso para explicarlo. Pero, pese a todo, la suya, como la de muchas víctimas de la barbarie terrorista, no es una vida triste. Que nadie se lleve a engaño. Las víctimas, con Robert a la cabeza, no necesitan consuelo sino solidaridad, comprensión, reconocimiento, aliento… y sobre todo, mantenerlas alejadas de la política.

Cuántas veces habré destestado con toda mi rabia frases y gestos como “este muerto es nuestro” o “aquel muerto es de ellos”. Quiénes son ellos o quiénes somos nosotros para reclamar la patria sobre un muerte a manos del terrorismo, sea del color o de la religión que sea. No soy víctima del terrorismo, pero cada día muero un poco cuando escucho y veo discusiones de políticos que, a la postre, no son más que figuras decorativas transitorias que pasan fugazmente por un tablero de ajedrez y cuyos verdaderos jugadores aún no conocemos. Ya lo decía El espía de Madrid: “hay dos clases de hombres que hay que evitar como la peste: los políticos y los filósofos que pregonan sus ofertas de cantamañanas”.

Y llegados a este punto, parece que no hemos aprendido nada. A medida que crecemos, somos un poco más idiotas cada día. Somos animales que tropezamos mil veces en la misma piedra. ¿ De qué sirve la experiencia, la historia, la memoria?.

Alguien tenía que decirlo

El 26 de junio de 2003, Robert Manrique, hastiado del cariz que había tomado la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en Madrid, en la que definitivamente la política entró por la puerta para echar por la ventana al humanismo, funda, junto a otros compañeros de fatiga, la Asociación Catalana de Organizaciones de Víctimas Terroristas (ACVOT); pero quién le iba a decir a él que, 6 años después, los amigos de la cena se convertirían en los enemigos del desayuno.

Los actuales dirigentes de la ACVOT abrieron las puertas de par en par a la política y, con cajas destempladas, sin ni siquiera un “gracias por sus servicios”, expulsaron a Robert Manrique, dejando la asociación huérfana de alma y espíritu. Ahora dicen ellos, esos dirigentes que se las dan de sabios en este complejo mundo de las víctimas del terrorismo, que fue Robert Manrique quien se fue, entre algunas sombras de sospecha. Mentira. Difamación. Calumnia.

Han olvidado en la cúpula de la ACVOT aquella máxima que les inspiró: “no olvidéis nunca que somos los custodios de la dignidad de las víctimas. Que nunca nos ha movido ni nos moverá un sentimiento de venganza, sino de justicia. Que debemos aprender a convivir con ello y que debemos trabajar, además, para que no vuelva a ocurrir. Y que, pese a la persistente sinfonía de muerte, no debemos desfallecer”.

Hoy, la política, la barata y maldita política, la que tiene mil nombres, como los ladrones, se ha apropiado de un universo que debería ser patrimonio único y exclusivo de lo humano y del humanismo. Las ilusiones y esperanzas forman parte del pasado y quizás del presente, hoy sólo son frustraciones.

Y mientras, hoy en día – porque la maldita crisis también se ha cebado con el universo de las víctimas-, y  por 85 míseros euros al mes, aunque el dinero es lo de menos porque lo haría gratis, aquel joven aprendiz de carnicero que murió el 19 de junio de 1987 en Hipercor para renacer como nueva víctima del terrorismo, sigue dando lo mejor de sí por el bienestar de todas las víctimas, sean azules o rojas, nacionales o extranjeras, jóvenes o viejas, y, lo más importante, siempre ajeno a la política. Y no ceja en el empeño. De noche o de día; a dos teléfonos si es necesario; en tren, en coche o a pie. En Vic o en Madrid o en Almería. Donde haga falta.

Dijo el poeta, cuando sabía certero que la muerte lo acechaba: “ante todo soy hombre del mundo y hermano de todos”.

 

 

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