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Donde el tiempo se detuvo

Conocí un camino, el camino de la sierpe, que me recordaba que algo reptaba entre el follaje y que en un tiempo pasado, cuando niños, vivimos algo indefinible que ahora nos es tan imprescindible como imposible de evocar. Y, como picoteados al azar, en el gran cesto de la memoria, se nos antojaba los recuerdos que le brindaba.

Tan sólo en un puñado de palabras, Aida Glez., desde Zaragoza, nos sumerge en una edad casi olvidada, donde el tiempo se detuvo. Es la magia del recuerdo y de la tranquilidad en estado puro, cuando el abuelo, con su rostro que siempre nos parecía anclado en el pasado, nos narraba cuentos de lobos y románticos bandoleros. Con música, por supuesto.

 

Detuvo el tiempo donde el silencio olía a leña mojada y las tardes sonaban a esquilas y cantos de grillos. Podía oír y tocar lo que nadie oía y sentía. Podía recibir mensajes de los pájaros, del viento, de los árboles, de un perro o de una gallina.

 

 

 

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6 de abril

En una ocasión un viejo librero que sabía latín, mucho latín, me dijo:

– en algún momento todos tenemos algo que debemos hacer, el engranaje gira. A veces un giro te lleva a donde quieres, a veces te lleva incluso más lejos. De cualquier modo, tienes que respetar la máquina.

Y yo le respondí:

– El tiempo es así de extraño, a cambio de todo lo que nos arrebata nos concede algo: a veces es un amigo, a veces es un mejor entendimiento de nosotros mismos, a veces sólo es un día perfecto.

Ese día pudo ser, puede ser el 6 de abril, porque siempre habrá un día en alguna página del libro de tu vida. Un relato breve e intenso (y con música), como la vida misma, de Sebastián Agulló (Málaga).

“… Pero, ¿qué es la libertad? ¿No es acaso una fantasía, un ideal, una utopía? Dicho concepto es un fósil filosófico, un objeto que no deja de manosearse para darle la forma humanizada deseada; pulir un diamante usando palillos de madera. Es seis de abril, “tu día”, y los pájaros siguen cantando, la tierra sigue girando, las gentes siguen haciendo su vida; no hay qué celebrar, puesto que, ¿en realidad?, todo mantiene su curso natural: no eres especial, no eres imprescindible. Sólo eres una pieza más de un puzle con infinitas piezas que jamás termina de completarse…”

 

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¿ Para qué sirve un pájaro?

Pocos, muy pocos, prestamos atención a las cosas extraordinarias que nos ofrece la vida y que consideramos rutinarias, repetitivas, incluso triviales. Hoy en día, en la vorágine de la cotidianidad que nos arrastra hasta convertirnos en seres cómodamente insesibles, ni siquiera recordamos que los pájaros cantan. Es casi un lujo para los sentidos.

Este relato nace en Facebook a partir de una reflexión que hoy nos puede parecer una tontería pero que merece una atención especial porque nos interroga sobre quiénes somos, qué queremos, adónde vamos y cómo es hacerse viejos.

Raquel Escriña Carrasco escuchó a un pájaro cantar y le buscó un significado. Y a fe que lo encontró, con el apoyo de comentarios de Marisol Marichalar, María Beltrán y Goyo Martínez.

Relato con música. Yo también hago pájaros de barro y los echo a volar (Manolo García)

 

Un pájaro no canta porque tenga una respuesta; canta porque tiene una canción /  Y yo canto a la vida, y le doy un beso / Y si un pájaro te dice que estás loco debes estarlo, pues los pájaros no hablan. ¡Bendita locura”, pues que hermoso es tener una canción. Hago pájaros de barro y los echo a volar, y escuchó su canción.

 

 

 

 

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