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Shakespeare moon

Permitidme que vuelva a descubrir el mar, su azul turquesa, el color del cielo. Un mar luminoso en contraste con la abigarrada ciudad, protegida por montañas ya míticas. Y en la cima, ver la noche y dejarme atrapar por su embrujo. Subo por los peldaños de la inocencia, de día camino de la noche, recordando un tiempo que se fue, un lugar que fue descanso, el sitio de mi inocencia, diurna, nocturna. Ahora quiero caminar, sentir, parajes de belleza desolada y de tregua. Como una anestesia del recuerdo de los días que se fueron, y por siempre permanecerán en la noche.

Un precioso relato de la medianoche de Miss Golightly (Madrid), a propósito de la noche, del influjo de la luna, de los misterios de la vida, y del amor.

 

¡Ay!, la Luna, la inconstante luna, que cambia de mes a mes en su esfera circular. Ya lo decía Julieta. Ya lo escribió Shakespeare. Y muchos otros antes que él. ¡Qué tendrá la noche!

Escribo en plena madrugada, un placer íntimo, sólo mío. Me acomodo en el sofá con una luz tenue, acompañada de la embriaguez necesaria que aporta la noche sin necesidad de bourbon.

La noche, encantadora dama, y su principal doncella, la Luna, de manto de vestal, verde y enfermizo, como muy bien le recitaría Romeo a su Julieta. Sólo los locos lo llevan, los noctámbulos que deambulamos en la noche tratando de comprender la complejidad de la vida. ¿Y qué hay de la intimidad que sólo la noche otorga? Ese halo de calma, ese ambiente que incita a las confesiones, al relato del secreto mejor guardado.

Confieso que a estas horas de la madrugada una ya no sabe dónde tiene el norte. Y repito, dejé el bourbon a buen recaudo. Sin embargo, es inútil obstinarse y no sentir las emociones de forma más intensa y apasionada que durante el día. ¿Será por la oscuridad que cubre el rubor doncellil? De nuevo, una alusión a Romeo y Julieta. Sin duda alguna Shakespeare conocía bien el ambiente nocturno y los misterios que esconde.

Los pensamientos se tornan más sonoros ante la calma y el silencio que acompañan a las horas dormitantes.

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AMAPOLAS PARA QUE ME QUIERAS

Entre atardeceres de verdes, ocres, dorados y malvas que salpican las colinas, de  belleza primigenia, una joven pasaba veloz por la vida, casi sin mirar. No le hacía falta. Eran los mismos pétalos de rosa que contaba el viejo los que le hacían soñar. Eran atardeceres constantes que nunca le abandonarían, en los que el sol declinaba y las tardes se presentaban con un esplendor insultante. Tenía un destino mágico en algún lugar de la imaginación. Lo sabía. Y aguardaría.

Una nueva poseía sobre el amor de Virginia “Metalerita”, desde Sudamérica. Porque, ¿qué sería de nosotros sin el amor?, ora dulce, ora amargo. Ya lo dijo Tennyson, “es mejor haber amado y perdido que no haber amado nunca”.

Con música, “… lo eres todo para mí. Mi principio y mi fin. Mi norte y mi guía, mi perdición, mi acierto y mi suerte, mi equivocación, eres mi muerte y mi resurrección,
eres mi aliento y mi agonía, de noche y de día,
te lo pido por favor, que me des tu compañía
de noche y de día… lo eres todo”.

 

En la madrugada que me inventaste,

y que rompiste con una rima,

-y dos versos-

ando callejeando en los filos de tus memorias,

en tus arquitecturas excéntricas

en tus luces y misericordias.

No tengo una ciudad civilizada que ofrecerte,

ni una regresión a tus infancias,

ni siquiera un jardín de amapolas.

Solo te pretendo a vos,

sin caretas que te liberen

Y como te quiero así, tanto,

hasta me iría a un campo de piedras y asfalto,

a una estación deshabitada y triste,

a una mansión con chimeneas y espíritus.

Carezco de catedrales en las que confesarte,

de religiones absurdas con las que redimirte,

no tengo una tarifa exacta para darte,

ni un precio irrevocable.

Y como te quiero así, tanto,

cuando nadie me ve te extraño

y te lloro.

Cuando nadie me ve me retuerzo con pudor,

y padezco la indiferencia de las amapolas

que te regalé un día,

esperando que me quieras.

 

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El tejedor de sentires

En el mediodía de su vida, había llegado más lejos que en sus sueños de adolescente, unos sueños que eran tan poderosos, que ni siquiera cumplirlos podía superar lo que le hacía sentir. ¿Y qué sentía ahora que los había cumplido?. Una necesidad. La necesidad de escribir. Y decidió contar las cosas como las sentía, poniendo las palabras al servicio de las emociones, reivindicando pequeños códigos de escritura propios, los suyos, los de su época, romántica y rebelde, siempre hasta encontrar la propia. Y escribía para dar las gracias a alguien que, con unas simples palabras tejidas sobre un puñado de mensajes, la había arrancado de las fauces de la tristeza.

Desde una oscuridad romántica, nocturna, de lágrimas de rímel y un negro no necesariamente riguroso, Cylthia CG (México) ha escrito estas cinco líneas para decirnos que recibió un regalo en forma de palabras tan poderosas que vencieron a su tristeza y la llevaron hasta su infancia. Nos dice además Cylthia que tan bonito e imprescindible es escribir como compartir, dedicar las palabras a alguien cuando las necesita y menos lo espera y dar las gracias, sobre todo en este mundo que nos condena hasta el hastío… Porque la vida son palabras y música.

 

Esta noche tenía los instantes llenos de lágrimas tristes. Entré a leerte y montarme en tus letras para irme lejos, aunque fuera un breve momento.Y me encontré con semejante regalo. ¡Mira, lo he abierto como una niña!. Mis lágrimas se han convertido en remanso dulce, gracias a tus letras, querido tejedor de sentires.

 

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Sólo una mujer deseada (más bello que el silencio)

Permitidme que os explique una historia: un día me detuve ante el aparador de una floristería que inauguraron en 1940 porque, según decían los que presenciaron el evento, el mundo necesitaba más belleza y amor que nunca. La abrió una señora llegada de Gales una década antes, atraída por una ciudad romántica y canalla, convulsa y pasional. Miss Thomas-Jones, se llamaba. Decían de ella que era afable y preciosa, aún en su madurez, optimista, combativa y circunspecta. Era hija, nieta, bisnieta y tataranieta de una saga de marineros, pintores, escritores, poetas, matemáticos y gramáticos de un curioso pueblo de la Isla de Anglesey llamado Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch, Llanfair PG, en su forma abreviada y que significa algo así como el pueblo de la iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco, cerca de un torbellino rápido, y la iglesia de San Tisilo, cerca de la gruta roja.

Ahora el mundo también más belleza y amor. ¡Menos bancos y más floristerías! Y cafés, que son el parlamento del pueblo. Y hogares para pobres y prostitutas. De la puerta de la floristería cuelga ahora un lapidario aviso que marchita la vista y el pensamiento: “señores ladrones, no entren a robar. No hay dinero y sí muchas facturas por pagar”. No quiero ahorrar palabras de amor, aunque no se comprendan.

Un relato de amor (con música) de Maite García Córdoba, de Valencia. Porque lo que nos dice es más bello que el silencio, y merece la pena decirse.

 

Y mi corazon siente el más amado beso de tus labios,

anhelando permanecer eternamente ahí…

tan tuya, tan amada, tan esperada, tan deseada…

Donde mi alma se funde cuán dulce manjar en tu sed de amor..

en tu cuerpo, en tus caricias, en tus suspiros, en tu piel,

En cada latido de tu corazón, en cada beso de amor…

 

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Nosotros

El otoño anuncia desde hoy su avance en lenta opulencia y, poco a poco, se llevará la última brizna del aire cálido de la media tarde del verano. Lo que no se llevará será la calidez de nuestro espíritu, una calidez que anida en nuestros corazones, unos cuantos rotos, otros sanando y algunos, por el momento, intactos. Así es y así se presenta Marisol Marichalar, un corazón que palpita, un amor nuevo, quizás imposible, un corazón que espera y también llora. ¡Es el amor!, nuestro destino inevitable, quizás fatal, pero amor al fin y al cabo. Más vale haber amado y perdido que nunca haber amado… Music from Andre Rieu (Love Theme From Romeo & Juliet) 

Amanecía y el sol dejaba pasar un rayo a través de la rendija. Me desperté y agradecí estar viva otro día más… alguien vendría pronto a rescatarme.

Nuestras miradas cruzadas,

nuestro corazón palpitando,

nosotros separados,

este amor nuevo,

este amor imposible,

este amor anhelado,

este amor separado.

Soledad de mi lágrima llorada,

en la oquedad del corazón inerte,

que de tanto esperar no espera nada.

 

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¡Perdona… pero me he enamorado!

Primero fue ” ¡perdona… si me enamoro“, un relato de Marta Vall Llosera que aunaba aquellos sentimientos más frecuentes que nos causa el amor. Ahora es “¡perdona… me pero me he enamorado“, un compendio de relatos que provocaron aquella primera narración. Se plantean aquí pensamientos y sensaciones de personas que han experimentado el amor. Des del “amor virtual” que propone Antonio Vallejo a la sensación de “vivir sin pedir, vivir sin dar”, vivir en toda la extensión del concepto, que sugiere Miquel Quintana. Del “todos vivimos por amor” de la profesora Elisabth Vargas a la desazón de Andrés “Martillo”, para quien, en un momento dado, el amor fue solo “humo”, y a quien alguien ha respondido con aquella frase de Alfred Tennyson: ” es mejor haber amado y perdido que no haber amado nunca”.

Por David Creus, Miquel Quintana y Elisabeth Vargas; inspirado en un relato de Marta Vall Llosera Font y los comentarios de Andrés “Martillo”, Antonio Vallejo, Susana Tapia y Maite Arbones. (Relato, como siempre, con su melodía. Clica en la imagen de sus autores para escuchar e imaginar)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bonitas sonaron las palabras. En la barra del café, romántico, un vaso rebosante de amor. Música. Te amaré. El amor está en todas partes, grita el camarero, que reparte bendiciones por doquier. ¡Póngame una penitencia”, le reclama un cliente. “Yo solo sirvo copas, copas repletas de amor”, le replica el camarero.

Entra por la puerta del local el profesor Miquel Quintana. ¡Siéntate a mi mesa!, le reclama Marta Vall Llosera, quien le espeta: ¡es una mesa de amor!. “Amor, pienso, es una sensación. Amor, pienso, es una determinación. Amor, pienso, es todo aquello que nos permite vivir sin pedir, vivir sin dar, vivir. Amor, pienso, es una extroversión de nuestro interior. Amor, es amor”, le contesta Quintana.

Marta llora. En mucho tiempo, es el mejor regalo que ha recibido. De fondo, suena la banda sonora de su vida. ¡Canalla, querido canalla! – me dice-, has arrancado la mejor de mis sonrisas. Unos besos y una agradecimiento son suficientes.

Al otro lado de la barra, desde Puerto Rico, Elisabeth Vargas le dice a los del lado opuesto de la barra, en el Mediterráneo: “todos vivimos por amor y hemos sentido que morimos por amar sin medidas”

¿Es dolor el amor?, le preguntan. “Gracias al amor llegan las más bellas inspiraciones, pero también las más dolorosas”, responde la mujer desde el otro lado de la barra, desde el otro lado del Atlàntico. Razón no le falta.

Y David Creus sentencia: “el amor son aquellas manos con las que los seres humanos movemos el mundo. El amor es el sentimiento que, a medida que caminamos por los senderos de la vida, forma nuestra propia interpretación de las conversaciones que mantenemos con nuestro corazón y nuestra alma”.

¿Olvidamos el amor?. El amor simplemente lo es todo.

 

 

 

 

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Misterio eres tú

Por Juan Jiménez Cárdenas, de La Rinconada (Sevilla)

Con música, si lo deseas (clica sobre la imagen)

Como la noche es más o menos oscura, así es tu interior,

lleno de misterio, porque misterio eres tu vida mía;

quien te conoce, quien sabe porqué de tu actitud,

porque hoy eres feliz y mañana no,

porque la desgracia se ceba en ti,

según tu cara y tu forma de sonreír,

y es que, como la noche, guardas un misterio,

porque misterio eres tú en este mundo de soledad y tristeza;

levanta la cabeza mirando hacia adelante,

que si hay soledad y tristeza,

tú tienes fuerza para combatir, todas ellas.

 

 

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