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Con tan solo cerrar los ojos

He aprendido de vosotros y vosotras en este loco y maravilloso universo de la red social muchas cosas que hacen de mí mejor persona. Y quiero destacar una en especial, que viene muy a cuento de la velocidad con la que viajan las palabras, los sentimientos y las sensaciones…, sin movernos de la silla. La distancia separa cuerpos, no corazones. Sirvan estas palabras para presentar un nuevo relato corto de una persona por cuyas manos pasan vidas que quieren aferrarse a la vida. Una persona en quien no cuenta los años de vida sino, – cuando haga recuento de su vida- , los años de esa vida. María José Fresneda (Madrid).

Sensaciones que vuelan a través de la distancia recorriendo lo impensable, luchando contra el tiempo y el viento, llegando a su destino con tan solo cerrar los ojos. ¿Las necesitas?. ¿Las quieres?… tuyas son.

 

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La palabra es el camino

Las palabras son la identidad de las personas que las inventaron, usaron y vivieron… Sin embargo, muchas se van para no volver. Los diccionarios son los que las desentierran pero no son los dioses que les puedan infundir nueva vida. Dicen que nos hemos de acostumbrar a perderlas. ¡No me resigno!, aún cuando, como nos recuerda Heráclito de Efeso, “todo cambia, nada permanece”.

Las palabras desahuciadas, incluso muertas, nos producen nostalgia. Pienso como
se sentiría Cervantes, Machado, Lorca, Unamuno, Hernández y tantos otros si estuvieran en una cafetería, en una oficina, en una escuela… y oyera las palabras con las cuales, en la actualidad, solemos comunicarnos. Pensarían que estamos en otro siglo. Quizá, en otro planeta. Acaso, pensarían que no somos de este mundo.

Soy partidario de los partidarios de las palabras que provocan armonía entre los seres; palabras que les hacen ser amables, palabras beneficiosas. ¿Dónde están esas palabras?. ¿Acaso han sido borradas intencionadamente de los diccionarios por aviesas mentes para que ya nunca el hombre y la mujer puedan hallar la paz de su espíritu?.

¿Acaso nunca más el hombre sabrá dilucidar sus disputas con el arma de las palabras?. ¡Las pistolas, ni de chocolate!. ¿Seremos tan idiotas de despreciar las palabras para que un día, cariacontecidos, sólo sepamos probar la hiel de la crisis, de la derrota y del daño?.

Pienso en lo terrible que es cuando a los humanos nos inundan los silencios. Permanecer callado es uno de los estados más horribles que podemos
experimentar. Poner por escrito las palabras que queremos gritar a los cuatro
vientos es una maravilla a la par que una tragedia del alma. Ya nada es lo que era, las palabras que sanaban de una u otra manera nuestras vidas, dichas por viejos o nuevos
políticos, ya no lo hacen. Y sólo gracias al humor y a la paciencia, podemos
continuar con las palabras que no nacen para un provecho propio. Lo peor es
encerrarnos en nuestro propio silencio.

Con las palabras no se puede decir todo pero se puede escribir todo aquello que no se puede decir con las palabras. Me lo decía hace unos días Marisol Marichalar:

” Escribir no es lo mismo que hablar. Me siento más cómoda escribiendo, aunque no sé expresar todo lo que siento. Con las palabras, me encanta sentir, me encanta ser yo…”.

Y lo hace para conocerse a sí misma, para descubrirse… La palabra es el camino.  No muere lo que se desaparece, sino lo que se olvida…

Clica sobre la imagen. ¡Que tengamos suerte!.

 

 

 

 

 

 

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¿ Para qué sirve un recuerdo?

Por Maite Arbonés (Lleida) y Goyo Martínez (Mollet del Vallès, Barcelona)

Como siempre, pues siempre es un sí que no acaba nunca, un relato con música. Clica sobre la imagen.

 

A veces, lo único que nos une a nuestros orígenes son los recuerdos. Yo veo
el tiempo pasado como una gran mancha en la que se mezcla una miríada de
recuerdos. ¿Qué sería de nosotros sin nuestros recuerdos? que, a fuerza de evocación, conforman historias, nuestra historia.

A propósito de ello, recuerdo una historia: hay un día trágico en la vida de un niño cuando descubre que los padres pueden morir. El pensamiento le rondó durante meses a la hora de dormir y existieron momentos en que, por no poder soportar la idea, lloró sin consuelo. Entonces, los padres le prometieron algo que no estaba en sus manos, que no dependía de su voluntad: morirían de viejos, muy viejos, y le acompañarían casi durante toda su vida. En la mente del niño la idea maduró como maduran los dientes:todo tiene un final. Cerró los ojos y se vio niño, cuando sus padres le explicaron recuerdos de hacía 30 años.

No podemos olvidar la historia. ¿Qué seríamos sin ella?. La historia nos habla de la sabiduría, sobretodo de aquellos que no apagaron su voz declarando los derechos Humanos y que murieron para dar la vida.

Si borramos nuestros recuerdos, estaremos borrando, también, nuestros aprendizajes. Si borramos la historia no habremos aprendido de nuestros errores.

El pasado no es pérdida, sino suma. Hoy, quiero dar voz a mis recuerdos, no para ajustar cuentas sino para recordar, recordar para olvidar, recordar para seguir en la brecha.

Y ahora, permitidme que siga con mis recuerdos pues de ellos vivo. Quien no tiene pasado, no sabe lo que ha hecho y no sabe lo que hará. Yo tampoco quiero olvidar. Yo tampoco olvido.

 

 

 

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Nosotros

El otoño anuncia desde hoy su avance en lenta opulencia y, poco a poco, se llevará la última brizna del aire cálido de la media tarde del verano. Lo que no se llevará será la calidez de nuestro espíritu, una calidez que anida en nuestros corazones, unos cuantos rotos, otros sanando y algunos, por el momento, intactos. Así es y así se presenta Marisol Marichalar, un corazón que palpita, un amor nuevo, quizás imposible, un corazón que espera y también llora. ¡Es el amor!, nuestro destino inevitable, quizás fatal, pero amor al fin y al cabo. Más vale haber amado y perdido que nunca haber amado… Music from Andre Rieu (Love Theme From Romeo & Juliet) 

Amanecía y el sol dejaba pasar un rayo a través de la rendija. Me desperté y agradecí estar viva otro día más… alguien vendría pronto a rescatarme.

Nuestras miradas cruzadas,

nuestro corazón palpitando,

nosotros separados,

este amor nuevo,

este amor imposible,

este amor anhelado,

este amor separado.

Soledad de mi lágrima llorada,

en la oquedad del corazón inerte,

que de tanto esperar no espera nada.

 

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