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Una pequeña gran historia de un viejo y un vagabundo

El viejo de la imprenta y yo emprendimos un viaje con el único fin de no buscar otro saber que el que pudieramos hallar en nosotros mismos o en el gran libro del mundo. Quisimos ponernos a prueba en las ocasiopnes que la fortuna nos deparaba y a reflexionar sobre las cosas que se nos presentaba; se trataba de obtener algún provecho de ello. Alcanzamos sin quererlo una tierra yerma que parecía olvidada de la mano de Dios.

– Lo sé. Quizá haya sido un error. No deberíamos haber llegado hasta aquí – susurró el viejo, anclando su circunspecta mirada en el infinito.

Lo confieso, al principio me asusté. No parecía mi viejo de siempre. Sin embargo, como mago, extrajo una fe desconocida de su sombrero.

– Henos aquí, querido amigo, como en las grandes historias, aquellas que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros,- me dijo para liquidar mis temores.

Imaginé que esas historias son aquellas de las que no quieres saber el final, porque ¿cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido?.

El viejo me leyó el temeroso pensamiento

– Descuida, mi joven amigo. Al final, todo es pasajero. Como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba, para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún.

La calma batalló en mí con el temor y venció. Estábamos viviendo una de esas historias que llenan el corazón; de aquellas que tenían un sentido que no lograba ver. Lo entendí. Los protagonistas de estas historias, que son las historias de la vida, se rendirían si quisieran. Pero no lo hacen: siguen adelante, porque todos luchan, luchamos, por algo.

David Creus, de Mollet, también tiene un amigo, un vagabundo, que le acompaña en el fantástico viaje de la imaginación y también conoce alguna de estas historias. Música: libertad poderosa, liberadora del alma.

 

Querido amigo David;

hoy mi vaso se llenó de monedas. Me vestí con la camisa y el jersey que me regalaste, y eso David me asusta. La imagen no debería ser quien cierre o abra puertas para acercarse al ser humano. Míralo así: no llores por lo que no ves. Llora por lo que ves y no puedes hacer nada por cambiar. Yo he pasado un buen día.

 

 

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La bestia parda

¿Por qué escribo?, me preguntaron ayer. “Me gustaría decírtelo, pero no lo sé”, respondí ayer. Y no lo dije para no perder una virginidad que no tengo… Eso fue ayer.

En realidad, escribo para saber lo que me pasa, digo hoy. Me gustaría que me hablaras de ti para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar.

Un relato de María del Pino, escritora de Córdoba.

 

La oscuridad del túnel sólo es rota por el sonido que me ha despertado en mitad del traqueteo en el que me hallo. De repente, me percato de que un rugido gutural ha comenzado a sonar a la misma vez que salimos hacia la luz. El basto sonido que pretende engullirme el alma procede de mi espalda. Dudo si mirar o no. Me da miedo ver la cara, o las fauces, de la fiera que dormita tras de mí.

Suspiro, saco fuerzas y volteo lentamente la cabeza. Me sorprendo al contemplar a semejante bestia parda con su enorme boca abierta. No quiero mirar mucho, pero podría decir que la saliva cuelga de su boca como si no le importase mi mirada. Y la verdad es que dudo incluso que lo sepa…
A su lado se encuentra el cuerpo inerte e insonoro de una mujer, cuya cabeza no logro ver. Suspiro y vuelvo la vista al frente, imaginando que la fiera me succiona el cráneo.
Miro a mi lado y veo que mi amor tampoco logra conciliar el sueño. Ambos nos observamos a los ojos durante un buen rato mientras entrelazamos nuestros dedos con más fuerza. Entretanto, el estrepitoso y constante ronquido va en aumento…
«¡Dios mío! ¡Vaya señora! ¡Cómo ronca!», exclamo en mi fuero interno, indignado, en mitad de este autobús de camino a Madrid.
 

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Relato breve de un (maravilloso) idiota

¿Quién sabe dónde el camino puede conducirnos?, sólo un idiota diría / ¿Quién sabe si nos encontraremos a lo largo del camino? / ¿Quién sabe dónde los vientos nos harán volar?, sólo un idiota diría / ¿Quién sabe si alguna vez alcanzaremos la orilla? / Sigue un son naciente con los ojos que sólo pueden mirar fijamente / ¿Qué tipo de fuego nos quemará allí?, sólo un idiota diría.

Hay situaciones y palabras que no merecen mayores explicaciones, como la música de Alan Parsons Project dedicada a un fantástico idiota que nos señala el camino. Un relato de David Creus, de Mollet del Vallès (Barcelona).

Contigo no siento dudas de querer compartir mi vida. Mirarte frente a frente permite a mi corazón palpitar con el embrujo de la vida eterna. Sólo pretendo que me acompañes por el sendero pasional de mi más simple y sincera existencia. Sólo deseo abrazarte con el convencimiento de que, en ese instante, te merezco.

Sí, amiga, te persigo, te pretendo. Necesito saciarme de tu esencia mientras te busco detrás de la sombras de mi soledad. Compañeros de viaje o no, te buscaré en cada rincón por donde transite. No dejaré de pensar en ti. 

Creo en ti, como una obsesión que fatiga, que duele. No importa, mereces que ponga mi vida en tus manos si te gozo un sólo instante. Preséntate sin miedo, abusa de mi tiempo si pedir permiso, explota mis recuerdos y, ante todo, no olvides que te necesito, te necesitamos. 

A ti, felicidad, no abandones el mundo por incomprensión.

 

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Tocarem els estels (Tocaremos las estrellas)

Y, por fin, descubrió el mar y su olor de azul turquesa del cielo, y el mar luminoso en contraste con la abigarrada ciudad, protegida por montañas ya míticas. Y pudo tocar la estrellas mientras cuatro músicos tocaban en las mismas verjas del parque. Tocaban canciones de amor.

De Santi Fornell (Balsareny, Barcelona). Un cuento con música sobre las estrellas pues hacen falta ya que, en estos tiempos agitados, aún queremos y debemos ver y utilizar las estrellas para que nos guien en el camino.

Versió original (en català)

Cada nit dibuixarem un estel nou. Sortirem per mirar el cel mentre va enfosquint la seva llum, mirarem que mai falti cap ni un dels estels que ahir hi havien, i si un no hi és, el pintarem nosaltres.

I així, mica en mica, també posarem noms a tots aquells que inventem en el nostre dibuix: un serà el que et digui que t’estima, l’altre serà el que et recordi que ets especial, el de més enllà et dirà que mai la soledat serà asseguda al teu costat… I així, mica en mica, anirem omplint aquesta negror que fa un temps era tan i tan fosca, i que d’ençà que tu i jo la pintem d’estels cada cop és més i més brillant.

No oblidis mai, encara que passi el temps, encara que pensis que jo no hi soc, sempre que surtis a mirar la nit i vegis els estels, recorda que jo, sempre hi seré. Avui, desprès de pintar-los, els tocarem, pujarem als nuvolets dels somnis, els que tu cada nit fas venir fins al teu cap, i allà al damunt d’ells ens endinsarem fins on res no sigui diferent… Vens ?

Cada noche dibujaremos una estrella nueva. Saldremos para mirar el cielo mientras va oscureciendo su luz, miraremos que nunca falte ni una de las estrellas que ayer existían y, si acaso una falta, la pintaremos nosotros.

Y así, poco a poco, también pondremos nombres a todos aquellos que inventamos en nuestro dibujo: uno será el que te diga que te quiere; el otro será el que te recuerde que eres especial; el de más allá te dirá que nunca la soledad se sentará a tu lado… Y así, poco a poco, iremos llenando esta negrura que hace un tiempo era tan y tan oscura, y que desde que tú y yo la pintamos de estrellas cada vez es más y más brillante.

No olvides nunca, aunque pase el tiempo, aunque pienses que yo no estoy, siempre que salgas a mirar la noche y veas las estrellas, recuerda que yo siempre estaré. Hoy, después de pintarlas, las tocaremos, subiremos a las nubes de los sueños, las que tú cada noche haces venir a tu cabeza, y allá encima de ellas nos adentraremos donde nada sea diferente… ¿ Vienes ?

 

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Visual / Sopa de amor

 
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Publicado por en 12/02/2012 en Visual

 

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