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De aquí para allá

Es una pena que no recordemos cómo empezamos a andar. La sensación de los primeros pasos, tras el gateo, como tanteando el mundo por el que luego deambularemos y erraremos años y años. Mezcla de preocupación y diversión, desvelo y expansión. Íbamos de aquí para allá, desplazándonos por abismos que sólo existían en nuestra cabeza. Buscando siempre lugares seguros, asideros sin precipicios, y la mirada de la madre, que nos animaba a soltarnos, a arriesgar. Y lo hacíamos, como diciendo “aquí estoy yo y me voy a comer el mundo”. Más tarde, te conformas con que el mundo no te coma a ti. Ahora, estamos aquí para estar allá, y no es pasado ni futuro.

La Dama Se Esconde (Ruiz Mora), de Murcia, ha estado allá para volver aquí y decirnos qué ha visto y cómo lo ha visto, como si se tratara de un sueño infantil con el que es fácil empatizar. El viejo de la imprenta me habló una vez del hombre y de su primaria incapacidad para ver un poco más allá. Yo miré allá, incrédulo. Y el viejo me espetó, ¿es que no te enteras burro?. Con música, pues nunca deben faltar las palabras y los ritmos.

Nubes,
luz,
vaiven,
¡zas!.
Pensamientos, pensadores;
periódico, hoja;
hechizo, reflexión;
vuelta, revuelta en las almas;
tristeza, apaga.
Vamos, parada,
freno, incendio.
Te espero,
añoro,
mi cena,
tu espacio,
mis dedos.
Pintura,
camino,
la vuelta,
la nada.
¿Tristeza?,
¿abismo?,
¿el miedo?,
no, más bien nada.
Perdí mi sonrisa,
colgé la palabra.
Los que me han visto,
me dicen, ¿dónde te hayas?.
No sé,
no cuento, no digo nada.
 

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Resquicios de amor

Tienes la piel de serpiente y te mudas cada vez que vienes reptando a mis brazos. Y vuelas tan alto, y a veces tan bajo, que duele. Y es entonces cuando te suplico que me cuentes por qué cuando menos lo espero, cuando me he curado, la vida me depara otras sorpresas. Y siempre, sin darme apenas cuenta, dejo una puerta abierta al amor. Y busco aquellas palabras que alivien mi dolor. Quisiera sentir como el amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.

Un relato de Lorena Pérez García, de su blog Mi propio Cajón de Sastre, de Madrid. Un relato sobre la belleza y el dolor del amor porque, más vale haber amado y perdido que no haber amado nunca.

A veces en la soledad de mi mirada, recuerdo las veces que tanto tiempo te quise. Las veces que tortuosamente miraba a mi alrededor deseando encontrar unos ojos familiares, los tuyos.

Tantas veces deseaba aquello, que conseguí alzarte del alma mía, construirte un altar para ti solo, donde pudiera adorarte como se adora a un dios, donde pudiera rendirte el culto que para mí te merecías. Pero todo eso no era amor, o sí, quién sabe, todo eso nadie sabe que era, ni siquiera yo. Quizá fuera la máscara oculta de aquella persona que tiene miedo a querer a alguien de verdad y únicamente se enamora, o encapricha de aquellos a los que sólo puede adorar en la lejanía.
Ya lo dijo el escritor: solo los amores imposibles duran para toda la vida, y para una persona como yo, que tiene miedo a lo efímero del amor, a la capacidad innata que tenemos las personas de amar hoy y olvidar mañana, sólo un amor imposible es capaz de satisfacer mis ansias de adoración eterna.
Me da miedo el amor. Aunque para ser exactos me da miedo lo efímero de este. ¿El amor dura para toda la vida? Hay una canción del maestro Sabina que dice que hay amores eternos que duran sólo un invierno. ¿Podemos amar un instante y que sea eterno? Y acaso ¿podemos amar una eternidad y que solo sea un instante? Finalmente, el tiempo, todo gira en torno a él.
Que maravilloso sería decir que el amor nunca se acaba. Pero ya no me lo creo. Puede que sea porque nunca me he enamorado, pero no creo que dure para siempre. La sociedad a nuestro alrededor así lo dice. Últimamente todo a mí alrededor así me lo dice. Será quizá por eso que he dejado de ser la romántica de libro que he sido siempre, para volverme una incrédula que se aleja de los sentimientos que pueden resultar tortuosos.
Y a veces por un resquicio de esa frivolidad se cuela un suspiro para recordarme que una vez escribí aquellos versos que hoy me gusta leer. Para recordarme que una vez alguien era capaz de dejarme sin aliento durante los instantes que estaba en su presencia sabiendo que nunca podría ni rozarle.
Amaba a un imposible, suena tan surrealista, tan de un pasado… pero al menos entonces amaba.
 

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