RSS

Archivo de la etiqueta: locura

Vestidos de Zombies. II Capítulo

Vestidos de zombies (II capítulo), por María del Pino (Córdoba).

Habían decidido ir por las las calles del centro asustando a la gente hasta que llegasen las 00:00: noche de brujas en otros países, día de los difuntos para los españoles.

Ese día no sabían dónde ir exactamente. Si a una discoteca, de pubs, o al polígono, donde Jaime creyó oír que habían hecho algo taco “guapo”. Aun así, lo que sí tenían claro era una cosa: no iban a ligar. No por las ricas y exquisitas “demonias” y vampiresas que habría por ahí sueltas, sino porque con las caras que llevaban… No ligarían ni con un orco.

Música, dreams by Angelo Badalamenti

 

Cuando llegaron a la calle más amplia del centro, comenzaron su actuación al ver a un grupito de chiquillos. Éstos, al verlos, salieron corriendo mientras lloraban aterrados. Sólo uno que iba disfrazado de angelito fue tan valiente como para pegarle una patada a Manolo y decirle estúpido zombie antes de salir disparado como una flecha con los demás. Todos se rieron de zombie pateado. Es que el pobre no daba el pego con ese maquillaje tan malo.

–¡Vamos al Polígono! –exclamó éste tras soportar el dolor en la
espinilla y las risas de sus amigos.

–Sí, ¡vamos! Esto está MUERTO… Ja, ja… ¿Lo pilláis? Muer-to, –dijo Lucas mientras imitaba a un zombie.

–Pues vayamos, pero en taxi, no pienso coger mi coche, que el año pasado me pusisteis la moqueta que daba asco con eso de ir de la niña del exorcista… –Pedro frunció el ceño al recordar su pobre tapicería llena de vomitados a causa del alcohol ingerido.

Todos accedieron y cogieron el primer taxi que pasó. En principio, el conductor dudó en si montarlos o no, pero, finalmente, con algo de repugnancia al ver a Antonio sentarse a su lado, les preguntó hacia dónde iban. Manolo, ambientado y con ganas de fiesta, le respondió que al polígono, que allí había oído uno de ellos que iba a ocurrir algo GRANDE. Algo que pasaría a recordar su ciudad para siempre.

El taxista arrugó la nariz, extrañado, y comentó que no había habido ninguna llamada de por allí ni a nadie que él hubiese llevado desde hacía horas. También dijo que no había oído nada de eso. De todos modos, accedió a llevarlos sin decir más, pues una buena pasta se iba a llevar por estar tan lejos de donde se hallaban. Sobre todo siendo de noche y festivo.

Aunque hacía frío, el taxista abrió la ventanilla. Olía demasiado al látex de la cara de Pedro. No obstante, cuando se aproximaron, las cerró con rapidez. Todo estaba demasiado oscuro y olía a podrido.

Al bajar, le pagaron con veinte euros y no esperaron el cambio. Ni ellos, ni el taxista. Su cara era de espanto desde que entraron al polígono…

Continuará…

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Cuento de Navidad. El sueño de creer en la magia de nuestros corazones. IV capítulo

Por David Creus (Mollet del Vallès, Barcelona)

Relato, como siempre, con música. Clica sobre la imagen. ¡Heaven!

Era la figura de José la que me llamaba. No pude más y pregunté a Montse si ella también oía la voz. ”No”, respondió, por supuesto. Como hipnotizado, me acerque al pesebre. José me pidió que soñara, que escuchara su voz, solo yo lo escucharía.

Por un instante olvidé dónde estaba y le pedí una prueba de que no estaba loco. Su respuesta me dejó aún más perplejo. No se le ocurrió otra cosa que lo cogiera y lo pusiera sobre la mesa de los viejos sabios del rincón del bar.

Lo hice ante las miradas incrédulas de los asistentes, sobretodo de los viejos sabios, Juan y José. Me rogó que les preguntara sobre la magia de la Navidad. Así lo hice.

– Patrañas,-  respondieron los dos sin dejar de mirar con asombro la figura de José.

Entonces, José me preguntó si yo creía en la magia de la Navidad.

– Con tal de ver sonreír a un niño, vale la pena la Navidad,- le respondí.

Todos, sin excepció, contemplaron cómo hablaba sólo. No solo eso, hacía cosas extrañas. Entre el runruneó de los viejos sabios, convencidos de mi locura, Montse me indicó el camino de la cocina del bar, como si quisiera llamarme al orden. ¡Loco!. ¿Loco, yo?.

A todo esto, José le suplicó que le devolviera al pesebre, junto a María. También le dijo que no me preocupara: los sabios también experimentarían la magia de la Navidad aquel año.

Montse me pidió que me comportara de manera racional. Incluso, me ofreció ayuda. Yo traté de convercerla de que podía hablar con José, aquella figura del pesebre que, en apariencia, me volvía loco. Montse insistió. ¡Loco!. Entendí su reacción. Traté de bajar a la tierra y aposentar mi imaginación.

Salí del bar asustado, maldiciendo la dichosa Navidad.

Aquella noche, las pastillas me ayudaron a dormir; cerrar los ojos me asustaba mucho, aunque aún me espantó más la mañana siguiente.

Volví a la “cantonada”, el bar. Entré decidido, con paso firme y la cabeza gacha. Ni siquiera miré el pesebre. Al poco, entraron los viejos sabios.

¡Sorpresa!, entraron cantando un villancico. Como dos niños, cogidos de la manos de sus nietos. La escena me pareció, sencillamente, irreal. Entonces, puse la mirada sobre José tratando de buscar una explicación; él, me guió un ojo. Posiblemente, una visita al psicólogo no estaría de más, pensé.

Pregunté a los sabios que les ocurría. Ambos, para mayor sorpresa si cabía, me explicaron que su corazón rebosaba felicidad. ¿Habría sido José el que obró el milagro?.

José volvió a pronunciar mi nombre. Me acerqué y, sin quererlo pero tampoco sin evitarlo, me vi conversando de nuevo con aquella figura del pesebre.

– Me pediste una prueba,- me dijo. La prueba era los viejos sabios-. Descuida -añadió-, sus nietos, sus hijos, sus mujeres… todos aquellos que se acerquen a ellos gozarán de la misma magia.

José me puso a prueba, de nuevo. Debía sujetarlo y, a escondidas, colocarlo en un bolsillo de la chaqueta de Montse. ¿Sentiría la misma magia?.

Así lo hice, con disimulo, para evitar más comentarios, carcajadas y sarcasmos sobre “mi locura”…

La sorpresa en el bar crecía, como la haría una partitura “in crescendo” en su punto álgido, allí en el punto del desenlace, cuando algo cómico o trágico ha de suceder. Los sabios ordenaban las figuras del pesebre. “Pronto llegará la fecha del niño Jesús”, se dijeron, al tiempo que señalaban el tránsito de la estrella hasta llegar a Belén.

No sólo hablaba José, también lo hizo María. La locura pareció desbocarse. María me habló con voz dulce y aterciopelada. Y me dijo…

(continuará)

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Tejiendo la vida en texto plano

La vida auténtica está dentro de cada uno de nosotros; con cada decisión, con cada experiencia, aspiramos a ser auténticos. Muchas veces nos quedamos a medio camino de todo y, quizás por ello, somos únicos, a veces geniales, extraordinarios en todo caso. Incluso cuando empleamos únicamente el texto plano y un máximo de 140 caracteres.

Este relato, en forma de diálogo, nace de una conversación de apenas tres minutos a través de Twitter con Sandra Pérez García, más conocida en la red como Sandradespacho, politóloga y socióloga, especialista en comunicación y gestión política, de Madrid. Clica sobre la imagen para disfrutar la música de este relato breve, intenso.

 

 

 

 

 

 

–  Si vas a engañarme, al menos miénteme bien. Lo contrario, encima, es insultarme.

–  ¿ Te sientes culpable?.

– Yo, rápidamente, me siento culpable, tan rápido como se me pasa…

– Érase una una vez una mujer sensacional, franca, con un indudable atractivo a quien la vida…

–  Se negaba a dar unas mínimas pautas de normalidad…

–  Porque, para ella, la normalidad no existía. Todo, en cada instante, en cada latido, era un extraordinario acontecimiento. ¡ Vivía !…

–  Más o menos como quería. O como creía querer…

– Pues en su creencia anidaban sentimientos que la conducían a los vértices de la vida, una vida, ora de sonrisas…

–  Ora de carcajadas. El resto de las circunstancias le eran del todo ajenas…

–  Su liberación era el epílogo de cada capítulo de esta casi siempre triste y
estremecedora trama que es la vida…

–  Sin darle más vueltas, ya tenía que tomar la última y definitiva decisión de si
entregaba el resto a esa liberación…

– Se saturó y no supo hacia dónde tirar. Ante el bloqueo se detuvo un momento, pensó y decidió. Se decididó a tomar una decisión.

– Solo soy.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Cuento de Navidad. El sueño de creer en la magia de nuestros corazones. III capítulo.

Un cuento de David Creus. Relato con música. Clica sobre la imagen.

 

… Salí del bar pensando que debía mentener en silencio mi locura. Posiblemente, sería motivo de risa, de sarcasmo, si hacía algún comentario. Quién podía creer que José, el carpintero, me guiñaba el ojo, o se movía por el pesebre.

Recuerdo que aquel día me fije en todos los San José de los pesebres que me encontraba, mientras paseaba por mi pueblo, observando los belenes que encontraba en el camino. Ninguno me hizo sentir nada como el José del bar de Montse.

Aquella noche sí que me costo dormir. Deseaba que el reloj avanzase veloz para regresar al bar de Montse. Me levanté más temprano de lo habitual, me apresuré a vestirme y corrí hacia el bar.

Montse, al comprobar mi excitación, me preguntó si me ocurría algo. “Nada”, le dije. Los viejos sabios reían de mí, entre dientes y con falso disimulo. Pensé que tenían razón, y volví apresurado a mi esquina, a mi rutina, a saborear mi cortado, perdiéndome en la lectura del periódico. Al pasar unos minutos, mi presencia volvería a pasar desapercibida y podría volver a dirigir mi mirada al pesebre, pensé.

José no se encontraba donde lo deje. María permanecía en su sitio, así como todas las figuras del pesebre; a José lo encontré fuera del poblado, como si observara la llegada de los Reyes Magos. Pensé, de nuevo, que aquello me estaba afectando mucho.

No me atreví a tocar su figura y, sin darme cuenta, le había dado vida en mi cabeza, sintiendo un miedo atroz a que fuera obsesivo.

Era del todo imposible que una figura de pesebre se moviera, y aún menos posible era que José se encontrara al cuidado del poblado para tener todo preparado una vez llegado el día esperado.

Solo era un sueño. Quise desconectar del pesebre sin buscar ninguna lógica a lo que mi cabeza me transmitía, haciéndome sentir una magia que tal vez aquel año necesitaba.

La situación empezaba a ser obsesiva, afectaba a mi cordura. Volví a mi periódico saboreando mi cortado, anhelando la normalidad.

De repente, oí una voz gruesa que pronunciaba mi nombre; no fui capaz de asociar la voz a ninguno de los amigos del ríncón que nos encontrábamos en el bar. No hice excesivo caso. De nuevo, escuché mi nombre. Aumentó mi preocupación. ¡Locura!. Inconscientemente, dirigí la mirada al pesebre; fue entonces cuando descubrí que mi locura era ya absoluta.

Era la figura de José la que me llamaba. No pude más y pregunté a Montse si ella también oía la voz. “No”, respondió, por supuesto. Como hipnotizado, me acerque al pesebre. José me pidió que soñara, que escuchara su voz, solo yo lo escucharía.

Por un instante olvidé dónde estaba y le pedí una prueba de que no estaba loco. Su respuesta me dejó aún más perplejo. No se le ocurrió otra cosa que lo cogiera y lo pusiera sobre la mesa de los viejos sabios del rincón del bar…

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

¡Perdona… si me enamoro !

¿ Qué es el amor?. Hay centenares, miles, millones incluso, de teorías sobre el amor, tantas como personas con deseos de amar habitan en la tierra. Es algo irracional, obeciendo a aquella mítica frase de Pascal: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”.  Es, tal vez, una enfermedad incurable, como propuso Paul Hurgan “Lo único peor que estar enamorado es no estar enamorado“. Es arte, como sostenía Georges Braque, “el jarrón da forma al vacío y la música al silencio“. ¿Tiene el amor algo de divino? si nos atenemos a San Agustín: “la medida del amor, es amar sin medida”. ¿ Se puede amar cuerdo, en estado sobrio? pues, como decía Dante Alighieri, “el vino siembra poesía en los corazones“. ¿Es el amor una incógnita, quizás una amenaza?, según advirtió Sartre: “trata de amar al prójimo. Ya me dirás el resultado”. O es el destino de todo ser humano como nos dijo Wilde: “un fracaso en amor es, para el hombre, como una misión cumplida. Los corazones están hechos para ser rotos”. En cualquier caso, yo, en particular, me levanto y me acuesto con el amor, no sé vivir sin el amor, amor en todo y en todos.

Sirva esta reflexión a modo de introducción del relato que nos ha servido Marta Vall Llosera Font, (Celrà, Girona), mujer que se define a sí misma como “transparente; buena gente?; contradictoria, cabezota, honesta, sincera, amiga de mis amigos y por mis enemigos, que seguro los tengo….. ningún aprecio”. Marta entiende el amor así y, en unas pocas líneas, ha aunado muchas de las teorías posibles sobre el amor y los sentimientos que todos, alguna vez en la vida, hemos sentido ante el amor. Relato con música (clica sobre los ojos de Marta para escuchar y sentir)

 

Nervios ?

Celos ?

Sufrimiento ?

Alegría ?

Distracción ?

… Cambio de humor ?

Ansiedad ?

Lágrimas ?

Crees que has enfermado ?

No!, peor…..

… La jodiste !

Estás enamorado, estás enamorada.

 

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

 
A %d blogueros les gusta esto: