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El Cafe Romantic, distinguido con un “The Versatile Blogger” en América

A la colega blogger Elizabeth Vargas, la profa de San Juan de Puerto Rico, le han concedido el premio The Versatile Blogger ( http://masquevivir.com/ ) y, ella a su vez, ha tenido la cortesía de concederlo a otros diez blogs de todo el mundo, entre ellos El Café Romantic. Dice Elizabeth Vargas en su página másquevivir:

Siempre he encontrado interesante que en este mundo de los blogueros existan premios que otorgan los pares o lectores con distintos motivos.  Además, me parece una excelente idea el que a cambio del premio tengas que compartir información que permita el que tus lectores te conozcan mejor.

He tenido la dicha de que mis escritos se publiquen en otros blogs y eso para mí es un excelente reconocimiento que acepto humildemente y agradezco profundamente.

Premio The Versatile Blogger

Aquí les comparto la primera nominación a un premio.  Gracias a mi amiga bloguera Oli, Azul Celeste, quien me otorga el reconocimiento y para recibir el premio debo contarles siete cosas acerca de mí, así que las leerán a continuación:

  1. Me fascina ayudar a los demás
  2. Soy bien exigente y perfeccionista (eso me ha costado dolores de cabeza), no quiero menos de lo que yo pueda dar
  3. Admirar la naturaleza es un deleite para mí, así que, me fascina que me regalen flores, particularmente los girasoles (pero también me gustan las rosas y las margaritas)
  4. Me encanta conocer personas de distintos lugares
  5. Colecciono distintivos o recordatorios de otros países y cuidades (tengo varios dedales y campanitas, entre otros)
  6. Los retos y proyectos nuevos son una motivación importante en mi vida
  7. Respeto las creencias de los demás, pero para mí el amor de Dios es vital y trato de cumplir con su propósito en mi vida

Quisiera que mis lectores y amigo(a)s bloguero(a)s compartieran en la parte de comentarios 7 cosas sobre ellos para conocerlos mejor.

Ahora bien, me gustan muchos blogs que son versatiles con temas muy variados.  Así que escoger se me hace difícil.  No obstante, compartiré el premio con los siguientes diez:

Desde este sencillo y pasional rincón de la palabra quiero agredecer a la profa. Elizabeth Vargas esta distinción y, como diría Sócrates: “habla y escribe para que yo te vea”

 

 

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Al final del camino

Siento fascinación por las tumbas, una fascinación onírica y a la vez aterradora. Obsesión, quizás. Hace un tiempo un amigo me llevó de la mano a ver la tumba de Cortázar en el cementerio de Montparnasse. En el sitio no parecía haber nada de particular, pero sobre la lápida había una nubecilla gris y el aura del lugar hacía que pudieran suceder cosas extrañas o imaginadas. ¿Qué quieren?. Era París, años 20, pero podría ser cualquier lugar de la tierra. El tiempo pasa despacio cuando sé es joven. Hay algo insólito en la quietud de las piedras.

Sirva esta introducción para presentar un relato breve que nos conduce al fascinante mundo de nuestro interior, donde buscamos lo que el ser humano lleva siglos buscando. Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos y, quizás, qué hemos hecho para merecer esto.

Un relato tranquilamente sobrecogedor de Empar  Baños, periodista, creativa, soñadora, escritora… de Sabadell (Barcelona). Un relato con música, palabras y melodías que nacen del secreto del corazón de una mujer.

Había pasado miles de veces por aquel lugar, por aquel camino que veía llegar a su fin. Cada paso que daba se transformaba en angustia, una angustia que crecía a medida que me aproximaba a la figura contorneada que se perfilaba en el horizonte de aquel camino sinfín.

Quería huir, dar media vuelta y echar a correr. Dicen que, en sueños, las piernas jamás responden a la orden de salir corriendo. Es exactamente así. Y lo sé porque lo revivo cada noche. Hasta aquella mañana.

Recuerdo que era invierno. El frío, de manera inexorable, se colaba por el abrigo y abrazaba perverso mis huesos. Había pasado mala noche, pensando demasiado en lugar de dormir. ¿Quién puede dormir cuando no puede dormir y le da por pensar como un inevitable golpe de fiebre?.

Me calcé las botas y empecé a caminar por el bosque situado junto a la residencia de estudiantes. Caminé y caminé, creyendo hacer camino. El tiempo discurría, no transcurría. Cuando quise darme cuenta, ni siquiera sabía dónde estaba en el camino, infinito.

Al levantar la vista, helada me quedé. Estaba frente al camino de mis pesadillas, aquél que no me dejaba huir. Todo era exactamente igual, como un postal que me enviaran día tras día, sin remitente, con idéntica imagen infinita, sin mensaje aparente.

Sentí pavor, el mismo horror de aquella noche, de todas las noches. Un detalle, el detalle, se repetía escalofriante en aquella escena onírica: aquella figura aterradora que durante años me venía a buscar en sueños y que jamás había dejado de esperarme al final del camino, que jamás dejaría de esperarme.

 

 

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