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Se busca líder (El quiosco del Café)

Un líder es, a mi juicio, aquel capaz de convertir una visión en realidad. A la espera de semejante y romántico milagro, no queremos gobiernos e instituciones con más marionetas, sino líderes que, de verdad, quieran gobernarnos. Líderes capaces de velar por nuestro sueño y que no conviertan las ciudades y pueblos en lugares donde nunca se duerme porque sus pobres necesitan todas las horas del día para conseguir su magro sustento. Líder es también aquel que, cuando cae un chaparrón, le presta el paraguas al prójimo o le dice la palabra adecuada, en el momento justo y el lugar acertado. Un artículo de la periodista Mercè Roura sobre una búsqueda, hoy en día más que necesaria, ¡urgente!.

 

El líder es alguien que escucha. No le asustan las ideas nuevas, es más, está dispuesto a abrir su mente a nuevos enfoques para encontrar otras soluciones que le puedan pasar por alto. El líder es alguien que sabe que si las cosas se hacen cada día de la misma forma es imposible ser creativo y alcanzar retos. El líder no grita porque no le hace falta. No causa temor, infunde respeto.

El líder se rodea de personas más inteligentes que él porque sabe que eso suma esfuerzo y talento. Sabe que debe adaptarse como un camaleón. Que hay momentos para integrarse en el paisaje y momentos para sobresalir. Es alguien con ideas claras y métodos claros pero dispuesto a hacer concesiones. Sabe sus límites pero está dispuesto a superarlos.

El líder es cauto y racionaliza pero al mismo tiempo valora las emociones y cómo sus actos afectan a las personas.

El líder sabe cuando hablar y cuando callar y siempre da la cara, aunque sea para recibir incomprensión o quejas.

El líder es sencillo, pero brilla.

El líder está dispuesto a tomar decisiones arriesgadas que no gusten… si las cree justas, incluso a riesgo de perder votos o prebendas. Sabe que quizá su liderazgo será valorado por la historia, no por sus contemporáneos.

El líder también tiene miedo, a veces mucho, pero se lo traga.Sabe cómo canalizarlo, como transformarlo en trabajo, en esfuerzo. Su miedo no es el de un cordero que espera manso su turno en el matadero, es el de una madre cinco minutos antes de dar a luz, cuando la ilusión y las ganas vencen al dolor y la incertidumbre.

Un líder usa las palabras, nunca de las come. No se cree mejor que nadie pero se respeta a sí mismo.

Se equivoca y lo admite. Fracasa y se levanta. Sabe que puede, piensa que puede. El líder no es ni duro ni blando, es resistente pero flexible.

El líder tranquiliza, actuá de bálsamo, hace de guía.

Se busca líder.

Razón : un pueblo demócrata y desesperado

Abstenerse aspirantes con ánimo de lucro.

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Publicado por en 19/04/2012 en el quiosco, la barra del café

 

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Encontrarás cuervos (ayer, hoy, mañana)

Por Goyo Martínez, de su próximo libro “Encontrarás Cuervos” (título provisional), la segunda parte de “El Espía de Madrid”.

Y clavaré en la puerta de la Iglesia mis ideas, mis sueños, mis pensamientos.

Y que me busque el cura. Le saludaré y le pediré que hable con Dios a propósito de mí, de nosotros.

Y le diré que necesitamos un cura que introduzca en la liturgia la lengua del pueblo.

Y si acaso pone tierra de por medio, horadando una estrecha fractura de cemento por la que deambular, replicaré sus palabras: cómo puede invocar a Dios quién promueve un desastre moral en nombre de un credo que entona como una sordida letanía la vieja cantinela de la ética y las exigencias de la moral.

Y marcharé, dejando mis ideas, mis sueños y mis pensamientos clavados con firmeza en su puerta.

Y a Dios no tendré otro remedio que decirle que le declaro la guerra mientras quienes deben llorar, no lloren y sus lágrimas de sincera y cristiana contrición no se purguen y no laven la mancha inferida.

 

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VISUAL / LA AMISTAD DE KHALIL

Un visual de letrismo con música inspirado por Cristina Jiménez-Buil (Madrid). Adele – Set Fire To The Rain (clica aquí para sentir la música y clica sobre el visual para ampliarlo

 

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Vestidos de Zombies. IV Capítulo

Por María del Pino (Córdoba)

Del III capítulo…

Todos corrieron salteando algún que otro muerto viviente que había por ahí desperdigado.

Por el camino, ella les contó que, Alexander Petrov, dueño de una importante clínica farmacéutica Rusa, había descubierto un nuevo eslabón en la genética de ADN humano. Uno que se encontraba como si fuese una fisura en la cadena. Ellos sabían que algo de eso estudiaron en biología, pero ninguno se acordaba de otra cosa que no fuese un dibujo de dos tiras enrollándose con palitos en medio.

La cuestión era que si rellenaban esa fisura, conseguirían la inmortalidad en los vivos y la resurrección en los muertos, devolviéndoles ya no la vida, sino la eternidad si no los mataban destrozándoles el cuerpo. Lo malo es que por un descuido, dos de esas bombonas de gas, donde tenían la fuente de la vida eterna, mutaron.

Cuando iban corriendo a mitad de camino, vieron que cada vez había más, por lo que se acercaron a una gran nave y apreciaron que se encontraba cerrada.

–Si está cerrada quiere decir que no hay nadie dentro, ni zombies –dijo Lucas.

Relato con música. Man In the Rain

 

IV Capítulo

Mientras él intentaba abrir esa, Pedro lo hacía con la nave contigua. Antonio se alejó un poco más para vigilar, y cuando al fin Pedro logró abrirla, un hombre histérico, que apareció de la nada, chocó contra Jaime, tirándolo así en un doloroso placaje.

Todos chillaron. Cuando se recompusieron, apreciaron que era el taxista. Le preguntaron qué hacía ahí cuando el aullido de Antonio les sacó del trance. Había muchos más zombies a su alrededor.

–¡Corred dentro! –exclamó Pedro mientras veía a Antonio encaramarse a un poster de la luz con esfuerzo y de ahí saltar a una de las ventanas de la nave en la que estaba más cerca. Los zombies lo tenían completamente rodeado.

–¡No te muevas de ahí y estarás a salvo! ¡Ellos a penas pueden moverse para caminar! –gritó la chica antes de entrar.

–¡Volveremos a por ti, tío! ¡Aguanta! –alegó Lucas.

Pedro y él se miraron hasta que éste entró el último. Antonio debía resistir, de pié y agarrado a la reja de una ventana, hasta que ellos volviesen a por él. No le quedaba otra si quería sobrevivir, pues toda esa cantidad de muertos vivientes estaba bajo sus pies –a una planta de distancia–, esperando con impaciencia a que bajase para devorar con sus sangrientos dientes las tripas de su pobre víctima.

Atoraron la puerta entre Pedro, Jaime y Lucas mientras la científica y Manolo buscaban los interruptores y el taxista se arrancaba unos cuantos de sus blancos cabellos.

–¿Qué hacemos? –preguntó Lucas cuando se encendieron las luces.

–Lo primero es mirar que no haya ninguna otra vía para entrar y descubrir de qué es el almacén.

–Es un almacén Moyano… –informó Jaime señalando los grandes y alargados pasillos llenos de gominolas, patatas, disfraces de Halloween, etc.

–Si nos quedamos aquí hasta que nos encuentren… Comida hay para sobrevivir… –al taxista le temblaban las manos.

–¡Debemos ir al tanatorio antes de que la plaga llegue a la ciudad en la mañana! –exclamó la chica.

–¡Todo esto es vuestra culpa! –la acusó Manolo.

De pronto, se miró y le mostró el brazo.

–¿Qué? ¿Me voy a convertir yo también en un chupacerebros?

–No seas idiota –se lo apartó ella de encima.

–En Resident Evil y en las demás pelis de zombies pasa así… –se alejó Lucas de él.

–Un mordisco no te transmite el cambio mutado del ADN. Ha sido el humo de la discoteca. Esos que ponen para crear ambiente… Se vé que nuestras bombonas de gas se confundieron con esas y… la fisura de sus ADNS se rellenó con el gen mutado… Si fuese sido una buena… Todos inmortales, pero ha sido el gen alterado…

–¿Y cómo es posible que se confundan con algo tan importante? –preguntó Pedro.

–Piensa que es un experimento secreto… Petrov debía transportarlas camufladas… Por eso, cuando quiso probar el experimento con el cadáver de su hija… –silenció un rato y luego continuó–. Se percataron de que el otro gas no era el bueno… Así que yo misma vine a la discoteca para evitar que lo esparcieran… Pero, pero… llegué tarde. Ya empezaron a transformarse…

–¿Y los mordidos? ¿Eh? Los que me mordieron ya habían sido medio comidos –preguntó Manolo pensando en el vampiro y en Frankenstein.

–Los que llegaron antes y lo respiraron antes, los atacaron.

–¿Cómo sobreviviste sola? ¿A ti no te afectó el gas?–preguntó Pedro.

–No hay tiempo para explicaros por qué el gas no me afecta, pero sí os diré que me encerré en la sala de música, con los djs, para explicárles lo ocurrido. Luego, al ver que la gente se empezaba a volver loca y atacaba, abrieron la puerta, salieron y los atacaron. Yo la atoré, y… al dar un paso hacia atrás, tropecé tontamente y me hice esta brecha en la cabeza, perdiendo así el conocimiento. Al escucharos desperté y bajé las escaleras, o más bien, rodé por ellas… ¡Debemos llegar al laboratorio! ¡Allí estaremos seguros!

–Sí, ¿les pedimos permiso? –preguntó Manolo muy malhumorado.

Tras un amargo rato de silencio, Pedro se giró hacia el taxista, el cual, permanecía arrinconado en el suelo, meciéndose hacia delante y hacia detrás como una hamaca.

–¿Y cómo es que usted sigue por aquí? –le tocó el hombro–. ¿Disculpe?

El hombre se encontraba traumatizado, por lo que vino la joven y lo examinó. Resultaba ser que era doctora, psicóloga y una superdotada cuya mente abarcaba la sabiduría de diversas materias.

–¡Vaya tía! –susurró Lucas a Jaime.

Cuando el taxista pudo hablar, contó que, justo en el momento en el que nos dejó, dobló una calle y un compañero le rogó que recogiera de urgencia a la hija, que decía que estaba justo ahí cerca. Él giró la calle y empezó a ver gente muy metida en el papel de zombie, incluso a muchachas que iban disfrazadas de enfermeras o diablas. Le pareció extraño, pero aun así, continuó. Aceleró un poco más al lado de la calle en la que ahora se hallaban y una chica que metía gritos se tiró a gran velocidad sobre su coche. Frenó en seco tras la colisión y bajó. Corrió hacia la chica, que iba vestida normal y observó que era la hija de su compañero. Fue al coche para coger el móvil y llamar a la ambulancia cuando vio que a ésta se le acercaba un joven, el cual imaginó por su proximidad al cuello que era el novio. Sin embargo, cuando ya se hallaba entre éstos y el coche, el chaval comenzó a devorarla mientras aún seguía ella con vida.

Él se asustó, y cuando se volteó, vio que muchos más como ése venían hacia él, por lo que estuvo corriendo, salteándolos, hasta que volvió cerca del lugar y topó con ellos.

–¡La he matado yo! –se lamentó.

–Ella se lanzó huyendo… Usted no es culpable, créame… –ella lo consoló.

Buscaron la única puerta que había que daba a la calle y la atoraron. La otra daba al almacén de carga y descarga. Ésta, aunque estaba cerrada con llave, también la atoraron al ver, tras los pequeños cristales redondos como los de barco, que no había ni un solo camión para emprender una huida.

Dieron vueltas durante dos horas más por todo el almacén. Incluso comían algo. Ya quedaba menos para amanecer y estaban desesperados. Pedro decidió dar un paseo entre la sección de chucherías. Se detuvo entre los palotes de azúcar y los normales. Hastiado, comenzó a arrancarse el latex de la cara a puro tirón y a refregarse todo el maquillaje.

–Si continúas así te harás daño… –ella lo sorprendió por detrás.

Él se dio media vuelta y apreció que ella ya no tenía sangre en la cabeza, pues se había limpiado.

–Da igual.

–Subamos arriba que hay un baño en el que puedes quitarte toda esa porquería…

Ambos subieron una pequeña escalinata que había al principio –a la izquierda nada más entrar–, mientras caminaban callados, metidos en el pánico y lo absurdo pensamiento de lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Al abrir la puerta, ella encendió la luz. Vieron que era un pequeño despacho. Justo a la derecha, el servicio.

Mientras Pedro se peleaba con las protuberancias postizas de su piel, ella permanecía sentada intentando averiguar la contraseña del ordenador. En ese momento el cayó en la cuenta de que su blackberry tenía wifi, por lo que salió y se la cedió.

–Por cierto, no nos has dicho tu nombre. ¿Cómo te llamas?

–Sarah… –contestó mientras parecía enviar algún mensaje.

En ese instante, se escucharon unos disparos en la calle, por lo que se asomaron a la ventana y vieron cómo una Harley llegaba con un hombre vestido de Armani en tono plateado y un bonito sombrero a juego.

Dejó la moto y continuó disparando mientras se encaminaba hacia la puerta. Los dos se miraron y bajaron con rapidez. Ordenaron a los otros que abrieran y así hicieron. Pedro aprovechó la oportunidad para salir y pedirle al extraño un poco de ayuda para alejar de Antonio a los pocos zombies que quedaban por la zona. Sin embargo, cuando salió, con silla en mano y escoltado por Manolo, su sorpresa le embargó. No había apenas dos zombies y Antonio ya no estaba donde debía estar. Tan solo quedaba el lazo de su batín en el suelo. Una vez que este individuo entró –ordenándoles a ellos que lo hicieran antes que él–, la sellaron nuevamente.

 

 

 

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Vestidos de Zombies. II Capítulo

Vestidos de zombies (II capítulo), por María del Pino (Córdoba).

Habían decidido ir por las las calles del centro asustando a la gente hasta que llegasen las 00:00: noche de brujas en otros países, día de los difuntos para los españoles.

Ese día no sabían dónde ir exactamente. Si a una discoteca, de pubs, o al polígono, donde Jaime creyó oír que habían hecho algo taco “guapo”. Aun así, lo que sí tenían claro era una cosa: no iban a ligar. No por las ricas y exquisitas “demonias” y vampiresas que habría por ahí sueltas, sino porque con las caras que llevaban… No ligarían ni con un orco.

Música, dreams by Angelo Badalamenti

 

Cuando llegaron a la calle más amplia del centro, comenzaron su actuación al ver a un grupito de chiquillos. Éstos, al verlos, salieron corriendo mientras lloraban aterrados. Sólo uno que iba disfrazado de angelito fue tan valiente como para pegarle una patada a Manolo y decirle estúpido zombie antes de salir disparado como una flecha con los demás. Todos se rieron de zombie pateado. Es que el pobre no daba el pego con ese maquillaje tan malo.

–¡Vamos al Polígono! –exclamó éste tras soportar el dolor en la
espinilla y las risas de sus amigos.

–Sí, ¡vamos! Esto está MUERTO… Ja, ja… ¿Lo pilláis? Muer-to, –dijo Lucas mientras imitaba a un zombie.

–Pues vayamos, pero en taxi, no pienso coger mi coche, que el año pasado me pusisteis la moqueta que daba asco con eso de ir de la niña del exorcista… –Pedro frunció el ceño al recordar su pobre tapicería llena de vomitados a causa del alcohol ingerido.

Todos accedieron y cogieron el primer taxi que pasó. En principio, el conductor dudó en si montarlos o no, pero, finalmente, con algo de repugnancia al ver a Antonio sentarse a su lado, les preguntó hacia dónde iban. Manolo, ambientado y con ganas de fiesta, le respondió que al polígono, que allí había oído uno de ellos que iba a ocurrir algo GRANDE. Algo que pasaría a recordar su ciudad para siempre.

El taxista arrugó la nariz, extrañado, y comentó que no había habido ninguna llamada de por allí ni a nadie que él hubiese llevado desde hacía horas. También dijo que no había oído nada de eso. De todos modos, accedió a llevarlos sin decir más, pues una buena pasta se iba a llevar por estar tan lejos de donde se hallaban. Sobre todo siendo de noche y festivo.

Aunque hacía frío, el taxista abrió la ventanilla. Olía demasiado al látex de la cara de Pedro. No obstante, cuando se aproximaron, las cerró con rapidez. Todo estaba demasiado oscuro y olía a podrido.

Al bajar, le pagaron con veinte euros y no esperaron el cambio. Ni ellos, ni el taxista. Su cara era de espanto desde que entraron al polígono…

Continuará…

 

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Perdona que te recuerde

Por Goyo Martínez (desde un punto de la soledad en el Montseny, entre Barcelona y Girona, en el mundo, no sobre el mundo)

 

Recuerdas cuando éramos jóvenes y el porvenir aún era una página en blanco por escribir.

Recuerdo cuando podíamos rozar la textura del tiempo.

Recuerdas cuando aún podíamos tocar el cielo con las manos.

Recuerdo cuando nos preguntábamos adónde iríamos a parar aunque siempre íbamos a parar al mismo sitio.

Recuerdas el aire que respirábamos y el espacio que ocupábamos.

Recuerdo lugares que invitaban a enamorarse.

Recuerdas el tiempo que transcurría sin horarios.

Recuerdo aguas turquesas que no fueron pintadas, ni faros retocados, ni cielos  saturados de color por ingenios de la técnica.

Recuerdas el lugar donde se podía disfrutar de las pequeñas cosas, diminutas incluso.

Recuerdo cuando fijaba la vista en un sol ardiente.

Recuerdas aquel sol que comenzaba a caer tras el mar, dando inicio a un espectáculo de narajas, lilas y rosas.

Recuerdo cuando podíamos soñar con los ojos cerrados y el corazón abierto.

Recuerdas aquellos años que pasaron volando.

Recuerdo que éramos felices.

Recuerdas todo lo que pasó.

Recuerdo que todo me devolvía a ti.

Yo también lo recuerdo. Y cada vez que intento olvidar mis sentimientos por ti, terminan por volver y ya no quiero alojarlos. No quiero huir. No quiero perderte otra vez.

Recuerdas… recuerdo.

 

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At some time…

Segunda reflexión del Rincón del Pensamiento, por Xavier Gálvez, Barcelona

Clica sobre la imagen y descubrirás una nube blanca, un núvol blanc.

. En algun moment de les nostres vides hem desitjat plegar veles, fer-nos  vent, potser el més petit dels àtoms o molècules existents. La resposta a tots  aquests neguits: la sublimació del desig; seguir el corrent marí que va del cor al cap; cercar les idees més positives. En poques paraules: tirar endavant.

. En algún momento de nuestras vidas hemos deseado plegar velas, hacernos viento, quizás el más pequeño de los átomos o moléculas existentes. La respuesta a todas estas desazones: la sublimación del deseo; seguir la corriente marina que va del corazón a la cabeza; buscar las ideas más positivas. En pocas palabras: seguir adelante.

. At some time of our lives have wished to fold sails, do us wind, perhaps the smallest of the atoms or existent molecules. The answer to all these discomforts: the sublimation of the wish; follow the marine current that goes of the heart to the head; finding the most positive ideas. In few words: throw forward.

. A un certo punto nella nostra vita noi hanno voluto filtri candele, ci fanno vento, forse il più piccolo degli atomi o molecole. La risposta a tutte queste delusioni: la sublimazione d’il desiderio; a seguire l’oceano corrente
che scorre dal cuore al capo; trovare le idee più positivo. In poche parole: andare avanti.

 

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