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Archivo de la etiqueta: poesía

Dos por tres

Me dijo una vez el viejo de la imprenta que no hay certezas cuando se habla de sueños; algunos se logran, pero otros tantos chisporrotean y mueren. Cuando eso sucede es tentador preguntarse por qué uno ha soñado alguna vez en la vida.

De todas las historias en que la fe triunfa sobre el infortunio que han sido llevadas a la pantalla, no existe ninguna acerca de Job. ¿Quién iba a querer ver sufrir a alguien que le importa? Todo aquel al que le preocupe no malgastar los ocho euros que cuesta la entrada, tiraría las palomitas a la pantalla en cuanto le aparecieran las llagas, todo tiene un límite. La pregunta es, ¿hasta dónde hay que llegar para demostrar la fe?

Al leer el libro de Job uno se pregunta qué pasaría por su cabeza mientras veía como perdía todo lo que amaba. Me gusta pensar que recordaba cosas que un día habían sido banales: campos de trigo, la lluvia, unas sandalias, una escoba en una esquina, su rebaño en el campo, sus hijos sentados a la mesa; el amor; y que daba gracias por todo ello.

Desde Sudamérica, surgen nuevas voces, ricas, sensibles, que tienen muchas cosas que decir, muchas cosas que hacernos sentir, como las de Virginia Ospitaletche, que nos habla del amor, de su belleza, y también de su dolor, pues nunca nos debe falta el amor y la imaginación que todo lo superan.

Con música, River flows in you

DOS POR TRES

Te amo siempre,

aunque tengas viento en los hombros de vez en cuando,

y de vez en cuando sea siempre.

Hay tanto que en realidad todo es ínfimo.

Y cuando nos convertimos en ecuaciones difíciles,

cuando nos hacemos truenos y relámpagos y granizo,

una palabra muda, un mar desierto

– árido –

una pérdida abundante

y un eco insoportable

Cuando no somos más que una sirena que se lamenta allá lejos,

elfos ciegos,

un unicornio que carga en sus huellas

la magia y fantasía que carece,

cuando somos un barco encallado en una playa roja,

una bandera sin colores,

un trofeo hecho de cartones y sábanas blancas,

un recuerdo que golpea y golpea sin piedad

las puertas que cerramos hace un tiempo

mientras nos reprochábamos las medias que desaparecieron

en algún cajón del ropero inmenso,

-pero que no basta-

cuando somos una sonrisa impúdica y falsa y decadente

un ángel que perdió las alas, que enojado

camina descalzo en el suelo de barro y

se tropieza, pero no cae aunque le duelan

los pies y las rodillas le infarten,

bajo un manto de aguas imponentes

él sabe que para volar no se requieren alas,

así como yo sé que para amarte así

no se necesitan paraguas, estrellas alineadas ni escobas nuevas.

 

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Un beso en la mejilla

Me enamoro de los momentos y los transporto a través del tiempo para darle sentido a la vida. Mis sueños de juventud siguen siendo tan poderosos, que ni siquiera cumplirlos puede superar lo que me hacían sentir. Antes, anotaba todo lo que me pasaba, veía, sentía… y lo sigo haciendo, ¡amor!. Y los recuerdos, como las palabras, son acicate para el alma y pomada para los dolores.

Una bella poesía de la escritora María del Pino, desde Córdoba, porque bastaba un beso en la mejilla. Con música, por supuesto.

La luna nos iluminó aquella noche en la orilla

y, mientras rozaba con mis palmas la arena,

me regalaste un tierno beso en la mejilla,

haciendo que del mundo me sintiese ajena.

 

Y, es que, sin quererlo, ni beberlo,

sin pensarlo, o tan siquiera hablarlo,

tus ojos escrutaron mi cuerpo con delicadeza,

hasta hacer que, por ti, perdiera la cabeza.

 
 

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15.000 kilómetros, ¡amor!.

El viejo de la imprenta, el que siempre me habla, posee la fuerza y el amor a la vida de quien conoce la fragilidad humana y sabe que, en cualquier momento, todo lo que se ama y toda normalidad (hablar, pensar, comer, beber, cantar, amar, incluso berrear…) que se da por supuesta, puede desaparecer de forma imprevista, súbita, cruel.

-¿En qué piensas? -me pregunta el viejo de la imprenta.

-Le escribiré una carta.

-¿Y qué le dirás?

-Le diré todo lo que no le dije.

-¿Y cuáles son las cosas que nunca le dijiste?

-Estas son las cosas que nunca le dije: siempre te quise. Mi amor sigue vivo aún cuando te has ido. No te diría nunca adiós.

Este relato, en forma de poema libre, es un canto a la vida y al amor compuesto con retales de los pensamientos, momentos, emociones y sensaciones de La Dama Se Esconde Ruiz Mora (Murcia), Andrés Ruiz Fernández (Córdoba), Maite Arbonés (Lleida), Elizabeth Vargas (San Juan de Puerto Rico) -autora del fragmento ¿A qué llamas amor?-, Jordi Planes (Vilassar de Mar), Mila Miguélez (A Coruña) y María del Pino (Córdoba) -autora del fragmento del poema un beso en la mejilla, y es que sin quererlo…-. A todos ellos y ellas gracias por escribir, crear y compartir por y para nosotros y nosotras, pues sin ellos y ellas moriríamos un poco más. Y gracias a ellos y a ellas, el amor vuelve a correr por mis venas.

El título responde a la suma de distancias que existe entre Mollet del Vallès (Barcelona), Vilassar de Mar (Barcelona), Lleida, Murcia, Córdoba, A Coruña y San Juan de Puerto Rico, en un viaje de ida y vuelta, envolvente.

Hoy, con la música del Love Theme from Romeo and Juliet, extraordinariamente versionado por André Rieu.

 

Canto una canción sin llamar, sin llorar, sin saber;

una plaza gris, una nube, no sé.

Para el amor más olvidado cantaré.

Hoy siento profundamente que el amor de mi corazón vive y late dentro de tu corazón,

hoy siendo profundamente que la luz de tu alma vive y brilla dentro de mi alma. 

Quiero vivir con el corazón,

quiero vivir el ahora,

quiero poder sentir

y saber discernir lo que me hace feliz.

¡Mágica vida!

Insignificante me siento ante lo grandioso del amor,

ante la mágica atmósfera que lo recubre,

que me hace entregarle hasta los suspiros,

los anhelos de mi corazón incandescente.

Y, es que, sin quererlo, ni beberlo,

sin pensarlo, o tan siquiera hablarlo,

tus ojos escrutaron mi cuerpo con delicadeza,

hasta hacer que, por ti, perdiera la cabeza.

¿A qué llamas amor?.

A un intento fugaz desesperado de pura pasión. A una promesa que te lleva a soñar.

A una noche frente al mar bañados por el reflejo de la luna.

A la entrega del alma, cuerpo y corazón sin condiciones.

A un romance con alguien extraño que tal vez no se vuelva a cruzar en tu camino.

A las mariposas que revolotean en tu estómago,

con cada palabra que escuchas, cada caricia, abrazo y cada beso que recibes.

A un poema que encierra las emociones más profundas.

Y, por fin, colgaré mis sandalias a la puerta,

la puerta de la vida.

Y llamaré,

y me abrirá el futuro vestido de sonrisa. 

 

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Espiral de latidos

Como un poeta, soy un viajero, un trashumante hacedor de palabras, que lo mismo construyo un paisaje que distintas rutas hacia una búsqueda interior. Miro al mundo,  desde las ciudades del altiplano o las montañas. Evoco el recuerdo y convoco al mar, al amor, a los amigos y a todos los mundos posibles. Rose Kennedy dijo una vez, “los pájaros cantan tras la tormenta, ¿por qué no va a poder la gente deleitarse con la poca luz que les quede?.
Alma Ballesteros, Murcia, se ha situado en la línea curva que genera el mundo y que hace que la vida se aleje progresivamente del centro de las cosas para que gire alrededor de él, hasta alcanzar el vértice del tiempo. Sencillamente, precioso. Y con música.
Una espiral de latidos,
de esperanzas,
de suspiros.
Una espiral de ensueños,
sin fe,
desatando la duda en un minuto.
Una espiral de arena,
de olas de margaritas,
un sí y no de horas,
un no y un sí de años,
un te quiero abrazado al látigo…
de amoríos.
Una espiral sin línea de fuga,
sin paisaje,
sin la perspectiva nueva en un corazón mínimo,
un despertarse siempre con el hilo del pasado…
cosido al índice de un mañana.
Una espiral de trabajo que no llega,
un cerrar los ojos y al abrirlos…
siempre en el mimo punto de partida.
“Reflexiones a lo alto del alma”, ALMA.
 

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En la estación (te espero)

El tren de las 8:35 ha llegado a su hora. Nunca llega a su hora. Quizás iba Dios en él. Esperaré. Qué importa, llevo media vida esperando. Dicen que las cosas buenas les pasa a los que esperan. La cuestión es ¿cuánto hay que esperar?. Espero que alguien me diga cosas que necesito escuchar. ¡Dios, ¿estás ahí?. ¿Merece la pena esperar?. ¿Qué derecho tenemos a esperar algo de los demás?.
Una poesía, con música, de Antonio Moya Garrido, de Murcia, sobre la espera, sobre saber esperar, sobre si debemos esperar.
Llegas sin esperanzas, con los trenes,
porque tal vez ignores en qué momento… ocurrirá la huida.
Traerás algo de hiel bajo tu pecho,
algo de almendra amarga en tu jornada.
Yo no te lo reprocho.
Vine pronto a esperarte a esta estación repleta de vaivenes
y sé que te han llovido dolores y ciudades para ser precavida.
Yo no te lo reprocho. Te espero.
Vine pronto a esperarte…
Todo se mezcla, todo:
viajeros, equipajes, vagones, golondrinas,
cafés, mozos, diarios, rostros, megafonía…, todo, todo se mezcla.
Yo no te lo reprocho. Te espero. Vine pronto a esperarte.
Tal vez me veas distinto cuando bajes y pises las flores amarillas;
he sido fatigado por tristezas,
por abismos que al alma se ceñían,
por ruiseñores que apagaron su canto.
Tal vez me veas distinto
porque dejé escapar las primaveras,
y voy con la tez pálida por falta de caricias.
Pero es mayo.
Yo no te lo reprocho. Te espero. Vine pronto a esperarte. En la estación, espero.
Estoy. Vine a esperarte.
Y en los largos cigarros de la espera
quisiera que llegases más ligera
sin ser cuestión de horarios ni de brújulas;
quisiera que arribases más liviana,
más sola de prejuicios, olvidándolo todo:
todo lo que se impuso a tu mirada,
todo lo que ignoraste en los laureles…
Y así, cuando me encuentres,
cuando dejes hermético el vagón
y sientan tu pisada los difuntos,
quiero que juegues a participarnos,
a cambiarnos palabras y apetitos,
a anochecernos bajo el sol de mayo.
Piénsame aquí: te espero.
Solo, con lo que llevo: te espero. Solo, con lo que traigo.
Yo no te lo reprocho. Te espero. Vine pronto a esperarte. En la estación, espero. Sol de mayo.
 

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Juego de amor

Hay situaciones, momentos, palabras… que no merecen mayores explicaciones. Y es que, como decía Unamuno, “hay lágrimas que refrescan y desahogan y lágrimas que encienden y sofocan más”.

Un relato sobre ese bello, aunque tortuoso, camino que todos emprendemos para encontrar el amor de la profa. Elizabeth Vargas, San Juan de Puerto Rico, escrito en la soledad de la madrugada, donde afloran los mejores sentimientos, las mejores palabras. Con música, por swpuesto.  Escena de Nmpqtbpqtb.

sube y baja

 

(Versión original)

Sube y baja, sube y baja… No podía parar de mecerse  y entre carcajadas era evidente su felicidad. Era un capuyo  que empezaba a crecer. A distancia se escuchaba la risa, era pícara y tierna a la vez.

Y seguía en el sube y baja. Sí, la niña jugaba. La inocencia era su dueña cuando le robaste ese primer beso y te amó. Poco a poco te entregó su corazón, el alma, sus sueños y su ser. Contigo vivió los momentos más hermosos y también instantes muy dolorosos.

Hoy la vida los lleva por senderos de incertidumbre, no hay un rumbo definido. Los océanos se imponen cual barrera entre los dos. A pesar de la distancia, el recuerdo sigue latente, fue tuya y se entregó a ti con gran pasión. Junto a ti creció, aprendió lo que es el amor y lo que es el perdón. Hoy no sabe si estás, si te fuiste y tampoco puede percibir si volverás.

El parque está solo, la niña vuelve a mecerse en el sube y baja.  No ve otra alternativa. Sigue jugando, pero las lágrimas aún corren por su rostro y se escucha un sollozo. En su interior no quisiera abandonar esa ilusión que la llevó al cielo y luego al infierno, pues le costó su inocencia. No hay respuesta y la niña desconoce si tiene tu querer o si todo fue un juego de amor.

 

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Sólo una mujer deseada (más bello que el silencio)

Permitidme que os explique una historia: un día me detuve ante el aparador de una floristería que inauguraron en 1940 porque, según decían los que presenciaron el evento, el mundo necesitaba más belleza y amor que nunca. La abrió una señora llegada de Gales una década antes, atraída por una ciudad romántica y canalla, convulsa y pasional. Miss Thomas-Jones, se llamaba. Decían de ella que era afable y preciosa, aún en su madurez, optimista, combativa y circunspecta. Era hija, nieta, bisnieta y tataranieta de una saga de marineros, pintores, escritores, poetas, matemáticos y gramáticos de un curioso pueblo de la Isla de Anglesey llamado Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch, Llanfair PG, en su forma abreviada y que significa algo así como el pueblo de la iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco, cerca de un torbellino rápido, y la iglesia de San Tisilo, cerca de la gruta roja.

Ahora el mundo también más belleza y amor. ¡Menos bancos y más floristerías! Y cafés, que son el parlamento del pueblo. Y hogares para pobres y prostitutas. De la puerta de la floristería cuelga ahora un lapidario aviso que marchita la vista y el pensamiento: “señores ladrones, no entren a robar. No hay dinero y sí muchas facturas por pagar”. No quiero ahorrar palabras de amor, aunque no se comprendan.

Un relato de amor (con música) de Maite García Córdoba, de Valencia. Porque lo que nos dice es más bello que el silencio, y merece la pena decirse.

 

Y mi corazon siente el más amado beso de tus labios,

anhelando permanecer eternamente ahí…

tan tuya, tan amada, tan esperada, tan deseada…

Donde mi alma se funde cuán dulce manjar en tu sed de amor..

en tu cuerpo, en tus caricias, en tus suspiros, en tu piel,

En cada latido de tu corazón, en cada beso de amor…

 

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