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Espiral de latidos

Como un poeta, soy un viajero, un trashumante hacedor de palabras, que lo mismo construyo un paisaje que distintas rutas hacia una búsqueda interior. Miro al mundo,  desde las ciudades del altiplano o las montañas. Evoco el recuerdo y convoco al mar, al amor, a los amigos y a todos los mundos posibles. Rose Kennedy dijo una vez, “los pájaros cantan tras la tormenta, ¿por qué no va a poder la gente deleitarse con la poca luz que les quede?.
Alma Ballesteros, Murcia, se ha situado en la línea curva que genera el mundo y que hace que la vida se aleje progresivamente del centro de las cosas para que gire alrededor de él, hasta alcanzar el vértice del tiempo. Sencillamente, precioso. Y con música.
Una espiral de latidos,
de esperanzas,
de suspiros.
Una espiral de ensueños,
sin fe,
desatando la duda en un minuto.
Una espiral de arena,
de olas de margaritas,
un sí y no de horas,
un no y un sí de años,
un te quiero abrazado al látigo…
de amoríos.
Una espiral sin línea de fuga,
sin paisaje,
sin la perspectiva nueva en un corazón mínimo,
un despertarse siempre con el hilo del pasado…
cosido al índice de un mañana.
Una espiral de trabajo que no llega,
un cerrar los ojos y al abrirlos…
siempre en el mimo punto de partida.
“Reflexiones a lo alto del alma”, ALMA.
 

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Encontrarás cuervos (ayer, hoy, mañana)

Por Goyo Martínez, de su próximo libro “Encontrarás Cuervos” (título provisional), la segunda parte de “El Espía de Madrid”.

Y clavaré en la puerta de la Iglesia mis ideas, mis sueños, mis pensamientos.

Y que me busque el cura. Le saludaré y le pediré que hable con Dios a propósito de mí, de nosotros.

Y le diré que necesitamos un cura que introduzca en la liturgia la lengua del pueblo.

Y si acaso pone tierra de por medio, horadando una estrecha fractura de cemento por la que deambular, replicaré sus palabras: cómo puede invocar a Dios quién promueve un desastre moral en nombre de un credo que entona como una sordida letanía la vieja cantinela de la ética y las exigencias de la moral.

Y marcharé, dejando mis ideas, mis sueños y mis pensamientos clavados con firmeza en su puerta.

Y a Dios no tendré otro remedio que decirle que le declaro la guerra mientras quienes deben llorar, no lloren y sus lágrimas de sincera y cristiana contrición no se purguen y no laven la mancha inferida.

 

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Resquicios de amor

Tienes la piel de serpiente y te mudas cada vez que vienes reptando a mis brazos. Y vuelas tan alto, y a veces tan bajo, que duele. Y es entonces cuando te suplico que me cuentes por qué cuando menos lo espero, cuando me he curado, la vida me depara otras sorpresas. Y siempre, sin darme apenas cuenta, dejo una puerta abierta al amor. Y busco aquellas palabras que alivien mi dolor. Quisiera sentir como el amor alivia como la luz del sol tras la lluvia.

Un relato de Lorena Pérez García, de su blog Mi propio Cajón de Sastre, de Madrid. Un relato sobre la belleza y el dolor del amor porque, más vale haber amado y perdido que no haber amado nunca.

A veces en la soledad de mi mirada, recuerdo las veces que tanto tiempo te quise. Las veces que tortuosamente miraba a mi alrededor deseando encontrar unos ojos familiares, los tuyos.

Tantas veces deseaba aquello, que conseguí alzarte del alma mía, construirte un altar para ti solo, donde pudiera adorarte como se adora a un dios, donde pudiera rendirte el culto que para mí te merecías. Pero todo eso no era amor, o sí, quién sabe, todo eso nadie sabe que era, ni siquiera yo. Quizá fuera la máscara oculta de aquella persona que tiene miedo a querer a alguien de verdad y únicamente se enamora, o encapricha de aquellos a los que sólo puede adorar en la lejanía.
Ya lo dijo el escritor: solo los amores imposibles duran para toda la vida, y para una persona como yo, que tiene miedo a lo efímero del amor, a la capacidad innata que tenemos las personas de amar hoy y olvidar mañana, sólo un amor imposible es capaz de satisfacer mis ansias de adoración eterna.
Me da miedo el amor. Aunque para ser exactos me da miedo lo efímero de este. ¿El amor dura para toda la vida? Hay una canción del maestro Sabina que dice que hay amores eternos que duran sólo un invierno. ¿Podemos amar un instante y que sea eterno? Y acaso ¿podemos amar una eternidad y que solo sea un instante? Finalmente, el tiempo, todo gira en torno a él.
Que maravilloso sería decir que el amor nunca se acaba. Pero ya no me lo creo. Puede que sea porque nunca me he enamorado, pero no creo que dure para siempre. La sociedad a nuestro alrededor así lo dice. Últimamente todo a mí alrededor así me lo dice. Será quizá por eso que he dejado de ser la romántica de libro que he sido siempre, para volverme una incrédula que se aleja de los sentimientos que pueden resultar tortuosos.
Y a veces por un resquicio de esa frivolidad se cuela un suspiro para recordarme que una vez escribí aquellos versos que hoy me gusta leer. Para recordarme que una vez alguien era capaz de dejarme sin aliento durante los instantes que estaba en su presencia sabiendo que nunca podría ni rozarle.
Amaba a un imposible, suena tan surrealista, tan de un pasado… pero al menos entonces amaba.
 

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A dos días de la vida

De todas las historias en que la fe triunfa sobre el infortunio que han sido llevadas a la pantalla, no existe ninguna acerca de Job. ¿Quién iba a querer ver sufrir a alguien que le importa?. Todo aquel al que le preocupe no malgastar los seis euros que cuesta la entrada, tiraría las palomitas a la pantalla en cuanto le aparecieran las llagas. Todo tiene un límite. Al leer el libro de Job, uno se pregunta que pasaría por su cabeza mientras veía como perdía todo lo que amaba. Me gusta pensar que recordaba cosas que un día habían sido banales: campos de trigo, la lluvia, unas sandalias, una escoba en una esquina, su rebaño en el campo, sus hijos sentados a la mesa, y que daba gracias por todo ello.

Incluso en los peores momentos, hay manos que escriben palabras que nacen de un fascinante viaje al interior del alma para levantar el ánimo de la gente. Esas manos, movidas por ese alma, son hoy de Hada Cristina de los Sueños (HcS), de Madrid.

Relato con música.

Mañana será otro día, y volverá a salir el sol, que traerá nuevas ilusiones y nuevas esperanzas para todos. Si te has salido un poco, sólo un poco, del camino marcado, y no eres feliz y hoy no has tenido un buen día, piensa que mañana puede ser mejor, será mejor.

No mires nunca hacia atrás, sigue su senda, mirando siempre hacia adelante. Con esa mirada, al frente, en ese camino, encontrarás la salida del laberinto de pasiones, sombras y desengaños que es, a veces, la vida.

Vive tu vida soñando. Sé feliz. Porque la vida son cuatro días y dos, los llevamos ya a la espalda. Mañana, más y mejor. No importa los días de vida, sino la vida de esos dos días.

 

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