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Y le llamaron “hogar”

Me dijo una vez el viejo de la imprenta que lo que veía no existía y, sin embargo, lo estaba viendo. Incluso, lo podía sentir. Era un lejano reino donde no había un rey sino dos. Uno que no sabía lo que tenía, el otro condenado a recordar lo que había perdido. Y había un gigante intrépido, y un duende al que le gustaba jugar a su sombra. Había incluso un encantador con su flauta y un mago que sabía cuál era la mejor manera para amansar fieras salvajes. Y un bello principe y una bella princesa que no sabían que sus destinos estaban llamados a cruzarse. Y había también otros en aquel remoto lugar semejante al lugar que conocimos de niños, donde se contaban y escribían cuentos y leyendas. El brillo de la luna siempre iluminaba sus ojos.

Y el viejo de la imprenta, mi querido viejo, sentenció:

– Es posible que nunca vuelva a pronunciarse el verdadero nombre de ese reino, pero ni la memoria ni el tiempo lo podrán borrar nunca puesto que todas sus encantadoras criaturas lo llamaban hogar.

Hoy, aquí y ahora, este hogar en el Cafe Romantic corresponde a todos y todas que, de una manera u otra, habéis contribuido a crear, imaginar, soñar, repartir felicidad, escribir, pintar, saludar, gritar – aún en el silencio-… para hacer más llevadero el año que se va.

Por y para vosotros y vosotras, una almazuela tejida con las gotas de los mejores sentimientos dichos, escritos, soñados e imaginados por Yolanda Torrent, Alfons Carrasco, María del Pino, Pau Glez., Catalina Cerdó (Ventafocs), Mila Miguélez, Andrés Ruiz Fernández, David Creus, La Dama se Esconde, María José Fresneda, Pilu “Lleida” Bijoux, Rafael Rodríguez… y otros muchos que habéis merecido ese reino llamado hogar.

Feliz 2013 !. Música: Kiss me (Cramberries)

 

Nos beberemos las horas y buscaremos un camino de retos, aventuras, deseos y amistad / Infusió, espècies, un glop de llet, un pessic de xocolata negre, aroma de canyella i cardamom, música suau, notes de silenci, serenitat, pau… instant intens, únic. La vida està feta d’instants… /  He llegado cinco minutos antes de la hora. El paso acelerado y el ansia me han traído de manera precipitada. Me sudan las manos y el corazón me palpita con fuerza. Siento calor a pesar del frío que hace a mi alrededor… / Casi se me acaba la fe, casi se me escapa el amor, casi se me quiebra la inocencia; casi se me agota toda la fuerza para luchar un día más, casi me rendí… Hasta que pensé en ti / Hay una luz, allá en lo lejos; hay un camino por recorrer. Dime si quieres venir conmigo, dame tu mano, dame tu amor. Escucha mi voz, no apagues la llama de este deseo… /  “La palabra clave no es «precio» ni «coste». Es fácil. Hazlo fácil. Que se entienda fácil. Que se compre fácil. Que se explique fácil, y sobre todo, que se entienda fácilmente.” / Se nos va un año en el que lloramos, reímos, compartimos disfrutamos, aprendimos, caímos, pero nos volvimos a levantar, son momentos que nunca olvidaremos.

 

 

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Tocarem els estels (Tocaremos las estrellas)

Y, por fin, descubrió el mar y su olor de azul turquesa del cielo, y el mar luminoso en contraste con la abigarrada ciudad, protegida por montañas ya míticas. Y pudo tocar la estrellas mientras cuatro músicos tocaban en las mismas verjas del parque. Tocaban canciones de amor.

De Santi Fornell (Balsareny, Barcelona). Un cuento con música sobre las estrellas pues hacen falta ya que, en estos tiempos agitados, aún queremos y debemos ver y utilizar las estrellas para que nos guien en el camino.

Versió original (en català)

Cada nit dibuixarem un estel nou. Sortirem per mirar el cel mentre va enfosquint la seva llum, mirarem que mai falti cap ni un dels estels que ahir hi havien, i si un no hi és, el pintarem nosaltres.

I així, mica en mica, també posarem noms a tots aquells que inventem en el nostre dibuix: un serà el que et digui que t’estima, l’altre serà el que et recordi que ets especial, el de més enllà et dirà que mai la soledat serà asseguda al teu costat… I així, mica en mica, anirem omplint aquesta negror que fa un temps era tan i tan fosca, i que d’ençà que tu i jo la pintem d’estels cada cop és més i més brillant.

No oblidis mai, encara que passi el temps, encara que pensis que jo no hi soc, sempre que surtis a mirar la nit i vegis els estels, recorda que jo, sempre hi seré. Avui, desprès de pintar-los, els tocarem, pujarem als nuvolets dels somnis, els que tu cada nit fas venir fins al teu cap, i allà al damunt d’ells ens endinsarem fins on res no sigui diferent… Vens ?

Cada noche dibujaremos una estrella nueva. Saldremos para mirar el cielo mientras va oscureciendo su luz, miraremos que nunca falte ni una de las estrellas que ayer existían y, si acaso una falta, la pintaremos nosotros.

Y así, poco a poco, también pondremos nombres a todos aquellos que inventamos en nuestro dibujo: uno será el que te diga que te quiere; el otro será el que te recuerde que eres especial; el de más allá te dirá que nunca la soledad se sentará a tu lado… Y así, poco a poco, iremos llenando esta negrura que hace un tiempo era tan y tan oscura, y que desde que tú y yo la pintamos de estrellas cada vez es más y más brillante.

No olvides nunca, aunque pase el tiempo, aunque pienses que yo no estoy, siempre que salgas a mirar la noche y veas las estrellas, recuerda que yo siempre estaré. Hoy, después de pintarlas, las tocaremos, subiremos a las nubes de los sueños, las que tú cada noche haces venir a tu cabeza, y allá encima de ellas nos adentraremos donde nada sea diferente… ¿ Vienes ?

 

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Mi verbo

Existen verbos en nuestro cada vez menos extenso lenguaje que siempre habrían de estar en la punta de nuestra lengua. Amar, sentir, querer, soñar, discernir, crear, imaginar, meditar, seducir,  cautivar, atraer, encantar, rondar, fantasear, idealizar, entender, disidir, cortejar, cautivar, arrebatar, maravillar, ensimismar, volver, perdonar, indultar, concebir… son verbos que no solemos emplear en nuestra conversación cotidiana. El vértigo de la vida cotidiana y de las nuevas tecnologías han reducido nuestro habla a unos cuantos términos que devienen casi automatismos que no van más allá de la simple expresión de un compromiso a corto plazo que rara vez es sinónimo de un deseo: ¡te respondo con un correo electrónico!; ¡ok!; ¡ a las seis!. ¡te veo!. ¡te hace unas birras!. ¡El twitter se ha blokeado!… ¡Ay!, si Machado o Lorca levantasen la cabeza.

¡Reivindicar!. Qué verbo tan bonito y qué verbo tan desgastado, tan distorsionado. Reivindicar no siempre es – ni ha de ser- sinónimo de una actitud beligerante, ni una exigencia, sí una reclamación de lo que es y debe ser nuestro: el amor, el sueño, el deseo, la justicia, la paz, el sosiego, la vida, en definitiva. Cómo me gusta la quinta forma del imperativo afirmativo de este verbo: “reivindicad”, reivindicad que queréis ser felices y alegres, que queréis amar y desear, que queréis sonreír y disfrutar, que queréis, incluso, ser niños y jugar.

Un relato sobre un verbo que lleva a un mundo posible inspirado por Maite Arbonés, de Lleida. Un relato “nunca confuso” con música:

Reivindico el derecho de amar,

el derecho de amarte y desearte,

el derecho de ser amado.

Revindico el derecho a pensar en ti y a soñar,

el derecho a estar a tu lado, sí, el derecho a verte, a oír tu voz, a verte sonreír,

el derecho a verte alegre, el derecho a verte feliz, a mirarte.

Revindico el derecho a ver pasar las horas junto a ti, a reír y a disfrutar.

Revindico el derecho a ser un niño y a jugar,

el derecho a estar triste,

a estar alegre,

a tener corazón,

Revindico el derecho a sentir, a respirar, a tener amigos y a quererlos.

Revindico el derecho a la libertad, a la justicia, a la paz y al sosiego.

Revindico el derecho a esperarte, a soñar y a vivir.

 

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