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No ando, camino – (la mujer madura)

Siento un respeto reverencial por la mujer, de cualquier condición, origen, creencia u orientación sexual. Pienso – en una reflexión que tomo como axioma-, que la mujer es el verdadero motor de la vida, teniendo en cuenta que la vida es bella y que lo cruel es el mundo. Soy tenaz y acérrimo enemigo de aquellos hombres cobardes, bastardos a lo más, que maltratan a la mujer, y aunque no soy partidario de tomarme la justicia por mi mano, en más de una ocasión, los sometería en una plaza pública a la misma tortura que ellos, incapaces en tanto que primitivos, someten a las mujeres.

Cuántas veces oímos frases como ¿cuántos años debe tener esa mujer?. Yo me quedo mirando a quien formula la pregunta y, una y otra vez, le diría como una eterna letanía: “las mujeres como ella no tienen edad, nunca tendrán edad”.

Y maldigo, por injusto, este tiempo en que aún se ve obligada a decirse “somos mujeres, nuestras elecciones son siempre difíciles” porque la mujer sostiene la mitad del cielo. Una vez leí, y es momento de reiterarlo: “la humanidad posee dos alas: una es la mujer, la otra el hombre. Hasta que las dos alas no estén igualmente desarrolladas, la humanidad no podrá volar”.

Y una vez escribí a propósito de la mujer: “viví un momento epifánico en el que el aire se estremecía y el universo ardiente dejó oír sus latidos a una mujer que se cepillaba el pelo”. Simplemente, mujer, eternamente en deuda contigo.

Sirva este prólogo, sencillo y veraz, escrito con el corazón, pues no sé decirlo ni hacerlo de otra manera, para presentar este breve cuento de María del Carmen Escriña, de Madrid.

Una mujer madura, no provoca, ya es provocante.

No es inteligente, es sabia.

No se insinúa, muestra el camino sutilmente.

No se precipita, espera el momento indicado.

No anda, camina.

No nada, navega.

No vuela, flota.

No piensa en cantidad, prefiere la calidad.

No es pretenciosa, simplemente le gusta.

No juzga, analiza.

No compara, asimila.

No consuela, entibia el corazón.

No busca, despierta los sentidos.

No coloca cadenas, deja libre…

… porque sabe lo qué quiere, cómo lo quiere y cuándo lo quiere.

 

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A dos días de la vida

De todas las historias en que la fe triunfa sobre el infortunio que han sido llevadas a la pantalla, no existe ninguna acerca de Job. ¿Quién iba a querer ver sufrir a alguien que le importa?. Todo aquel al que le preocupe no malgastar los seis euros que cuesta la entrada, tiraría las palomitas a la pantalla en cuanto le aparecieran las llagas. Todo tiene un límite. Al leer el libro de Job, uno se pregunta que pasaría por su cabeza mientras veía como perdía todo lo que amaba. Me gusta pensar que recordaba cosas que un día habían sido banales: campos de trigo, la lluvia, unas sandalias, una escoba en una esquina, su rebaño en el campo, sus hijos sentados a la mesa, y que daba gracias por todo ello.

Incluso en los peores momentos, hay manos que escriben palabras que nacen de un fascinante viaje al interior del alma para levantar el ánimo de la gente. Esas manos, movidas por ese alma, son hoy de Hada Cristina de los Sueños (HcS), de Madrid.

Relato con música.

Mañana será otro día, y volverá a salir el sol, que traerá nuevas ilusiones y nuevas esperanzas para todos. Si te has salido un poco, sólo un poco, del camino marcado, y no eres feliz y hoy no has tenido un buen día, piensa que mañana puede ser mejor, será mejor.

No mires nunca hacia atrás, sigue su senda, mirando siempre hacia adelante. Con esa mirada, al frente, en ese camino, encontrarás la salida del laberinto de pasiones, sombras y desengaños que es, a veces, la vida.

Vive tu vida soñando. Sé feliz. Porque la vida son cuatro días y dos, los llevamos ya a la espalda. Mañana, más y mejor. No importa los días de vida, sino la vida de esos dos días.

 

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Oxímoron

Irremediablemente bohemia se presenta Flor Mandeb con este relato, Oxímoron, también conocido en latín con la expresión contradictio in terminis.

Flor Mandeb, desde Plottier (Neuquén, Argentina) armoniza conceptos opuestos en una sola expresión para formar nuevos conceptos. En sí, el oxímoron es un absurdo, como la vida misma, y la autora nos propone una búsqueda de lo metafórico y en el que, quizás, cada uno de nosotros y nosotras nos veamos reflejados, incluso sientiendo que siendo la misma persona somos dos distintas o siendo múltiples individuos sólo somos uno. Flor ha aunado misticismo y amor para trascender de las antinomias mundanas. Un cuento breve para un instante eterno. Relato con música, More Than This

De nuevo fingí no conocerlo. Y de nuevo lo describí como si lo descubriera.

Su mirada, que comenzaba más atrás que sus pupilas, y penetraba mi pecho sin tocarlo como una herida mortal. Una daga cubierta de fuego helado rompía las costillas y atravesaba el músculo marchito, lo florecía de nuevo y lo ponía en marcha. Está vez más vivo, más rojo. Se desangraba en cada latido y volvía a bombear, más fuerte, cada vez más grande.

Su caminar. Rompiendo las baldosas, haciendo temblar el endeble piso. A cada paso dolían más los talones, las piernas se debilitaban y las rodillas se quebraban indefensas, inútiles.

Yo caía un poco cada vez.

Y cuando mi cuerpo estuvo por tocar el piso, sentí su brazo en mi espalda, su mano en mi cintura y mi mano derecha extendida, a la altura del hombro. Mis pies, sangrantes, seguían los suyos al ritmo del dos por cuatro. Sentí su respiración en mi cuello, en su espalda caía aquel negro mar que tanto tiempo había albergado mi alma. Me movía frenética, inconsciente. Mi torso se quebraba como el juncal y él de un violento zarpazo lo volvía a pegar al suyo.

Entonces lo volví a sentir. Y lo volví a describir como si recién lo descubriera.

La piel se abría por completo en ese ardor que parecía inacabable. Inhumano. Volcánico. Y al tiempo esa piel se secaba sin piedad, sin perdón, por lo que todavía no había perdido. Las bocas se derretían, se fundían y se unían, sin escuchar al pecho que gritaba mudo. Gritaba por aire mientras provocaba un huracán.

Yo le gritaba desesperada que me deje. O quizá le susurraba dulcemente que jamás me abandone.

No quería caer en amargo sueño. Me resistí todo lo que pude, pero su mano acariciaba mi pelo, lo recorría y trazaba mapas en él, convirtiendo las pestañas en plomo, convirtiendo mi carne en pluma.

Cuando desperté busqué el dibujo. Era una gran lágrima conmigo, de espaldas, dentro. El primero que hacía en color. Colores opacos, tristes y melancólicos, más sombríos incluso que los mismísimos grises de la nube que anuncia tormenta.

Abajo firmaba:

Volví y me fui. Y volveré para irme.

Recordé lo que siempre decía:

-Los hombres ilusos seguimos queriendo creer que el amor es eterno, que fluye como los ríos. Pero ahoga aún sin quererlo, caudaloso y asesino.

Entonces, las lágrimas no cayeron. Me metí a cualquier bar, pedí algo fuerte, prendí un armado y fingí que lo había olvidado.

Volví a ensuciar mi cuerpo con pasión vendida, que me hacía sentir quizá menos infeliz, quizá más desdichada que nunca. Quizá muerta nuevamente.

 

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¡Perdona… pero me he enamorado!

Primero fue ” ¡perdona… si me enamoro“, un relato de Marta Vall Llosera que aunaba aquellos sentimientos más frecuentes que nos causa el amor. Ahora es “¡perdona… me pero me he enamorado“, un compendio de relatos que provocaron aquella primera narración. Se plantean aquí pensamientos y sensaciones de personas que han experimentado el amor. Des del “amor virtual” que propone Antonio Vallejo a la sensación de “vivir sin pedir, vivir sin dar”, vivir en toda la extensión del concepto, que sugiere Miquel Quintana. Del “todos vivimos por amor” de la profesora Elisabth Vargas a la desazón de Andrés “Martillo”, para quien, en un momento dado, el amor fue solo “humo”, y a quien alguien ha respondido con aquella frase de Alfred Tennyson: ” es mejor haber amado y perdido que no haber amado nunca”.

Por David Creus, Miquel Quintana y Elisabeth Vargas; inspirado en un relato de Marta Vall Llosera Font y los comentarios de Andrés “Martillo”, Antonio Vallejo, Susana Tapia y Maite Arbones. (Relato, como siempre, con su melodía. Clica en la imagen de sus autores para escuchar e imaginar)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bonitas sonaron las palabras. En la barra del café, romántico, un vaso rebosante de amor. Música. Te amaré. El amor está en todas partes, grita el camarero, que reparte bendiciones por doquier. ¡Póngame una penitencia”, le reclama un cliente. “Yo solo sirvo copas, copas repletas de amor”, le replica el camarero.

Entra por la puerta del local el profesor Miquel Quintana. ¡Siéntate a mi mesa!, le reclama Marta Vall Llosera, quien le espeta: ¡es una mesa de amor!. “Amor, pienso, es una sensación. Amor, pienso, es una determinación. Amor, pienso, es todo aquello que nos permite vivir sin pedir, vivir sin dar, vivir. Amor, pienso, es una extroversión de nuestro interior. Amor, es amor”, le contesta Quintana.

Marta llora. En mucho tiempo, es el mejor regalo que ha recibido. De fondo, suena la banda sonora de su vida. ¡Canalla, querido canalla! – me dice-, has arrancado la mejor de mis sonrisas. Unos besos y una agradecimiento son suficientes.

Al otro lado de la barra, desde Puerto Rico, Elisabeth Vargas le dice a los del lado opuesto de la barra, en el Mediterráneo: “todos vivimos por amor y hemos sentido que morimos por amar sin medidas”

¿Es dolor el amor?, le preguntan. “Gracias al amor llegan las más bellas inspiraciones, pero también las más dolorosas”, responde la mujer desde el otro lado de la barra, desde el otro lado del Atlàntico. Razón no le falta.

Y David Creus sentencia: “el amor son aquellas manos con las que los seres humanos movemos el mundo. El amor es el sentimiento que, a medida que caminamos por los senderos de la vida, forma nuestra propia interpretación de las conversaciones que mantenemos con nuestro corazón y nuestra alma”.

¿Olvidamos el amor?. El amor simplemente lo es todo.

 

 

 

 

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Las cosas que no te dije

Por Carles Nel·lo ( Montseny, Catalunya)

(relato con música… clica sobre la imagen para escuchar este bello a la par que arrebatador relato)

Montseny

 

Amor mío, estas son las cosas que recuerdo de mi amor:

tus cálidas manos, tu cálido aliento, tu cálida boca, tus brazos a mi alrededor. Recuerdo sentirme seguro siempre, como una sola persona, los dos en silencio, en paz, entrelazados.

Recuerdo lo que sentí la primera vez que te besé, fue como… el gran salto. ¿Qué
recuerdas tú?.

¿Cómo sabré alguna vez lo que albergabas en tu corazón?. ¿Adónde fueron todas
las cosas que pensamos y sentimos, pero no dijimos?.

Amor mío, estas son las cosas que nunca te dije, estas son las cosas, que necesito que sepas:

siempre te quise y mi amor por ti era tan grande que sigue vivo, después de que te hayas ido.

Me gustaría decirte que lo haría de otro modo, que si tuviese un día más haría todo bien, pero sé que no es verdad, cometería los mismos errores, es decir, salvo uno, no diría adiós.

 

 

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A mi querido amigo Federico (hace 75 años que vives)

Querido Federico (V);

(“Herido de amor, en la voz de Ana Belén)

Querido Federico, cada día muero un poco más contigo y ¡vivo!. El hombre que viste camisa vieja, maldito bastardo, ha llamado al viajero para que venga a buscarte. Tu muerte, hostia de la comunión de unos que se decían  españoles y que dieron vida a una cruzada de plomo, sangre e ira, me da vida.

Se oye el sonido de un alfiler cayendo en la medianoche de la nada, y en la nada encuentro todo. Las palabras han descargado las armas; muerte y luego, más muerte. La jondura del silencio se ha hecho pero inquietas voces acuden a mí. Escucho el sonido de tu silencio, nuestro silencio. Grito en carne viva frente al rostro del demonio.

Demonio de corte fascista / fascista llaga / llaga en el gesto / gesto adusto / adusta garantía / garantía de eficacia / maldita eficacia / eficacia amargada / amargada dolencia / dolencia intestinal / intestino severo / severo en el alma / el alma torcida / torcida en el espíritu.

Mueres; muero un poco más contigo y vuelvo a vivir. El silencio estalla de tanto callar. El obispo reparte madiciones al paso del cortejo fúnebre que nada lleva. Y en la nada, todo. Los huesos para la tierra, tu alma fertil para nosotros. Lo que veo no existe y, sin embargo, lo estoy viendo.

Y la pena también tizna cuando estalla. Y estalla el silencio cuando mueres para que yo viva. Y hablo. Y me enfrento a vientos en varias direcciones y tormentas de diferente intensidad. Reivento sobre tu recuerdo el entorno, a cada paso; me hundo y me levanto. Bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque ya no caerán más abajo.

Abismo y luego más abismo. Asesino al fantasma, el fantasma de cicatriz fascista. Y regreso, regreso junto a ti. Me disfrazo, nos disfrazamos de cordialidad. Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista… Solo un hombre, ora maldito, ora maduro, que busca el sentido de la vida. Vida que me da tu muerte.

Trago rancio. Los fusileros, risueños, ingenuos ellos de su destino, marchan. Vaciado el cargador, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y Lucifer. En el macadán queda por siempre tu espíritu.

Y en el carrusel de la vida, en tu nombre, requiebros de amor, amor de trato risueño y encantador, de distinta belleza, una belleza imperfecta, ¡perfección!.

El cielo pide paciencia. Me apunto otra derrota. La tierra de tus huesos medita por mí. Y tu muerte me recuerda lo resistente que es mi espíritu (humano) cuando quiere serlo. Azucarillo y aguardiente para endulzarme el momento, momento eterno.

Y las cosas que el diablo fascista intentó enterrar encontraron la forma de aflorar. No recuerdo si pasó de verdad o imagino que pasó. ¿Has muerto?; sólo herido. Vives, y yo contigo. Un estampita. Un Cristo. ¡Agua!.

Tuyo, en la herida, Goyo Martínez.

 

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