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CANDY CRUSH O QUÉ TUITEARÍA UN TEMPLARIO

Dicen que las pistolas las carga el Diablo y las dispara el hombre. De un modo muy parecido piensa el viejo de la imprenta sobre las nuevas tecnologías. ¡Curioso!, este apelativo. ¿Siempre serán tecnologías nuevas aunque sean viejas?

El otro día, sin ir más lejos, porque ir más lejos con el viejo supone retroceder a la era de la formación de la tierra, mirábamos juntos el mundo y nos sorprendía la extraordinaria velocidad con la que todo circula: la información, la comida, la charla, la brevedad, el aforismo… ¿ Qué fue del café largo, del tentempié pausado, del queso curado y del vino de reserva ?

Hoy, la gente se da un plazo de 95 tuits, tres cafés y un gintonic para cambiar sus vidas, virtualmente claro, maldijo el viejo.

A Dios pongo por testigo que he intentado en infinidad de ocasiones hacerle ver las bondades, utilidades y favores de esas que llaman nuevas tecnologías, en especial la red social. Pero, no hay manera. Mientras para  millones de seres la vida es aquello que pasa mientras se conectan a Internet, para él la vida sigue siendo aquello que le sucede mientras se empeña en hacer otros planes.

– Sabes que el planeta es hoy como un inmenso queso atravesado por redes, faxes, teléfonos, módems, Internet… -, expuso el viejo, rezongando-. Sabes que tu vida ya no te pertenece. Es propiedad de la red-, agregó refunfuñando aún más.

– ¡ Por Dios !,- exclamé imaginando un descomunal queso que se deshace poco a poco como los relojes de Dalí, de origen japonés, americano, coreano, tailandés o vaya usted a saber, fabricado con leche de una vaca que ni siquiera es una vaca, y bits, tuits, archivos y redes mezclados a modo de cuajo y triturados. ¿ Qué ha sido de la vaca de mi abuelo?, lamenté casi llorando.

Aún así, le intenté explicar que Internet permite conectar al instante a un chino – cuando se lo permiten- y a un americano – siempre bajo la atenta mirada de doscientos pares de ojos-, mientras un noruego hace un negocio sin moverse de la silla con un australiano, y un grupo de españoles se conciertan para llevar a cabo una cacerolada contra la crisis.

– ¡ Zarandajas !,- gruñó. Luego, suspiró y habló, como lo hace él, torrencial y contundente.

– Así parece ser la vida, hoy. En efecto, eso de Internet permite encontrar con rapidez la información. Pero, ¿ qué hay de cierto en ello ? Puedes obtener un consejo médico a través de esos malditos trastos y no sabes si viene de un Premio Nobel, de un médico, de un mecánico o de un carnicero.

¡ Por Dios!, exclamé de nuevo imaginando a mi mecánico tiznado de mugre tratando de explicarme cómo poner remedio a mi dolor de estómago luego de un buen plato de callos mientras cambia el aceite del coche, que pierde líquidos por todas sus juntas.

Y aún así, lo seguí intentando. Pero, todo fue en vano.

– La comunicación triunfa, – grité.

– La incomprensión, también, – gritó aún más el viejo.

– ¡ Internet nos une, nos conecta !

– ¡ Internet nos abduce, nos posee… Nos seduce, fornica, yace y se va !

– ¡ Internet es el primer gran invento de la humanidad !

– ¡ Internet es la primera cosa que la humanidad ha construido y que la humanidad no entiende !

– ¡ Internet es libertad !

– ¡ Internet es una infinita e indefinida cárcel virtual en la que cualquier pendejo electrónico puede construir un mundo en el que te pueden reducir la cabeza como a un jíbaro !…

Cuando ya no hubo más argumentos y otras tonterías que gritar, callamos. El silencio nos vino bien. En realidad, el silencio siempre va bien cuando lo que se va a decir no es más bonito que el propio silencio. Y el bonito silencio se rompió sólo durante un instante, el que necesitó el viejo, mi querido viejo, para inquietar aún más mi inquieta cabeza:

– ¿ Para qué se habría usado Twitter en la antigüedad ?… ¿ Que tuitearía un templario ? ¿ Y un romano ? ¿ O   Atila, Da Vinci, Colón, Napoleón o nuestro querido señor Marx (Groucho, por supuesto?.

El Café Romantic presenta hoy un curioso y breve relato dialogado de Rafael Rodríguez Torres, de Barcelona, que invita a una necesaria reflexión de quiénes somos, de dónde venimos y adónde vamos en la frenética, e incluso enajenada, era que vivimos.

Imagen con música: My Immortal – Evanescence

– ¿ Tienes twitter?
– No.
– ¿ Y Facebook?
– No.
– ¿ Cuenta en youtube?
– No
– ¿ En H5?
– No.
– ¿ Y en tuenti?
– Tampoco.
– Pero, ¿ tú pero que tienes?
– ¡ Una vida!…

… ¡ Pues mándamela para el Candy Crush* !

* Según Wikipedia, Candy Crush Saga es un videojuego para teléfonos inteligentes y Facebook en que cada jugador tiene un número predeterminado de cinco vidas, cada vida es restaurada después de una media hora. Si el jugador no cumple con el objetivo del nivel o el jugador no cumple con la puntuación mínima, se le resta una vida. El jugador tiene la opción de pedir a los amigos más vidas por Facebook, comprar un artículo de restauración de vida o la compra de un artículo especial que amplía el número de vidas que el jugador tiene por defecto, o adelantar la fecha en su dispositivo para obtener al instante más.

 

 

 

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LO QUE LA LUNA ESCONDE

Viendo mi abatimiento, en cierta ocasión, el viejo de la imprenta me explicó que había conocido a una mujer que, en plena guerra, decidió abrir una floristería. Una sandez, pensé yo para mis adentros. Como siempre, el viejo de la imprenta me leyó el gesto y el pensamiento y me amonestó.

Aquella mujer, que para algunos podía pasar por loca, abrió aquella floristería porque el mundo necesitaba en ese momento, más que nunca, flores.

Ahora, en que el dolor, la angustia, la incertidumbre, la zozobra nos acosan, el mundo necesita bella historias. Historias de amor, de superación, de batallas contra las vanidades.

Hasta ahora, – lo confieso-, nunca me había planteado con la suficiente profusión el asunto. ¿Qué poder ejerce la luna sobre nosotros? ¿Qué tiene que ver la luna con nuestro corazón, nuestro destino?

Mi admirado García Lorca escribió:
 

“cuando sale la luna
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.
Cuando sale la luna,
el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.
Nadie come naranjas
bajo la luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.
Cuando sale la luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo”

 

El escritor Jordi Planes Rovira nos trae una de esas bellas y necesarias historias de amor, superación y coraje: “Lo que la luna esconde”, primera novela de Jordi Planes – publicada por Quarentena Ediciones y que he tenido el inmenso honor, placer y orgullo de editar-, y en la que aborda de manera magistral quiénes somos, qué queremos, qué amamos, qué nos conviene y qué debemos rechazar, en un mundo de vanidades y traiciones.

Pronto, muy pronto, en todas las librerías, “Lo que la luna esconde”.

Y yo que pensaba que lo sabía todo y ahora sé que apenas sé nada. Dicho y escrito desde el corazón, porque no sabemos -ni queremos- decirlo y escribirlo de otra manera.

 

 
 

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Hay corazones en prisión

A pesar de todo, pese a ese mundo que nos atropella y nos condena hasta el hastío, la vida no deja de sorprenderme gratamente, como un crepúsculo de Turner, donde se ha excluido lo sórdido y lo feo.

Es el sistema penitenciario, y lo digo con conocimiento de causa, el gran despreciado de las políticas públicas y el gran olvidado de la sociedad. Damos la espalda a las prisiones, pensando que nunca nos puede pasar a nosotros, como en muchas otras situaciones que nos rodean, hasta permitir que las cárceles sean sólo contenedores de desechos humanos a los que acabar de aniquilar.

Allá por el siglo XVIII, el italiano Cesare de Beccaria, gran precursor de los sistemas penitenciarios más humanos, proclamó la necesidad de que la humanidad y la compasión penetrasen las puertas de hierro. Y hoy, tres siglos después, es a la inversa; la humanidad salta los muros para darnos una lección de vida y decirnos que, quizás, entre rejas hay más bondad de la que se pueda imaginar.

Un grupo de reclusos de la prisión de Quatre Camins, en la Roca del Vallés (Barcelona), se ha constituido en un colectivo que promueve y apoya causas humanitarias y sociales. Y lo hacen desde el más absoluto desinterés, sabiendo que con ello no ganarán ningún beneficio penitenciario aunque sí un cielo que un día perdieron por sus fechorías.

Pese a su cautiverio, justo a los ojos de la ley, quizás injusto a los ojos del alma, siguen siendo persona pese a que, mayoritariamente, los vemos como animales. Y, mira por donde, tienen corazón y también alma, y lo saben porque les duele.

En primavera, estos presos, anónimos todos ellos, impulsaron una campaña de donación de sangre que fue un éxito. En junio, promovieron una campaña de recogida de firmas para salvar el Ártico. Hoy, sin ir más lejos, han contribuido a otra iniciativa de recogida de tapones de plástico para pagar el tratamiento que precisa Enrique.

Enrique, de 8 años, no es un niño como otro cualquier que pueda celebrar goles, darse un chapuzón en una piscina o en la playa, jugar con la Nintendo, pasear por la montaña o, ni siquiera, hacer los deberes. Sufre una grave encefalopatía a la que se suma la epilepsia y un severo retraso. Y Enrique tiene un precio: 10.000 euros, que son los que cuesta el tratamiento para intentar su curación.

Pese a todo, Enrique, según definición de su madre, Merche Vázquez, es un luchador, y lucha desde los nueve meses. Hace unos días, acudió con su madre a la prisión para dar las gracias a esos reclusos que se han sumado a la causa para recoger tapones y con ellos “fabricar” el dinero que necesita sino para curarse, sí para mejorar.

Ese día, explicó su madre, se encontraba bien. Sólo había sufrido dos crisis. Hay jornadas en las que puede llegar a padecer hasta dieciocho. Y Merche lo quiere tal y como es.

Con la ayuda de dos educadores del centro penitenciario, Amparo y Javier, comenzaron a colgar carteles de apoyo a la causa de Enrique por toda la prisión y esos mismos presos a los que muchas veces damos la espalda han logrado recoger montañas de tapones de plástico. Y no sólo eso; han recaudado 265 euros para que el niño se pueda curar, Fernando, un interno que hace de jardinero, le entregó un ramo de flores y recibió además una saca de cartas de reclusos en las que le expresaban sus mejores deseos.

“El coraje de tu madre demuestra como te quiere. No sabes el tesoro que tienes. Quiérela siempre como ella te quiere a ti”, decía una de las cartas. Merche Vázquez no pudo reprimir unas lágrimas, lágrima que emanan de su propia vida, una vida que duele al punto de las lágrimas.

Hoy, en Vilanova del Vallés (Barcelona), promovido por la Fundación Don Caballo, donde Enrique lleva a cabo terapia con caballos una vez por semana, se celebra un festival que lleva por nombre “Taps de l’esperança” (tapones de la esperanza), con el fin de recaudar aún más tapones que se conviertan en euros para darle al nño la oportunidad de ser niño mediante un costoso tratamiento que sus padres han encontrado en París y para el que precisan 50 toneladas de tapones ( de los que ya llevan recogidas 20) para sumar esos 10.000 euros, el precio de la vida de Enrique.

El Café Romantic se suma a la iniciativa por Enrique y aplaude el gesto de los presos de Quatre Camins, esos mismos a los que, muchas veces, ninguneamos.

Enviarles vuestro apoyo: solidaridadconenrique@gmail.com

Cartel con música: “Alegría”.

 

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El Quiosco / Deja de ser un gusano

No es una novedad. La periodista de Badalona Mercè Roura nos sorprende una vez más por el acierto en sus análisis, por su forma de ver las cosas, por su mordacidad. ¡Deja de ser un gusano!. Lo haremos, Mercè.

 

Cambiar es difícil. Para hacerlo es necesario superar el miedo y cerrar los ojos antes de lanzarse sin red al vacío. Aunque no es algo que hagan solo los valientes, lo hacen también los hartos. Los que tras levantarse mañana tras mañana, se sienten embudos… ven que nada les llena. La cara se les queda mate y la boca les hace mueca. Tal vez tienen una vida de manual pero cuando caminan por la calle sueñan, visualizan otro recorrido y notan en su pecho una chispa de felicidad, aplacada inmediatamente por un choque frontal contra la cotidiano. Una punzada fugaz, diminuta, pero suficiente para recordarles que existe un mundo distinto. Hace falta estar muy cansado de estar cansado para dar un vuelco a la vida y dejarse llevar. Hace falta ser valiente para soltarse de la cuerda que te ata a la rutina cómoda y gris, una especie de cordón umbilical asido a la mediocridad y el miedo. A veces no damos el salto porque nos gusta más el puro ejercicio de soñar que lo soñado, nos gusta el riesgo calculado, el peligro mínimo para que luego todo vuelva a su cauce… pero los límites cada vez se alejan… y nuestras ansias cada vez son más omnívoras. A veces la ansiedad de soñar sin tocar su sueño se hace insoportable…

Pasar por el camino de siempre es fácil, no mutar es la opción más llevadera. No supone sobresalto, no conlleva riesgo ni sonrojo. Para cambiar es necesario un esfuerzo titánico, un continuo devenir de emociones y pequeños pánicos… levantarse del sofá y abrir la puerta a la vida. Y lo que hay tras la puerta asusta… aunque revitaliza, rejuvenece… ilusiona. Sólo cabe decidir si esa ilusión inmensa compensa el riesgo de salir del nuestro mundo habitual, cómodo y clorofórmico, para dar el paso.

No todos los que soñamos con cambiar lo hacemos. Algunos se conforman con el sueño, se excitan con él y luego vuelven a su vida calculada. Algunos cruzan la línea para dejar de ser gusanos y convertirse en mariposas. El proceso es duro. Es una gestación larga, que requiere esfuerzo, intensidad… arrojo. El gusano mutante a menudo se mira en el espejo y se pregunta despavorido cómo ha sido capaz de estar en el proceso, siendo gusano… cómo osa pensar que podrá ser mariposa. Siente que quizás un enorme castigo caerá sobre sus espaldas por la soberbia de aspirar a brillar, lucirse… soltarse en el cielo y mostrar las alas. Y si no lo consigue, cómo va a contar a los demás gusanos que jamás sueñan que el intento salió mal. Le llamaran gusano loco, le mirarán con recelo… y peor aún… se mirará a si mismo con amargura.

Sin embargo, el gusano mira en el fondo de sus ojos y ve una chispa, un fogonazo brillante que le recuerda que por encima de todo, aunque al final no pueda… quiere… y que esa pasión es tan intensa que no puede resistir dejarse llevar. No puede cerrar la puerta y pasar el resto de su vida pensando que no será mariposa con cara de gusano asqueado y triste. Sentado en un rincón, pensando que se consume sin haber nacido.

Vuelve a la tarea y continua mutando. Al cabo de unos días entre el amasijo de capas que cubre su cuerpo, se dibujan unas alas. Son extremadamente finas, aún sin color, sin fuerza… pero le confirman que, ahora ya lo sabe, dentro de sí hay una mariposa.

Entonces se da cuenta de que lo que sería realmente una locura es no haberlo intentado. Sin importar que nunca le salieran las alas…

 
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Publicado por en 15/09/2012 en el quiosco, la barra del café

 

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Historia de un profesor (no cualquiera) / 1a parte (Amante de la literatura)

Por Elizabeth Vargas, San Juan de Puerto Rico.

Amante de la literatura (1a parte)

(con música)

El salón aún estaba vacío y algo frío.  Llegó temprano, como de costumbre, para poder sentarse en primera fila.  Necesitaba estar en un asiento privilegiado para aprender de literatura, pero más todavía para disfrutar de cada palabra que pronunciaba el profesor Esteban Barrientos. Ese hombre alto, serio con una mirada profunda y muy atractivo, que tenía unos 37 años de edad. Su pasión por la literatura lo llevó a hacer un doctorado en Letras, que obtuvo en la Universidad de Murcia.

A ella le llamaba la atención que era bien profesional, mantenía distancia y respeto con sus estudiantes.  Además, transmitía gran pasión por la materia que enseñaba. Sin embargo, su vida personal era todo un misterio.

El curso del profesor Barrientos siempre estaba lleno, se había convertido en un reto para muchos estudiantes de filosofía y letras.  Aunque sus padres hubiesen querido que fuera médico o abogado, el amor y la pasión por la palabra escrita pudieron más que toda la presión familiar y allí estaba en la Universidad de Salamanca, impartiendo el pan de la enseñanza.

Xiomara González tenía 18 años, era una joven común con gustos concernientes a su edad por lo que jamás imaginó que un curso de literatura fuera tan importante en su vida. Cada clase se había transformado en el alimento que llenaba su alma.  Ahora sus días tenían un significado distinto, especial y estaban colmados de mucha ilusión.  No podía creer que relatos como los discutidos en clase la llevaran a soñar.

Ya en el salón, se acomodó en aquella silla que tenía parecía tener su nombre, ese espacio donde su alma podía transportarse a los espacios más lejanos del universo.  Sus pensamientos comenzaban a volar, pensaba que tenía a su mentor de frente y lo escuchaba leer los cuentos y las novelas con una pasión indescriptible. Xiomara hizo su asignación y estaba lista para desbordar todo lo que le inspiraba ese último texto que les había encomendado leer.  Ella era una excelente estudiante, pero en esa clase participaba con algo de timidez.

De momento, entraron los alumnos.  Miró su reloj con ojos de tristeza, los minutos pasaban muy lentamente y el profesor no llegaba.  Él era puntual y muy responsable con su clase, por lo que una angustia se apoderó de su ser.  No era posible que ese día le faltara el nutriente a su corazón.

Continuará…

 
 

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El país de Serendip (serendipia todo cuanto puedas)

Cuenta el cuento que hubo tres príncipes de un reino llamado Serendip que decidieron emprender un viaje para conocer y adquirir la sabiduría suficiente para solucionar los problemas que, en el futuro, les permitiese gobernar con justicia y equidad. He aquí cuando intentaban solucionar los interrogantes que ellos mismos se habían planteado, los tres príncipes encontraban respuestas a otros problemas de mayor envergadura y que ni siquiera se habían planteado.

El tiempo es así de extraño, a cambio de todo lo que nos arrebata nos concede algo: a veces es un amigo, a veces es un mejor entendimiento de nosotros mismos, a veces sólo es un día perfecto. Quizás no era lo que buscabas, pero lo encuentras. Y te maravillas, de nuevo. ¿Es por casualidad? ¿Es por accidente? ¿Es por coincidencia? ¿Está escrito el destino?

Dicen que todo fin es un punto de partida, un papel en blanco donde podemos escribir lo que queramos, una tela virgen donde pintar nuestros deseos. Acuarela.

Bienvenido a un mundo de complejas emociones,

emociones del pasado,

mañana, ¡ya veremos!.

donde los héroes están sobrevalorados,

donde necesitas y admiras a un héroe.

Donde tu camino

es el peor camino de todos,

tu mejor camino. 

Donde te aferras a una persona,

una persona que ya no es lo que era,

tu persona.

Donde los amigos del desayuno

pueden ser los enemigos de la cena,

amigos para siempre.

Donde una idea a primera hora de la mañana

puede ser una estupidez al caer la tarde,

la mejor idea.

Donde nadie

se cansa de decir adiós,

¡adiós! no existe.  

Donde siempre

se llega un par de años tarde,

es pronto.  

Donde nunca

hay momentos bajo el sol,

cae la noche. 

Donde no se puede molestar al cielo,

cielo siempre abierto,

con llanto sincero.

Donde las verdades

son de plomo,

y una mentira repetida mil veces nunca es verdad.

Donde la tierra gira sobre su propio eje, el eje somos nosotros, y necesitamos dejarnos llevar, caer y a ver adónde vamos. ¡Bendita incertidumbre que nos haces imaginar!.

 

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El trastero azul

Este cuento fue escrito un día determinado, en homenaje a mi amigo Roberto Manrique, una de las víctimas del atentado perpetrado por ETA en Hipercor, el 19 de junio de 1987.

Durante 24 años, Roberto lo ha dado todo por el universo de las víctimas y, desde ese preciso día, sus recuerdos, los retales de su vida, por culpa de la política, yacen en el  “trastero” de un guardamuebles. Un cuento a propósito de Roberto, quien viajó a las profundidades del infierno y regresó para explicármelo.

Es también un homenaje a todas las víctimas, de cualquier clase y condición: de la violencia de género; de la economía y la política que nos condena hasta el hastío; de las guerras y sus perros; de las enfermedades, de la vida en sí misma.

Porque la felicidad une, pero el dolor reúne. Con música, “secret garden”

Podéis seguir a Roberto en su blog, http://eltrasteroazul.blogspot.com.es/

Te escribo en la noche del día, con una expresión de desvalimiento en el rostro y la torpeza de la urgencia en el cuerpo. Las ilusiones forman parte del pasado y, quizás, del futuro, pero hoy son sólo frustraciones. ¿Adónde fueron los momentos?. ¿Adónde fueron las cosas que importan? Hoy viven en el trastero, solas, en soledad, allí en el viejo almacén junto a la estación de tren donde las mismas almas de siempre, bajo una atmósfera gris y un sol viejo, juegan a cruzar el abismo para disfrutar de un cielo azul.  

Tras la sábana hecha un revoltijo, veo la vida apenas cubierta con un camisón que tiene algo de mortaja. La dejo en cueros y luego la envuelvo en un sudario de papel; querido Roberto, la quiero colocar bajo la alfombra del mundo, difunta.

Tus últimas palabras, tras regresar de tu viaje con billete de tercera al infierno, son acicate para mi alma y mi corazón, alma nómada, corazón sedentario. Quiero derrotar al abismo. Abismo, y luego más abismo. Quiero derrotar a la muerte. Muerte, y luego más muerte. Bebiste su rostro en la oscuridad, refugio natural de la tristeza. Deduzco por tus palabras, que era una oscuridad romántica, pálida, de orejas pronunciadas, lágrimas de rímel y negro riguroso. Negro muerte. Amigo Roberto, tú que has muerto un poco:  ¿debo temer a la muerte? ¿ Es la muerte una parte de la vida?. ¿Quizás, un punto de partida, un papel en blanco donde podemos escribir lo que queramos o una tela virgen donde pintar nuestros deseos?.

Cuéntame Roberto, tú que lo supiste al tercer día en que conociste tu realidad, una realidad que ofende con la misma saña con la que un demente haría ganchillo o un necrófilo excavaría tumbas. Vinieron del norte sin ser citados un diecinueve de junio, junio otoñal, eterno otoño que avanza con lenta opulencia. También pudieron venir del sur. La muerte por cuenta ajena, canalla, no tiene patria. No quiero una patria fugaz.

Y llamaron al viajero, eterno viajero inmóvil, para que te llevará con él. Trago rancio. En nombre de una falsa ilusión, falsa patria, patria fugaz, fugaces las almas, los bastardos vaciaron sus cargadores, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y de Lucifer. Ingratos que te dieron de beber vinagre y te lancearon el costado, al tercer día. Furtivos de la vida que suelen llegar de noche, noche del día, como animales con forma de perro enorme, de cuero peludo y patas de acero, almas vacías, que se cuelan de noche en las casas, casas que son hogares, y se posan sobre el pecho de las gentes, gentes sencillas, sencillez humilde, humildad anónima, para crearles angustia y horribles pesadillas… y luego, por la mañana, solo sabemos rezar un responso.

Y regresaste del infierno, con tu billete de tercera, para explicármelo. Y me pides paciencia, paciencia de vida. Cierto es, nunca recibimos más de lo que podemos soportar. Cierto es, debemos disfrutar de cada instante de lo que nos ha sido dado. Y me hablas de un idiota, del maravilloso idiota que sólo él dirá dónde el camino puede conducirnos; ¿quién sabe si nos encontraremos a lo largo del camino?; del idiota que dirá dónde los vientos nos harán volar; ¿quién sabe si alguna vez alcanzaremos la orilla?; del esperado idiota que seguirá un sol naciente con los ojos que sólo pueden mirar fijamente; ¿qué tipo de fuego nos quemará allí?, sólo un idiota, nuestro idiota, dirá.

Pese a la noche del día, detectó en tus palabras calidez y esbozo una sonrisa, tímida, sí, como la del conejo, quizás asustado en la medianoche, día en la noche, pero sonrisa, al fin y al cabo. Es la sonrisa de quien halla un rostro humano entre la multitud, un gesto de solidaridad en el barullo de cuerpos que se cruzan y tropiezan, de gente que busca su tren, tren que escapa.

Querido Roberto; la vida es como el doble fondo de un inmenso baúl que trajina la señorita tristeza cuando un eterno otoño avanza con lenta opulencia y la sombra de un gran árbol de ramas desnudas, casi abandonado al invierno, casi derrotado por él, se proyecta en presencia trágica, agigantada por su propio tamaño y la duración sobrehumana de su vida. Una vida que duele al punto de las lágrimas, lágrimas que manan de la propia vida. Truenos que suenan, y no suenan a tormenta.

Te cuento, al tercer día: el mundo ha asistido antes a sueños de cambio, a promesas de que algo nuevo esperaba a la vuelta de la esquina. Esta vez el sueño se ha consumado. Hay momentos en los que algo inexplicable sucede y el orden del universo se trastoca.

No has nacido para ser víctima. En realidad, ¿quién nace para ser víctima? Podías ser otra cosa. Pero eso, no. Y eres, empero, inspirador de un mundo mejor, de una bonita lámina en una pared, en la pared de la vida. Una vida que duele al punto de las lágrimas, lágrimas que manan de la propia vida.

Me invitas a construir contigo una vida no enteramente feliz, vida al fin y al cabo, en un lugar que, quizás, no producirá santos pero sí poetas, allí frente al árbol de presencia trágica que sigue en pie, de tronco con negruras de tizón y ramas desnudas, retorcidas.

Sé que jamás recordaré tu camisa tras el tercer día, pero también sé que jamás olvidaré tu rostro, corajudo, amable, en esta abigarrada parodia, parodia de vida. Quiero borrar como sea las cicatrices físicas y morales que han profanado tu cuerpo y tu espíritu,  ajados,  lastimados.

Me detienes y me tiendes tus manos y tus brazos, fruto de injerto sobre injerto, y me ofreces tu sonrisa. Yo quiero matarlos. Y me callas cuando clamó la muerte de los bastardos que vinieron del norte, como pudieron venir del sur. Y casi por sorpresa, me sorprende; no hablas de venganza sino de justicia.

Me escribes desde el norte, el norte de la vida. La tensión se palpa en el ambiente, el aire, impregnado de estrés, incertidumbre. ¡Qué lástima!, exclamas. ¿Por qué los hombres de almas vacías y patrias fugaces coartan el espíritu de la libertad?. Me detengo. Reflexionó. Sigo tus pasos. ¿ Por qué han de pagar justos por pecadores?. Hastío, música celestial, todo lo más. Unos, que sólo arriman el ascua a su sardina. Otros, esos pocos de los que me hablas, son canto de cisnes, preludio de muerte. La mayoría, como tú, como yo, aguarda incierta, a la Diosa ocasión.

He decidido no tomar las de Villadiego, ni poner puentes de plata a aquellos que enturbian la paz, la normalidad, las lindezas de esta tierra. Acudiré a tu llamada, allí donde haya gentes que se encuentran porque se citan, y otros que no se citan porque se encuentran, sin trampa ni cartón. Y te seguiré a lo largo y ancho de la geografía de la vida, por quebrados pedregales, agrios campos, despejados caminos, sol de fuego. Y derrotaremos a la parda bestia de forma humana, humanos sin alma, alma fugaz, que engendra mañanas vacíos, de cincel y maza, implacables, con plomo en una mano y hachas vengadoras en la otra, hijos de una idea, idea rabiosa.

Y, por fin, he buscado en el inmenso doble fondo del gran baúl de la vida y te he encontrado. Hace veinticuatro años que te encontré y nunca dejas de sorprenderme, como una puesta de sol. Inagotable y agotador. Amigo de tus amigos. Leal.

Aún me sorprenden tus inusitadas emociones. En la infancia de mi muerte quiero ser como tú: actuar por placer, por curiosidad, por necesidad o por el extremo deseo de conocer nuevos mundos, nuevas vidas. Otros mundos que están en éste, otras vidas que están en ti. Y, al final, lo que cuenta no son los años de vida, sino la vida de esos años.

Caes cien, mil veces, y te levantas ciento una, mil y una veces. Si te digo ven, vienes y no hace falta que te lo diga. De tus mil y un matices me quedo con tu humanidad, escaso valor en nuestro tiempo; sensibilidad y bondad hacia los semejantes.

Me has descubierto otro mundo, un mundo posible, un mundo que está aquí y en ti. Quizás no sea el mejor de los mundos, ese que hoy en día buscamos todos, sino un mundo factible, donde viven y sobreviven seres únicos, irrepetibles.

Me dices que nos rodean excelentes personas, auténticos tesoros escondidos de sensibilidad humana y de sabiduría acumulada. Y abro el baúl. Busco entre los recuerdos y me hablan de ti: “la felicidad une, el dolor reúne”.

Y en el tránsito de la noche al día, rescato los momentos y las cosas que importan. Vencidos los miedos y las angustias, derrotados el dolor, el sentimiento de culpa, el acoso de oportunistas y las miradas reprobatorias, tendremos una noche con las estrellas. Y habrá un día que se forjara un tierra no ingrata, ingratos asesinos; un hogar con lumbre continua, eterna paz; una mente siempre tranquila, tranquila el alma; Y tendremos sobradas fuerzas, salud; y prudencia, sencilla; y amigos, iguales; y ningún pleito y poca corte; y las noche serán libres de tristeza, y el sueño acortará la fría noche. Y nos contentaremos con nuestra suerte, sin temer ni anhelar el postrer día. 

Y cuando sepa certero que la muerte me acecha gritaré que soy hombre del mundo, mundo que está en éste, y hermano de todos, todos están en ti.

Hoy, amigo Roberto, te honro con un minuto de silencio… silencio que se escucha sobre la tierra ingrata en el hogar sin lumbre de las mentes perturbadas y las almas vacías de los enemigos de la prudencia y de la alegría, que siguen acechando a las almas que juegan a cruzar el abismo para disfrutar de un cielo azul allí, en el trastero del viejo almacén junto a la estación de tren donde descansan las cosas que importan… y dispongo de toda una vida para recordarte.

Dame tu voz, escucharé

Dame tu dolor gritaré

Dame tu mano, te guiaré

Dame tu sueño, soñaré.

Siento. Vida. Felicidad. Amaré.

 

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