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LA VERDAD TIENE TELARAÑAS EN LOS PIES

– ¿ Son tiempos difíciles para los soñadores ?

Formular esa pregunta al viejo de la imprenta era como darle lumbre a un pirómano, o papel y lápiz a un poeta borracho, o explicarle todos mis pecados al cura de mi pueblo. Aún así, la hice.

Tengo sueños, sí. No me avergüenza decirlo. Si un día el viejo se enterase de que no tengo sueños, a buen seguro me diría que nunca seré una hortaliza porque incluso las alcachofas tienen corazón. Y si hay corazón, hay sueños.

Recuerdo que un día le confesé apesadumbrado que estaba enamorado de alguien a quien no conocía, y además había fallecido.

– ¡ Idiota ! -me recriminó.

– Pero, si no la conozco. Nunca la conoceré – le respondí, con la misma cara de quien busca explicaciones a un imposible.

– ¡ Claro que la conoces ! Desde siempre, en tus sueños.- Seguí sin conocerla, pero desde entonces tuve el consuelo de mis sueños. Y en cuanto al hecho de que ya hubiera traspasado, nadie dijo que las relaciones son fáciles, me dijo.

– ¿ Son tiempos difíciles para los soñadores ? – insistí.

En ese momento, leyó las estrellas. Alguien, no sé quién, las puso ahí por algo, me dije. Posiblemente, el viejo sabía algo que yo desconocía acerca de las estrellas. Suspiró. Era su clásico suspiro preludio del cuento, y de la sentencia.

– ¡ Ay !, mi querido e ingenuo amigo.¿ Te he hablado alguna vez de Óscar ?

– ¿ Óscar ? ¿ Óscar, el cartero ?

– ¡ Quién sino !

Óscar era, es y será como Mario, el cartero de Skarméta. Un muchacho que se hizo hombre – aunque dicen que fue al revés- en un pueblo de pescadores peninsulares, donde el tiempo se mueve lentamente, tanto como en un gerundio. Como quiera que Óscar no podía dedicarse a lo que casi todos se dedicaban en el pueblo, pescar, por culpa de los mareos, decidió buscarse otro trabajo, para disgusto de sus padres, familiares, conocidos, amigos, y también enemigos. Y fue así como consiguió trabajo como cartero, repartiendo el correo en bicicleta aunque no sólo a un cliente, sino a todo el pueblo.

– En cierta ocasión, teniendo cinco años, si no recuerdo mal, Óscar aprovechó que sus padres dormían para salir a la carretera, la única que había en el pueblo, con su cochecito de pedales – relató el viejo.

Cabe decir que aquella carretera, tal y como yo la recuerdo, no atravesaba el pueblo sino que lo circunvalaba, de manera que se situaba a unos tres kilómetros de las primeras casas del pueblo, en un lugar que aún había de ser hollado por la modernidad.

– ¿ Y que fué de Óscar ? – pregunté con la misma cara de inquietud y curiosidad que pondría un niño -de los antes- cuando escucha por primera vez el cuento de aquella pobre niña que vendía fósforos y se encontraba sola y descalza la última noche del año, dura y fría, en medio de la ciudad cubierta de nieve. ¿ Qué fue de la niña ? ¿ Qué fue de Óscar ?

El viejo alivio mi angustia, en cuanto a Óscar. Respecto de la niña que vendía cerillas, las dudas ya me las resolvió el señor Andersen.

– La policía y los vecinos del pueblo lo encontraron de madrugada, sentado junto a la carretera.

Cabe decir que el pueblo sólo tenía un policía, que ejercía más como mediador que como agente de la ley, pues los habitantes del pueblo solían resolver sus disputas y rencillas entre ellos. A veces lo hacían a sangre, aunque no se recuerda ningún muerto por este motivo. Cabe decir también los padres de Óscar y los vecinos llegaron a dar por muerto al niño cartero. Algunos incluso especularon con la posibilidad de que hubiera sido devorado por algún lobo, o incluso el oso, el único que había por la zona y de quien nunca se conoció ataque alguno a un ser humano. En este lugar, incluso el oso era más humano que algunos que se decían humanos.

– ¿ Y qué hacía allí ?

– ¡ Mirando las estrellas !

No sé, porque no lo recuerdo muy bien, si aquel lugar en el que encontraron a Óscar era el mejor para ver las estrellas.

– Yo tampoco lo sé. Lo cierto es que Óscar había oído que aquel sitio sí que era el mejor para verlas, y soñar -, aclaró el viejo.

– ¡ Una historia preciosa, a pesar de todo !- exclamé. Fue la misma exclamación que manifesté cuando supe, gracias al señor Andersen, que la niña descalza y sola prendió, uno tras otro, los fósforos que nadie le había querido comprar en la maldita ciudad nevada. Y en aquel agradable calor imaginó hermosos lugares donde querría estar, hasta que vio caer una estrella, sinónimo de que un alma se elevaba al cielo, donde, según dicen, no hay hambre, ni frío, ni miedo. Y fue así como su abuelita, a la que tanto quería, vino a buscarla y juntas se fueron a los cielos.

– ¡ Pobres críos ! – grité inconscientemente, maravillado, tanto por Óscar, que seguía vivo, haciendo lo que más le gusta en el lugar que más le gusta, y por la niña de los fósforos que, por muy muerta que estuviese, estaba muy viva en ese lugar donde dicen que no hay hambre, frío ni miedo, junto a su abuela.

¿ Son tiempos difíciles para los soñadores ?, le pregunté para mis adentros. El viejo atendió mi pregunta, porque sabía que me la estaba haciendo. Siempre lo sabe.

– Los viejos sueños y los nuevos sueños eran buenos, serán buenos. No se realizaron, quizás no se realizarán, pero alégrate de tenerlos. Quizá el tiempo no ha cambiado nada, quizá no cambie nunca. Es posible que sigas refugiado en tu soledad, haciéndote preguntas idiotas sobre el mundo que se extiende ante tus ojos, y sobre la mujer que nunca conociste y nunca conocerás. En ese momento, acércate a la carretera a ver las estrellas y piensa en cuando eras niño, en que el tiempo nunca abaca de pasar, y piensa que has llegado sin darte cuenta, hasta aquí, ahora. ¿Son tiempos difíciles para soñar o de tu vida lo único que te queda cabe en una cajita oxidada ?

¡Gracias, querido viejo ! Yo, de mayor, quiero ser como tú, sin dejar de ser yo.

El Café Romantic tiene el placer de ofrecer nuevos y deliciosos versos de la magnífica poeta chilena Elen AranFouérè, acerca del tiempo, sus verdades y sueños.

Imagen con música: Letters to Juliet – You got me – Colbie Caillat 

·   

Hago a un lado
libros, esqueletos
pesan en la puerta,

una letra de aquel verso
ha quedado atrapada
en las rendijas del piso,

al antiguo almanaque
le volaron las hojas
tanta duda acumulada,

el presente me interroga
con sus ojos de serpiente
que incrusta en mi memoria,

me hago a un lado toda
vestida de azul sarcasmo
leyendo el vuelo de los pájaros.

 

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Gato Félix

Apoyado en la almohada, con la tele encendida, el niño pregunta a la madre cosas muy raras:

– ¿Mami, por qué hay estrellas? ¿Cómo puedo ver a Dios?

Y ella, madrísima, librepensadora, con la palma de la mano apoyada en su pecho, como queriendo taponar futuras heridas, le contestó:

– Mi niño, en la escuela te dirán que hay un Dios y te explicarán el porqué de las estrellas. Pero, cuando seas mayor, tu alma y tu corazón te irán diciendo si existe alguien ahí arriba y sabrás por qué y para qué nos han dado las estrellas.

Y el niño entró en duermevela soñando que las estrellas eran una de las grandes obras de Dios, de su dios.

No hay certezas cuando se habla de sueños. Algunos se logran, pero otros tantos chisporrotean y mueren. Cuando eso sucede es tentador preguntarse por qué uno ha soñado alguna vez en la vida. Y en el recuento de su vida, aquel niño supo que podía existir la magia sólo si había fe. Y murió colgado de una estrella, con los ojos cerrados y el corazón ensanchado, como el árbol, enraizado en un lugar y con las ramas abiertas al mundo.

De la fabulosa pluma de Guillermo Háskel (Buenos Aires, Argentina) un original poema que habla de uno de los héroes de su infancia, que lo sigue siendo, el Gato Félix, siempre adorable. Dice Guillermo que el Gato Félix ha sido y es el compañero de ruta que todos quisiéramos tener, sobre todo, en un viaje interestelar.

Este “poemita”, explica el poeta argentino, se escribió sobre el recuerdo de interminables siestas pueblerinas a las afueras de Buenos Aires, hace ya 50 años, cuando aquel niño – y otros- esperan con ansias las revistas mexicanas de Félix, la Pequeña Lulú, la Zorra y el Cuervo (que incluía a La Jauría y la Liebre, Tuco y Tico — las urracas parlanchinas — y al maravilloso Tito y su Burrrito, que siempre decía, “ji jau”), Superman, el Súper Ratón, Archie y algunas más.

En una de ellas, el Gato Félix sube hasta las estrellas haciendo equilibrio sobre su haz de luz. Luego se hace a sí mismo una pregunta mental, genera en el globito de diálogo un signo de interrogación, lo toma y con ese gancho va descolgándose entre ellas. si eso no es magia, ¿qué es?. En el poema, Háskel dejo claro su anhelo – que también es el mío- de poder poder hacer lo mismo que el héroe gatuno. (Con música, entre mis recuerdos)

¡Quién pudiera

Gato Félix

pasearse

igual que vos

por las estrellas

columpiándose

de signos

de preguntas

o funámbulo

sobre haces

de luces

de linternas!

 

 

 

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Tardanza de la olvidanza

Dicen que todo fin es un punto de partida, un papel en blanco donde podemos escribir lo que queramos, o una tela virgen donde pintar nuestros deseos. A vueltas con el asunto del amor, porque uno solamente posee aquello que no puede perder en un naufragio. Y es que, como dijo Lord Alfred Tennyson, “es mejor haber amado y haber perdido el amor que no haber amado nunca”.

Con unas pocas palabras, en pocos renglones que dicen mucho, un nuevo poema de Guillermo Háskel desde Buenos Aires. Con música, puen nunca debe faltarnos la música.

 

Mal de amores,

mal de amores,

en busca

de la olvidanza.

Bien de amores,

bien de amores,

que se tarda

en su tardanza.

 

 

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Camino Galicia

Detengo el tiempo, allá donde el silencio huele a leña mojada y las tardes suenan a esquilas y cantos de grillos. Tranquilidad en estado puro; cuentos de lobos y bandoleros; rostros, de distina belleza, anclados en la memoria. Un friso continuo de ventanas que se abren y se cierran y en el que aparecen paisajes y personajes, pallozas de paja, estructuras con chimeneas humeantes, techos de pizarra… La magia de un lugar y de un tiempo.

Un poema de Luis Blas Serena, desde Galicia http://luisblasserena.wordpress.com/. Con música de Luar na Lubre.

¡Oh! Galicia, bella tierra

¡oh! Galicia, terra das meigas

siendo tu Galicia

tierra de gente obrera

repartida proporcionalmente

tus aguas, montes y praderas

 

Siendo tu Galicia

tierra de gente buena

trabajadora y sencilla

llena de gran fortaleza

 

Siendo tu Galicia

creada para la belleza

pues nunca vi paisajes

con tan majestuosa alteza

 

Siendo tu Galicia

única entre las tierras

de empanadas, de potes

y de pulpos da feiras

 

Siendo tu Galicia

por tu encanto y tus fiestas

tan querida por todos

aquellos que te conocen

y ya, siempre te recuerdan;

lástima que siguen abandonadas

tus calles caminos y carreteras

pues el corazón se me parte

porque también faltan escuelas

 

Muchos otros caminos

abandonados se quedan

por ganar protagonismo

de intereses que bolsillos llenan

a hijos traidores, de tu bella tierra

que se llaman gobernantes

pero no luchan, codo con codo

ni te elevan a las estrellas

ni te cuidan, ni te miman

o te dan, lo que tu les diera

que eso, es ser autentico gallego

gallego de tu bella y linda tierra

 

Sentirte, que es compartirte,

esos bellos sentimientos

de tantos escritores y poetas

Rosalía, Castelao, o

Camilo José de Cela

en sus escritos te enaltecen

ellos y tu pueblo, te elevan

con el pensamiento y la pluma

te hacen traspasar, todas las fronteras.

 

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¿Verdá, madre?

Son las cosas que recuerdo, actas notariales de lo vivido, que he alojado en un lugar de la memoria a buen recaudo. Los viejos y pequeños libros con los poemas de Machado y Lorca, los dibujos a tinta china y los geométricos, algunas mandalas, fotos con los de la clase, la primera chica que me gustó, que no era mi novia, era mi amiga amiga. Y paisajes: caminos de lápiz marrón, bosques de difuminados verdes, el mar, siempre azul. Nunca había nubes grises y sí casitas con chimeneas y pájaros.

Un poema de Guillermo Háskel, Buenos Aires (Argentina). Siete palabras que lo dicen todoCon música y mucho gusto.

El mar

parece

el cielo

¿verdá

madre?

 

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“Fortirer in re, suaviter in modo”

Fortirer in re, suaviter in modo (fuerte en el fondo, suave en la forma). Hay situaciones que no merecen mayores explicaciones. Relato núm. 100 del Café Romantic. Una composición poética del Café Romantic (Goyo Martínez), a partir de una idea original de M. Carmen Escriña (Madrid) y un momento eterno de inspiración de Alma Ballesteros (Murcia).

 

Aunque la distancia nos separe, 

[ tú estás aquí ]

y puedo sentir tus caricias

Aunque te vayas lejos

[ sigues aquí ]

y puedo escuchar tus palabras

Aún en la distancia,

[ cierro los ojos y te veo  ] 

y tengo largas conversaciones

y veo que me sonríes

y te siento tanto.

 

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Poema oculto

Érase una vez una persona que poseía la fuerza y el amor a la vida de quien conoce la fragilidad humana. Sabía que en cualquier momento todo lo que se ama, toda normalidad que se da por supuesta (hablar, pensar, comer, beber, cantar…) podía desaparecer de forma imprevista, súbita, incluso cruel. Y planteadas así las cosas, se dijo que la película no acaba hasta que no sale la palabra fin.

Un relato (con música) de María del Carmen Escriñá (Madrid)

 

Como las gotas
que se escurren
de mis dedos,
como la niebla
que todo lo oculta,
están mis sentimientos.

 

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