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EL LEGADO

Ayer durante la cena me hablaba el viejo de la imprenta de la existencia de un Reloj del Apocalipsis o Reloj del Juicio Final. Por lo visto, tras la II Guerra Mundial, y asustados por el alarmante auge del armamento nuclear, la junta directiva del Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago – siempre la Universidad de Chicago-, creó este reloj simbólico para representar el riesgo permanente de desaparición de la raza humana.

El viejo me contó que, según estos científicos, los humanos estamos siempre a minutos de la media noche, hora que utilizan para representar el apocalipsis. En 1947, año de nacimiento del reloj, colocaron sus manecillas en las 23:53 horas, es decir a siete minutos para el final.

Sin embargo, calculé mentalmente y caí en la cuenta de algo que me pareció injusto: mientras en Chicago, el fin llegaría a las 23:53 h. del 19 de agosto, aquí lo haría a las 06:53h., en Tokio, a las 13:53h. y en la Polinesia francesa ya sería incluso 21 de agosto.

No calculé la hora en Londres. Primero, porque no me importaba demasiado, aunque esa no es una razón de peso. Y, segundo, porque los británicos siempre van a la suya en cuestión de horarios, sentidos, direcciones…, lo cual detesto. Y aún detestó más su arrogancia de que son ellos los que poseen la verdad de lo correcto y nosotros, los equivocados.

En definitiva, el fin alcanzaría a unos cenando, a otros despertándonos, a otros comiendo y a los de más allá, poniéndose el pijama porque alguien, caprichoso, quiso que el ser humano nunca vaya a la misma hora.

El viejo, que a medida que pasan los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses y los años ganan en curiosidad – quizás sea por eso que se mantiene viejo-, me explicó que, en cada número del Boletín de la dichosa Universidad de Chicago, y en función de los acontecimientos, las manecillas se actualizan, pudiendo atrasarse o avanzar hacia el fatídico final, como si el hombre tuviese una suerte de poder universal para decidir sobre su destino. ¡ Ilusos !, pensé. El viejo me dio la razón.

En un primer momento, el movimiento del reloj dependía del riesgo nuclear, pero con el tiempo se empezaron a tener en cuenta otras circunstancias como los avances tecnológicos, el cambio climático, los movimientos geopolíticos, etc.

– Dicen – detalló mi querido viejo- que el momento en el que hemos estado más cerca del Juicio Final fue en 1953, cuando EEUU y la Unión Soviética empezaron a realizar pruebas con su armamento nuclear. Nos quedamos a 2 minutos. Por el contrario, la vez que más lejos hemos estado fue precisamente cuando esas mismas potencias, en 1991, firmaron los tratados de desarme que daban por finalizada la Guerra Fría. Estuvimos a 17 minutos.

– Y, ¿ cuándo se actualizó por última vez ?

– El 11 de enero de 2012, que nos dejó a 5 minutos del fin de la Humanidad.

Entonces, ambos reflexionamos en voz alta: si los científicos atómicos de la Universidad de Chicago hubieran leído los periódicos de los últimos días, semanas, meses… hubieran tenido que sacar números especiales de su Boletín cada día, adelantando y retrasando varios minutos las agujas reloj acercándolo al fatídico momento.

Ayer, sin ir más lejos, porque si lo hacíamos el reloj podría volverse loco, conocíamos que Egipto, por enésima vez, está al borde de la guerra civil – si es que no lo está ya, al menos en la hora de la Polinesia francesa-; que nos acechan los “lobos solitarios”, los yihadistas que combatieron en Siria y que han regresado sin otra ambición que matar porque si no, son como chimeneas en verano; que un soldado americano se puede pasar la vida en prisión por revelar secretos – un nuevo ejemplo de la estúpida democracia estadounidense-; que el nieto del Rey de España, Pablo -no citamos aquí su apellido porque la criatura no tiene la culpa de tener el padre que tiene- aún está enfadado porque su primo, el indomable Froilán – ¡ vaya familia !- le intentó ensartar con un pincho moruno, y que, trescientos años después, España y Gran Bretaña aún andan a la greña por un peñasco – con nuestras disculpas y respetos a los gribaltareños-.

Y, por si fuera poco, políticos, obispos y arzobispos no dejan de hablar de la vida de los demás, de cómo deben llevarla, de cómo deben vivirla, como si la suya fuera la única vida posible.

No queremos ser pájaros de mal agüero ni tampoco pretendemos dar la razón a los mayas, pero anoche nos pareció oír los cuartos – toc, toc, toc, toc…- que anuncian un nuevo fin. Sin embargo, hicimos una llamada a los científicos de la Universidad de Chicago, a eso de las 23:53h, para comunicarles que Alemania ha creado un “tercer sexo”, que han descubierto un astro extrasolar del tamaño de la tierra y cuyo año solo dura ocho horas y media, y que el Gobierno de España – ¡ canallas !- se gastará más de 214.000 euros para restaurar la fachada del Valle de los Caídos -sus caídos-, según un contrato que adjudicó el pasado 18 de julio, día del Alzamiento de los bastardos franquistas… Con noticias como éstas, era necesario retocar la hora del reloj, les dijimos a los científicos estadounidenses.

El Café Romantic presenta un breve relato de Luisjo Goméz, de Barcelona, extraído de su libro “El legado del Valle”, escrito a cuatro manos con Jordi Badía. La obra relata las investigaciones de Arnau Miró en torno a la muerte del único familiar vivo que le quedaba, su tía María. La mujer ha muerto en extrañas circunstancias en su casa de la Vall de Boí (Lleida) donde guardaba un objeto que podría cambiar la historia de Occidente para siempre. Las ansias por destruir este misterioso objeto, han provocado centenares de muertes a lo largo del último milenio, siempre con la pretensión de conseguir que la humanidad no llegue a conocer nunca lo que ellos llaman “Legado”.

Imagen con música: U2 – With Or Without You

“Me senté sobre los restos de muralla que, callada, parecía evocar grandiosas epopeyas. Por vez primera sentí cómo entre las juntas de sus piedras rebosaban aún sangre y leyenda: el eco de una lejana historia olvidada en el tiempo que llamaba con insistencia mi atención, para regresar de un silencio secular… Tanta sangre, tanta sangre…Demasiada religión en el mundo para que los hombre se maten entre sí; no la suficiente para que se amen…”

 

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Geometría no euclidiana en Bilbao

Decidimos no planear con antelación nuestra visita, aún a riesgo de la frustración, y no compramos las entradas “on line” para evitar colas. ¿ Qué fue del arte de hacer cola para entrar en el cine, en el estadio, acaso en un museo? Somos del mismo parecer: la vida es aburguesamiento en forma de molicie, que afecta al pensamiento, la charla pausada, la paciencia y el movimiento hasta el punto de aniquilar ese deseo irrefrenable de descubrir cosas, la pasión.

Partimos deliberadamente en coche desde Vitoria. Esta vez el paisaje variaría respecto de nuestra llegada al norte. Ya no eran absolutamente verdes los colores predominantes. En una suerte pictórica de la mano de Dios, se mezclaban con ocres y marrones de vestidas montañas, camino del “umbral vasco” donde los Pirineos descienden para formar sin riña otra cordillera, la cantábrica, en la que las planicies están algo inclinadas. Bajábamos cuando subíamos, y viceversa, como caminar cuesta abajo por la cuesta de la vida

Esta vez el paisaje variará, ya no serán totalmente verdes los colores predominantes, estos se mezclarán con ocres y marrones de las montañas, piensa que estás viajando hacia el llamado umbral vasco, adonde los Pirineos descienden a formar la Cordillera Cantábrica, por lo cual las “planicies estarán algo inclinadas” pero siempre cubiertas por sembrados.

Apenas hablábamos. Apenas sí unas exclamaciones e interjecciones de asombro. Mirábamos el horizonte y todo lo que nos envolvía sin que nuestros ojos viesen. El corazón parecía sentir sin palpitar. ¡Suspiros cortos!, momentos que sugerían una conciencia de eternidad en cada cuesta. La fantasía había derramado su fuego espiritual sobre la naturaleza exterior agrandando las cosas pequeñas, aquellas a las que apenas prestamos importancia y que hacen de nosotros seres, sino imprescindibles, sí importantes.

De repente, entre dos cadenas montañosas que parecen pugnar por el título de reina protectora del lugar se mostró la ciudad que fundó “El Intruso”, otrora comercial, mercantil, industrial, ahora reinventada.

Frente a nosotros, allí donde la ría deja de ser río, se alzaba caprichoso y singular un edificio que se manifiestar como un barco que rinde homenaje a la ciudad portuaria que siempre y que siempre será. Sus paneles brillantes de titanio sugerían escamas de pez, recordándonos, tal vez, influencias de formas orgánicas inertes pero vivas, armónicas pero disonantes, desordenadamente ordenadas, desorganizadamente estructuradas y ordenadas, como la vida misma.

Nuestras inquietas cabezas jugaron a las imágenes mentales: fragmentación no lineal en una suerte de manipulación de ideas aparentemente estructuradas cuyos postulados y propiedades difieren en algunos puntos de aquellos que Euclides estableció en sus Elementos. Formas no rectilíneas que distorsionaban y dislocaban algunos de los principios elementales de la arquitectura de la arquitectura y de la vida, como di nos quisiera decir que en el mundo en el que vivimos está gobernado por algún ente, alguna ley trascendental, como la mano de Dios, que gobierna el destino de los hombres y las decisiones que creemos tomar libremente tan solo son hechos predestinados.

Dicen, sin embargo que, a vista de pájaro, aquel caos controlado de titanio y piedra caliza, en que cubiertas y fachadas juegan amistosamente entre sí, posee la forma de una flor. Tal vez, nos dijimos, el arquitecto de las tendencias orgánicas nos quiso decir con ello que no hay más que una vida; acaso no hay Dios, ni reglas, ni juicios más que los que nosotros aceptemos y creemos para nosotros mismos, y cuando se acaba, se acaba, y dormimos por toda la eternidad.

Nos movimos de un lado para otro buscando ángulos, perspectivas quizás imposibles; acaso tretas de lo que estábamos viendo no existía pero lo veíamos, y  descubrimos, pues de ello se trataba cuando partimos de Vitoria, que el edificio domina las vistas de la zona donde debe dominarlas pero desde el río se reivindica modesto, como nosotros, como las gentes, inmortalmente mortales. Fuimos felices mientras estuvimos allí.

Era jueves, laborable, pero había cola para entrar al singular y caprichoso edificio. No importaba. Un eterno momento pausado para hablar de todo y de nada nos acompañó en el tránsito administrativo de una ensoñación a otra. Le preguntamos a un guía qué podíamos ver. Sonrío. Tenía el aspecto de un joven delideradamente envejecido para la ocasión y nos respondió, filosofando, muy propio en el controlado caos del escenario:

– Suele decirse que la gente ve lo que quiere ver. Hay personas que pueden dar un paso atrás y descubrir que les faltaba ver las cosas con más perspectiva. Otras personas se dan cuenta de que la vida les está pasando factura. Otras pueden ver lo que estaba ahí desde el principio… Y luego estan esas personas, aquellas que huyen lo más lejos posible para no tener que verse a sí mismos.

En cuanto a nosotros, puedo decir que lo vimos todo más claro.

Empujados, casi arrastrados, por insospechadas manos, quizás las de aquel insólito guía, acabamos en la sala de la exposición “El arte en guerra”, donde artistas como Picasso  o Dubuffet y los surrealistsa de la época nos ilustraban sobre la crudeza de un tiempo no tan lejano y de las miserias de la humanidad.

Nos hablaban de un tiempo en que, atrincherados en su estudio, creaban para resistir, indicándonos nuestra parte más oscura, nuestras miserias. Eran voces que hablaban cuando ellos no tenían libertad para hacerlo. Emociones largo tiempo prisioneras y ahora liberadas.

Vimos tras un “dictador” a un ser acomplejado, reprimido, inseguro y desequilibrado y frente a él, aquellos que hicieron del arte un arma de guerra contra el enemigo; encerrados en su estudio, en un sótano, también en un campo de concentración, su obra dio sentido a sus vidas, y a las nuestras.

El alsaciano Joseph Steib tomó vida en su óleo. Nos habló de que, por buenas que sean las ideas, por acertadas que sean las intenciones, si los actos conllevan agresividad, rigidez y estrechez de miras, el resultado será siempre catastrófico.

Al salir de la ensoñación, aquel guía jovemente envejecido nos despidió con una sonrisa, la misma sonrisa del artista liberado, agridulce, mezcla de optimismo y melancolía:

“caballeros la responsabilidad es suya. La libertad no puede ser concebida sino conquistada”.

Un cuento de Jordi Planes y Goyo Martínez a propósito de un viaje que el excelente coach y escritor de Vilassar de Mar llevó a cabo al País Vasco para presentar sus últimos libros y durante el cual tuvo la feliz idea de visitar el Museo Guggenheim de Bilbao, donde se expone “El arte en guerra. Francia, 1938-1947, de Picasso a Dubuffet”, una muestra que reúne más de 500 obras de un centenar de artistas, incluyendo documentos, fotografías y películas inéditas, que evidencian la forma en la que estos creadores resistieron y reaccionaron, “haciendo la guerra a la guerra” con formas y materiales casuales impuestos por la penuria, incluso en los lugares más hostiles a toda expresión de libertad. Y para la ocasión, una excelente composición musical de la banda sonora de La Lista de Schindler.

El conquistador

 

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¡ NADA, TODO !

El viejo de la imprenta sigue con sus cosas que hacer y ver antes de morir. En su última carta, manuscrita, naturalmente, me cuenta que ha viajado a Erving’s Location, donde piensa quedarse una temporada.

¿Una temporada?, querido viejo. Y, ¿por qué?.

Erving’s Location es un municipio ubicado en el condado de Coos, en el estado norteamericano de Nuevo Hampshire, con una superficie total de 9.51 kilómetros cuadrados, de los que 9.51 kilómetros cuadrados corresponden a tierra firme y (0%) y 0 kilómetros cuadrados es agua.

Según el último censo, había 0 personas residiendo en Erving’s Location. La densidad de población era de 0 hab./km². De los 0 habitantes, Erving’s Location estaba compuesto por el 0% de blancos, el 0% eran afroamericanos, el 0% eran amerindios, el 0% eran asiáticos, el 0% eran de otras razas y el 0% pertenecían a dos o más razas. Del total de la población el 0% eran hispanos o latinos de cualquier raza.

Ahora, una sóla persona, el viejo de la imprenta, ha logrado cambiar todo un mundo y ya nunca podrán decir que Erving’s estuvo siempre ligada al cero, porque allí no hay nada pero está todo.

Feliz temporada, querido viejo.

Ruth Roman también anda a la búsqueda de algo, porque nuestra existencia es una constante búsqueda, y en una aparente nada, lo ha encontrado, no sin antes haber bregado sin rendirse nunca.  Hoy con el acompañamiento de una música que siempre deja alguna señal en el alma: Blue October – a quiet mind lyrics

 

Si a menudo el alma piensa que la vida no es más que un mar de lágrimas, nada hasta encontrar la orilla, y cuando hayas conseguido llegar a ella no creas que el camino ha sido en vano, pues ello significará que posees la vida. Si eres consciente de que es tuya, disfrútala, pero, si por el contrario las feroces olas no te dejan alcanzarla, lucha, no te rindas, no caigas en la absurda indiferencia y pide ayuda; aunque creas estar sumida en una profunda soledad, no es cierto, no lo creas. Alza la mirada, por triste que sea, y verás que a tu alrededor todos intentamos llegar a ella; y mientras encuentres a alguien que al mirarte a los ojos te ofrezca su apoyo, comprenderás que no estás sola, que nunca estuviste sola, que nunca estarás sola. Por vacía y humilde que parezca la orilla, tú habrás conseguido desvanecerte en ella, otros permanecerán eternamente en el camino.

 

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De vez en cuando…

Hoy, el viejo de la imprenta ha marchado a Colliure. ¿Qué hay en Colliure? ¿Qué puede haber en un pueblecito francés de apenas tres mil habitantes?, le pregunté. 

– ¡Unos días azules, un sol de infancia…! – respondió con la confianza y el aplomo de quien sabe lo que busca.

Hace un tiempo, el viejo elaboró una lista de cosas que hacer, ver y sentir antes de morir. Hay quien se propone lanzarse en paracaídas, pilotar un coche de carreras, viajar al Caribe, subir una montaña tan alta como el Everest… Él, el viejo, se conforma con cosas más sencillas, humildes incluso, que se llevará al cielo con los ojos cerrados, el corazón bien abierto, en un día azul y con un sol de infancia. 

Hoy, el viejo ha viajado con lo puesto a Colliure, a hablar con Machado, uno de sus favoritos. Y quizá el viejo le pregunte “si todo pasa y todo queda” y el poeta, con más aplomo, le responda: “lo nuestro es pasar”, pero un “pasar haciendo caminos”, siempre en “mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón”.

“Golpe a golpe, verso a verso”, sufriendo, porque tiene alma y lo sabe porque le duele, La Dama se Esconde Ruiz Mora escribe desde Murcia una poesía que rezuma desesperanza, para la esperanza.  Hoy, con la música del “caminante”. (Con vuestro permiso, a mi padre, que está en los cielos, y a quien tanto añoro).

 

Y de vez encuando la vida te da un traspiés,
y te arremolina el alma,
te llena de incógnitas,
de puntos sin la i de la
memoria.
De vez encuando la vida
te desconsuela los labios,
congela preguntas y respuestas;
Agujerea el corazón,
los cose con hilo
de terciopelo..

 

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Algún día…

El sol declinaba y la tarde se presentaba con un esplendor insultante. El paisaje hechizaba y perturbaba sin remedio. Al lugar no le había hecho falta entrar en la modernidad. ¿ Para qué? Sabiamos que, al menos, existían sueños que resisten el embate de la realidad. El lugar ya formaba parte de nuestra memoria sentimental. Le llamábamos el lugar sublime. Nos encantaba ese adjetivo de filiación romántica. Paisaje y paisanaje se fundían en una amable simbiosis. La sensación era indefinida, vaga, hermosísima: accidentes incomensurables, lapiaces, simas, dolinas, piedras como hechas de encargo.

Al regreso de su viaje a ninguna parte, el viejo de la imprenta acarició con la mirada y con la mayor fruición de la que era capaz sus cansados ojos el escenario.

– Dime, querido viejo, ¿hallaste tu destino?

El viejo barrió con la mirada el paisaje, un paisaje que valía la pena ser salvado y donde la gente parece que vivía en el fondo de un cuadro del que se había excluído lo sórdido y lo feo. Verdes, ocres, dorados y malvas salpicaban las colinas.

– Mi querido y joven amigo, todos tenemos un destino mágico, incluso místico, en algún lugar de la imaginación.

Gracias, viejo. Aquellos atardeceres serían una constante que ya nunca nos abandonaría.

Desde un lugar de la imaginación, Luz Luz Mar Mar, de Marbella, nos habla de cosas a las que muchas veces no prestamos atención pero que son realmente lo que importan, al fin del día, al final de la vida. Y quizá sea sólo el parpadeo de una luz… Música (en la imagen) de Lana del Rey; born to die

Descubriré las estrellas

no sólo por su belleza,

me dan mucho más de lo que alumbran…

Tienen en su Luz…

los códigos de nuestras vidas,

el secreto del porqué …

algún día, descubriré las estrellas”.

Mar Mar.

 

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Con el cielo como techo

Hay ocasiones en que el viejo de la imprenta y yo dormimos con el cielo como techo. Y, entonces, como si emocionalmente siempre estuviera en la luna, me cuenta sus recuerdos. Son recuerdos que traen el eco de un patio sembrado de pilistras y un mostrador rezumante de aromas florales donde reinaban cantes y bailes anunciados en un bautizo, prolongados en la primera comunión, fermentados en bodas de cuatro lunas, asentados en fiestas sin motivo aparente y que no se apagaban ni siquiera con el funeral del viejo.

Luego, me habla de la fuerza de Titán, la luna de Saturno. Océanos de metano espaciados entre sí por cientos de años, con una fuerza de gravedad tan bajita que, cuando se evapora y llueve, forman gorditas gotas que caen muy, muy despacio. Es, entonces, cuando todo flota y tiene su gracia, espaciado entre sí por eternos instantes.

– Me encanta tu fuerza, querido viejo.

– Es como la de la cuerda de un barco, que la tensas y te acerca a una nueva orilla.

Desde Muro (Mallorca), Ventafocs nos habla de lo que nunca nos puede faltar en la vida.  Música, heaven.

Foto: Per molt alta que sigui una montanya mai podrà tapar la Lluna

 

Mi tejado y mi casa se han quemado; ya nada me priva de ver la luna que brilla… y desde entonces, por muy alta que sea la montaña, ya nunca podrá taparla.

 

 

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Sapere Aude

Un niño de seis años escribió una vez:

¿ A ellos les gusta morir?. A nosotros, no. Y si a ellos no les gusta, a nosotros, tampoco. Y, entonces, ¿ por qué lo hacen?. Por ninguna razón. Y entonces, ¿ por qué no lo hacemos nosotros? Porque no somos malos. Y si ellos dijesen nosotros tampoco somos malos, ¿les gustaría? ¿A que no les gustaría? Pues, no nos lo hagáis, ¡vale! Parad de hacernos daño”.

Al leerlo, Roberto tomó una servilleta de papel y anotó:

Dame tu voz, escucharé

Dame tu dolor, gritaré

Dame tu mano, te guiaré

Dame tu sueño, soñaré

Siento. Vida. Felicidad. Amaré…

Estas palabras fueron escritas en pleno apogeo de la canalla actividad de los terroristas de ETA pero también pueden ser, son y deben ser un canto a la paz desde los ojos, las manos y el alma de la inocencia, la mejor, que proporciona un niño, un grito contra cualquier clase de terrorismo y violencia, física, verbal o psicológica, en cualquier parte del mundo.

A punto de cumplirse el 12º aniversario del asesinato del profesor Ernest Lluch a manos de los salvajes de ETA, el Café Romantic quiere recuperar este breve relato del libro “Pido la Palabra: crónica íntima de las víctimas del terrorismo” (Lectio/Cossetània, 2008), en homenaje a todos aquellos que se dedican a luchar por la paz, con cualquier gesto, con cualquier palabra o incluso con su silencio, y en especial Robert Manrique, amigo y alma máter en España de la defensa de las víctimas de una de las peores lacras de la humanidad, el terrorismo.

Con música, “En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo
y la lluvia o las nubes no pueden velar tanto brillo.
ni los árboles nunca podrán ocultar el camino
de su luz hacia el bosque profundo de nuestro destino…”

Junio de 1999…

Lluch se abigarró entre el público, como un ciudadano más. Roberto lo invitó a subir al entarimado, pero (el profesor) rehusó cualquier tipo de protagonismo. Era el momento de las víctimas y su discreta presencia, el mejor homenaje que podía tributarles. Roberto leyó a Lluch. Sabía que era inteligente y erudito. Abierto y enciclopedista. Pero lo que desconocía era su generosa generosidad y su humana humanidad. Le habían hablado de su valentía intelectual. Del hombre de las luces que incitaba, cuando no provocaba, a pensar, a hablar, a comprometerse con los problemas de nuestro tiempo. También sabía de su fidelidad a una máxima kantiana que le había guiado en la vida, sapere aude.

La razón de las gentes de bien -pensó Roberto. Lluch perseguía el mismo sueño que él. Un país, un mundo abierto y dialogante, donde lo humano no fuera ajeno. Era el vigía del diálogo que nunca dormía soñando la paz.

Al concluir el homenaje, Roberto se acercó al profesor y le tendió la mano. El emocional saludo almacenó todo el dolor y toda la solidaridad que cabía en la tierra. Sin mediar palabra, de inmediato comprendió lo extraordinario del ser.

– Què us cal? (¿ Qué os hace falta?) -preguntó, sin más, Lluch a Roberto. No hicieron falta presentaciones grandilocuentes. Una vez más, Lluch se dejó llevar por su interés desinteresado, por su curiosidad, por su compromiso con lo humano.

– Su apoyo. Sólo su apoyo -le contestó Roberto.

– Tenéis no sólo mi apoyo. Tenéis mi afecto, mi corazón…- le respondió, seguro, el profesor.

 

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Un día inolvidable

 Me preguntó en cierta ocasión el viejo de la imprenta para qué sirve escribir.

– ¡Mi querido viejo – le respondí-; soy lo que escribo. Y lo que escribo dice qué y cómo pienso, qué y cómo sueño, qué y cómo vivo, qué y cómo siento, qué y cómo te veo, qué y cómo te imagino…

– ¡Pues escribe, escribe hasta la eternidad!, – me dijo el viejo de la imprenta que no acudió a ninguna universidad de postín, sólo a la universidad de la vida.

Alfons Carrasco, de Mollet del Vallés, siente, como yo, una irrefrenable necesidad de escribir. Y me escribió en día de lluvia, en que las gotas parecían llevarse los mensajes como si la historia arrastrara la vida de los hombres y mujeres sin más…, ¡pero no!. Siempre nos quedarán las palabras, las palabras escritas y se convertirán en un día inolvidable. Con música, por supuesto.

 

Me gusta escribir cuando llueve, eso le pasa a mucha gente, sin duda…, pero para mí, es como si las gotas de agua me llevaran poco a poco a un extraño camino que, cuando lo recorro y llego al final, muchas veces inesperado, siento que la historia ha sido forjada por la lluvia. Y aunque este largo camino aún no tiene dueño, sí veré un día la luz, y recordaré que ha sido creado en parte, por un día de lluvia.

 

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Amalgama

El pasado no ha muerto, dice Faulkner, “ni siquiera ha pasado”. Hay veces en que vuelve el pasado, acude el futuro y se encuentran en el presente. Otras en que el tiempo no importa porque se ha desarticulado; porque todo, presente, pasado y futuro, está ocurriendo o siendo a la vez. Tú debes elegir porque las más de las veces el futuro nos tortura, el pasado nos encadena y he aquí porqué se nos escapa el presente.

Una preciosa reflexión de Olga Prieto (Baix Llobregat, Barcelona) acerca del país de Serendip, un mundo de complejas emociones, de emociones del pasado y mañana, ya veremos. Música: sólo una mujer, sólo un país, sólo un recuerdo, ¡todo!.

El tramo de vida que caminamos hacia delante _se hace camino al andar_ arrastra experiencias pasadas_el pasado no ha muerto, nunca lo hace_y en la conjugación de éstas con las nuevas_fui lo que eres, serás lo que soy_resurge el presente vivido, confundiéndose con un pasado ya fundido en un presente futuro_dejadme que siga con mis recuerdos, pues de ellos vivo, lo cual es lo mismo que vivir de esperanza, ya que quien no tiene  pasado carece de futuro, y quien no ha hecho nada, no puede saber lo que va a hacer_ Amalgama de vivencias vividas expectante y anhelante de satisfacer deseos y ilusiones ansiadas.

 

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El trastero azul

Este cuento fue escrito un día determinado, en homenaje a mi amigo Roberto Manrique, una de las víctimas del atentado perpetrado por ETA en Hipercor, el 19 de junio de 1987.

Durante 24 años, Roberto lo ha dado todo por el universo de las víctimas y, desde ese preciso día, sus recuerdos, los retales de su vida, por culpa de la política, yacen en el  “trastero” de un guardamuebles. Un cuento a propósito de Roberto, quien viajó a las profundidades del infierno y regresó para explicármelo.

Es también un homenaje a todas las víctimas, de cualquier clase y condición: de la violencia de género; de la economía y la política que nos condena hasta el hastío; de las guerras y sus perros; de las enfermedades, de la vida en sí misma.

Porque la felicidad une, pero el dolor reúne. Con música, “secret garden”

Podéis seguir a Roberto en su blog, http://eltrasteroazul.blogspot.com.es/

Te escribo en la noche del día, con una expresión de desvalimiento en el rostro y la torpeza de la urgencia en el cuerpo. Las ilusiones forman parte del pasado y, quizás, del futuro, pero hoy son sólo frustraciones. ¿Adónde fueron los momentos?. ¿Adónde fueron las cosas que importan? Hoy viven en el trastero, solas, en soledad, allí en el viejo almacén junto a la estación de tren donde las mismas almas de siempre, bajo una atmósfera gris y un sol viejo, juegan a cruzar el abismo para disfrutar de un cielo azul.  

Tras la sábana hecha un revoltijo, veo la vida apenas cubierta con un camisón que tiene algo de mortaja. La dejo en cueros y luego la envuelvo en un sudario de papel; querido Roberto, la quiero colocar bajo la alfombra del mundo, difunta.

Tus últimas palabras, tras regresar de tu viaje con billete de tercera al infierno, son acicate para mi alma y mi corazón, alma nómada, corazón sedentario. Quiero derrotar al abismo. Abismo, y luego más abismo. Quiero derrotar a la muerte. Muerte, y luego más muerte. Bebiste su rostro en la oscuridad, refugio natural de la tristeza. Deduzco por tus palabras, que era una oscuridad romántica, pálida, de orejas pronunciadas, lágrimas de rímel y negro riguroso. Negro muerte. Amigo Roberto, tú que has muerto un poco:  ¿debo temer a la muerte? ¿ Es la muerte una parte de la vida?. ¿Quizás, un punto de partida, un papel en blanco donde podemos escribir lo que queramos o una tela virgen donde pintar nuestros deseos?.

Cuéntame Roberto, tú que lo supiste al tercer día en que conociste tu realidad, una realidad que ofende con la misma saña con la que un demente haría ganchillo o un necrófilo excavaría tumbas. Vinieron del norte sin ser citados un diecinueve de junio, junio otoñal, eterno otoño que avanza con lenta opulencia. También pudieron venir del sur. La muerte por cuenta ajena, canalla, no tiene patria. No quiero una patria fugaz.

Y llamaron al viajero, eterno viajero inmóvil, para que te llevará con él. Trago rancio. En nombre de una falsa ilusión, falsa patria, patria fugaz, fugaces las almas, los bastardos vaciaron sus cargadores, vacías las almas. Almas de plomo, plomo de Dios y de Lucifer. Ingratos que te dieron de beber vinagre y te lancearon el costado, al tercer día. Furtivos de la vida que suelen llegar de noche, noche del día, como animales con forma de perro enorme, de cuero peludo y patas de acero, almas vacías, que se cuelan de noche en las casas, casas que son hogares, y se posan sobre el pecho de las gentes, gentes sencillas, sencillez humilde, humildad anónima, para crearles angustia y horribles pesadillas… y luego, por la mañana, solo sabemos rezar un responso.

Y regresaste del infierno, con tu billete de tercera, para explicármelo. Y me pides paciencia, paciencia de vida. Cierto es, nunca recibimos más de lo que podemos soportar. Cierto es, debemos disfrutar de cada instante de lo que nos ha sido dado. Y me hablas de un idiota, del maravilloso idiota que sólo él dirá dónde el camino puede conducirnos; ¿quién sabe si nos encontraremos a lo largo del camino?; del idiota que dirá dónde los vientos nos harán volar; ¿quién sabe si alguna vez alcanzaremos la orilla?; del esperado idiota que seguirá un sol naciente con los ojos que sólo pueden mirar fijamente; ¿qué tipo de fuego nos quemará allí?, sólo un idiota, nuestro idiota, dirá.

Pese a la noche del día, detectó en tus palabras calidez y esbozo una sonrisa, tímida, sí, como la del conejo, quizás asustado en la medianoche, día en la noche, pero sonrisa, al fin y al cabo. Es la sonrisa de quien halla un rostro humano entre la multitud, un gesto de solidaridad en el barullo de cuerpos que se cruzan y tropiezan, de gente que busca su tren, tren que escapa.

Querido Roberto; la vida es como el doble fondo de un inmenso baúl que trajina la señorita tristeza cuando un eterno otoño avanza con lenta opulencia y la sombra de un gran árbol de ramas desnudas, casi abandonado al invierno, casi derrotado por él, se proyecta en presencia trágica, agigantada por su propio tamaño y la duración sobrehumana de su vida. Una vida que duele al punto de las lágrimas, lágrimas que manan de la propia vida. Truenos que suenan, y no suenan a tormenta.

Te cuento, al tercer día: el mundo ha asistido antes a sueños de cambio, a promesas de que algo nuevo esperaba a la vuelta de la esquina. Esta vez el sueño se ha consumado. Hay momentos en los que algo inexplicable sucede y el orden del universo se trastoca.

No has nacido para ser víctima. En realidad, ¿quién nace para ser víctima? Podías ser otra cosa. Pero eso, no. Y eres, empero, inspirador de un mundo mejor, de una bonita lámina en una pared, en la pared de la vida. Una vida que duele al punto de las lágrimas, lágrimas que manan de la propia vida.

Me invitas a construir contigo una vida no enteramente feliz, vida al fin y al cabo, en un lugar que, quizás, no producirá santos pero sí poetas, allí frente al árbol de presencia trágica que sigue en pie, de tronco con negruras de tizón y ramas desnudas, retorcidas.

Sé que jamás recordaré tu camisa tras el tercer día, pero también sé que jamás olvidaré tu rostro, corajudo, amable, en esta abigarrada parodia, parodia de vida. Quiero borrar como sea las cicatrices físicas y morales que han profanado tu cuerpo y tu espíritu,  ajados,  lastimados.

Me detienes y me tiendes tus manos y tus brazos, fruto de injerto sobre injerto, y me ofreces tu sonrisa. Yo quiero matarlos. Y me callas cuando clamó la muerte de los bastardos que vinieron del norte, como pudieron venir del sur. Y casi por sorpresa, me sorprende; no hablas de venganza sino de justicia.

Me escribes desde el norte, el norte de la vida. La tensión se palpa en el ambiente, el aire, impregnado de estrés, incertidumbre. ¡Qué lástima!, exclamas. ¿Por qué los hombres de almas vacías y patrias fugaces coartan el espíritu de la libertad?. Me detengo. Reflexionó. Sigo tus pasos. ¿ Por qué han de pagar justos por pecadores?. Hastío, música celestial, todo lo más. Unos, que sólo arriman el ascua a su sardina. Otros, esos pocos de los que me hablas, son canto de cisnes, preludio de muerte. La mayoría, como tú, como yo, aguarda incierta, a la Diosa ocasión.

He decidido no tomar las de Villadiego, ni poner puentes de plata a aquellos que enturbian la paz, la normalidad, las lindezas de esta tierra. Acudiré a tu llamada, allí donde haya gentes que se encuentran porque se citan, y otros que no se citan porque se encuentran, sin trampa ni cartón. Y te seguiré a lo largo y ancho de la geografía de la vida, por quebrados pedregales, agrios campos, despejados caminos, sol de fuego. Y derrotaremos a la parda bestia de forma humana, humanos sin alma, alma fugaz, que engendra mañanas vacíos, de cincel y maza, implacables, con plomo en una mano y hachas vengadoras en la otra, hijos de una idea, idea rabiosa.

Y, por fin, he buscado en el inmenso doble fondo del gran baúl de la vida y te he encontrado. Hace veinticuatro años que te encontré y nunca dejas de sorprenderme, como una puesta de sol. Inagotable y agotador. Amigo de tus amigos. Leal.

Aún me sorprenden tus inusitadas emociones. En la infancia de mi muerte quiero ser como tú: actuar por placer, por curiosidad, por necesidad o por el extremo deseo de conocer nuevos mundos, nuevas vidas. Otros mundos que están en éste, otras vidas que están en ti. Y, al final, lo que cuenta no son los años de vida, sino la vida de esos años.

Caes cien, mil veces, y te levantas ciento una, mil y una veces. Si te digo ven, vienes y no hace falta que te lo diga. De tus mil y un matices me quedo con tu humanidad, escaso valor en nuestro tiempo; sensibilidad y bondad hacia los semejantes.

Me has descubierto otro mundo, un mundo posible, un mundo que está aquí y en ti. Quizás no sea el mejor de los mundos, ese que hoy en día buscamos todos, sino un mundo factible, donde viven y sobreviven seres únicos, irrepetibles.

Me dices que nos rodean excelentes personas, auténticos tesoros escondidos de sensibilidad humana y de sabiduría acumulada. Y abro el baúl. Busco entre los recuerdos y me hablan de ti: “la felicidad une, el dolor reúne”.

Y en el tránsito de la noche al día, rescato los momentos y las cosas que importan. Vencidos los miedos y las angustias, derrotados el dolor, el sentimiento de culpa, el acoso de oportunistas y las miradas reprobatorias, tendremos una noche con las estrellas. Y habrá un día que se forjara un tierra no ingrata, ingratos asesinos; un hogar con lumbre continua, eterna paz; una mente siempre tranquila, tranquila el alma; Y tendremos sobradas fuerzas, salud; y prudencia, sencilla; y amigos, iguales; y ningún pleito y poca corte; y las noche serán libres de tristeza, y el sueño acortará la fría noche. Y nos contentaremos con nuestra suerte, sin temer ni anhelar el postrer día. 

Y cuando sepa certero que la muerte me acecha gritaré que soy hombre del mundo, mundo que está en éste, y hermano de todos, todos están en ti.

Hoy, amigo Roberto, te honro con un minuto de silencio… silencio que se escucha sobre la tierra ingrata en el hogar sin lumbre de las mentes perturbadas y las almas vacías de los enemigos de la prudencia y de la alegría, que siguen acechando a las almas que juegan a cruzar el abismo para disfrutar de un cielo azul allí, en el trastero del viejo almacén junto a la estación de tren donde descansan las cosas que importan… y dispongo de toda una vida para recordarte.

Dame tu voz, escucharé

Dame tu dolor gritaré

Dame tu mano, te guiaré

Dame tu sueño, soñaré.

Siento. Vida. Felicidad. Amaré.

 

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