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Archivo de la etiqueta: Puerto Rico

Historia de un profesor -no cualquiera- / 4º capítulo (la pesadilla)

Una novela por entregas de Elizabeth Vargas, San Juan de Puerto Rico. Con música, “Jesu Joy of Man’s Desiring”

 

Uno de los días más tristes de su vida llegaba al final y con él se iban todas sus ilusiones, sus sueños y metas, allí había enterrado su gran amor.  Ni los títulos universitarios, los reconocimientos recibidos, ni siquiera el apoyo de sus más cercanos amigos y familiares podrían apaciguar el dolor de sus entrañas.  No tenía aliento, los latidos de su corazón se habían paralizado con el sonar de la caja que fue bajada lentamente en el pantión.  De momento, se cerró la foza, su cuerpo se extremeció y sus pensamientos levitaban.

La familia quería acompañarlo, pero pidió un espacio.  Esteban Barrientos, el hombre, el que tenía emociones y sentimientos, quería estar solo para poder pasar el trago amargo de perder a la que fue su mayor inspiración.  Decidió caminar y caminar en aquel parque donde tantas veces se sentó a conversar con Laura. ¡Era una pesadilla! Solamente quería despertar de aquel horrible sueño y tenerla nuevamente en sus brazos.

Cerró sus ojos y la contemplaba dando vueltas frente a él, riendo a carcajadas como solía hacerlo mientras paseaban.  Ni siquiera el cáncer terminal pudo arrancarle el deseo de vivir, la sonrisa de sus labios, eso era todo lo que le quedaba en ese momento, los bellos recuerdos.  Dormir le haría bien, pero no quería despertar, una parte de su alma se había desprendido, no sabía si podría regresar al apartamento.  El pensar que tendría que dormir en la cama donde, hacía dos días, el cuerpo frío de Laura yacía entre sus brazos le producía desesperación.

Esa noche, no quiso regresar, no tenía sueño, de todos modos lo que vivía era una pesadilla que no sabía manejar.

[Continuará…]

 

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Historia de un profesor -no cualquiera- / 3r capítulo (el brillo de sus ojos)

Por Elizabeth Vargas, San Juan de Puerto Rico

Amante de la literatura, 1a parte
Cada letra en sus sueños, 2a parte

 

Las semanas fueron eternas, pero ya estaba de vuelta.

¿Habría leído el poema? ¿Le habrá conmovido? ¿Sentiría lo que le quería transmitir?

Xiomara navegaba entre un mar de preguntas sin respuestas, mientras aguardaba la llegada del profesor Barrientos. Su ausencia esos días todavía era un misterio.  Faltaban 10 minutos para iniciar la clase, su mentor debía estar por llegar y ella no podía esperar un segundo más para verlo y confirmar que estaba bien.  Como una niña enamorada sabía que la magia de escucharlo en clases volvería a su corazón.

Sin embargo, ese día no fue como los demás.  El profesor Barrientos llegó callado, con la mirada pérdida en el horizonte, no tenía el brillo de sus ojos. Hizo su mayor esfuerzo por impartir el curso y cumplir con su responsabilidad, pero le faltaba la pasión que le caracterizaba.

Cada estudiante tuvo la oportunidad de ir al frente y leer su poema.  Barrientos hizo un pequeño análisis de las inspiraciones de sus alumnos y permitió que los demás también compartieran sus impresiones. Xiomara estaba ansiosa porque llegara su turno. Lo que dijeran sus compañeros no le preocupaba, solamente quería ver la reacción del profesor al escuchar su poesía. Una fuerte emoción la invadía y a la vez sentía una tristeza muy profunda.  Era como si su alma se hubiera conectado a la de Barrientos y estuviera sintiendo el dolor que reflejaba en su mirada.

-Xiomara es su turno – dijo el profesor mientras miraba el reloj.

Mi poema se llama: Sólo sueño

“…Ya no quiero despertar

Si a tu lado no voy a estar

Prefiero delirar

No me niegues la oportunidad

Déjame soñar”.

El tono de la lectura se volvió más intenso, al finalizar su poema Xiomara había transmitido toda la pasión que experimentó al escribir esas letras. El profesor Barrientos se paralizó, respiró profundo y se dirigió a la clase.

-Terminamos por hoy, en la próxima clase evaluamos el poema de Xiomara.

Todos estaban sorpendidos, los ojos del profesor estaban llenos de lágrimas. Los estudiantes salieron aún conmovidos por la escena. El salón se vació. En medio del silencio Barrientos se desplomó, comenzó a sollozar, un grito desgarrador se podía escuchar en los pasillos de la Universidad. Xiomara permanecía fuera justo al lado de la puerta. Estaba consternada por lo que sus oidos escuchaban y su alma se deshizo con el llanto de su amor platónico.

[Continuará…]

 

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Juego de amor

Hay situaciones, momentos, palabras… que no merecen mayores explicaciones. Y es que, como decía Unamuno, “hay lágrimas que refrescan y desahogan y lágrimas que encienden y sofocan más”.

Un relato sobre ese bello, aunque tortuoso, camino que todos emprendemos para encontrar el amor de la profa. Elizabeth Vargas, San Juan de Puerto Rico, escrito en la soledad de la madrugada, donde afloran los mejores sentimientos, las mejores palabras. Con música, por swpuesto.  Escena de Nmpqtbpqtb.

sube y baja

 

(Versión original)

Sube y baja, sube y baja… No podía parar de mecerse  y entre carcajadas era evidente su felicidad. Era un capuyo  que empezaba a crecer. A distancia se escuchaba la risa, era pícara y tierna a la vez.

Y seguía en el sube y baja. Sí, la niña jugaba. La inocencia era su dueña cuando le robaste ese primer beso y te amó. Poco a poco te entregó su corazón, el alma, sus sueños y su ser. Contigo vivió los momentos más hermosos y también instantes muy dolorosos.

Hoy la vida los lleva por senderos de incertidumbre, no hay un rumbo definido. Los océanos se imponen cual barrera entre los dos. A pesar de la distancia, el recuerdo sigue latente, fue tuya y se entregó a ti con gran pasión. Junto a ti creció, aprendió lo que es el amor y lo que es el perdón. Hoy no sabe si estás, si te fuiste y tampoco puede percibir si volverás.

El parque está solo, la niña vuelve a mecerse en el sube y baja.  No ve otra alternativa. Sigue jugando, pero las lágrimas aún corren por su rostro y se escucha un sollozo. En su interior no quisiera abandonar esa ilusión que la llevó al cielo y luego al infierno, pues le costó su inocencia. No hay respuesta y la niña desconoce si tiene tu querer o si todo fue un juego de amor.

 

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Cartas de amor y ruptura, II capítulo

Por Elizabeth Vargas, San Juan de Puerto Rico

Relato con música. “Sigue aquí, sé feliz”, del grupo A Media Luz. Mariela Redondo y Javier Cardona

Después de la lucha interior que tuve, me armé de valentía y llevé el sobre al correo. Allí estaba el agujero donde debía depositar la carta. Abracé el sobre fuertemente, como si fuera Rodrigo. Me parecía sentirlo ahí. Deposité la carta en el correo y tuve que salir a prisa.

De nuevo, no me podía contener, lloré con sollozos, pero ya estaba hecho. Ahora solamente me quedaban los recuerdos de lo que pudo ser un gran amor.

-No se puede detener el tiempo y menos enmendarlo, pensé.

En el otro lado del mundo era la hora de descansar y Rodrigo se disponía a llegar a su cuarto. Allí hacía su ritual nocturno, releía una de las muchas cartas que tenía de Maia, contemplaba su foto y le hablaba como si la tuviera de frente. Así pasaban las semanas y los meses, mientras él esperaba el regreso a su casa y el gran reencuentro.

Después de algunos días, llegó la nueva carta que tanto anhelaba.

– Veo que buscaste tu correspondencia, a mí se me olvidó.

– Sí Gustavo, sé que hoy dormiré feliz.

– Hombre parece que estás muy enamorado de esa chica, todavía no abres el sobre y no dejas de sonreir.

– Ella es mi vida.

– ¿Es tu esposa?

– Pronto lo será, solamente espero que llegué el momento de dejar este buque y volver a casa.

– Lo dices con tanta emoción muchacho, se ve que todavía no enfrentas la realidad que otros marineros vivimos.

– ¿De qué hablas?

– ¡Nada! Son cosas mías, me voy a dormir que hoy los ataques fueron fuertes y no sabemos si mañana estaremos aquí o cambiarán la estrategia.

– Bueno, que descances.

– ¡Gracias hombre! tú disfruta del amor mientras dura.

No me gustaron las palabas de Gustavo, pero él sabrá lo que vivió.

Al fin llegué a mi cuarto y me tiré en la cama para leer esas mágicas palabras que siempre llenaban mi corazón de aliento y alimentaban mi espíritu.

Sacó la carta del sobre y esta vez solamente había una hoja.

-¿Qué pasaría que la carta es tan corta?, me cuestioné. Mientras leía noté que el tono era bien diferente, no era la Maia que me enamoró con sus cartas.

Terminé y no lo podía creer. No comprendía y no quería entender lo que decía en aquella misiva. Un sabor amargo, inexplicable, comenzó a bajar por mi garganta. Esta vez las palabras causaban una herida muy profunda. Era una despedida, estaba rompiendo todos mis sueños. Me pregunté, una y otra vez, adónde se había ido la ilusión y todo el amor que plasmaba en cada oración de las demás cartas.

Solamente venía a mi mente aquella noche en el muelle de San Juan, donde la conocí. Ese primer y único encuentro había sido fascinante. Yo, que no creía en esos cuentos del amor a primera vista, había quedado hechizado aún con su tímidez. Se hizo tarde, era la hora de partir, intentamos despedirnos varias veces, pero no podíamos.

En una noche queríamos contarnos toda la vida y que mucho reímos. Me tocaba partir así que le robé aquel beso. Recuerdo que bajó la cabeza, estaba sonrojada y con una sonrisa en sus labios. Me fui a esta nueva misión con una actitud muy diferente, con deseos de regresar y de estar a su lado. Me llevé solamente un pedazo de papel con sus datos y el recuerdo de sus labios.

Después de tantos meses, pensé que la conocía de toda la vida, estaba seguro que ella también había sentido lo mismo que yo, pues en cada carta que nos escribimos únicamente había ternura, amor y pasión. Quería pensar que estaba dormido, que era una pesadilla y que pronto despertaría.

 

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Cartas de amor y ruptura, I capítulo

Por Elisabeth Vargas (San Juan, Puerto Rico)

Relato con música. Abre la carta.

No he parado de llorar, voy a tener que pasar nuevamente la carta porque el dolor me consume, las lágrimas han bañado el papel y él no lo puede saber.

Sí, saqué fuerzas no sé dónde, pero tomé el lápiz, el papel y comencé a escribir la última misiva. Llevo un año enviando y recibiendo cartas. Allí en palabras está plasmado el más grande de los sentimientos, el amor, y toda la pasión que puedo sentir. Unas letras mágicas, escogidas con mucho cuidado para que cuando leyera cada palabra se enamorara más y más de mí. Sí, así fue, está totalmente enamorado. Me parece verlo en ese buque del ejército donde se encuentra, en aquel pequeño cuarto donde suele refugiarse, leyendo cada una de mis cartas.

No quiero pensar en lo que pasará cuando lea mis últimas letras. Pero la carta lleva la peor noticia. Y quiero que quede claro que lo amo con todo mi corazón, aunque decidí mentir una vez más. Ya se había vuelto una costumbre, así fue desde el principio. Pero esta mentira le causará dolor y a mi también.

Hoy decidí asesinar todo lo que siento y no sé si podré vivir después de
hacerlo. Mis cartas, todas y cada una de ellas decían las palabras más dulces que podía pensar, detallaban la nostalgia que vivía tras su ausencia, le confiaba mis secretos y los sueños que tenía imaginando su regreso. Maldita guerra que lo alejó de mí.

Tomé un nuevo papel para terminar el escrito y plasmé en él mis últimas  palabras: “aunque no entiendas lo que pasó y tal vez nunca lo sepas, he  dejado de amarte y no puedo engañarte más, lo siento, pero terminó, se murió el amor“.

No encontraba cómo firmarla y menos quería ponerla en el sobre, pero la  decisión era final. Esta vez la redacté yo, solamente yo.

Continuará…

 

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