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LO QUE LA LUNA ESCONDE

Viendo mi abatimiento, en cierta ocasión, el viejo de la imprenta me explicó que había conocido a una mujer que, en plena guerra, decidió abrir una floristería. Una sandez, pensé yo para mis adentros. Como siempre, el viejo de la imprenta me leyó el gesto y el pensamiento y me amonestó.

Aquella mujer, que para algunos podía pasar por loca, abrió aquella floristería porque el mundo necesitaba en ese momento, más que nunca, flores.

Ahora, en que el dolor, la angustia, la incertidumbre, la zozobra nos acosan, el mundo necesita bella historias. Historias de amor, de superación, de batallas contra las vanidades.

Hasta ahora, – lo confieso-, nunca me había planteado con la suficiente profusión el asunto. ¿Qué poder ejerce la luna sobre nosotros? ¿Qué tiene que ver la luna con nuestro corazón, nuestro destino?

Mi admirado García Lorca escribió:
 

“cuando sale la luna
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.
Cuando sale la luna,
el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.
Nadie come naranjas
bajo la luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.
Cuando sale la luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo”

 

El escritor Jordi Planes Rovira nos trae una de esas bellas y necesarias historias de amor, superación y coraje: “Lo que la luna esconde”, primera novela de Jordi Planes – publicada por Quarentena Ediciones y que he tenido el inmenso honor, placer y orgullo de editar-, y en la que aborda de manera magistral quiénes somos, qué queremos, qué amamos, qué nos conviene y qué debemos rechazar, en un mundo de vanidades y traiciones.

Pronto, muy pronto, en todas las librerías, “Lo que la luna esconde”.

Y yo que pensaba que lo sabía todo y ahora sé que apenas sé nada. Dicho y escrito desde el corazón, porque no sabemos -ni queremos- decirlo y escribirlo de otra manera.

 

 
 

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Nunca lo hubiera imaginado: sobre la muerte de John Lennon, su asesino y El guardián entre el centeno

¿ Qué hubiera ocurrido si John Lennon no hubiese muerto trágicamente aquel 8 de diciembre de 1980?. ¿Qué relación tiene el último disco del mítico Lennon, su asesino, Mark D. Chapman, y J.D. Salinger, el excéntrico y huraño autor de El guardián entre el centeno?. ¿Planeaban los Beatles regresar a los escenarios si no hubiera fallecido Lennon?. ¿Era el asesino del Beatle un majara, un iluminado o, quizá, un autómata dirigido por alguien a quien le interesaba el magnicidio?. ¿Era Yoko Ono un impedimento para el posible regreso de la banda de Liverpool?.

Aquel 8 de diciembre, Mark David Chapman decidió acabar con la vida de Lennon, “un auténtico elemento que se atrevía a compararse con Jesucristo, y que incluso no creía en Dios”. ¿Qué tuvo que ver Dios con el crimen del Beatle?.

Ese día, Chapman compartió habitación con una prostituta, a la que despachó tras darle una propina, sin consumar el acto sexual en ningún momento. Luego, de camino al edificio Dakota, en Nueva York, adquirió un nuevo ejemplar, el enésimo, de El guardián entre el centeno y en una tienda de Virgin compró una nueva copia, la enésima, del Doble Fantasy de los Lennon.

Por un momento, Chapman soñó… luego habló el plomo y el sueño terminó mientras miles de niños pequeños jugaban en un gran campo de centeno sin nadie que los cuidara ni vigilara, excepto un adulto, al borde de un profundo precipicio, sin otra misión que agarrar a todo niño que se acercara al abismo. ¡Una locura!

Juan Manuel Escrihuela (Barcelona, 1957), uno de los mayores expertos en España en el fenómeno beatle, desvela en “El sueño ha terminado” (Quarentena Ed.) algunas de las oscuras polémicas que han envuelto la muerte de Lennon: una crónica novelada de literatura, música y crueldad que unió al beatle, Salinger y Chapman.

Os lo recomiendo porque no deja indiferente, tanto si eres o no beatlemaniaco

 

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¿Dónde está el amor?

Hoy el sol saldrá y se pondrá. Lo demás, está por decidir, como el amor. Más tarde o más pronto, llega. No es como ir al mercado y seleccionar la mejor pieza en la parada de frutas y verduras. Cuando menos lo esperes… y, si no, siempre nos quedará alguna compañía. Un cuento (con música) de Elizabeth Vargas (San Juan de Puerto Rico)

Los capítulos se repiten una y otra vez, es un cuento que no termina.

-Hija, deja ya de trabajar tanto y busca un hombre con el que puedas compartir tu vida.  Yo he envejecido y me gustaría saber que tienes un compañero cuando yo no esté.

Mami, tú siempre con tus pensamientos sobre la muerte y mi futuro.  Déjame así, yo estoy feliz.

Una conversación habitual entre Leticia y su madre. También, era el discurso y la presión de algunos de sus allegados. La gente no podía entender como una mujer tan hermosa, inteligente y profesional estuviera soltera.

Leticia, a sus 38 años, había alcanzado más de lo que esperaba, pero no era suficiente para su progenitora, con la que vivía en el Viejo San Juan.  Doña Petra insistía en que su única hija no era completamente feliz porque no había tenido tiempo ni suerte para el amor.

El amor llegará cuando tenga que llegar y si no llega, no te preocupes que estoy muy bien acompañada por Lupita.

-Lety, hija mía, Lupita es una gata, no te puede dar el amor y loshijos que necesitas.

¡Jajaja! no me hagas reir mami, ¿quién te dijo que no tengo amor?  Además, ¿por qué necesito tener hijos?  Es más, ni me contestes, creo que ya hemos hablado mucho sobre el tema.  Gracias por preocuparte por mí, pero hasta aquí llegó la conversación, por lo menos si quieres seguir hablando de eso.

Leticia había luchado con las presiones de la sociedad de que las etapas de noviazgo, casamiento y maternidad se viven a cierta edad. A los 30 años, se sintió un poco hostigada, pues Doña Petra se había encariñado con Joel, su último novio.  Su amada madre se la pasaba todo el día con la cantaleta de que se casaran y le dieran nietos.  Sí, nietos, en plural, porque la señora sentía que la casa estaba vacía, quería risas, gritos y juguetes tirados por el piso.

Aunque Leticia no tenía prisa por casarse, Joel era el amor de su vida. De eso, no tenía duda. La enamoraba con cada detalle, era un hombre enfocado, muy profesional e intelectual, justo lo que ella quería. Compartían poco por la complejidad de sus trabajos, pero esos instantes que pasaban juntos eran mágicos y la hacían muy feliz. Eran compatibles y tenían muchos sueños en común.

 

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Concurso de Microrrelatos: 49 relatos, 1.662 votos y cinco ganadores

El primer concurso de microrrelatos del Café Romantic, organizado con el patrocinio de La Grapadora, sociedad de secretariat freelance y assistant virtual, ha concluido con la participación de 49 narraciones y un total de 1.662 votos, lo cual ya significa un éxito para esta sencilla y humilde forma de fomentar la literatura y la creatividad.

Por votación popular, los cinco microrrelatos más votados han sido:

  1. Corazón por desayuno, con 138 votos
  2. El fantasma y Muere, con 134 votos
  3. ¿Qué es la felicidad?, con 125 votos
  4. Leí, con 102 votos

Dada la calidad y cantidad de microrrelatos participantes, el Café Romantic ha decidido ampliar a cinco los premiados, y en los próximos días dará a conocer los ganadores nominales del concurso. Además, el Café Romantic creará el libro interactivo de los microrrelatos que pondrá a disposición de los participantes y de los lectores.

Gracias a todos por participar.

Reproducimos aquí los cinco microrrelatos más votados.

  • CORAZÓN POR DESAYUNO

Redimidos del tedio, de la ira, del olvido, tuvimos corazón por desayuno.

  • MUERE…

El silencio de tus labios rompió mi alma y aumentó en mí el miedo a perderte.

–No me dejes…

Aunque te lo rogué, no me hiciste caso y subiste al cielo.

  • EL FANTASMA

Hace un mes le tenía miedo. Ese miedo real que te provoca sudor frío y llanto en medio de la calle. Ahora no. Si le hablo, lo hago importante, por eso lo ignoro. Sospecho que se nutre de mis preguntas. El fantasma; el fantasma es la pérdida.

  • ¿QUÉ ES LA FELICIDAD?

La felicidad es valorar y retener con sencillez aquellas pequeñas cosas que encontramos a lo largo de nuestra vida, como si fueran la primera y última vez que las disfrutamos.

  • LEÍ

Leí, y entendí lo que no me decías de otra forma; tal vez nunca nos conozcamos, tal vez ya no estés. Nada de eso importa. Tú escribe, que yo te leeré.

 

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De dónde venimos. Adónde vamos. Quiénes somos… ya no somos nada

Si este es mi futuro, prefiero mi pasado. Un relato con música.

Publicado por Quim Monzó, el 13 de noviembre de 2011 en La Vanguardia

Hace unas semanas, The New York Times publicó un reportaje sobre el software para escribir artículos. Cada vez más medios de comunicación utilizan un programa al que le suministras datos y en un pispás te redacta un artículo. Quizá no sea un artículo excepcional, pero sí aceptable, tan aceptable como la mayoría de los artículos que publican cada día los medios de comunicación. La única diferencia es que los escribe un ordenador en vez de una persona.

Hace cosa de diez años yo me divertía jugando con generadores de letras de canciones, de esos que hay en internet. Los hay de canciones country, navideñas, románticas… Incorporan la estructura de cada tipo de letra y, a partir de eso y de los tópicos de cada género musical, producen nuevas letras, casi indistinguibles de las originales. Mi generador preferido era The Alanis Morrisette Random Lyric Generator. Le suministraba tres o cuatro palabras que no diré aquí por si hay niños presentes y, a partir de esas palabras, al cabo de nada me regalaba una canción con la misma ñoñez que las de la almibarada Alanis Morrisette.

Pues el generador de artículos es lo mismo, pero a lo grande. ¿Un diario necesita un artículo sobre el partido de fútbol que está a punto de acabar? Introduces los datos y en menos de un minuto lo tiene hecho. El software se llama Narrative Science y nació en las facultades de Ingeniería y Periodismo de la  Universidad Northwestern, en Illinois. Investigan sobre lengua e inteligencia artificial y han pasado más de diez años alimentando ese programa con tópicos periodísticos: sobre economía, sobre el mundo inmobiliario, sobre deportes, sobre elecciones… Ha digerido el estilo de los periodistas rutinarios, los que, aun siendo humanos, escriben con recursos mil veces repetidos. A propósito de los artículos deportivos, dice el Times neoyorquino: “El software de Narrative Science hace deducciones a partir de los datos que almacena y del orden lógico y los resultados de partidos anteriores. Explica el señor Hammond de Narrative Science que, para generar ‘puntos de vista’ de lo que narra, el software aprende conceptos como esfuerzo individual, esfuerzo del equipo, venir desde atrás, una y otra vez, mejor de la temporada, racha del jugador o clasificación por equipos. El software decide qué elemento es el más importante de ese partido y lo convierte en el eje alrededor del cual desarrolla el artículo”. El resultado es que el ordenador te da un texto con los mismos clichés que los de la mayoría de los periodistas, pero más rápidamente y a mejor precio. El diario americano formula una pregunta: “Los robots periodista ¿reemplazarán en las redacciones a los periodistas de carne y hueso?”. Es una pregunta retórica, porque salta a la vista que sí: algunos medios de Norteamérica ya lo usan, y cada vez lo usarán más, tanto allí como en el resto del mundo, Europa incluida. ¿Por qué van a pagar a un mozalbete un sueldo –ni que sea un sueldo mileurista– si con ese software cada artículo de 3.200 caracteres le cuesta sólo 7 euros? Que Dios nos coja confesados.

 

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Muere la muerte (dulce muerte)

La muerte siempre está segura de su victoria, lívida muerte cobarde. No escogemos la muerte, es ella la que viene a por nosotros. Forma parte de la vida. La nuestra es, y siempre será, una historia en que la muerte no nos es ajena. Como tampoco lo es el sacrificio, la fe, la misericordia. Somos hombres y mujeres, nada más, actuamos de acuerdo a lo que creemos mejor. Nos equivocamos, acertamos, pecamos, rogamos perdón… Que Dios, o quien sea, se apiade de nosotros. Pero la muerte también nos recuerda lo resistente que es el espíritu humano cuando quiere serlo. Por eso, llega un momento en que nuestra historia ya no es una cuestión de vida o muerte, sino de algo mucho más importante. Quiero vivir de la misma manera que sueño morir: una tarde en que no haya una sola nube en el cielo, y con el corazón bien abierto. Entonces la muerte ya no tendrá la última palabra.

Un relato en forma de poesía de Ruth Román, de Cornellà (Barcelona). Un relato con su inmortal melodía.

 

Llama la muerte a tu puerta,

sin avisar, con una crueldad consumida,

sin un futuro presente,

sin un pasado ausente.

 

Lucharé contigo hasta morir,

quizá hasta que la muerte muera,

quizá hasta que la vida me consuma,

tal vez de miedo, incluso de locura.

 

Deja la llama encendida,

no consientas que la muerte sea eterna,

la luz pervive aunque la vida muera,

la muerte vence pero no perdura.

 

Y si el vivir no es más que la mar sin calma,

no olvides que la orilla siempre resta,

poco a poco, lentamente

la mirada se diluye en un instante.

 

No es morir lo que me asusta,

es reír sin una causa,

es llorar sin un lamento,

es gritar sin un te quiero.

 

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Cigarrillos de amor

Somos capaces de construir castillos en el aire, de ver gigantes donde hay molinos, de asir espadas donde hay palos, de bañarnos en mares donde hay charcos, de escalar montañas donde hay colinas… Somos personas que, en todo lo que hacemos, dejamos la impronta de ese carácter que sólo este lugar, unas veces cruel, otras, imprevisible, bello en todo caso, puede dar. Un carácter único, a veces genial. Un lugar donde lo que palpita es el amor y donde hombres y mujeres buscan en las noches la dinastía remota de las estrellas. Lo que véis no existe y, sin embargo, lo estáis viendo. Si podéis soñarlo, podéis hacerlo.

Un relato con música de Ruth Román, de Cornellá (Barcelona)

Lías cigarrillos de cariño y sin papel para que los fume dentro de tu piel.

 

 

 

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VISUAL / EPITAFIO (con música)

 

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MEMORIAS DE UNA PULGA -VERSIÓN SIGLO XXI- (I Parte)

Una novela por entregas de Marbella Martínez

Prólogo

Quisiera que consideraras por un momento que posibilidades hay de que la trama y las vivencias de una historia real o inventada se repitan en el tiempo por diferentes personas y en diferentes lugares del mundo. Ahora, imagina que no se trata de un solo mundo, sino de muchos mundos. Os preguntaréis que a qué me refiero. Pues bien, si alguna vez aceptaste el concepto de que nuestro universo es infinito, te imaginas cuantas posibilidades hay de que exista un número infinito de mundos como el nuestro y cuantas veces podría repetirse en ellos esa misma historia.

Si recurrimos a las descabelladas teorías de la física moderna, ésta historia que os voy a contar existe en algún lugar del tiempo y el espacio de alguno o varios de los infinitos universos paralelos del infinito número que de ellos hay superpuestos, en el mismo lugar y que algún día la tecnología del futuro nos permitirá verlos; sintonizándolos como lo hacemos hoy con las frecuencias de radio o televisión. De acuerdo a esto, la imaginación es la capacidad de asomarse a estas dimensiones con los sentidos de la mente y escribir es jugar a ser Dios moldeando a nuestro antojo lo que ya existe en algún lugar del tiempo y el espacio, ambos infinitos por cierto.

 

Capítulo I (Encendiendo la fogata)

Bella, era el nombre de una preciosidad de figura perfecta. No obstante su juventud, sus dulces encantos en capullo empezaban ya a adquirir proporciones como las que placen al sexo opuesto. Su rostro acusaba una candidez encantadora; su aliento era suave como los perfumes de Arabia y su piel parecía de terciopelo. Bella sabía desde luego cuáles eran sus encantos y erguía su cabeza con tanto orgullo y coquetería como solo pudiera hacerlo una reina, pero como si todo esto no fuera suficiente; por su sangre corría el fuego del Mediterráneo, pues debido a sus raíces familiares ésta chica tenía un marcado pero sensual acento europeo con cuya fina gracia cautivaba y divertía hasta con la más insípida conversación. No resultaba difícil ver que despertaba admiración al observar las miradas de anhelo y lujuria que le dirigían los jóvenes y en no pocas ocasiones también los hombres ya maduros. En el exterior del templo religioso al que asistía no había hombre que no volteara discretamente a mirar tan increíble silueta, manifestaciones que hablaban mejor que mil palabras de que mirarla era un verdadero regalo para los ojos masculinos.

Sin embargo ella no prestaba la menor atención a lo que evidentemente era un suceso de todos los días, la damita se encaminó hacia su hogar en compañía de su tía, una dama que a pesar de languidecer por su delgadez y ser enfermiza en extremo; tenía un cuerpo que estaba revestido con el mismo inconfundible sello familiar de Bella, era una mujer que en sus mejores momentos había sido una sobresaliente bailarina de ballet clásico que participó en destacadas obras como titular del elenco y aún conservaba el porte aristocrático y la impecable figura con la que esa férrea disciplina marca de por vida el cuerpo de quienes entregan su vida a ese arte.

Al llegar a su pulcra y elegante morada la jovencita se dirigió rápidamente a su alcoba, en el interior encendió su computadora para ver sus correos y con el corazón acelerado abrió con urgencia aquel que le interesaba ignorando los demás. ―Esta tarde a las seis, solo podré estar diez minutos en el colegio‖, eran las únicas palabras escritas en el correo, pero al parecer tenían un particular interés para ella, puesto que se mantuvo observándolas por algún tiempo en actitud pensativa, como si su mente buscara mil interpretaciones o mensajes ocultos en esas escasas frases.

Enseguida, Bella se vistió con meticulosa atención; procurándose la ropa y los arreglos más insinuantes que tenía. Enfundada en unos ajustados y sensuales jeans de fina mezclilla que hacían resaltar al máximo sus encantos femeninos en combinación con una estilizada playera de manga larga que se plegaba como piel a su diafragma mostrando las formas de sus senos, salió al jardín que rodeaba la casa donde moraba para que nadie la viera salir. Montó su bicicleta y al llegar al extremo de una larga y tranquila avenida la muchacha se sentó en una banca rústica del parque frente al colegio y esperó la llegada de la persona con la que tenía que encontrarse.

No pasaron más de cinco minutos antes de que un coche se estacionara en la puerta del colegio, del interior salió un apuesto caballero muy maduro de unos cuarenta y tantos años, pero con una apariencia tan varonil y seductora como la de ciertos galanes de cine. Entró al colegio donde las actividades vespertinas estaban por terminar. Casi de inmediato Bella encamino sus pasos rumbo al colegio. El caballero era uno de sus maestros que había quedado de entregarle una guía de estudios para un curso de verano.

En verdad Bella no estaba interesada en tal estudio, lo único que quería era platicar con él. Bella estaba fascinada con ese hombre que dicho sea de paso guardaba cierto parecido con su Tío, en cuya casa vivía, pero a diferencia de su maestro, su tío era una persona de semblante amargado que jamás sonreía, viviendo siempre al cuidado de su enfermiza esposa nunca lo veía divertirse o salir a pasear.

En cuanto llegó al despacho de su maestro se entabló una conversación sobre la metodología del curso que la linda muchacha escuchaba con los ojos encendidos sin poner la mínima atención al contenido de la misma, terminada la cual su maestro le dijo:

— Así que ¿a cual escogerías tu Bella? — Preguntó su maestro.

Casi suspirando, Bella contestó sin pensar con su acostumbrado acento europeo:

— ¡A Usted Claro!

Pero viendo que su maestro dirigió su mirada hacía ella con extrañeza, Bella corrigió.

— ¡He!, ¡Perdón!… quise decir… ¡Más bien!.. Creo que estoy de acuerdo con lo último, ¡si!… eso es.

Sin estar muy convencido con la respuesta, su maestro cerró la carpeta de la guía escolar y se la entregó a Bella diciéndole.

— ¡Bien!, pues aquí tienes lo que pediste, yo debo retirarme, tengo un compromiso para el que ya estoy retrasado, si tienes alguna otra duda…

El ritmo de la respiración de Bella se apresuró ante tal noticia, sabía bien que no lo volvería a ver hasta después de las vacaciones y apresurándose le salió al paso bloqueando la puerta de salida con su espalda para decirle:

— ¡Espera Giovanni!… ¡Digo! … !Perdón! … !Quise decir! … ¡Maestro!… Hay algo que quería pedirle. Supe que en unos días va a viajar a Vancouver para participar en una conferencia y que será un viaje corto al que asistirá solo por una semana y pues… verá… yo he querido viajar a ese lugar para practicar el idioma… pero no encuentro quien conozca ese lugar y domine el idioma tan bien como usted. Así que, yo quería saber si… Usted… y yo… — Nerviosa por no poder cerrar la idea le dijo abiertamente — ¡Podríamos tomar vuelos separados!

Habiendo captado a la perfección las intenciones de la joven, el Maestro se sentó momentáneamente en su escritorio para responder a su aparentemente ingenioso plan.

— ¡Bella!… Bella Bella, ojalá hubiera tenido yo una propuesta así cuando era un joven estudiante de lentes que siempre pasaba desapercibido y cuya compañía nadie necesitaba. Ahora soy un hombre felizmente casado con familia e hijos. Lo que tu quieres daría pie a malos entendidos y poner en riesgo mi trabajo y mi familia sería lo último que yo haría. Mi mejor consejo es que consigas un grupo de amigos de tu edad que quieran viajar y desde luego ¿por que no incluir en tu grupo a aquel que siempre quiere acercarse y no lo hace porque siempre lo rechazan?… tal vez te lleves una sorpresa cuando lo conozcas mejor.

Bella había comprendido a la perfección la postura de su Maestro y decepcionada consigo misma, no solo por haber fallado en su intento, sino porque se había dado cuenta de que era tan egoísta que jamás pensaba en los demás, incluidos como bien le dijo su Maestro; a todos aquellos que en apariencia calificaran con menos de ―Pavo Real‖.

La entrevista terminó y Bella se retiró pensativa y triste, no podía creer que existiera alguien que la rechazara, ni que le dijera tantas verdades en tan pocas frases, pero si algo había obtenido de ese encuentro era la manera de redireccionar la búsqueda del amor que tanta falta le hacía a su corta edad. — ―Si Giovanni no me quiso iniciar en el mundo del amor; buscaré y encontraré la experiencia que quiero‖ — Se decía a si misma.

Esa noche Bella estaba sola en su casa por ausencia de sus tíos que debieron salir a visitar familiares a otra ciudad y estando en su habitación; sacó de su librero un libro negro que hacía días había estado leyendo, en su portada con letras herrumbrosas había un titulo en letras hebreas, luego una mención de lo que aparentemente era el nombre del autor en español, una sola palabra que para un conocedor lo dice todo: ―Abramelin‖. Tras leer un rato, salió al jardín que estaba frente a su recamara y a la luz de una luna llena trazó en el suelo un pentagrama con una de sus puntas apuntando hacía el norte, colocó una vela en el centro y se sentó en el interior del dibujo en la posición usada en yoga, cerró sus ojos y empezó una oración que en otros tiempos hubiera sido una sentencia de muerte para quien la practicara.

— ¡Santos espíritus! que rodean este pentagrama y que son atraídos por el fuego de mi cuerpo, huestes angélicas y arcangélicas que traen a la realidad los deseos y los sueños, criaturas de la noche que sirven a los durmientes, ¡Os Invoco para servirme como servís a vuestros amos!, yo que soy el deseo y la fantasía de quienes me admiran deseo traer a la realidad y para mi disfrute lo que mi condición merece, ¡Quiero Disfrutar Por Completo de Todas Las Posibilidades de la Naturaleza de mi Ser! ¡Quiero Tener la Experiencia Sexual más Fantástica Jamás Vivida por Mujer Alguna!

Y pese a las advertencias del autor de ese libro, articuló con palabras el ilegible e impronunciable nombre del demonio del placer, para después gritar a la luz de la luna.

— ¡Quiero Sentir Aquí y Ahora la Iniciación con la que una Bruja Goza por Primera Vez!

Mientras pronunciaba esto Bella sentía que la sangre que circulaba por sus venas le hacía unas cosquillas tan terribles que aceleraron su respiración y la obligaron a interrumpir su invocación, y casi como poseída tomó la vela y elevándola derramó sobre su desnudo cuerpo la cera que se derretía, excitándose notoriamente con la sensación del calor sobre su piel que la hacía arquear su espalda y ondular su cuerpo. Unos instantes después la jovencita apagaba la vela contra su piel encaminándola hacia su todavía más ardiente sexo para ejecutar una masturbación tan lujuriosa que ella misma se sorprendía de tan extraña e inusual actitud. Un apagado gemido de lujuria semejante al del dolor escapó de los labios entreabiertos de Bella al sentir en sus entrañas el explosivo llamado del placer, derrumbándose hasta quedar con su espalda en el piso, donde quedó tendida y con los ojos cerrados, con una expresión facial semejante a la del llanto. Era la primera vez que Bella se masturbaba y la emoción experimentada por su cuerpo era tal que había quedado como muerta.

El grito ahogado en forma de gemido fue la señal para una interrupción tan repentina como inesperada. De entre las ramas de los arbustos próximos se coló la siniestra figura de un hombre que vestía hábitos clericales y se situó delante de ella. El horror heló la sangre en sus venas y con un esfuerzo por mantenerse oculta, retrocedió ante tal aparición, como quien huye de una espantosa serpiente. La luz de la luna descubrió la figura de un hombre de aproximadamente cuarenta y cinco años, bajo, robusto y más bien corpulento.

Era el Padre Ambrosio, que sabedor del viaje de sus tíos; gentilmente había acudido a esa casa para revisar que todo estuviera en orden. Su rostro rojo y contraído por lo que parecía ser un terrible enojo resultaba todavía más temible por efecto de un par de ojos que brillantes y negros como el azabache que lanzaban fuego en torno a ella con adustas miradas de reclamo y resentimiento, el sombrío aspecto y limpieza de ese santo varón hacían resaltar todavía más sus notables proporciones musculares. Fue entonces que Bella se percató que el padre traía en su mano una cámara de video encendida con la que había filmando todo su ―mágico ritual‖.

Tan pronto como Bella advirtió la presencia del eclesiástico cubrió su sexo con una mano y sus senos con la otra encogiéndose en el suelo que había sido mudo testigo de su goce, e incapaz de emitir sonido alguno a causa del temor, se dispuso a esperar la tormenta que sin duda iba a desatarse para enfrentarse a ella con toda la presencia de ánimo de que era capaz.

No se prolongó mucho su incertidumbre. El recién llegado la tomó por el brazo mientras con una dura mirada de autoridad le ordenaba que pusiera orden en su escasa vestimenta.

— ¡Muchacha imprudente! — murmuró entre dientes —. ¿Qué es lo que has hecho? ¿Hasta qué extremos te ha arrastrado tu pasión loca y salvaje? ¿Cómo podrás enfrentarte a la ira de tu ofendido tutor cuando vea este video? ¿Cómo apaciguarás su justo resentimiento cuando yo, en el ejercicio de mi deber moral le haga saber los denigrantes actos al los que se entrega su única hija? — Manteniéndola todavía sujeta por la muñeca continuó.

— ¡Infeliz muchacha!, sólo puedo expresarte mi máximo horror y mí justa indignación. Olvidándote de los preceptos de nuestra santa madre iglesia y sin importarte el honor, te has entregado a esta perversa y degradante práctica de brujería que desató en ti el disfrute de la fruta prohibida. ¿Qué te queda ahora? Escarnecida por tus amigos y arrojada del hogar de tu tío, tendrás que asociarte con las bestias del campo y como Nabucodonosor, serás eludida por los tuyos para evitar la contaminación y tendrás que implorar por los caminos del Señor un miserable sustento. ¡Ah, hija del pecado, criatura entregada a la lujuria y a Satán! Yo te digo que…

El extraño había ido tan lejos en su amonestación a la infortunada muchacha, que Bella, abandonando su actitud encogida y arrodillándose, clavó su rostro en lágrimas en las piernas del indignado sacerdote suplicando perdón.

— ¡Piedad padrecito! ¡Compadeceos de mí! ¡Aceptadme en confesión!— Suplicó Bella, cuyas lágrimas se deslizaban por unas mejillas que hacía poco habían resplandecido de placer.

— ¡No digas más! — Siguió diciendo el sacerdote. — No digas más. Las confesiones no son válidas en este momento y las humillaciones sólo añaden lodo a tu ofensa. Mi mente no acierta a concretar cuál será mi obligación en este sucio asunto, pero si obedeciera los dictados de mis actuales inclinaciones; encaminaría mis pasos directamente hacia tus custodios naturales para hacerles saber de inmediato las infamias que por azar he descubierto.

— ¡Perdonadme! padre ¡Perdonadme. Haré cuanto esté en mis manos como penitencia. Se dirán seis misas y muchos padrenuestros sufragados por mí, Se emprenderá sin duda la peregrinación al sepulcro de San Engulfo, del que me hablabais el otro día. Estoy dispuesta a cualquier sacrificio si me perdonáis.

El sacerdote impuso silencio con un ademán.

— ¡Basta! — Dijo el padre. — Necesito tiempo. Necesito invocar la ayuda de la Virgen bendita, que no conoce el pecado. Pasa a verme mañana a la sacristía Bella. Allí en el recinto adecuado, te revelaré cuál castigo corresponde a tu horrible pecado, para ello habré de consultar esta misma noche los libros sagrados que me lo habrán de revelar y solo en caso de que exista una solución adecuada a tu falta, muy a mi pesar habré de callar lo que esta noche he visto, tal y como en el pasado he tenido que callar las desvergonzadas confesiones que siempre vienes a hacerme.

Miles de gracias surgieron de la garganta de Bella cuando el padre le advirtió que debía marcharse ya a su dormitorio.

— ¡Y borra de tu cara esa expresión de felicidad!, que no te he prometido nada. Solo te aclaro que por esta noche, y solo por esta noche, vuestro secreto estará a salvo conmigo, y hasta que nos volvamos a ver, te informaré de mi decisión final. — Dijo el padre antes de partir.

 

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VISUAL DEL ALMA

Inspirado por Mila Miguélez, desde Galicia. Relato con música. En tierra de nadie

 

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