RSS

Archivo de la etiqueta: política

EL LEGADO

Ayer durante la cena me hablaba el viejo de la imprenta de la existencia de un Reloj del Apocalipsis o Reloj del Juicio Final. Por lo visto, tras la II Guerra Mundial, y asustados por el alarmante auge del armamento nuclear, la junta directiva del Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago – siempre la Universidad de Chicago-, creó este reloj simbólico para representar el riesgo permanente de desaparición de la raza humana.

El viejo me contó que, según estos científicos, los humanos estamos siempre a minutos de la media noche, hora que utilizan para representar el apocalipsis. En 1947, año de nacimiento del reloj, colocaron sus manecillas en las 23:53 horas, es decir a siete minutos para el final.

Sin embargo, calculé mentalmente y caí en la cuenta de algo que me pareció injusto: mientras en Chicago, el fin llegaría a las 23:53 h. del 19 de agosto, aquí lo haría a las 06:53h., en Tokio, a las 13:53h. y en la Polinesia francesa ya sería incluso 21 de agosto.

No calculé la hora en Londres. Primero, porque no me importaba demasiado, aunque esa no es una razón de peso. Y, segundo, porque los británicos siempre van a la suya en cuestión de horarios, sentidos, direcciones…, lo cual detesto. Y aún detestó más su arrogancia de que son ellos los que poseen la verdad de lo correcto y nosotros, los equivocados.

En definitiva, el fin alcanzaría a unos cenando, a otros despertándonos, a otros comiendo y a los de más allá, poniéndose el pijama porque alguien, caprichoso, quiso que el ser humano nunca vaya a la misma hora.

El viejo, que a medida que pasan los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses y los años ganan en curiosidad – quizás sea por eso que se mantiene viejo-, me explicó que, en cada número del Boletín de la dichosa Universidad de Chicago, y en función de los acontecimientos, las manecillas se actualizan, pudiendo atrasarse o avanzar hacia el fatídico final, como si el hombre tuviese una suerte de poder universal para decidir sobre su destino. ¡ Ilusos !, pensé. El viejo me dio la razón.

En un primer momento, el movimiento del reloj dependía del riesgo nuclear, pero con el tiempo se empezaron a tener en cuenta otras circunstancias como los avances tecnológicos, el cambio climático, los movimientos geopolíticos, etc.

– Dicen – detalló mi querido viejo- que el momento en el que hemos estado más cerca del Juicio Final fue en 1953, cuando EEUU y la Unión Soviética empezaron a realizar pruebas con su armamento nuclear. Nos quedamos a 2 minutos. Por el contrario, la vez que más lejos hemos estado fue precisamente cuando esas mismas potencias, en 1991, firmaron los tratados de desarme que daban por finalizada la Guerra Fría. Estuvimos a 17 minutos.

– Y, ¿ cuándo se actualizó por última vez ?

– El 11 de enero de 2012, que nos dejó a 5 minutos del fin de la Humanidad.

Entonces, ambos reflexionamos en voz alta: si los científicos atómicos de la Universidad de Chicago hubieran leído los periódicos de los últimos días, semanas, meses… hubieran tenido que sacar números especiales de su Boletín cada día, adelantando y retrasando varios minutos las agujas reloj acercándolo al fatídico momento.

Ayer, sin ir más lejos, porque si lo hacíamos el reloj podría volverse loco, conocíamos que Egipto, por enésima vez, está al borde de la guerra civil – si es que no lo está ya, al menos en la hora de la Polinesia francesa-; que nos acechan los “lobos solitarios”, los yihadistas que combatieron en Siria y que han regresado sin otra ambición que matar porque si no, son como chimeneas en verano; que un soldado americano se puede pasar la vida en prisión por revelar secretos – un nuevo ejemplo de la estúpida democracia estadounidense-; que el nieto del Rey de España, Pablo -no citamos aquí su apellido porque la criatura no tiene la culpa de tener el padre que tiene- aún está enfadado porque su primo, el indomable Froilán – ¡ vaya familia !- le intentó ensartar con un pincho moruno, y que, trescientos años después, España y Gran Bretaña aún andan a la greña por un peñasco – con nuestras disculpas y respetos a los gribaltareños-.

Y, por si fuera poco, políticos, obispos y arzobispos no dejan de hablar de la vida de los demás, de cómo deben llevarla, de cómo deben vivirla, como si la suya fuera la única vida posible.

No queremos ser pájaros de mal agüero ni tampoco pretendemos dar la razón a los mayas, pero anoche nos pareció oír los cuartos – toc, toc, toc, toc…- que anuncian un nuevo fin. Sin embargo, hicimos una llamada a los científicos de la Universidad de Chicago, a eso de las 23:53h, para comunicarles que Alemania ha creado un “tercer sexo”, que han descubierto un astro extrasolar del tamaño de la tierra y cuyo año solo dura ocho horas y media, y que el Gobierno de España – ¡ canallas !- se gastará más de 214.000 euros para restaurar la fachada del Valle de los Caídos -sus caídos-, según un contrato que adjudicó el pasado 18 de julio, día del Alzamiento de los bastardos franquistas… Con noticias como éstas, era necesario retocar la hora del reloj, les dijimos a los científicos estadounidenses.

El Café Romantic presenta un breve relato de Luisjo Goméz, de Barcelona, extraído de su libro “El legado del Valle”, escrito a cuatro manos con Jordi Badía. La obra relata las investigaciones de Arnau Miró en torno a la muerte del único familiar vivo que le quedaba, su tía María. La mujer ha muerto en extrañas circunstancias en su casa de la Vall de Boí (Lleida) donde guardaba un objeto que podría cambiar la historia de Occidente para siempre. Las ansias por destruir este misterioso objeto, han provocado centenares de muertes a lo largo del último milenio, siempre con la pretensión de conseguir que la humanidad no llegue a conocer nunca lo que ellos llaman “Legado”.

Imagen con música: U2 – With Or Without You

“Me senté sobre los restos de muralla que, callada, parecía evocar grandiosas epopeyas. Por vez primera sentí cómo entre las juntas de sus piedras rebosaban aún sangre y leyenda: el eco de una lejana historia olvidada en el tiempo que llamaba con insistencia mi atención, para regresar de un silencio secular… Tanta sangre, tanta sangre…Demasiada religión en el mundo para que los hombre se maten entre sí; no la suficiente para que se amen…”

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

LA MALDITA LÍNEA (dos que antes fue uno)

– ¿ Dónde estamos? – le pregunté al viejo de la imprenta luego de una larga caminata por el puerto de mi paciencia. A veces navego a la deriva por ese puerto pero, por fortuna, el límite de mi paciencia está lejano y no lo he alcanzado nunca, ni espero hacerlo. Dicen que la paciencia es una virtud, que las cosas buenas les pasan a los que esperan. Por supuesto, también dicen que aquel que duda está perdido. Llegados a aquel punto, yo esperaba del viejo una buena historia que narrar. Y, por supuesto, poniendo a prueba una vez más mi paciencia, no me defraudó.

El viejo me había conducido hasta un pueblo que el destino quiso situar en la frontera entre dos regiones, dos naciones, dos maneras de ver la vida, dos maneras de pensar, dos maneras de sonreír, dos maneras de llorar, dos maneras de hablar… incluso dos maneras de cocina y dos maneras de enterrar a sus muertos.

– ¡ He aquí el porqué de las cosas ! – dijo sobre aquella incomprensible dualidad, al tiempo que señalaba con el dedo una línea de pintura blanca que ni siquiera el paso del tiempo había conseguido borrar.

Nos sentamos en lo alto de una elevación natural del terreno. A mí no me pareció más que una cima, pero para los de la parte derecha del pueblo era una colina y para los de la izquierda -según la división mental que tracé-, era una montaña. En todo caso, y lejos de las disputas vecinales, se divisaba el pueblo, o los pueblos (para no herir susceptibilidades).

– ¿ Qué debió ocurrir en aquel lugar?, que un día fue un pueblo y, ahora, eran dos – me pregunté, naturalmente con cara de interrogante que el viejo advirtió. Si no hubiera puesto esa cara, a buen seguro, mi querido viejo me hubiese tachado de tonto por no hacerlo. Pero he aprendido a preguntar, aún pareciendo un tonto unos minutos, que no preguntar y ser tonto por siempre.

Su historia no se hizo esperar, colmando mi impaciencia.

– Dicen que un día, hace mucho tiempo, tanto que sólo los más viejos del lugar lo recuerdan, llegó al pueblo un hombre de traje gris y encorbatado sin más equipaje que una maleta y un par de mudas. Dicho hombre, de cuyo nombre no se acuerdan, ni tampoco quieren acordarse, acudió al hostal del pueblo cuando era un sólo pueblo, pidió una habitación cuando el hostal era un sólo hostal, comió un plato cuando sólo se servía un plato y, sin hablar con nadie, se dirigió a un extremo del pueblo, seguido entre cuchicheos por todo el asombrado pueblo, cuando era un sólo pueblo y su asombro era único.

¿Quién era el hombre del traje gris y corbata?, se preguntaron los lugareños, cuando el lugar era sólo uno. Y, ¿ por qué había ido allí?, cuando allí aún era un tranquilo y pacífico singular…(Cabe detallar que aquellos lugareños apenas sí habían visto hasta entonces una corbata, prenda que asociaban con un lugar llamado ciudad donde, según tenían entendido, se dedicaban a la política y otras pamplinas similares)

Sin abrir la boca, la única que tenía, el hombre del traje gris y encorbatado se encontró con dos hombres con aspecto de trabajadores de un organismo al que llamaban ministerio y que iban dotados de una máquina de pintura, como aquellas que se emplean para marcar las líneas horizontales de las carreteras.

El hombre del traje gris y corbata, en nombre de las órdenes que había recibido de aquel lugar llamado ciudad, hizo unas comprobaciones métricas, analizó un plano, oteó el horizonte y ordenó a los dos operarios que iniciasen la marca de la línea…

Se pasaron toda la tarde trazando esa línea. Al final del día, aún en crepúsculo, observaron satisfechos el trabajo realizado. La línea había partido en el pueblo en dos. Era visible. Siempre lo sería. Partidos quedaron el ayuntamiento, la escuela, la iglesia, el cementerio, la calle mayor, el parque central, el campo de fútbol, la balsa que luego fue piscina, la pista de la petanca y hasta el banco de toda la vida donde dos simpáticos y corrosivos viejos, como aquellos de nuestros añorados Teleñecos, siempre se sentaban para mofarse de ellos mismos y de todos los demás…

– Y, ahora, mi querido y joven amigo, deberías preguntarme qué ocurrió a partir de entonces, – formuló el viejo mientras yo, para mis adentros, imaginaba ya el rocambolesco escenario que aquella (in)significante línea de pintura blanca había dibujado. ¿ Qué ocurrió, querido viejo?, pregunté, para su satisfacción, y también la mía.

– ¡ Pues que ya nada fue igual en el pueblo que antes fue un sólo pueblo… !, – anunció con voz pausada, cada vez más apagada, como si también a él le hubieran partido en dos.

El descontento, como el desconcierto, adensaron. Algunos querían cruzar la línea, a la que muchos llamaron abismo y unos cuantos, el llano.

Algunos – prosiguió el viejo- quisieron cruzar esa línea a la que muchos llamaron abismo y unos cuantos, el llano. Pero, ¿ por qué querrían cruzar esa línea?, nos preguntamos el viejo y yo con la mirada, en un mundo donde casi nada sucedía por casualidades angelicales.

El entusiasmo una vez se trazó la línea no dio paso a una reflexión crítica sobre la peligrosa, por absurda, situación en la que se adentraban. “Démosle un voto de confianza”, se decían con rostros entre la esperanza y la palidez. “Sólo quiero llevar mi vida y ser feliz con mi familia”, respondían los que no quisieron traspasar nunca la línea y les importaba un carajo si estaba o no allí.

En la plaza que un día, en época de los tatarabuelos fue la de la iglesia y en época de los bisabuelos la mayor, unos se encontraban porque se citaban y otros no se citaban porque ya se encontraban. Era, popularmente, la plaza de la Liberación porque un día los jóvenes de ambos lados de la línea, en un acuerdo sin precedentes y, posiblemente, sin consiguientes, leyeron en Internet que todos los pueblos debían tener su plaza de la liberación. No obstante, para unos era la plaza de la Independencia, aunque en el callejero figuraba como la plaça del sis d’octubre. Para los otros, era la plaza de la Autonomía. Allí, todos mantenían acaloradas discusiones sobre el modelo de estado a construir; mejor dicho, a reconstruir. Era su forma de matar las horas ya muertas, pocas, pues necesitaban todas las horas de la jornada para ganarse el pan. Eran sólo destellos de filosofía política, barata, pero filosofía al fin y al cabo; política, al fin y al cabo. Los recelos eran inevitables. Las religiones, por fortuna, las llevaban en el corazón. Los de este lado de la línea se quejaban con la garganta. Los del otro lado, con el diafragma. Había quien, en el desespero, pataleaba de forma cómica para vencer el estrés de la situación. « ¿Y ahora a quién le suplicó?», se quejaba el párroco.

“,Y aún, hoy en día, es difícil entrever quién tiene el poder en sus manos”, le dijo un viejo al otro, sentados en el mismo banco de siempre, que ahora eran dos.

– ¿Recuerdas?… Vivimos en una esfera de extremos y rarezas. De hecho, ni siquiera es realmente una esfera, sino un planeta salvaje, jaspeado de volcanes activos, sacudido por terremotos mortales e inundado por diluvios desastrosos. Pero, ¿sabes cuál de estas catástrofes ha sido la más devastadora?… la línea.

Y hasta la Fiesta Mayor quedó partida en dos.

Este relato nace de la mente de algunos clientes del Café en un día en que nos pusimos a imaginar como sería la vida de un pueblo que el azar ha situado justo en la línea fronteriza entre dos países, dos naciones, dos gobiernos… en disputa. Con el deseo de cada uno, desde su libertad, pertenezca al pueblo que le vio nacer, crecer o al que desee pertenecer sin líneas que limiten su lengua, sus hábitos, sus costumbres, sus creencias…En el Café Romantic soñamos con  lugares sin fronteras donde dar largos paseos acompañados por el rumor de las olas y la brisa marina, como en una playa infinita. Lugares donde durante esos largos paseos sea posible vivir algún espejismo en sus llanuras de arena, sin líneas. Lugares perfectos donde pasear, olvidarse del mundo, soñar y conocer gentes sin que importe si son blancas, negras, judías o musulmanas. Nos basta con saber que son seres humanos. Imagen con música, ” I Have a Dream”.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Geometría no euclidiana en Bilbao

Decidimos no planear con antelación nuestra visita, aún a riesgo de la frustración, y no compramos las entradas “on line” para evitar colas. ¿ Qué fue del arte de hacer cola para entrar en el cine, en el estadio, acaso en un museo? Somos del mismo parecer: la vida es aburguesamiento en forma de molicie, que afecta al pensamiento, la charla pausada, la paciencia y el movimiento hasta el punto de aniquilar ese deseo irrefrenable de descubrir cosas, la pasión.

Partimos deliberadamente en coche desde Vitoria. Esta vez el paisaje variaría respecto de nuestra llegada al norte. Ya no eran absolutamente verdes los colores predominantes. En una suerte pictórica de la mano de Dios, se mezclaban con ocres y marrones de vestidas montañas, camino del “umbral vasco” donde los Pirineos descienden para formar sin riña otra cordillera, la cantábrica, en la que las planicies están algo inclinadas. Bajábamos cuando subíamos, y viceversa, como caminar cuesta abajo por la cuesta de la vida

Esta vez el paisaje variará, ya no serán totalmente verdes los colores predominantes, estos se mezclarán con ocres y marrones de las montañas, piensa que estás viajando hacia el llamado umbral vasco, adonde los Pirineos descienden a formar la Cordillera Cantábrica, por lo cual las “planicies estarán algo inclinadas” pero siempre cubiertas por sembrados.

Apenas hablábamos. Apenas sí unas exclamaciones e interjecciones de asombro. Mirábamos el horizonte y todo lo que nos envolvía sin que nuestros ojos viesen. El corazón parecía sentir sin palpitar. ¡Suspiros cortos!, momentos que sugerían una conciencia de eternidad en cada cuesta. La fantasía había derramado su fuego espiritual sobre la naturaleza exterior agrandando las cosas pequeñas, aquellas a las que apenas prestamos importancia y que hacen de nosotros seres, sino imprescindibles, sí importantes.

De repente, entre dos cadenas montañosas que parecen pugnar por el título de reina protectora del lugar se mostró la ciudad que fundó “El Intruso”, otrora comercial, mercantil, industrial, ahora reinventada.

Frente a nosotros, allí donde la ría deja de ser río, se alzaba caprichoso y singular un edificio que se manifiestar como un barco que rinde homenaje a la ciudad portuaria que siempre y que siempre será. Sus paneles brillantes de titanio sugerían escamas de pez, recordándonos, tal vez, influencias de formas orgánicas inertes pero vivas, armónicas pero disonantes, desordenadamente ordenadas, desorganizadamente estructuradas y ordenadas, como la vida misma.

Nuestras inquietas cabezas jugaron a las imágenes mentales: fragmentación no lineal en una suerte de manipulación de ideas aparentemente estructuradas cuyos postulados y propiedades difieren en algunos puntos de aquellos que Euclides estableció en sus Elementos. Formas no rectilíneas que distorsionaban y dislocaban algunos de los principios elementales de la arquitectura de la arquitectura y de la vida, como di nos quisiera decir que en el mundo en el que vivimos está gobernado por algún ente, alguna ley trascendental, como la mano de Dios, que gobierna el destino de los hombres y las decisiones que creemos tomar libremente tan solo son hechos predestinados.

Dicen, sin embargo que, a vista de pájaro, aquel caos controlado de titanio y piedra caliza, en que cubiertas y fachadas juegan amistosamente entre sí, posee la forma de una flor. Tal vez, nos dijimos, el arquitecto de las tendencias orgánicas nos quiso decir con ello que no hay más que una vida; acaso no hay Dios, ni reglas, ni juicios más que los que nosotros aceptemos y creemos para nosotros mismos, y cuando se acaba, se acaba, y dormimos por toda la eternidad.

Nos movimos de un lado para otro buscando ángulos, perspectivas quizás imposibles; acaso tretas de lo que estábamos viendo no existía pero lo veíamos, y  descubrimos, pues de ello se trataba cuando partimos de Vitoria, que el edificio domina las vistas de la zona donde debe dominarlas pero desde el río se reivindica modesto, como nosotros, como las gentes, inmortalmente mortales. Fuimos felices mientras estuvimos allí.

Era jueves, laborable, pero había cola para entrar al singular y caprichoso edificio. No importaba. Un eterno momento pausado para hablar de todo y de nada nos acompañó en el tránsito administrativo de una ensoñación a otra. Le preguntamos a un guía qué podíamos ver. Sonrío. Tenía el aspecto de un joven delideradamente envejecido para la ocasión y nos respondió, filosofando, muy propio en el controlado caos del escenario:

– Suele decirse que la gente ve lo que quiere ver. Hay personas que pueden dar un paso atrás y descubrir que les faltaba ver las cosas con más perspectiva. Otras personas se dan cuenta de que la vida les está pasando factura. Otras pueden ver lo que estaba ahí desde el principio… Y luego estan esas personas, aquellas que huyen lo más lejos posible para no tener que verse a sí mismos.

En cuanto a nosotros, puedo decir que lo vimos todo más claro.

Empujados, casi arrastrados, por insospechadas manos, quizás las de aquel insólito guía, acabamos en la sala de la exposición “El arte en guerra”, donde artistas como Picasso  o Dubuffet y los surrealistsa de la época nos ilustraban sobre la crudeza de un tiempo no tan lejano y de las miserias de la humanidad.

Nos hablaban de un tiempo en que, atrincherados en su estudio, creaban para resistir, indicándonos nuestra parte más oscura, nuestras miserias. Eran voces que hablaban cuando ellos no tenían libertad para hacerlo. Emociones largo tiempo prisioneras y ahora liberadas.

Vimos tras un “dictador” a un ser acomplejado, reprimido, inseguro y desequilibrado y frente a él, aquellos que hicieron del arte un arma de guerra contra el enemigo; encerrados en su estudio, en un sótano, también en un campo de concentración, su obra dio sentido a sus vidas, y a las nuestras.

El alsaciano Joseph Steib tomó vida en su óleo. Nos habló de que, por buenas que sean las ideas, por acertadas que sean las intenciones, si los actos conllevan agresividad, rigidez y estrechez de miras, el resultado será siempre catastrófico.

Al salir de la ensoñación, aquel guía jovemente envejecido nos despidió con una sonrisa, la misma sonrisa del artista liberado, agridulce, mezcla de optimismo y melancolía:

“caballeros la responsabilidad es suya. La libertad no puede ser concebida sino conquistada”.

Un cuento de Jordi Planes y Goyo Martínez a propósito de un viaje que el excelente coach y escritor de Vilassar de Mar llevó a cabo al País Vasco para presentar sus últimos libros y durante el cual tuvo la feliz idea de visitar el Museo Guggenheim de Bilbao, donde se expone “El arte en guerra. Francia, 1938-1947, de Picasso a Dubuffet”, una muestra que reúne más de 500 obras de un centenar de artistas, incluyendo documentos, fotografías y películas inéditas, que evidencian la forma en la que estos creadores resistieron y reaccionaron, “haciendo la guerra a la guerra” con formas y materiales casuales impuestos por la penuria, incluso en los lugares más hostiles a toda expresión de libertad. Y para la ocasión, una excelente composición musical de la banda sonora de La Lista de Schindler.

El conquistador

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

¡ SOY MUJER !

Seguiamos en los bosques, viviendo sin prisas, intensamente, sorbiendo todo su jugo a la vida. El viejo de la imprenta evocó a una mujer. Que yo sepa conoció a un millar de mujeres y amó a una y, por eso mismo, – decía-, sabía más de mujeres que el que ha conocido a mil.

– Dime, querido viejo, ¿qué es la mujer?

Con arte declamatorio y gesto rebelado, defendió su teoría:

– La humanidad posee dos alas: una es la mujer, la otra el hombre. Hasta que las dos alas no estén igualmente desarrolladas, la humanidad no podrá volar.

Acto seguido, se encogió y se encerró en sí mismo; no quería volar. Yo me senté a su lado, a esperar el desarrollo del ala.

Ha habido grandes hombres en la historia que han emocionado, pero también  mujeres, como María Zambrano, Chavela Vargas, Nina Simone… y otras muchas que han tenido el valor de decir ‘estoy emocionada y voy a contarlo, aunque sea mujer. No va a pararme nadie’. Y no se han callado y han dado un paso adelante. Han sido mujeres de bandera que han ayudado a las que han ido detrás a abrirse  camino.

Clara Campoamor, política española, defensora de los derechos de la mujer y principal impulsora del sufragio femenino en España, logrado en 1931, y ejercido por primera vez por las mujeres en las elecciones de 1933, fue una de esas mujeres. 

Al defender sus ideas ante un auditorio insultantemente masculino, Campoamor proclamó aún a riesgo de la humillación y el rechazo social y político de la época:

“Defendí en Cortes Constituyentes los derechos femeninos. Deber indeclinable de mujer que no puede traicionar a su sexo, si, como yo, se juzga capaz de actuación, a virtud de un sentimiento sencillo y de una idea clara que rechazan por igual: la hipótesis de constituir un ente excepcional, fenomenal; merecedor, por excepción entre las otras, de inmiscuirse en funciones privativas del varón, y el salvoconducto de la hetaira griega, a quien se perdonara cultura e intervención a cambio de mezclar el comercio del sexo con el espíritu (…) A mi pudiéronme cargarse todos los pecados políticos imaginarios de la mujer, y pasárseme todas las cuentas del menudo rencor. Lo que no espero ocurra es que se eleve una voz, una sola, de ese campo de la izquierda, de quien hube de sufrirlo todo, por ser el único que ideológicamente me interesa, y al que aún aislada sirvo”.

Y es que la mujer sostiene la mitad del cielo, pero sin ella el cielo entero se vendría abajo.

Mila Miguélez, desde Galicia, grita que es mujer y lo ha narrado con extraordinaria sencillez. Hoy, con la música de John Lennon, “Woman”

 

Soy mujer. Serena, loca, tranquila. Apasionada, niña, valiente, querida. Soñadora, cobarde, símbolo, sabia. Muñeca, inspiración, creadora, tierna. Lo soy todo y no soy nada. Pero entre tanto desdén, entre tanta encrucijada, Soy Mujer.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

¡Adiós, muralla!

Hubo un tiempo en que el viejo de la imprenta no estuvo. Decidió emprender un viaje a ninguna parte y lo hizo sólo. Lo necesitaba. Yo, naturalmente, lo respeté. Me sentí vacío. Me sentí descalzo, sin vestido de esperanza, sin sandalias de aventura, solamente una túnica de soledad. Y en las costuras, un billete a un futuro incierto y una maleta vacía. Pero cuando la desazón más profunda adensaba y me desbordaba aparecía él. Siempre estaba, de una manera u otra, aún cuando yo no lo viese. Y me escribió. Era el mejor regalo que podía recibir; ilusionado como un niño cuando abre sus regalos de Reyes.

“Llevo una hora y media sentado en nuestro lugar preferido simplemente imaginándote, preguntándome qué estarás pensando ahora mismo, lo que debes estar sintiendo; tus preguntas de siempre, ¿adónde ir? ¿retroceder, parar y temblar o hacer el camino?. Si estás pensando en mí, detente, envía una mirada  hacia el cielo y concéntrate en lo que te está pasando, no en lo que dejas atrás. Estoy en tu pasado, tu presente y tu futuro, no necesitas buscarme, estoy aquí ahora mismo. Si sientes miedo por lo que va a pasar a continuación, no lo tengas, olvida el miedo y la vergüenza. Visita otros lugares. Sé valiente y acepta los desafíos, fortalecen la mente y el corazón y te preparan para la felicidad. No pierdas el tiempo con recuerdos. Concéntrate profundamente en tu próxima acción, disfruta el presente cada momento porque puede que vuelvas a tener uno igual y, si alguna vez alzas la vista y te sientes perdido, sólo tómate un respiro y empieza otra vez. Regresa sobre tus pasos y ve al lugar más puro de tu corazón, donde reside la esperanza, encontrarás tu camino otra vez.

Tu viejo, que te quiere”.

El Presidente Kennedy apuntó en Washington en junio de 1963: “Ningún reto se halla más allá de la capacidad creadora de la especie humana”. Recientemente, Amin Maalouf avanzó: “situaciones sin precedentes requieren soluciones sin precedentes”. Y la presidenta de Brasil Dilma Rousseff sentenció no hace mucho: “para convertir nuestros sueños en realidad debemos superar las líneas de lo posible”.

Un relato inspirado por Cristina Penalva, de Alcalá de Henares, y con apuntes de La Dama se Esconde Ruiz Mora (Murcia) y El Café Romantic (Barcelona).

Música (en la imagen): Coles corner,  Richard Hawley

 

¿ Nos vemos mañana en la muralla a las doce de la noche… ? ¿Nos encontraremos en el camino?. En la muralla estoy sentada, con el cielo como techo. Siento que vuelve el pasado, acude el futuro y se encuentran en el presente. ¿ En verdad la sociedad está enferma o somos todos y cada uno de nosotros los que estamos desorientados y damos palos de ciego de forma totalmente incoherente?…

He tomado la decisión de decidir. La mayor decisión. Permitidme que corrija a Aristóteles. Debemos inventar el futuro; hay que buscar permanentemente nuevos caminos, para transformar los “imposibles” de hoy en “posibles” mañana. Ningún reto se halla más allá de la capacidad creadora de la especie humana.

El futuro es el único sitio al que puedes ir y lo imposible sólo tarda un poco más. ¡Adiós, muralla!.

 

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Sapere Aude

Un niño de seis años escribió una vez:

¿ A ellos les gusta morir?. A nosotros, no. Y si a ellos no les gusta, a nosotros, tampoco. Y, entonces, ¿ por qué lo hacen?. Por ninguna razón. Y entonces, ¿ por qué no lo hacemos nosotros? Porque no somos malos. Y si ellos dijesen nosotros tampoco somos malos, ¿les gustaría? ¿A que no les gustaría? Pues, no nos lo hagáis, ¡vale! Parad de hacernos daño”.

Al leerlo, Roberto tomó una servilleta de papel y anotó:

Dame tu voz, escucharé

Dame tu dolor, gritaré

Dame tu mano, te guiaré

Dame tu sueño, soñaré

Siento. Vida. Felicidad. Amaré…

Estas palabras fueron escritas en pleno apogeo de la canalla actividad de los terroristas de ETA pero también pueden ser, son y deben ser un canto a la paz desde los ojos, las manos y el alma de la inocencia, la mejor, que proporciona un niño, un grito contra cualquier clase de terrorismo y violencia, física, verbal o psicológica, en cualquier parte del mundo.

A punto de cumplirse el 12º aniversario del asesinato del profesor Ernest Lluch a manos de los salvajes de ETA, el Café Romantic quiere recuperar este breve relato del libro “Pido la Palabra: crónica íntima de las víctimas del terrorismo” (Lectio/Cossetània, 2008), en homenaje a todos aquellos que se dedican a luchar por la paz, con cualquier gesto, con cualquier palabra o incluso con su silencio, y en especial Robert Manrique, amigo y alma máter en España de la defensa de las víctimas de una de las peores lacras de la humanidad, el terrorismo.

Con música, “En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo
y la lluvia o las nubes no pueden velar tanto brillo.
ni los árboles nunca podrán ocultar el camino
de su luz hacia el bosque profundo de nuestro destino…”

Junio de 1999…

Lluch se abigarró entre el público, como un ciudadano más. Roberto lo invitó a subir al entarimado, pero (el profesor) rehusó cualquier tipo de protagonismo. Era el momento de las víctimas y su discreta presencia, el mejor homenaje que podía tributarles. Roberto leyó a Lluch. Sabía que era inteligente y erudito. Abierto y enciclopedista. Pero lo que desconocía era su generosa generosidad y su humana humanidad. Le habían hablado de su valentía intelectual. Del hombre de las luces que incitaba, cuando no provocaba, a pensar, a hablar, a comprometerse con los problemas de nuestro tiempo. También sabía de su fidelidad a una máxima kantiana que le había guiado en la vida, sapere aude.

La razón de las gentes de bien -pensó Roberto. Lluch perseguía el mismo sueño que él. Un país, un mundo abierto y dialogante, donde lo humano no fuera ajeno. Era el vigía del diálogo que nunca dormía soñando la paz.

Al concluir el homenaje, Roberto se acercó al profesor y le tendió la mano. El emocional saludo almacenó todo el dolor y toda la solidaridad que cabía en la tierra. Sin mediar palabra, de inmediato comprendió lo extraordinario del ser.

– Què us cal? (¿ Qué os hace falta?) -preguntó, sin más, Lluch a Roberto. No hicieron falta presentaciones grandilocuentes. Una vez más, Lluch se dejó llevar por su interés desinteresado, por su curiosidad, por su compromiso con lo humano.

– Su apoyo. Sólo su apoyo -le contestó Roberto.

– Tenéis no sólo mi apoyo. Tenéis mi afecto, mi corazón…- le respondió, seguro, el profesor.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Hay corazones en prisión

A pesar de todo, pese a ese mundo que nos atropella y nos condena hasta el hastío, la vida no deja de sorprenderme gratamente, como un crepúsculo de Turner, donde se ha excluido lo sórdido y lo feo.

Es el sistema penitenciario, y lo digo con conocimiento de causa, el gran despreciado de las políticas públicas y el gran olvidado de la sociedad. Damos la espalda a las prisiones, pensando que nunca nos puede pasar a nosotros, como en muchas otras situaciones que nos rodean, hasta permitir que las cárceles sean sólo contenedores de desechos humanos a los que acabar de aniquilar.

Allá por el siglo XVIII, el italiano Cesare de Beccaria, gran precursor de los sistemas penitenciarios más humanos, proclamó la necesidad de que la humanidad y la compasión penetrasen las puertas de hierro. Y hoy, tres siglos después, es a la inversa; la humanidad salta los muros para darnos una lección de vida y decirnos que, quizás, entre rejas hay más bondad de la que se pueda imaginar.

Un grupo de reclusos de la prisión de Quatre Camins, en la Roca del Vallés (Barcelona), se ha constituido en un colectivo que promueve y apoya causas humanitarias y sociales. Y lo hacen desde el más absoluto desinterés, sabiendo que con ello no ganarán ningún beneficio penitenciario aunque sí un cielo que un día perdieron por sus fechorías.

Pese a su cautiverio, justo a los ojos de la ley, quizás injusto a los ojos del alma, siguen siendo persona pese a que, mayoritariamente, los vemos como animales. Y, mira por donde, tienen corazón y también alma, y lo saben porque les duele.

En primavera, estos presos, anónimos todos ellos, impulsaron una campaña de donación de sangre que fue un éxito. En junio, promovieron una campaña de recogida de firmas para salvar el Ártico. Hoy, sin ir más lejos, han contribuido a otra iniciativa de recogida de tapones de plástico para pagar el tratamiento que precisa Enrique.

Enrique, de 8 años, no es un niño como otro cualquier que pueda celebrar goles, darse un chapuzón en una piscina o en la playa, jugar con la Nintendo, pasear por la montaña o, ni siquiera, hacer los deberes. Sufre una grave encefalopatía a la que se suma la epilepsia y un severo retraso. Y Enrique tiene un precio: 10.000 euros, que son los que cuesta el tratamiento para intentar su curación.

Pese a todo, Enrique, según definición de su madre, Merche Vázquez, es un luchador, y lucha desde los nueve meses. Hace unos días, acudió con su madre a la prisión para dar las gracias a esos reclusos que se han sumado a la causa para recoger tapones y con ellos “fabricar” el dinero que necesita sino para curarse, sí para mejorar.

Ese día, explicó su madre, se encontraba bien. Sólo había sufrido dos crisis. Hay jornadas en las que puede llegar a padecer hasta dieciocho. Y Merche lo quiere tal y como es.

Con la ayuda de dos educadores del centro penitenciario, Amparo y Javier, comenzaron a colgar carteles de apoyo a la causa de Enrique por toda la prisión y esos mismos presos a los que muchas veces damos la espalda han logrado recoger montañas de tapones de plástico. Y no sólo eso; han recaudado 265 euros para que el niño se pueda curar, Fernando, un interno que hace de jardinero, le entregó un ramo de flores y recibió además una saca de cartas de reclusos en las que le expresaban sus mejores deseos.

“El coraje de tu madre demuestra como te quiere. No sabes el tesoro que tienes. Quiérela siempre como ella te quiere a ti”, decía una de las cartas. Merche Vázquez no pudo reprimir unas lágrimas, lágrima que emanan de su propia vida, una vida que duele al punto de las lágrimas.

Hoy, en Vilanova del Vallés (Barcelona), promovido por la Fundación Don Caballo, donde Enrique lleva a cabo terapia con caballos una vez por semana, se celebra un festival que lleva por nombre “Taps de l’esperança” (tapones de la esperanza), con el fin de recaudar aún más tapones que se conviertan en euros para darle al nño la oportunidad de ser niño mediante un costoso tratamiento que sus padres han encontrado en París y para el que precisan 50 toneladas de tapones ( de los que ya llevan recogidas 20) para sumar esos 10.000 euros, el precio de la vida de Enrique.

El Café Romantic se suma a la iniciativa por Enrique y aplaude el gesto de los presos de Quatre Camins, esos mismos a los que, muchas veces, ninguneamos.

Enviarles vuestro apoyo: solidaridadconenrique@gmail.com

Cartel con música: “Alegría”.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El Quiosco / Deja de ser un gusano

No es una novedad. La periodista de Badalona Mercè Roura nos sorprende una vez más por el acierto en sus análisis, por su forma de ver las cosas, por su mordacidad. ¡Deja de ser un gusano!. Lo haremos, Mercè.

 

Cambiar es difícil. Para hacerlo es necesario superar el miedo y cerrar los ojos antes de lanzarse sin red al vacío. Aunque no es algo que hagan solo los valientes, lo hacen también los hartos. Los que tras levantarse mañana tras mañana, se sienten embudos… ven que nada les llena. La cara se les queda mate y la boca les hace mueca. Tal vez tienen una vida de manual pero cuando caminan por la calle sueñan, visualizan otro recorrido y notan en su pecho una chispa de felicidad, aplacada inmediatamente por un choque frontal contra la cotidiano. Una punzada fugaz, diminuta, pero suficiente para recordarles que existe un mundo distinto. Hace falta estar muy cansado de estar cansado para dar un vuelco a la vida y dejarse llevar. Hace falta ser valiente para soltarse de la cuerda que te ata a la rutina cómoda y gris, una especie de cordón umbilical asido a la mediocridad y el miedo. A veces no damos el salto porque nos gusta más el puro ejercicio de soñar que lo soñado, nos gusta el riesgo calculado, el peligro mínimo para que luego todo vuelva a su cauce… pero los límites cada vez se alejan… y nuestras ansias cada vez son más omnívoras. A veces la ansiedad de soñar sin tocar su sueño se hace insoportable…

Pasar por el camino de siempre es fácil, no mutar es la opción más llevadera. No supone sobresalto, no conlleva riesgo ni sonrojo. Para cambiar es necesario un esfuerzo titánico, un continuo devenir de emociones y pequeños pánicos… levantarse del sofá y abrir la puerta a la vida. Y lo que hay tras la puerta asusta… aunque revitaliza, rejuvenece… ilusiona. Sólo cabe decidir si esa ilusión inmensa compensa el riesgo de salir del nuestro mundo habitual, cómodo y clorofórmico, para dar el paso.

No todos los que soñamos con cambiar lo hacemos. Algunos se conforman con el sueño, se excitan con él y luego vuelven a su vida calculada. Algunos cruzan la línea para dejar de ser gusanos y convertirse en mariposas. El proceso es duro. Es una gestación larga, que requiere esfuerzo, intensidad… arrojo. El gusano mutante a menudo se mira en el espejo y se pregunta despavorido cómo ha sido capaz de estar en el proceso, siendo gusano… cómo osa pensar que podrá ser mariposa. Siente que quizás un enorme castigo caerá sobre sus espaldas por la soberbia de aspirar a brillar, lucirse… soltarse en el cielo y mostrar las alas. Y si no lo consigue, cómo va a contar a los demás gusanos que jamás sueñan que el intento salió mal. Le llamaran gusano loco, le mirarán con recelo… y peor aún… se mirará a si mismo con amargura.

Sin embargo, el gusano mira en el fondo de sus ojos y ve una chispa, un fogonazo brillante que le recuerda que por encima de todo, aunque al final no pueda… quiere… y que esa pasión es tan intensa que no puede resistir dejarse llevar. No puede cerrar la puerta y pasar el resto de su vida pensando que no será mariposa con cara de gusano asqueado y triste. Sentado en un rincón, pensando que se consume sin haber nacido.

Vuelve a la tarea y continua mutando. Al cabo de unos días entre el amasijo de capas que cubre su cuerpo, se dibujan unas alas. Son extremadamente finas, aún sin color, sin fuerza… pero le confirman que, ahora ya lo sabe, dentro de sí hay una mariposa.

Entonces se da cuenta de que lo que sería realmente una locura es no haberlo intentado. Sin importar que nunca le salieran las alas…

 
1 comentario

Publicado por en 15/09/2012 en el quiosco, la barra del café

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

El trastero azul

Este cuento fue escrito un día determinado, en homenaje a mi amigo Roberto Manrique, una de las víctimas del atentado perpetrado por ETA en Hipercor, el 19 de junio de 1987.

Durante 24 años, Roberto lo ha dado todo por el universo de las víctimas y, desde ese preciso día, sus recuerdos, los retales de su vida, por culpa de la política, yacen en el  “trastero” de un guardamuebles. Un cuento a propósito de Roberto, quien viajó a las profundidades del infierno y regresó para explicármelo.

Es también un homenaje a todas las víctimas, de cualquier clase y condición: de la violencia de género; de la economía y la política que nos condena hasta el hastío; de las guerras y sus perros; de las enfermedades, de la vida en sí misma.

Porque la felicidad une, pero el dolor reúne. Con música, “secret garden”

Podéis seguir a Roberto en su blog, http://eltrasteroazul.blogspot.com.es/

Te escribo en la noche del día, con una expresión de desvalimiento en el rostro y la torpeza de la urgencia en el cuerpo. Las ilusiones forman parte del pasado y, quizás, del futuro, pero hoy son sólo frustraciones. ¿Adónde fueron los momentos?. ¿Adónde fueron las cosas que importan? Hoy viven en el trastero, solas, en soledad, allí en el viejo almacén junto a la estación de tren donde las mismas almas de siempre, bajo una atmósfera gris y un sol viejo, juegan a cruzar el abismo para disfrutar de un cielo azul.  

Tras la sábana hecha un revoltijo, veo la vida apenas cubierta con un camisón que tiene algo de mortaja. La dejo en cueros y luego la envuelvo en un sudario de papel; querido Roberto, la quiero colocar bajo la alfombra del mundo, difunta.

Tus últimas palabras, tras regresar de tu viaje con billete de tercera al infierno, son acicate para mi alma y mi corazón, alma nómada, corazón sedentario. Quiero derrotar al abismo. Abismo, y luego más abismo. Quiero derrotar a la muerte. Muerte, y luego más muerte. Bebiste su rostro en la oscuridad, refugio natural de la tristeza. Deduzco por tus palabras, que era una oscuridad romántica, pálida, de orejas pronunciadas, lágrimas de rímel y negro riguroso. Negro muerte. Amigo Roberto, tú que has muerto un poco:  ¿debo temer a la muerte? ¿ Es la muerte una parte de la vida?. ¿Quizás, un punto de partida, un papel en blanco donde podemos escribir lo que queramos o una tela virgen donde pintar nuestros deseos?.

Cuéntame Roberto, tú que lo supiste al tercer día en que conociste tu realidad, una realidad que ofende con la misma saña con la que un demente haría ganchillo o un necrófilo excavaría tumbas. Vinieron del norte sin ser citados un diecinueve de junio, junio otoñal, eterno otoño que avanza con lenta opulencia. También pudieron venir del sur. La muerte por cuenta ajena, canalla, no tiene patria. No quiero una patria fugaz.

Y llamaron al viajero, eterno viajero inmóvil, para que te llevará con él. Trago rancio. En nombre de una falsa ilusión, falsa patria, patria fugaz, fugaces las almas, los bastardos vaciaron sus cargadores, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y de Lucifer. Ingratos que te dieron de beber vinagre y te lancearon el costado, al tercer día. Furtivos de la vida que suelen llegar de noche, noche del día, como animales con forma de perro enorme, de cuero peludo y patas de acero, almas vacías, que se cuelan de noche en las casas, casas que son hogares, y se posan sobre el pecho de las gentes, gentes sencillas, sencillez humilde, humildad anónima, para crearles angustia y horribles pesadillas… y luego, por la mañana, solo sabemos rezar un responso.

Y regresaste del infierno, con tu billete de tercera, para explicármelo. Y me pides paciencia, paciencia de vida. Cierto es, nunca recibimos más de lo que podemos soportar. Cierto es, debemos disfrutar de cada instante de lo que nos ha sido dado. Y me hablas de un idiota, del maravilloso idiota que sólo él dirá dónde el camino puede conducirnos; ¿quién sabe si nos encontraremos a lo largo del camino?; del idiota que dirá dónde los vientos nos harán volar; ¿quién sabe si alguna vez alcanzaremos la orilla?; del esperado idiota que seguirá un sol naciente con los ojos que sólo pueden mirar fijamente; ¿qué tipo de fuego nos quemará allí?, sólo un idiota, nuestro idiota, dirá.

Pese a la noche del día, detectó en tus palabras calidez y esbozo una sonrisa, tímida, sí, como la del conejo, quizás asustado en la medianoche, día en la noche, pero sonrisa, al fin y al cabo. Es la sonrisa de quien halla un rostro humano entre la multitud, un gesto de solidaridad en el barullo de cuerpos que se cruzan y tropiezan, de gente que busca su tren, tren que escapa.

Querido Roberto; la vida es como el doble fondo de un inmenso baúl que trajina la señorita tristeza cuando un eterno otoño avanza con lenta opulencia y la sombra de un gran árbol de ramas desnudas, casi abandonado al invierno, casi derrotado por él, se proyecta en presencia trágica, agigantada por su propio tamaño y la duración sobrehumana de su vida. Una vida que duele al punto de las lágrimas, lágrimas que manan de la propia vida. Truenos que suenan, y no suenan a tormenta.

Te cuento, al tercer día: el mundo ha asistido antes a sueños de cambio, a promesas de que algo nuevo esperaba a la vuelta de la esquina. Esta vez el sueño se ha consumado. Hay momentos en los que algo inexplicable sucede y el orden del universo se trastoca.

No has nacido para ser víctima. En realidad, ¿quién nace para ser víctima? Podías ser otra cosa. Pero eso, no. Y eres, empero, inspirador de un mundo mejor, de una bonita lámina en una pared, en la pared de la vida. Una vida que duele al punto de las lágrimas, lágrimas que manan de la propia vida.

Me invitas a construir contigo una vida no enteramente feliz, vida al fin y al cabo, en un lugar que, quizás, no producirá santos pero sí poetas, allí frente al árbol de presencia trágica que sigue en pie, de tronco con negruras de tizón y ramas desnudas, retorcidas.

Sé que jamás recordaré tu camisa tras el tercer día, pero también sé que jamás olvidaré tu rostro, corajudo, amable, en esta abigarrada parodia, parodia de vida. Quiero borrar como sea las cicatrices físicas y morales que han profanado tu cuerpo y tu espíritu,  ajados,  lastimados.

Me detienes y me tiendes tus manos y tus brazos, fruto de injerto sobre injerto, y me ofreces tu sonrisa. Yo quiero matarlos. Y me callas cuando clamó la muerte de los bastardos que vinieron del norte, como pudieron venir del sur. Y casi por sorpresa, me sorprende; no hablas de venganza sino de justicia.

Me escribes desde el norte, el norte de la vida. La tensión se palpa en el ambiente, el aire, impregnado de estrés, incertidumbre. ¡Qué lástima!, exclamas. ¿Por qué los hombres de almas vacías y patrias fugaces coartan el espíritu de la libertad?. Me detengo. Reflexionó. Sigo tus pasos. ¿ Por qué han de pagar justos por pecadores?. Hastío, música celestial, todo lo más. Unos, que sólo arriman el ascua a su sardina. Otros, esos pocos de los que me hablas, son canto de cisnes, preludio de muerte. La mayoría, como tú, como yo, aguarda incierta, a la Diosa ocasión.

He decidido no tomar las de Villadiego, ni poner puentes de plata a aquellos que enturbian la paz, la normalidad, las lindezas de esta tierra. Acudiré a tu llamada, allí donde haya gentes que se encuentran porque se citan, y otros que no se citan porque se encuentran, sin trampa ni cartón. Y te seguiré a lo largo y ancho de la geografía de la vida, por quebrados pedregales, agrios campos, despejados caminos, sol de fuego. Y derrotaremos a la parda bestia de forma humana, humanos sin alma, alma fugaz, que engendra mañanas vacíos, de cincel y maza, implacables, con plomo en una mano y hachas vengadoras en la otra, hijos de una idea, idea rabiosa.

Y, por fin, he buscado en el inmenso doble fondo del gran baúl de la vida y te he encontrado. Hace veinticuatro años que te encontré y nunca dejas de sorprenderme, como una puesta de sol. Inagotable y agotador. Amigo de tus amigos. Leal.

Aún me sorprenden tus inusitadas emociones. En la infancia de mi muerte quiero ser como tú: actuar por placer, por curiosidad, por necesidad o por el extremo deseo de conocer nuevos mundos, nuevas vidas. Otros mundos que están en éste, otras vidas que están en ti. Y, al final, lo que cuenta no son los años de vida, sino la vida de esos años.

Caes cien, mil veces, y te levantas ciento una, mil y una veces. Si te digo ven, vienes y no hace falta que te lo diga. De tus mil y un matices me quedo con tu humanidad, escaso valor en nuestro tiempo; sensibilidad y bondad hacia los semejantes.

Me has descubierto otro mundo, un mundo posible, un mundo que está aquí y en ti. Quizás no sea el mejor de los mundos, ese que hoy en día buscamos todos, sino un mundo factible, donde viven y sobreviven seres únicos, irrepetibles.

Me dices que nos rodean excelentes personas, auténticos tesoros escondidos de sensibilidad humana y de sabiduría acumulada. Y abro el baúl. Busco entre los recuerdos y me hablan de ti: “la felicidad une, el dolor reúne”.

Y en el tránsito de la noche al día, rescato los momentos y las cosas que importan. Vencidos los miedos y las angustias, derrotados el dolor, el sentimiento de culpa, el acoso de oportunistas y las miradas reprobatorias, tendremos una noche con las estrellas. Y habrá un día que se forjara un tierra no ingrata, ingratos asesinos; un hogar con lumbre continua, eterna paz; una mente siempre tranquila, tranquila el alma; Y tendremos sobradas fuerzas, salud; y prudencia, sencilla; y amigos, iguales; y ningún pleito y poca corte; y las noche serán libres de tristeza, y el sueño acortará la fría noche. Y nos contentaremos con nuestra suerte, sin temer ni anhelar el postrer día. 

Y cuando sepa certero que la muerte me acecha gritaré que soy hombre del mundo, mundo que está en éste, y hermano de todos, todos están en ti.

Hoy, amigo Roberto, te honro con un minuto de silencio… silencio que se escucha sobre la tierra ingrata en el hogar sin lumbre de las mentes perturbadas y las almas vacías de los enemigos de la prudencia y de la alegría, que siguen acechando a las almas que juegan a cruzar el abismo para disfrutar de un cielo azul allí, en el trastero del viejo almacén junto a la estación de tren donde descansan las cosas que importan… y dispongo de toda una vida para recordarte.

Dame tu voz, escucharé

Dame tu dolor gritaré

Dame tu mano, te guiaré

Dame tu sueño, soñaré.

Siento. Vida. Felicidad. Amaré.

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

(El mal de) la sílaba central

Dice el cuento que me han contado para que os lo cuente, que hasta la choza de un viejo maestro llegaron los ancianos del Consejo de un antiguo pueblo. Según me cuentan, iban, azarosos, a consultar al sabio sobre un problema que amenazaba a todos los que habitaban la vieja ciudadela junto al río. Contó el cuentista que desde hacía muchos años, y pese a todos los esfuerzos del Consejo, los habitantes de ese lugar discutían, polemizaban, disputaban, rivalizaban… hasta el daño. Tanto era así que educaban a sus hijos en el odio perpetuo al vecino, y al hijo del vecino, y a los hijos de éstos.

Los ancianos del Consejo expusieron al sabio:

– Siempre hubo algunas personas que se apartaban de la senda, pero hace unos diez años comenzó a agravarse la situación y, desde entonces, ha empeorado mes tras mes.

El sabio les pregunto:

– ¿Qué pasó hace diez años?

Ellos respondieron sin advertir.

– Nada significativo. Por lo menos nada malo. Hace diez años terminamos de construir entre todos el puente sobre el río. Pero eso sólo trajo bienestar y progreso al pueblo.

El sabio asintió con la cabeza y sentándose en un raído sillón junto a la ventana empezó a barruntar:

– Por supuesto que no hay nada de malo en el bienestar….Y mucho menos en el progreso. Sin embargo…

Los ancianos del consejo callaron y se acercaron un poco más para escuchar las palabras del sabio.

– El mal no está en el bienestar sino en comparar mi bienestar con el vecino. El mal no está en el progreso, pero sí en querer ser el que más ha progresado. No hay nada de malo en las cosas buenas para todos, pero sí en competir por ellas. Vuestro pueblo padece el mal de la sílaba central- sentenció el anciano.

– ¿La sílaba central?, ¿Cuál es ese devastador mal? ¿Cómo podríamos curarlo?

– Debéis ocuparos de enseñar a cada uno de los habitantes del pueblo que el verbo competir es un verbo que enferma, intoxica y mata. La solución es que todos aprendan a hacer un cambio de sílaba. Enseñarles que sólo con reemplazar en la palabra “competir” la sílaba central “per”, por la más que significativa sílaba “par”, crearemos una nueva palabra: “compartir”. Una vez que todos hayan aprendido el significado de este verbo, la competencia no tendrá sentido y, sin ella, el odio y el deseo de dañar a otros quedarán sepultados para siempre.

Dice el cuento que me han contado para que os lo cuente que todos deberíamos esforzarnos por cambiar la palabra “competir” por la palabra “compartir”. Es sólo una sílaba. Un cambio de sílaba para un cambio de vida.

Un nuevo relato breve del Café Romantic. Pequeñas palabras, casi musitadas, pequeños gestos, casi imperceptibles, para sumar, nunca restar. Con música para compartir.

Dice la canción que en septiembre del 77, en Port  Elizabeth, aún el buen tiempo, no había nada nuevo bajo el sol. En la habitación 619 de la policía, yacía muerto Biko, ¿por qué Biko? Siempre biko.

Trataba de dormir Biko y sólo podía soñar en rojo el mundo exterior que era blanco y negro. Biko apagó una vela pero no pudo sofocar el incendio cuando comenzó a propagarse.

-¿Com(pi)tes?

-No, com(par)to

-¿Dis(pu)tas?

-No, dis(fru)to.

-¿Pro(hi)bes?

-No, pro(di)go.

-¿Pre(sio)nas?

-No, pre(ven)go.

-¿Im(po)nes?

-No, im(par)to.

-¿De(mo)ras?

-No, de(ba)to.

Sin demora, comparto sin competir, disfruto sin disputar, prodigo sin prohibir, prevengo sin presionar, imparto sin imponer y debato sin demorar.  
 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

 
A %d blogueros les gusta esto: