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El Quiosco del Café / Contra la cultura de la resignación

Por Mercè Roura, periodista, persona, mujer y humana ( de Badalona)

No nos educan para querernos. Ni en la escuela ni fuera de ella. Muchos maestros, de esos que educan personas y no se dedican solo a trasmitirles conocimientos, lo intentan. Nos explican que tenemos que respetar a todo lo ajeno, las ideas y las personas… pero esa semilla a veces no llega a germinar.

Aleccionamos a nuestros hijos con pautas, muy necesarias, y rutinas, muy básicas… pero deberíamos enseñarles a ilusionarse, a poner en marcha un mundo en el que todo depende del grado de emoción y pasión que le pongamos a las cosas… un mundo en el que el esfuerzo tiene una recompensa que dura siempre, el amor propio.

Deberían educarnos para tomarnos la vida con ganas…

Encontrar la dignidad que te da respetarte a ti mismo y mirar el camino recorrido y saber que ha sido duro, angosto, agotador… pero que ha sido nuestro. Enseñarnos a disfrutar ese trayecto y valorar lo que en él se aprende, sus lecciones más dolorosas también… las que te quedan retenidas en ese pedazo de ti que no tiene ubicación física pero que te rige la necesidad de mejorar.

Deberíamos educar a nuestros hijos para ser pastores y no rebaño. Para ser líderes y no masa. Para conformarse y adaptarse pero sin resignarse. Para que sueñen con elegir sus destinos y no con dejarse llevar y agazaparse en un reducto gris y sin estímulo. Enseñarles a quererse más… apreciando lo que ya poseen y valorando lo que les rodea… y sobre todo, enseñarles a soñar y madurar lo suficiente para soportar no siempre conseguir lo soñado… y no rendirse y continuar y caer y levantarse y al día siguiente ser capaces de buscar nuevos retos sin más ansia que superarse pero sin el agobio de competir con uno mismo… el peor juez y verdugo siempre mora en nosotros…

Deberían educarnos para levantar imperios, pero edificados en el respeto y las ganas de cambiar el mundo. Mostrarnos cómo guiar y liderar y no cómo escabullirse de las responsabilidades y esperar en una esquina a que otros abran paso.

Deberían decirnos que nunca se sabe cuántos pasos hay que dar para llegar a una cima y que después de esa cima llega otra y que lo mejor es lo que recogemos a cada palmo del sendero. Y con quién nos encontramos. Deberían enseñarnos a encontrar personas que nos estimulen, que nos forjen, que nos digan las palabras que necesitamos oír para seguir… no personas tóxicas que nos frenan porque se creen que anclarnos a nosotros les da alas a ellos.

Deberían mostrarnos lo maravillosos que podemos ser y lo mucho que podemos ofrecer y lo más que nos merecemos recibir. Así no nos conformaríamos con menos. No aceptaríamos amigos a medias, amores a medias, responsabilidades a medias… no viviríamos a medias.

Alguien debería decirnos la primera vez que caemos que es un primer paso para alcanzar la meta.

Deberían explicarnos que la ilusión es el motor de todo, el pegamento de nuestra vida. Que es la diferencia entre nacer cada día o morir un poco cada minuto que pasa.

Deberían enseñarnos que la ilusión es la materia básica para generar nuestros movimientos. El material del que se fabrica nuestra vida.

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La nineta dels teus ulls (la niña de tus ojos)

Existe una frase, de las muchas que guardo, que, metafóricamente, da todo el sentido a situaciones en las que el ser humano con corazón se ve sumido con demasiada frecuencia: el abandono, el dolor, tanto físico como anímico, la frustración de ver cómo unos años de vida y entrega se los lleva la historia porque alguien tira de la cadena y, si se resiste, emplea la escobilla. Dicha frase reza así: “hay muertos que pesan tanto en los vivos que, a veces, ocupan su lugar”. Sin embargo, también aprendí que debemos recordar “a los muertos” pero también hay que hacerles un lugar a los “vivos”.

Que la vida es corta lo sabemos todos, aunque preferimos olvidarlo para seguir viviendo. Pero, ¿qué es lo importante?. Eso lo saben bien quienes han sobrevivido y sobreviven a un accidente, a una enfermedad, los solitarios, cuyas vidas son tristes, míseras, rutinarias, como Van Gogh, los que están expuestos a peligros constantes, los que por amor entregan su vida a los demás. Cuando les preguntas te dicen que lo importante tiene que ver con el afecto, el bien, los sentimientos buenos y profundos, los momentos, los pequeños momentos. Te dicen que con la mitad se puede vivir el doble de feliz. Como dijo Charles Dickens, “reflexiona sobre las bendiciones presentes que posees; no sobre tus penas pasadas de las que todos tienen”.

Un relato escrito en la alborada, cuando el sol se batía en enconada lucha con las nubes por despuntar (y no lo consiguió), por Yolanda Torrent, de Mollet del Vallès (Barcelona). Unas palabras que nos hablan de quiénes somos, de qué queremos, de lo que nos debe importar cuando “esos molestos muertos” tratan de ocupar el espacio de los vivos y de otros muertos que se han ganado el cielo y que siguen vivos, más que nunca. Y con música a cuestas, porque nunca nos debe faltar la música, que Dios se apiade de las almas de “esos muertos” porque carecen de corazón.

 

(versión original)

Als meus pares.

Jo cada dia els parlo, els beso i els dedico una bona estona. ¡Pare, percebo la teva presència!. ¿Recordes, pare?. Jo era la nineta dels teus ulls. I sóc qui sóc gràcies a tu, pare. A tu et dec els valors, aquells valors en els quals creies. Et noto, estàs amb mi, però donaria la mitja vida que em queda per tornar a escoltar la teva veu. Canta’m una cançó, com quan era petita, la nineta dels teus ulls.

A mis padres.

Yo cada día les hablo, les beso y les dedico un buen rato. ¡Padre, percibo tu presencia!. ¿Recuerdas, padre?. Yo era la niña de tus ojos. Y soy quien soy gracias a ti, padre. A ti te debo mis valores, aquellos valores en los cuales creías. Te noto, estás conmigo, pero daría la media vida que me queda por volver a escuchar tu voz. Cántame una canción, como cuando era pequeña, la niña de tus ojos. 

 

 

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El velador de los sueños

Por Goyo Martínez, escrito en Roses (Girona), en 2008. Relato con música (clica sobre la imagen… si lo deseas)

Serás también cual polvo enamorado

donde quiera que yazgas y reposes.

Ahora, duerme, descansa del camino.

Vigilamos tu sueño tus amigos.

Adaptación del texto original del poeta vasco Vidal de Nicolás. Cada año, coincidiendo con el aniversario de su asesinato a manos de ETA, en marzo de 2001, el Mosso d’Esquadra Santos Santamaría recibe una estrofa de un poema. En una ocasión recibió éste de Vidal de Nicolás (Portugalete, 20.04.1991).

Publicado en “Pido la palabra; crónica íntima de las víctimas del terrorismo”. Ediciones Lectio/Cossetània, noviembre de 2008.

 

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