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Una esquina, un vaso y mi querido amigo Sebastián

En una ocasión, paseando junto al viejo de la imprenta por las románticas y canallas callejuelas de la vieja Barcelona, nos acercamos a un hombre que no era un hombre a los ojos del mundo; no era más que una sombra de alguien que un día fue alguien en ese mundo que nos condena y nos atropella hasta el hastío. Cabría decir que, incluso, había sido borrado de la humanidad. El viejo depositó unas monedas en su vaso, tan antiguo, quebrado y ajado como su rostro y sus ropas.

El hombre que era sombra se lo quedó mirando con unos ojos que parecía salirse de sus cuencas. Y el viejo le devolvió la mirada con unas palabras que nunca olvidaré:

– ¿Sabes, viejo lobo?. Eres el hombre más encantador de la tierra, pero soy el  único que lo sabe. Desde entonces, siempre que este mundo me lo ha permitido, he robado  tiempo al tiempo para cruzar mi mirada con el hombre que era sombra y regalarle unas monedas y unas palabras.

Siempre tuyo, querido viejo.

David Creus, de Mollet, nos propone “cuatro letras”, necesarias, acertadas y sinceras, para leer en este puente. Porque todos, alguna vez, hemos sido vagabundos, de una manera u otra. Hoy, con la música del Bolero de Ravel.

 

Me levanto temprano, me visto de tristeza y me propongo salir a comprar el periódico visitando a Sebastián, mi maravilloso vagabundo. Muy a muy pesar, no acepta más que mi compañía un ratito.

Recorro durante unos instantes el caminito alegre de mi propia alma, completamente desposeída de la lógica que la sociedad nos marca. Él no es consciente del servicio que me ofrece. Cuando salgo de nuestras gratuitas conversaciones de amistad, consigo ver en mí una triste mejor persona.

Recorremos juntos un trocito de alegre camino sentados en su esquina. En ese momento es cuando me invade la tristeza hacia la visión que me llega sobre el mundo en el que vivo. Observo sin querer hacerlo, la indiferencia del ser humano, incluso del que deja una moneda en el vaso de Sebastián.

En sus caras ves reflejada la prisa. Sus pensamientos están alejados de todo aquello que no sea lo que tienen que hacer próximamente. A algunos, incluso esa prisa les hacen fallar lo que podría ser el mejor tiro de sus vidas. Y la moneda queda en el suelo y no en el vaso. El tiempo ni tan solo les permite mirar a la cara a Sebastián, y no digamos ya recoger la moneda y dársela en mano, o acaso en el vaso.

Él, pausado y poseído por el frío que aún no ha desparecido de la noche, saca sus manos de los bolsillos y se las frota, acompañando el gesto de leves soplidos de calor, un calor que busca en su interior, quizás yermo.

Con ese automático movimiento, empieza a articular sus dedos. Le miro, y observo cómo recoge con una tristeza desgarradora ese tiro errado por aquel ser humano deshumanizado. Y ni tan solo, mirando sus ojos en ese instante, soy capaz de definir lo que siente Sebastián. Las palabras en este caso no me sirven.

Tal vez por eso debo comprender el porqué de mi amigo Sebastián, -nunca Sebas, que si no se enfada-, porque siempre, y pese a todo, será Sebastián. No acepta agradecimientos de nadie. Mientras el mundo se vista con la ropa de la indiferencia, la palabra agradecimiento la tiene borrada de su manual de vida.

Vive en una rutina de soledad espiritual en la que ningún bondadoso llamado dios, se atreve a llamar a su puerta. En su lucha, quiere reencontrarse con un perdón que lleva buscando desde el día que un llamado amigo se quedó con todo por lo que él había luchado. Simplemente por aceptar la palabra confianza como verdadera.

Flemático en movimientos y algo cansado por el mal dormir, mira una y otra vez a su compañero y salvador, su vaso de los deseos, donde los transeúntes tienen la opción de depositar sus monedas del desahogo emocional, para con ellas justificar la buena obra del día.

En ese momento es cuando recojo mi tristeza. Me levanto, le miro a los ojos, me acerco para abrazarles sin que desee ser abrazado, como si yo, hablara con mi conciencia. Pasados unos segundos, Sebastián me deja la frase que quiere transmitir a quien desee escucharlo, y yo la transmito a trabes de mi Facebook. Deseando ver cada día, más “me gusta”. En cada uno de ellos veo una moneda más en los vasos de los muchos Sebastián que hay repartidos por el mundo.

Es en ese momento cuando regreso al verdadero mundo de los mortales afortunados. Y colgada nuestra frase, espero que alguien se acuerde durante el día que una moneda más en el bolsillo o menos, no hace un paraíso. Pero repartidas entre todos, podemos llenar el mundo, de pequeños paraísos de paz.

Porque cada uno de nosotros, como me dice una y otra vez Sebastián, deberíamos ser capaces de cubrir nuestras necesidades básicas, con simplemente amar y poseer aquello que nos es estrictamente necesario. El resto de posesiones, tal vez nos serviría para cubrir lo necesario de los demás.

Llegan tiempos solidarios, tristemente solidarios. Grito, tristemente porque mucho me temo que solo en fechas como la que vivimos ahora, es cuando aquellos que fallaron el tiro en el vaso de Sebastián desean detenerse para aliviar sus culpas con algún acto solidario que les ofrezca el perdón.

Un perdón con el que podrán subsistir un año más con sus conciencias limpias. Ese acto bondadoso lo publicitaran a los cuatro vientos para que el resto de los mortales podamos saber lo buenas personas que son. Y en menor escala, serán nuestros vecinos en el barrio o en cualquier tertulia, los que nos harán saber su magnificas colaboraciones con los más desprotegidos.

Si eso lo hiciéramos durante el año, y escondidos de etiquetas morales que regalaran descansos emocionales, tal vez Sebastián dormiría caliente mas días al año. Solo cuando el dolor y la pena afecta a uno, somos capaces de ver lo débiles que somos ante la naturaleza, del simple hecho de vivir. Un hecho de por si maravilloso que en ocasiones hacemos exclusivo.

Como diría Sebastián ahora: querido David, algunos dicen que Dios creó al hombre y la mujer. Pero permíteme que yo, me quede con la teoría de Darwin sobre la evolución para creer en ese hombre y en esa mujer. Y mirando de entenderla un poquito, te diría, que en esa teoría lo peor es cuando el hombre se pone de pie y se da cuenta de que tiene cerebro. Porque, por muchos intentos que se han hecho a lo largo de la existencia humana por comprenderlo, el día en el que se enseñaba para qué sirve ese cerebro acudieron muy pocos alumnos.

Feliz puente a todos, y a ti sobre todo Sebastián, por favor cuídate estos días.

 

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Hoy me visto de pobre

A veces no hay palabras, no hay citas que puedan resumir lo que paso aquel día, a veces lo haces todo bien, lo haces perfectamente, y aun así sientes que has fallado, ¿Tenía que acabar así? ¿Podía haberse hecho algo para evitar la tragedia? Volverán a casa e intentarán recuperarse. Volverán con sus familias pero nunca volverá a ser aquellos niños y niñas, inocentes ellos. Suman centenares de vidas en un remoto lugar en el que creían que los monstruos no existían hasta que supieron que llevaban toda la vida conviviendo con uno. ¿Cuánto tiempo podrán seguir mirando hacia el abismo? ¿Cuándo se darán cuenta de que son incapaces de recuperar la alegría de vivir que les quita este mundo?… Como he dicho, a veces no hay palabras, ni citas que puedan resumir lo que paso aquel día. A veces el día, simplemente… termina.”

(Goyo Martínez)

Un profundo, provocador y desgarrador alegato contra el mundo que nos atropella y nos condena hasta el hastío de Mary Fernández, de Miami (EEUU), a través de la página de Guillermo Heskel (Buenos Aires). Con música, por supuesto.

 

Hoy necesito vestirme de pobreza, pasar hambre, sentir frío; y no tener ni un centavo en el bolsillo del roto pantalón viejo, como el de Celestina, la pobre mendiga de la esquina que algún alma caritativa le donó un día en que por viejo decidio regalarlo, sin que le doliera hacerlo, porque a ella ya no le servía.

Hoy necesito sentir que me duele el cuerpo, porque duermo en el piso de piedra; y  que tengo que ir al río a limpiar mi piel curtida, sucia y reseca que destila el aroma que llevamos los pobres, la pestilencia de la peor enfermedad del mundo, el olor terrible de la pobreza extrema.

Hoy necesito beber de la copa de barro del pobre en la geografía injusta del desafortunado que en vez de nacer en cuna pudiente llegó al mundo como Jesús, el Hijo de Dios, para nacer en un humilde pesebre, y darnos al mundo el mensaje divino.

Hoy necesito gritarles a todos mi angustia y dolor, que somos nosotros los hombres los que inventamos la pobreza, que somos los egoistas los que permitimos el hambre, que somos los arrogantes los que ignoramos al necesitado, que somos los ciegos que no queremos ver la realidad del pobre, que hay millones de pequeños que se mueren de hambre, de frío, de enfermedades, de soledad, de abandono, de abuso, que no llegan…

… Que se pongan de moda las obras de caridad, que se ponga de moda hacer limpieza de cosas materiales, repartir los que tenemos de sobra y dárselo a quien de verdad no tiene nada.

Hoy necesito caminar descalza y que me quemen las plantas de los pies, extender mis manos al mundo, levantar mi voz furiosa, porque toco miles de puertas y son muy pocos los que saben abrirlas…

… ¿Es que no sienten acaso vergüenza de saber que sus hermanos usan zapatos viejos, sucios y rotos?. ¿Qué culpa tienen nuestros hermanos, los que viven en la Puna de haber nacido en el lugar equivocado?.

Hoy quiero convencer al mundo de que tenemos poco, mucho, demasiado, y de que, cuando hay abundancia, debemos compartirla con nuestros hermanos. Le pido a Dios que la gente avara sienta vergüenza en su escondida conciencia, que no tenga tanto apego al exceso de sus lujos, que no le duela regalar una de sus diez manzanas… es tan poco lo que necesita un pobre, casi nada faltándole todo.

Hoy quiero que los ricos hagan cola para comprar nada, que se ponga de moda los valores del alma, que sea elegante tener suficiente, que no exista el termino “morirse de hambre”, sentir frío, indiferencia, ignorancia.

… Que les llegue a todos la hora de comprender que DIOS no nos quiere pobres, ni tristes, ni enfermos, ni abandonados, ni en guerras; que lo tenemos todo en este mundo, todo, para que la pobreza sea erradicada del planeta…

… Fue el hombre el que inventó la moneda, las joyas, el precio de los diamantes y las esmeraldas, el precio del agua, de los terrenos, de las drogas.

Que cierren las cuentas de los bancos, que no haya vacaciones para nadie, que se expandan las pestes de este mundo y apliquen la vacuna contra la miseria…

… Que se pongan de moda los que piden, que todos quieran sentarse a la intemperie a disfrutar la ola de vacío, a gozar la enorme indiferencia,

¡que ser pobre se ponga de moda!

 

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Hoy me visto de pobre

A veces no hay palabras, no hay citas que puedan resumir lo que paso aquel día, a veces lo haces todo bien, lo haces perfectamente, y aun así sientes que has fallado, ¿Tenía que acabar así? ¿Podía haberse hecho algo para evitar la tragedia? Volverán a casa e intentarán recuperarse. Volverán con sus familias pero nunca volverá a ser aquellos niños y niñas, inocentes ellos. Suman centenares de vidas en un remoto lugar en el que creían que los monstruos no existían hasta que supieron que llevaban toda la vida conviviendo con uno. ¿Cuánto tiempo podrán seguir mirando hacia el abismo? ¿Cuándo se darán cuenta de que son incapaces de recuperar la alegría de vivir que les quita este mundo?… Como he dicho, a veces no hay palabras, ni citas que puedan resumir lo que paso aquel día. A veces el día, simplemente… termina.”

(Goyo Martínez)

Un profundo, provocador y desgarrador alegato contra el mundo que nos atropella y nos condena hasta el hastío de Mary Fernández, de Miami (EEUU), a través de la página de Guillermo Heskel (Buenos Aires). Con música, por supuesto.

Foto: Hoy necesito vestirme de pobreza<br />
pasar hambre<br />
sentir frio<br />
y no tener ni un centavo en el bolsillo<br />
del roto pantalon viejo como el de Celestina<br />
la pobre mendiga de la esquina<br />
que algun alma caritativa le dono<br />
un dia en que por viejo decidio regalarlo,<br />
sin que le doliera hacerlo,<br />
porque a ella ya no le servia. </p>
<p>Hoy necesito sentir que me duele el cuerpo<br />
porque duermo en el piso de piedra<br />
y que tengo que ir al rio<br />
a limpiar mi piel curtida, sucia y reseca<br />
que destila el aroma que llevamos los pobres,<br />
la pestilencia de la peor enfermedad del mundo,<br />
el olor terrible de la pobreza extrema. </p>
<p>Hoy necesito beber de la copa de barro del pobre<br />
en la geografía injusta del desafortunado<br />
que en vez de nacer en cuna pudiente<br />
llego al mundo como Jesus el Hijo de Dios<br />
para nacer en un humilde pesebre,<br />
y darnos al mundo el mensaje divino. </p>
<p>Hoy necesito gritarles a todos mi angustia y dolor<br />
que somos nosotros los hombres los que inventamos la pobreza,<br />
que somos los egoistas los que permitimos el hambre,<br />
que somos los arrogantes los que ignoramos al necesitado,<br />
que somos los ciegos que no queremos ver la realidad del pobre,<br />
que hay millones de pequenos que se mueren de hambre,<br />
de frio, de enfermedades, de soledad, de abandono, de abuso,<br />
que no llegan </p>
<p>Que se pongan de moda las obras de caridad<br />
que se ponga de moda hacer limpieza de cosas materiales<br />
repartir los que tenemos de sobra<br />
y darselo a quien de verdad no tiene nada </p>
<p>Hoy necesito caminar descalza<br />
y que me quemen las plantas de los pies<br />
extender mis manos al mundo<br />
levantar mi voz furiosa<br />
porque toco miles de puertas<br />
y son muy pocos los que saben abrirlas </p>
<p>Es que no sienten acaso verguenza<br />
de saber que sus hermanos<br />
usan zapatos viejos, sucios y rotos<br />
que culpa tienen nuestros hermanos<br />
los que viven en la Puna<br />
de haber nacido en el lugar equivocado </p>
<p>Hoy quiero convencer al mundo<br />
de que tenemos poco,  mucho,  demasiado<br />
y de que cuando hay abundancia debemos compartirla<br />
con nuestros hermanos<br />
le pido a Dios que la gente avara sienta verguenza<br />
en su escondida conciencia<br />
que no tenga tanto apego al exceso de sus lujos<br />
que no le duela regalar una de sus diez manzanas<br />
es tan poco lo que necesita un pobre,<br />
casi nada faltandole todo.   </p>
<p>Hoy quiero que los ricos hagan cola para comprar nada<br />
que se ponga de moda los valores del alma<br />
que sea elegante tener suficiente<br />
que no exista el termino "morirse de hambre"<br />
sentir frio, indiferencia, ignorancia, </p>
<p>Que les llegue a todos la hora<br />
de comprender que DIOS no nos quiere pobres,<br />
ni tristes, ni enfermos, ni abandonados, ni en guerras,<br />
que lo tenemos todo en este mundo, todo,<br />
para que la pobreza sea erradicada del planeta<br />
Fue el hombre el que invento la moneda<br />
las joyas, el precio de los diamantes y las esmeraldas,<br />
el precio del agua, de los terrenos, de las drogas. </p>
<p>Que cierren las cuentas de los bancos<br />
que no haya vacaciones para nadie<br />
que se expandan las pestes de este mundo<br />
y apliquen la vacuna contra la miseria<br />
que se pongan de moda los que piden<br />
que todos quieran sentarse a la intemperie<br />
a disfrutar la ola de vacío<br />
a gozar la enorme indiferencia<br />
que ser pobre se ponga de moda

Hoy necesito vestirme de pobreza, pasar hambre, sentir frío; y no tener ni un centavo en el bolsillo del roto pantalón viejo, como el de Celestina, la pobre mendiga de la esquina que algún alma caritativa le donó un día en que por viejo decidio regalarlo, sin que le doliera hacerlo, porque a ella ya no le servía.

Hoy necesito sentir que me duele el cuerpo, porque duermo en el piso de piedra; y  que tengo que ir al río a limpiar mi piel curtida, sucia y reseca que destila el aroma que llevamos los pobres, la pestilencia de la peor enfermedad del mundo, el olor terrible de la pobreza extrema.

Hoy necesito beber de la copa de barro del pobre en la geografía injusta del desafortunado que en vez de nacer en cuna pudiente llegó al mundo como Jesús, el Hijo de Dios, para nacer en un humilde pesebre, y darnos al mundo el mensaje divino.

Hoy necesito gritarles a todos mi angustia y dolor, que somos nosotros los hombres los que inventamos la pobreza, que somos los egoistas los que permitimos el hambre, que somos los arrogantes los que ignoramos al necesitado, que somos los ciegos que no queremos ver la realidad del pobre, que hay millones de pequeños que se mueren de hambre, de frío, de enfermedades, de soledad, de abandono, de abuso, que no llegan…

… Que se pongan de moda las obras de caridad, que se ponga de moda hacer limpieza de cosas materiales, repartir los que tenemos de sobra y dárselo a quien de verdad no tiene nada.

Hoy necesito caminar descalza y que me quemen las plantas de los pies, extender mis manos al mundo, levantar mi voz furiosa, porque toco miles de puertas y son muy pocos los que saben abrirlas…

… ¿Es que no sienten acaso vergüenza de saber que sus hermanos usan zapatos viejos, sucios y rotos?. ¿Qué culpa tienen nuestros hermanos, los que viven en la Puna de haber nacido en el lugar equivocado?.

Hoy quiero convencer al mundo de que tenemos poco, mucho, demasiado, y de que, cuando hay abundancia, debemos compartirla con nuestros hermanos. Le pido a Dios que la gente avara sienta vergüenza en su escondida conciencia, que no tenga tanto apego al exceso de sus lujos, que no le duela regalar una de sus diez manzanas… es tan poco lo que necesita un pobre, casi nada faltándole todo.

Hoy quiero que los ricos hagan cola para comprar nada, que se ponga de moda los valores del alma, que sea elegante tener suficiente, que no exista el termino “morirse de hambre”, sentir frío, indiferencia, ignorancia.

… Que les llegue a todos la hora de comprender que DIOS no nos quiere pobres, ni tristes, ni enfermos, ni abandonados, ni en guerras; que lo tenemos todo en este mundo, todo, para que la pobreza sea erradicada del planeta…

… Fue el hombre el que inventó la moneda, las joyas, el precio de los diamantes y las esmeraldas, el precio del agua, de los terrenos, de las drogas.

Que cierren las cuentas de los bancos, que no haya vacaciones para nadie, que se expandan las pestes de este mundo y apliquen la vacuna contra la miseria…

… Que se pongan de moda los que piden, que todos quieran sentarse a la intemperie a disfrutar la ola de vacío, a gozar la enorme indiferencia,

¡que ser pobre se ponga de moda!

 

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Descartes no era tonto (de cuando alquilar era de idiotas)

Como Descartes, sigo con mi viaje tratando de encontrarme a mí mismo. Hacia 1623, Cartesius vendió todo lo que poseía, enfrentándose a su padre y al mundo. En un principio, no sabía qué hacer con tanto dinero y decidió acudir a un banco de la época y abrió una cuenta corriente. También buscó un fondo de inversión pero no encontró ninguno de su agrado. Y finalmente decidió gastar parte del dinero que había conseguido en un largo viaje a Italia. Pudo comprar otras fincas, pero no.

En 1950, en España, más del 50% de la población vivía de alquiler. Y en esas que, a finales de esa década, apareció un ministro, cuyo nombre no importa aquí pues da lo mismo la época, el régimen e incluso la religión cuando uno ostenta un cargo ministerial, y proclamó que el país debía ser de propietarios, no de proletarios.

La frase marcó un progresivo y sostenido cambio de mentalidad hasta que alquilar una vivienda devino una opción perdedora. Sólo un tonto alquilaba cuando comprar un piso era más barato.

Los bancos abrieron la caja y mediante métodos persuasivos convencieron a la gente de la calle que comprar era casi obligatorio. Los banqueros se presentaban como los hombres de los sueños y ponían en tu mano una ingente cantidad de dinero y te decían que no habría problema, que el piso subiría de precio, que nunca perdería su valor. Para entonces, Descartes ya viajaba por Italia tras marchar a la francesa de su país. Luego, Cartesius, como yo, hizo un largo viaje de 10 años por medio mundo en busca de una verdad que nunca encontró, aunque ya le daba lo mismo. Vivía de alquiler.

Hoy, tres siglos y unos cuantos años después, la verdad sigue oculta y los mismos actores, con otras caras, han llevado a miles de familias a la bancarrota en un proceso de pérdida de la vivienda, deshaucios y deudas de por vida. O todo a la vez. Y de ahí, a la depresión pues la línea entre un cierto bienestar, pues no se trata de rodearse de lujos innecesarios, y la pobreza y la angustia se ha evidenciado delgada, muy delgada. Ya casi no hay línea.

Como Descartes, durante su largo viaje, encontramos ahora que la gente ha tomado conciencia del problema, pero el problema es que en su mayoría no sabe cómo reaccionar. Del cabreo generalizado se ha pasado a una depresión que adensa.

No fue casualidad que la ciudadanía se lanzara voraz a la compra de viviendas, alimentando mitos que se convirtieron en monstruos que acabaron por engullirse a quienes les había dado el sustento y el hombro donde apoyarse. Hoy, aquella frase de aquel ministro cuyo nombre sigue sin importar es un mensaje lapidario en torno al cual asistimos plañideros.

Ya no se trata de si queremos un país de propietarios o proletarios. El asunto es más grave y los banqueros parece que no están ni se les espera. Hoy, la sociedad se mira en el espejo y debe tolerar, -pues no hay otro remedio-, el desalojo de viviendas en las que viven niños, o ancianos.

Descartes también vivió en los Países Bajos y cambió constantemente de vivienda. Y quizás no lo hizo, como apunta la historia, para ocultar su paredero. E incluso muerto, cambió de “residencia” en varias ocasiones.

 

 

 

 
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Publicado por en 05/04/2012 en la barra del café

 

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Nunca subestimes a una rata (El quiosco)

A propósito de cómo, por qué, quién y dónde se gestó la actual crisis que no sólo es económica sino también de valores, sociales, culturales, de fe. Por la periodista badalonina Mercè Roura, que siempre da en el clavo.

 

Ahora ya poco importa, pero debemos saber que la crisis se inventó en un despacho lujoso, con buenas vistas. La crearon tres mentes brillantes y poderosas cuyos nombres no sabemos ni sabremos nunca. No salen en los periódicos, no tienen cuenta en twitter ni forman parte de ningún gobierno. Fueron tres hombres con corbata y móvil caro.El que llevaba la voz cantante dijo : “Tenemos que controlar el mundo, se nos escapa de las manos, es demasiado libre. Tenemos que crear miedo.”

El primero de los hombres poderosos propuso crear un virus letal. El de la voz cantante le miró con un destello de asco en el gesto y dijo que aquello ya lo habían intentado antes y no funcionaba porque siempre encontraban la manera de sobrevivir, “son como ratas, recuerda”.El segundo propuso impulsar una nueva religión a través de las redes sociales y captar adeptos que propaguen el mensaje de pánico hasta generalizarlo. “No servirá” dijo el más poderoso, “el hombre se ha convertido en un dios y ya no le teme. Lo que hay que hacer es generar una crisis económica.” Los dos primeros hombres poderosos se asustaron, una muestra inequívoca de que la propuesta era buena. Uno de los dos le advirtió de que una crisis económica es incontrolable y que nunca podrían llegar a saber de sus consecuencias hasta que todo hubiera terminado.

Después de horas, la propuesta de la crisis se dio por acertada. Se aflojaron las corbatas y empezaron a tomar medidas. Al final de la reunión, cuando el hombre de la voz cantante apagaba la luz al salir, “vamos a entrar en recesión pronto, hay que ser precavidos” comentó mientras sonreía, el primero le preguntó :¿No crees que sobresestimas el miedo?

“Amigo, le contestó el hombre más poderoso, cuando alguien tiene miedo se aferra a lo básico para sobrevivir y acepta que le des sólo migajas para salvar a los suyos. Un hombre asustado es un hombre sin sueños, sin más motivación que su supervivencia, sin ilusión. Créeme, una rata con sueños es capaz de todo, de crear un imperio, de cambiar el mundo. No subestimes a una rata nunca motivada que se levanta cada día a las seis de la mañana con una idea en la cabeza … Lo sé porque yo un día hace mucho fui rata. “

 
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Publicado por en 05/04/2012 en el quiosco, la barra del café

 

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Soñando un mundo mejor

Los muertos, a veces, pesan tanto en los vivos que, en ocasiones, ocupan su lugar. Pero también hay que hacerles un lugar a los vivos. No es fácil morir pero tampoco lo es sobrevivir al horror. Hemos de aprender a vivir con el peso  de la incertidumbre y con un pasado que nunca llega a estar lo suficientemente lejos. ¿Qué trae la guerra, qué trae el conflicto?. Una memoria llena de silencio; un rastro de lo que queda, y de sus habitantes; la muerte de los lugares donde fuimos felices; nosotros, que dejamos de ser los mismos; si nos vamos es para no volver, más que como extraños, al lugar de donde partimos.

Soñando un mundo mejor, una poesía visual de Angel Entrena. Clica sobre la imagen para sentir la música.

 

 

 

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Hobbits, Hogwarts y un bol de arroz (desde la barra del café)

Alabado sea el Señor. Estos días, en las redes sociales, por doquier, han surgido ingentes cantidades de profesores y catedráticos de Economía y, quién sabe si un futuro Premio Nobel en la materia. ¡Salvamos estamos!.

Yo, lo confieso, no sé nada más de economía que aquello que leo en la prensa y que escucho en televisión o en radio. A duras penas, entiendo la economía local y la de mi casa y, aún así, tengo una grave percepción de andar como los  Hobbits camino de Mordor, junto a un engendro que, constantemente, me quiere engañar; ora zanahoria, ora palo.

Ha habido estos días políticos y políticas, que hasta hace poco bebían de las fuentes del poder y de la gobernabilidad, que, ante los ataques “fantasmas” que sufren las economías del sur de Europa, y en especial la nuestra, ahora  proclaman que la política debe tomar las riendas. La pregunta es, pues, inevitable: ¿qué han hecho hasta ahora los políticos?, con independencia de su ideología.

Y es más, llaman a que la política democrática debe recuperar su lugar por encima, y no por debajo (no dicen por detrás) de los mercados, arguyendo, entre otras cosas, que la semana pasada ese ingenio tan llamativo como temible llamado “Tea-Party” se ha impuesto. La pregunta vuelve a ser inevitable: ¿ qué ha hecho hasta ahora la política democrática?.

Insisto en que no entiendo de este monumental lío en que se ha convertido la política y la economía pero, cuando quien escribe alza la voz reclamando que dejemos de mirar al otrora ombligo del mundo que era Estados Unidos y nos dediquemos a lo nuestro, y recibe “palos” de esos “nuevos profesores y catedráticos de la economía”, no puedo sino proclamar mi más absoluta perplejidad.

(Un inciso: bien estarían esas opiniones si quedaran en el terreno de lo que son, opiniones, pero hay quien las lleva al terreno de la descalificación con giros y expresiones que denotan menosprecio, lo cual las deslegitiman por completo).

La pregunta, tercera e inevitable que se plantea, en mi modesto modo de ver, es ¿acaso EEUU vendrá a salvarnos?. ¿Acaso lo hará Alemania?. ¿Es que no tenemos bastante con nuestros problemas?. Viendo el panorama, asomó la cabeza al mundo y no sé enfocar el horizonte y quiero y deseo imaginar una vida que fluya ajena a ese maldito mundo que no nos permite disfrutar de las pequeñas cosas, las nuestras: el primer café de la mañana; el vino del mediodía; una buena comida;
una buena compañía; un atardecer solo o con quien amamos…

La situación nos aboca a un purgatorio en que las almas parecen haber renunciado a la evolución tal vez porque, atisbando el futuro, prefiero el pasado: ¿será la peseta ese futuro que pasó?; recordáis: un café, 20 duros; ahora, un café, 1’20 euros. No hace falta traducirlo. Algunos de esos “nuevos profesores y catedráticos de economía” de les redes sociales dirán que la vida ha  evolucionado y los precios han subido. De acuerdo, pero una objeción: ¡en tan solo diez años!.

Escuchaba el otro día una parodia harto elocuente de la situación a propósito del incremento del precio de la  gasolina: hasta ahora, las gasolineras eran eso, gasolineras; sin embargo llevan camino de convertirse en exclusivas áreas de servicio donde podremos escuchar una charla entre dos amigas del tipo:

–      ¡Jo, qué chachi esta gasolinera-gabbana”.

–      ¡Es una mole, María Isabel!. No sé que regalarle a mi novio: estoy entre un Rolex o llenarle el depósito del “buga”!.

Me siento abatido, aunque no batido. ¿En manos de quienes estamos?, dado que parecer ser que Dios, de quien nos hemos olvidado según la Curia eclesiástica española y vaticana, ha hecho las maletas. Dicen que estamos en manos de una cuadrilla de especuladores que “juegan” a gobernar y se agrupan en inventos llamados agencias de calificación, que son algo así como el castillo de Hogwarts de magia y hechicería, donde lo que se ve no existe y, sin embargo, se está viendo. Pero mucho me temo que, como aquel que ya sabéis y cuyo nombre no se puede pronunciar, la política está detrás de esas agencias.

A día de hoy, en el zulo en que se ha convertido España y nuestro entorno, hay quienes han sabido nadar y guardar la ropa. Como hormiguitas, China, Alemania, India, Brasil y unos pocos más que se pueden contar con los dedos de una mano están en crisis, pero no en abismo. Han ahorrado; quizás, aquí radique su secreto. Han mirado por ellos mismos y ahora no son tan permeables a las opiniones y
fluctuaciones globales. Quizás, también sea otro de los secretos.

Estaremos de acuerdo en que China o India, y en especial el primero, no son ejemplo dedemocracia, esa política democrática que, al parecer, ni está ni se le espera.  Pero, en cuestión económica, según mi modesto modo de entender, a falta de un saber más profundo, constituyen un ejemplo de cómo llevar las riendas en materia de política económica. ¿ Nos vendrán a salvar los chinos, mal nos pese?. Quizás. ¿Los americanos?, lo dudo.

Somos nosotros mismos nuestros propios salvadores. Con decisión y firmeza, lo que ha faltado hasta ahora en la clase política catalana y española, se debe dar el puñetazo en la mesa para hacernos el hueco que tanto costó encontrar y que
ahora perdemos a marchas forzadas. Razones y recursos no nos faltan: somos una extraordinaria área de exportación de ricos productos; no nos falta industria (aunque la mayoría esté en manos de capitales extranjeros, aunque no debemos olvidar que el suelo es nuestro); tenemos un excelente sector turístico; cultura; arte; buenas comunicaciones; puertos; gente emprendedora, pese a todo…

¿Por qué no comenzamos por potenciar lo nuestro para evitar que, al final, lo nuestro sea lo de otros?. No hay varitas mágicas, se trata de una cuestión de fe.

Solo de ese modo, creo yo, podremos asomar la cabeza por el ventanuco al que han reducido (y lo hemos permitido) nuestra casa para plantar cara a los mercados financieros, al menos los más próximos, dominados, a la vista de los acontecimientos, por meros especuladores que rayan en la prevaricación, el fraude y la estafa.

Mientras nosotros derrochábamos, en China o la India, se bastaban con un bol de arroz… Y reitero, – porque sé que se alzaran voces por la mención china-: estoy absolutamente en desacuerdo, hasta el punto del odio, con su sistema político,criminal y dictatorial. Pero también debemos recordar a aquellos que siguen mirando a los Estados Unidos que, por poner algún ejemplo, existen estados donde rige la pena de muerte y donde la homosexualidad aún es considerada una enfermedad.

Conclusión: señores políticos, señoras políticas, es la hora de la gente que, aún anónima, en las páginas del libro de la vida deja su impronta de un carácter único, a veces genial; como decía mi amigo Groucho  “jamas aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio (con música, os lo digo)

 

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