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LOS SECRETOS DE LA TABLA PERIÓDICA ( PORQUÉ SÉ…)

El desorden sobre la vieja mesa de madera de la vieja biblioteca del viejo de la imprenta era monumental. Se apilaban libros sobre libros, notas sobre notas, dibujos sobre dibujos, extrañas fórmulas matemáticas sobre aún más extrañas fórmulas químicas. Sin lugar a dudas, seguía trabajando en su sueño. Ya no se trataba sólo de averiguar adónde van los besos que no damos, que nos quedamos. Era también una investigación sobre el amor que guardamos, la sonrisa que no exhibimos o el gesto amable que disimulamos.

Con mi genio en reposo -sólo así se podía afrontar la situación-, me senté frente a su vieja mesa mientras su vieja voz recitaba al señor Boyle. Algo me decía que el qúimico escéptico le había llevado al mayor descubrimiento de su historia. Quizás no era el más deslumbrante descubrimiento ni la mayor ni mejor historia jamás antes conocida o contada, pero era su historia y, creedme, vale la pena conocerla.

” Ciertos cuerpos primitivos y simples que no están formados por otros cuerpos, ni unos de otros, y que son los ingredientes de que se componen inmediatamente y en que se resuelven en último término todos los cuerpos perfectamente mixtos“, escribió en una ocasión el señor Boyle.

– ¿ Y, adónde quieres llegar ?, querido viejo – le pregunté luego de mis intentos por descodificar aquellas palabras que se manifestaban como un galimatías. Casi como la vida misma. Intuía que aquel mensaje tenía algo que ver con la eterna lucha humana por descubrirse y encontrarse. Lo que no podía advertir es la magnitud de su hallazgo.

– ¡ Ay, mi querido, joven e ingenuo amigo ! Los seres humanos siempre hemos estado tentados por encontrar una explicación a la complejidad de la materia que nos rodea. Al principio, pensamos que los elementos de toda materia se reducían al agua, la tierra, el fuego y el aire…

– ¿ Y no es así?

– ¡ En absoluto ! ¡ Si te oyesen los señores Döbereiner, Chancourtois, Newland, Meyer y Mendeleïev te abofetearían y luego pedirían tu cabeza!

Por momentos, temblé. Me imaginé reducido a un elemento en un tubo de ensayo a punto de convertirse en una partícula para dar vida al trabajo de un grupo de científicos con pinta de locos científicos.

– ¡ No somos sólo cloro, bromo, yodo o calcio…! – proclamó el viejo con el mismo estrépito que me sugirió el momento en que Moisés abrió las aguas del mar Rojo.

– ¡ Te equivocas… nuevamente ! – matizó, reduciendo la voz -. Un fuerte viento del este que sopló nocturno fue el causante del retroceso de las aguas del mar Rojo de la forma descrita por la Biblia y el Corán, y no Moisés… Aunque al sufrido Moisés también se le ha de reconocer su valentía y decisión bíblicas.

Luego del matiz, ciertamente esclarecedor, retomamos el asunto pendiente. Porque la vida con el viejo, afortunadamente, es un constante asunto pendiente, aunque ya no urgente. – Si no estamos rodeados sólo de agua, tierra, fuego o aire. Si no somos sólo cloro, bromo, yodo o calcio. ¿ Qué hay más ? ¿Qué somos? ¿ Qué más nos rodea ? ¿De qué estamos hechos?… El viejo interrumpió mi torrencial interrogatorio.

– ¡ El secreto está aquí, amigo mío ! – aseveró entre la exclamación y la emoción, apuntando con el dedo a la tabla periódica como si todos fuéramos fruto de siglos de ensayos reducidos a una secuencia alfanumérica de elementos químicos, átomos, lantánidos y actínidos.

No me sorprendí. Era la misma tabla periódica que, de pequeño, me había causado múltiples dolores de cabeza en la etapa en que sólo soñaba con palabras.

– ¡ La tabla periódica no es sólo la tabla periódica ! – vociferó, gesticulando como un poseso como si hubiera de vender su trabajo porque su vida dependía de ello. Pensé por momentos que había descubierto el elemento 121 de la tabla. Pensé caprichosamente en el 121 porque desconocía a ciencia cierta si la tabla ya contaba con 120 o, como señalaban otras fuentes, quizás ya nos encontrábamos en el 125.

El viejo me arrastró hasta una vieja pizarra en la que se acumulaban sin un aparente orden papelitos con fórmulas, números, letras, flechas… Me sugirió la pared de un criminólogo enloquecido, y momentáneamente derrotado, por una conspiración criminal en la que todo estaba por descifrar, del primero al último asesinato.

De súbito, el viejo reorganizó aquel fantástico caos. Lo hizo como un autómata, como el mismísimo Houdini. Pensé incluso que sacaría una paloma blanca de donde no era posible esconder al animal. Ordenó los elementos 75, 31, 57, 92, 7, 4, 16 y 8. En un principio, yo sólo vi renio, galio, lantano, uranio, nitrógeno, berilio, azufre y oxígeno. El viejo pataleó.

– ¡ Debes verlo !

– ¿ El qué?

– Las palabras y los números encierran un mensaje… De eso, en el fondo, es de lo que estamos hechos.

Repasé con suma atención la secuencia, situando cifras y letras a derecha y a izquierda, de arriba a abajo…  Sumé, resté. Incluso, dividí y multipliqué. El viejo se desesperaba. Yo sudaba. A punto estuve de reconocer la derrota cuando vi un beso en aquella extraña serie. ¡ Un beso ! ¿Cómo era posible ?

El renio, el galio y el lantano escondían el verbo regalar; el uranio y el nitrógeno, el primero de los números naturales, y el berilio, el azufre y el oxígeno, una de las más bonitas palabras que conozco: beso. Sólo se trataba de combinar adecuadamente las sílabas de cada elemento, con sus números y letras.

– ¡ Eso es! ¡ Regala un beso ! Acerté. Me sentí del mismo modo de que se sentía el viejo, profundamente ufanos, como si hubiéramos llevado a cabo el mayor de los descubrimientos de la humanidad.

Saltamos. Bailamos. Gritamos como locos de alegría… Luego, nos relajamos y nos aplicamos a nuevos descubrimientos en la otrora anodida tabla periódica.  Y dimos con otro revelador secreto: la combinación de (li)tio, (be)rilio, (ra)dio y (te)luro es una suerte de liberación. ¡ Libérate !

El Café Romantic presenta esta noche, y por deferencia de Mila Miguélez, una nueva voz: Elen AranFouérè, una autota chilena cuyo interés va más allá de la ficción de la novela y que se mueve con ganas y soltura en otros ámbitos: astronomía, ciencias, filosofía, arte en general…, y poesía por supuesto. Y en ella hemos hallado una poderosa química entre los elementos y el amor. 

Introducción inspirada en la inquietud, sabiduría y sensibilidad de Pau Glez. Imagen con música: Sarah Brightman & Andrea Bocelli – Time To Say Goodbye (Con Te Partiro)

Porqué sé…
que mueres de ganas, por verme
que sientes tanto susto, como placer
que te estremece suponerme cerca
que no se puede engañar el alma
que estás agotado de tanto deber
Porqué sé…
que han temblado tus respuestas
que el silencio es un escudo para tu piel
que mientras menos quieres pensarme,
más me piensas y no sabes que es
que cada noche me tienes en tu piel
Porqué sé…

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El quiosco / No es país para mediocres

Un nuevo y acertado apunte de la periodista Mercè Roura (con música, por supuesto)

La cifras ya no sorprenden, aturden. Nos dejan en ese estado en el que deben de quedar los animales justo antes de entrar en el matadero. Somos masa, masa triste que espera en fila su destino intentado que no se le note en la cara, por lo suyos, por los más pequeños que te miran y te cuentan sus historias y sueños.

Y fingir que las cosas se van a arreglar un día y otro, y otro, hasta mil y tres mil agota las reservas de entusiasmo. Te deja tan vacío que sientes tu propio eco, te aniquila, te da la vuelta como a un calamar.

Y lo más duro es que a pesar de todo, hay que continuar.

Este no es un país para los que tiran la toalla, es para los que la recogen. Aunque oírlo, ahora, nos inunde de una sensación de asco intensa… ¿la notáis? Yo también la noto, pero hay que ignorarla y seguir.

No es país para cansados, aunque estemos tan exhaustos de tragar cumbres europeas y primas de riesgo que sólo con encender el televisor nos aparezca la nausea.

No es país para tristes, a pesar de que mirando las caras en el transporte público a menudo tengamos que desviar la vista al paisaje para encontrar un atisbo de entusiasmo.

No es país para cobardes, sencillamente porque no lo somos, porque aún viendo el desolador panorama dibujado desde hace meses y meses sobre nuestros presentes y futuros, nos levantamos cada día para seguir intentándolo.

Y sobre todo, no es un país para mediocres e ineptos, ni para arrimados, ni para corruptos, ni para todos aquellos sean más pobres o más ricos que no respeten o quieren poner obstáculos y barreras. No es país para los que nos toman el pelo.

Es un país para luchadores e ingeniosos, para líderes, pequeños y grandes. Es país para los que reclaman justicia, para los que opinan, para los que quieren construir aunque sea con palabras algo nuevo.

Es país para los que ya no tienen alternativas y plantan cara. Para los que se levantan cada día con ganas de salir de este hoyo inmenso repleto de angustia, pánico y una substancia sucia, pringosa y asqueante llamada crisis, que todo lo inunda.

Es nuestro.

 
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Publicado por en 18/02/2012 en el quiosco

 

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VISUAL / LA AMISTAD DE KHALIL

Un visual de letrismo con música inspirado por Cristina Jiménez-Buil (Madrid). Adele – Set Fire To The Rain (clica aquí para sentir la música y clica sobre el visual para ampliarlo

 

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El Cafe Romantic, distinguido con un “The Versatile Blogger” en América

A la colega blogger Elizabeth Vargas, la profa de San Juan de Puerto Rico, le han concedido el premio The Versatile Blogger ( http://masquevivir.com/ ) y, ella a su vez, ha tenido la cortesía de concederlo a otros diez blogs de todo el mundo, entre ellos El Café Romantic. Dice Elizabeth Vargas en su página másquevivir:

Siempre he encontrado interesante que en este mundo de los blogueros existan premios que otorgan los pares o lectores con distintos motivos.  Además, me parece una excelente idea el que a cambio del premio tengas que compartir información que permita el que tus lectores te conozcan mejor.

He tenido la dicha de que mis escritos se publiquen en otros blogs y eso para mí es un excelente reconocimiento que acepto humildemente y agradezco profundamente.

Premio The Versatile Blogger

Aquí les comparto la primera nominación a un premio.  Gracias a mi amiga bloguera Oli, Azul Celeste, quien me otorga el reconocimiento y para recibir el premio debo contarles siete cosas acerca de mí, así que las leerán a continuación:

  1. Me fascina ayudar a los demás
  2. Soy bien exigente y perfeccionista (eso me ha costado dolores de cabeza), no quiero menos de lo que yo pueda dar
  3. Admirar la naturaleza es un deleite para mí, así que, me fascina que me regalen flores, particularmente los girasoles (pero también me gustan las rosas y las margaritas)
  4. Me encanta conocer personas de distintos lugares
  5. Colecciono distintivos o recordatorios de otros países y cuidades (tengo varios dedales y campanitas, entre otros)
  6. Los retos y proyectos nuevos son una motivación importante en mi vida
  7. Respeto las creencias de los demás, pero para mí el amor de Dios es vital y trato de cumplir con su propósito en mi vida

Quisiera que mis lectores y amigo(a)s bloguero(a)s compartieran en la parte de comentarios 7 cosas sobre ellos para conocerlos mejor.

Ahora bien, me gustan muchos blogs que son versatiles con temas muy variados.  Así que escoger se me hace difícil.  No obstante, compartiré el premio con los siguientes diez:

Desde este sencillo y pasional rincón de la palabra quiero agredecer a la profa. Elizabeth Vargas esta distinción y, como diría Sócrates: “habla y escribe para que yo te vea”

 

 

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Vestidos de Zombies. IV Capítulo

Por María del Pino (Córdoba)

Del III capítulo…

Todos corrieron salteando algún que otro muerto viviente que había por ahí desperdigado.

Por el camino, ella les contó que, Alexander Petrov, dueño de una importante clínica farmacéutica Rusa, había descubierto un nuevo eslabón en la genética de ADN humano. Uno que se encontraba como si fuese una fisura en la cadena. Ellos sabían que algo de eso estudiaron en biología, pero ninguno se acordaba de otra cosa que no fuese un dibujo de dos tiras enrollándose con palitos en medio.

La cuestión era que si rellenaban esa fisura, conseguirían la inmortalidad en los vivos y la resurrección en los muertos, devolviéndoles ya no la vida, sino la eternidad si no los mataban destrozándoles el cuerpo. Lo malo es que por un descuido, dos de esas bombonas de gas, donde tenían la fuente de la vida eterna, mutaron.

Cuando iban corriendo a mitad de camino, vieron que cada vez había más, por lo que se acercaron a una gran nave y apreciaron que se encontraba cerrada.

–Si está cerrada quiere decir que no hay nadie dentro, ni zombies –dijo Lucas.

Relato con música. Man In the Rain

 

IV Capítulo

Mientras él intentaba abrir esa, Pedro lo hacía con la nave contigua. Antonio se alejó un poco más para vigilar, y cuando al fin Pedro logró abrirla, un hombre histérico, que apareció de la nada, chocó contra Jaime, tirándolo así en un doloroso placaje.

Todos chillaron. Cuando se recompusieron, apreciaron que era el taxista. Le preguntaron qué hacía ahí cuando el aullido de Antonio les sacó del trance. Había muchos más zombies a su alrededor.

–¡Corred dentro! –exclamó Pedro mientras veía a Antonio encaramarse a un poster de la luz con esfuerzo y de ahí saltar a una de las ventanas de la nave en la que estaba más cerca. Los zombies lo tenían completamente rodeado.

–¡No te muevas de ahí y estarás a salvo! ¡Ellos a penas pueden moverse para caminar! –gritó la chica antes de entrar.

–¡Volveremos a por ti, tío! ¡Aguanta! –alegó Lucas.

Pedro y él se miraron hasta que éste entró el último. Antonio debía resistir, de pié y agarrado a la reja de una ventana, hasta que ellos volviesen a por él. No le quedaba otra si quería sobrevivir, pues toda esa cantidad de muertos vivientes estaba bajo sus pies –a una planta de distancia–, esperando con impaciencia a que bajase para devorar con sus sangrientos dientes las tripas de su pobre víctima.

Atoraron la puerta entre Pedro, Jaime y Lucas mientras la científica y Manolo buscaban los interruptores y el taxista se arrancaba unos cuantos de sus blancos cabellos.

–¿Qué hacemos? –preguntó Lucas cuando se encendieron las luces.

–Lo primero es mirar que no haya ninguna otra vía para entrar y descubrir de qué es el almacén.

–Es un almacén Moyano… –informó Jaime señalando los grandes y alargados pasillos llenos de gominolas, patatas, disfraces de Halloween, etc.

–Si nos quedamos aquí hasta que nos encuentren… Comida hay para sobrevivir… –al taxista le temblaban las manos.

–¡Debemos ir al tanatorio antes de que la plaga llegue a la ciudad en la mañana! –exclamó la chica.

–¡Todo esto es vuestra culpa! –la acusó Manolo.

De pronto, se miró y le mostró el brazo.

–¿Qué? ¿Me voy a convertir yo también en un chupacerebros?

–No seas idiota –se lo apartó ella de encima.

–En Resident Evil y en las demás pelis de zombies pasa así… –se alejó Lucas de él.

–Un mordisco no te transmite el cambio mutado del ADN. Ha sido el humo de la discoteca. Esos que ponen para crear ambiente… Se vé que nuestras bombonas de gas se confundieron con esas y… la fisura de sus ADNS se rellenó con el gen mutado… Si fuese sido una buena… Todos inmortales, pero ha sido el gen alterado…

–¿Y cómo es posible que se confundan con algo tan importante? –preguntó Pedro.

–Piensa que es un experimento secreto… Petrov debía transportarlas camufladas… Por eso, cuando quiso probar el experimento con el cadáver de su hija… –silenció un rato y luego continuó–. Se percataron de que el otro gas no era el bueno… Así que yo misma vine a la discoteca para evitar que lo esparcieran… Pero, pero… llegué tarde. Ya empezaron a transformarse…

–¿Y los mordidos? ¿Eh? Los que me mordieron ya habían sido medio comidos –preguntó Manolo pensando en el vampiro y en Frankenstein.

–Los que llegaron antes y lo respiraron antes, los atacaron.

–¿Cómo sobreviviste sola? ¿A ti no te afectó el gas?–preguntó Pedro.

–No hay tiempo para explicaros por qué el gas no me afecta, pero sí os diré que me encerré en la sala de música, con los djs, para explicárles lo ocurrido. Luego, al ver que la gente se empezaba a volver loca y atacaba, abrieron la puerta, salieron y los atacaron. Yo la atoré, y… al dar un paso hacia atrás, tropecé tontamente y me hice esta brecha en la cabeza, perdiendo así el conocimiento. Al escucharos desperté y bajé las escaleras, o más bien, rodé por ellas… ¡Debemos llegar al laboratorio! ¡Allí estaremos seguros!

–Sí, ¿les pedimos permiso? –preguntó Manolo muy malhumorado.

Tras un amargo rato de silencio, Pedro se giró hacia el taxista, el cual, permanecía arrinconado en el suelo, meciéndose hacia delante y hacia detrás como una hamaca.

–¿Y cómo es que usted sigue por aquí? –le tocó el hombro–. ¿Disculpe?

El hombre se encontraba traumatizado, por lo que vino la joven y lo examinó. Resultaba ser que era doctora, psicóloga y una superdotada cuya mente abarcaba la sabiduría de diversas materias.

–¡Vaya tía! –susurró Lucas a Jaime.

Cuando el taxista pudo hablar, contó que, justo en el momento en el que nos dejó, dobló una calle y un compañero le rogó que recogiera de urgencia a la hija, que decía que estaba justo ahí cerca. Él giró la calle y empezó a ver gente muy metida en el papel de zombie, incluso a muchachas que iban disfrazadas de enfermeras o diablas. Le pareció extraño, pero aun así, continuó. Aceleró un poco más al lado de la calle en la que ahora se hallaban y una chica que metía gritos se tiró a gran velocidad sobre su coche. Frenó en seco tras la colisión y bajó. Corrió hacia la chica, que iba vestida normal y observó que era la hija de su compañero. Fue al coche para coger el móvil y llamar a la ambulancia cuando vio que a ésta se le acercaba un joven, el cual imaginó por su proximidad al cuello que era el novio. Sin embargo, cuando ya se hallaba entre éstos y el coche, el chaval comenzó a devorarla mientras aún seguía ella con vida.

Él se asustó, y cuando se volteó, vio que muchos más como ése venían hacia él, por lo que estuvo corriendo, salteándolos, hasta que volvió cerca del lugar y topó con ellos.

–¡La he matado yo! –se lamentó.

–Ella se lanzó huyendo… Usted no es culpable, créame… –ella lo consoló.

Buscaron la única puerta que había que daba a la calle y la atoraron. La otra daba al almacén de carga y descarga. Ésta, aunque estaba cerrada con llave, también la atoraron al ver, tras los pequeños cristales redondos como los de barco, que no había ni un solo camión para emprender una huida.

Dieron vueltas durante dos horas más por todo el almacén. Incluso comían algo. Ya quedaba menos para amanecer y estaban desesperados. Pedro decidió dar un paseo entre la sección de chucherías. Se detuvo entre los palotes de azúcar y los normales. Hastiado, comenzó a arrancarse el latex de la cara a puro tirón y a refregarse todo el maquillaje.

–Si continúas así te harás daño… –ella lo sorprendió por detrás.

Él se dio media vuelta y apreció que ella ya no tenía sangre en la cabeza, pues se había limpiado.

–Da igual.

–Subamos arriba que hay un baño en el que puedes quitarte toda esa porquería…

Ambos subieron una pequeña escalinata que había al principio –a la izquierda nada más entrar–, mientras caminaban callados, metidos en el pánico y lo absurdo pensamiento de lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Al abrir la puerta, ella encendió la luz. Vieron que era un pequeño despacho. Justo a la derecha, el servicio.

Mientras Pedro se peleaba con las protuberancias postizas de su piel, ella permanecía sentada intentando averiguar la contraseña del ordenador. En ese momento el cayó en la cuenta de que su blackberry tenía wifi, por lo que salió y se la cedió.

–Por cierto, no nos has dicho tu nombre. ¿Cómo te llamas?

–Sarah… –contestó mientras parecía enviar algún mensaje.

En ese instante, se escucharon unos disparos en la calle, por lo que se asomaron a la ventana y vieron cómo una Harley llegaba con un hombre vestido de Armani en tono plateado y un bonito sombrero a juego.

Dejó la moto y continuó disparando mientras se encaminaba hacia la puerta. Los dos se miraron y bajaron con rapidez. Ordenaron a los otros que abrieran y así hicieron. Pedro aprovechó la oportunidad para salir y pedirle al extraño un poco de ayuda para alejar de Antonio a los pocos zombies que quedaban por la zona. Sin embargo, cuando salió, con silla en mano y escoltado por Manolo, su sorpresa le embargó. No había apenas dos zombies y Antonio ya no estaba donde debía estar. Tan solo quedaba el lazo de su batín en el suelo. Una vez que este individuo entró –ordenándoles a ellos que lo hicieran antes que él–, la sellaron nuevamente.

 

 

 

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Una princesa, un hada, un caballero, un ogro, un sapo y el cuento del final aún por escribir

Ella se sentó ante él porque tenía algo que decirle. Si no, no lo hubiese hecho. A su alrededor, en el mundo, caminaban en silencio. Solo se oía el tintineo de servicios de té y café, y frases a media voz. Aquella historia parecía casi imposible. Por momentos, podía más el corazón que la cabeza. No se oyó, pero lo pensó; era, posiblemente, un te quiero. Entonces, se dijeron cosas que necesitaban escuchar. Vieron la vida como a todos nos gustaría verla, como un cuadro que excluye lo feo y lo sórdido. Érase una vez un reino… donde sonaba música callada y soledad sonora.

Un precioso cuento en forma de carta que nos habla de las desventuras del amor, inspirado por Cristina Miquel (Barcelona). Una carta con una canción de amor, clica sobre la imagen de Cristina.

Érase una vez una princesa que había perdido la ilusión del amor verdadero. Ella andaba triste, pensando que era un cuento de hadas, que era irreal…..

Muchos sapos y algún ogro hubo en su vida, y las ilusiones se le esfumaban. En uno de esos días, un sapo, un feo sapo, hundió sus ilusiones. Un simple paje escuchó la noticia. Él, presuroso, le escribió, le dijo que sí existía, que pronto aparecería en su vida, que no renunciara, que besara a mil sapos…..alguno sería su caballero.

Pasó el tiempo; ellos siguieron escribiéndose, apoyándose, consolándose….

Un buen día, la princesa le dijo al paje : “quiero conocerte”. Él dijo, sí. Claro que tenía ganas de conocer a semejante princesa, qué gran honor.

Y así ocurrió. Ella llegó en su carroza, y al ver la sonrisa del paje, ella creyó ver a un caballero, al más gentil de todos. Hablaron, rieron, se conocieron, se relajaron…. El paje seguía siendo un paje, pero para ella, ya era el mayor de todos los caballeros, su caballero.

Pasaba el tiempo, muy poco tiempo, pero parecía que se conocían de toda la vida. Andaba por allí un hada, una de esas que sólo inspiran bondad, simpatía, cariño, afecto… Ella era el ingrediente que faltaba. Pareciese que hubiera esparcido por el aire unos polvos mágicos. De repente, el paje, que a partir de ahora lo llamaremos caballero, se dio cuenta que la princesa, se habia convertido en cenicienta. Ya no se veía digna de su caballero, pues ya lo amaba con toda su alma.

Fue entonces, cuando el caballero decidió hablarle a la princesa. Le dijo que ella es mucho más que una princesa, es un ser humano, un alma sincera, que merece ser feliz. El caballero tenía miedo, pues no la amaba……todavía no. Pero también sabía que huir de quien te ama, nunca es bueno.

Así, con los miedos del caballero, y las ilusiones de la princesa, llegó el primer beso. Ese beso que ella temía dar y no recibir y él temía ofrecer y no poder mantener.

Hablaron, rieron, soñaron, se comprendieron, se encontraron.

Ella lo amaba con locura, él tan solo la quería, aunque lo suficiente para besarla, pero se sentía desdichado, muy desdichado. Él deseaba poder ofrecer más de lo que recibía, pero no podía; el miedo le atenazaba. Ese caballero tan solo quería amarla con locura… pero no sabía si lo conseguiría, no lo sabia.

Hablaron y hablaron; rieron y rieron; soñaron y soñaron, y decidieron arriesgarse.

Ella arriesgaba mucho, pues para ella era su caballero……Él arriesgaba, pero solo le importaba una cosa, tan solo una: no amarla.

Y este es el cuento de un hada excepcional, una princesa enamorada y un caballero deseoso de enamorarse. Los cuentos suelen tener un final feliz: “… y fueron felices y comieron perdices…”. Este, en cambio, no tiene final, pues nadie aún lo ha escrito. Tan solo hay una frase que escribió el caballero: “deseo enamorarme de ti, princesa”.

Para Cristina M.

 

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Postales desde el filo de la vida / Miedo

Postal con música. Clica sobre la imagen. ¡Pare!, què volen matar la terra…

Pare, digueu-me què
li han fet al riu
que ja no
canta.
Rellisca
com un barb
mort sota un pam
d’escuma
blanca.

Pare
que el riu ja no és el riu.
Pare
abans que torni
l’estiu
amagui tot el que és viu.

Pare
digueu-me què
li han fet
al bosc
que no hi ha arbres.
A l’hivern
no tindrem foc
ni a l’estiu
lloc
per aturar-se.

Pare
que el bosc ja no és el
bosc.
Pare
abans de que no es faci fosc
ompliu de vida el
rebost.

Sense llenya i sense peixos, pare,
ens caldrà cremar la
barca,
llaurar el blat entre les enrunes, pare
i tancar amb tres panys la
casa
i deia vostè…

Pare
si no hi ha pins
no es fan
pinyons
ni cucs, ni ocells.

Pare
on no hi ha flors
no es fan
abelles,
cera, ni mel.

Pare
que el camp ja no és el
camp.
Pare
demà del cel plourà sang.
El vent ho canta
plorant.

Pare
ja són aquí…
Monstres de carn
amb cucs de
ferro.

Pare
no, no tingueu por,
i digueu que no,
que jo us
espero.

Pare
que estan matant la terra.
Pare
deixeu de
plorar
que ens han declarat la guerra.

(J.M. Serrat)

 

 

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