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Sorbo a sorbo

John Keats, el delicado romántico inglés, escribió un día, “verdad es belleza y belleza es verdad”. Ciertamente, aspiramos a ellas. Emprendo un viaje para buscar inspiración y humanidad, para que nunca me olvide de cómo viven, piensan, siente, ríen, lloran… las personas. Para que nunca me olvide de que mi ciudad y mi país son muy pequeños comparados con el planeta y que hay que tener mundo para conocer a los seres humanos.

Como quiera que escribir es una forma, una de las mejores que conozco, de estar en el mundo, Cristina Jiménez-Buil, de Madrid, lo hace porque es un mundo, como vosotros y vosotras. Cristina da para recibir y recibe para dar, y lo hace con música.

Sorbo a sorbo, aquel café siguió inspirándola en el análisis de su actitud. Cuando era pequeña buscaba un beso, una caricia, un abrazo… Sin embargo,  aprendió a contentarse con un “¡qué buena eres, qué bien lo haces!”. Ella hubiera cambiado un buen café por un beso cariñoso, su plato preferido por un abrazo. ¿Mi marido, mis amigos… se sentirán igual?, ¿quizá me he centrado en el  “buen hacer” para escudarme y no tener que demostrar mis sentimientos? ¡Qué sutiles podemos llegar a ser!. Me creía “doña Sacrificada” y resulta que soy “doña Exigencias”, culpando a los demás de mis carencias emocionales, obligándoles a un reconocimiento por mi obsesión de hacer, por mi obsesión de dar.

 

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No tengáis miedo

El dolor, el sufrimiento, incluso la muerte del prójimo, nos recuerda lo resistente que puede ser el espíritu humano cuando quiere serlo. Tenemos miedo, sí, pero el miedo cuenta, nos hace más humanos, incluso. Y enfrentarse a los miedos es el único método posible de vencerlos.

Un día le mostré el miedo a María del Carmen Escriña (Madrid) y ella me regaló seguridad. Una acertada composición, no tanto por lo que contiene sino por lo que sugiere, acompañada de su sonido, compases que transportan a lugares imaginarios, quizás imaginados.

No tengáis miedo a los gritos de dolor, mudos;

gritos que solo se transmiten con la mirada;

gritos que habitan en los profundo de vuestro espíritu;

gritos mudos.

Dejadlos que pasen;

parten el alma, dolor;

luego, enseñan, renuevan,

los gritos mudos. No tengáis miedo.

Aguantadlos, gritan sin voz;

Y dejad que escapen a través de vuestros ojos,

gritos sin voz.

Una vez han escapado,

la calma vuelve, la paz se instala,

gritos que se fueron.

 

 

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