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Rendirse

Tenía el viejo de la imprenta un porqué para vivir y, por ello, estaba habilitado y capacitado para enfrentarse a todos los cómos. Su patria estaba en sus zapatos y sus manos y sus palabras eran su ejército. Conversaba siempre con el hombre que iba con él.

– ¿Sabes qué se suele decir, sea cual sea la verdad? – me preguntó sin más el viejo, que había alcanzado una extraña perfección fruto de una pulida colección de errores. Él siempre decía que parecía mucho pero que era poco, como yo.

– ¿Qué se suele decir?, querido viejo- interrogué, con su venia.

– Que la gente ve lo que quiere ver. Hay personas que pueden dar un paso atrás y descubrir que les faltaba ver las cosas con más perspectiva. Otras personas se dan cuenta de que la vida les está pasando factura. Otras pueden ver lo que estaba ahí desde el principio…

Hizo un silencio. Respiró. Respiró aún más. Redujo la voz y sentenció:

– Y luego están esas personas, aquellas que huyen lo más lejos posible para no tener que verse a sí mismos.

Le formulé la pregunta obvia. No cabía otra.

– ¿Y en cuanto a ti?

– ¡Ahora ya lo veo todo claro!.

Yo también, mi querido viejo. Gracias. Tuyo, siempre.

Mar Mateo medita y muchas cosas crecen dentro de ella: silencio, serenidad, felicidad, sensibilidad. Y aquello que brota de su meditación trata de incorporarlo en su vida. Y lo comparte, porque todo lo que se comparte crece. Inspirado por Mar Mateo, un fragmento de un bonito cuento llamado “rendirse”. Música: “Bohemian Rhapsody by Queen”

 

Está meridianamente prohibido rendirse, a menos que tomemos aire, un respirar hondo, y seguir para hacerlo en tus brazos. La vida tiene que ser necesariamente la prolongación de los juegos de cuando éramos niños, donde lo principal era el dado, para ver adónde vamos y no ser la ficha que otros manipulan, ni cuando matamos a otros y contamos veinte, para ser los primeros en la terminada partida. Si tienes que firmar algún armisticio, el más necesario, siempre es con uno mismo; las guerras civiles nunca fueron sanas y te predisponen a rendirte ante otros; conserva tus acuerdos de paz pues tú mejor aliado viaja contigo, tú conciencia. Así, los brazos en los que te abandones serán siempre aquellos que te sujetan, como un ancla, que permiten el vaivén de las olas para sentirte nuevamente un niño, mientras te acunan. Un no merece ser nunca un rendido, un sojuzgado en los juegos de otros…

 

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El aplauso

Dime, y escucharé. Llama, y te abriré. Llora, y apagaré tu llanto. Camina, a mi lado.

– Observa, ¿qué ves en la caja?

-¡Nada!

-¡No!, está todo lo que puedas imaginar.

A poco que lo imaginemos, donde no vemos nada está todo. Catalina Cerdó (na Ventafocs, de Muro, Baleares) ha visto allí donde, en apariencia, no había nada. Y de su caja ha extraído un aplauso. Con la colaboración del Café Romantic, con música porque nos gustáis vosotros y vosotras.

Un aplauso para el que camina, 
aún descalzo. 
Para el que ríe,
sin razones.
Para el que mira, 
con vista cansada.
Para el que cura, 
con dolor. 
Para el que ama, 
sin fin.
Un aplauso para el que vive
pese a todo. 

Aún descalzo, 
sin razones, 
con vista cansada, 
con dolor,
sin fin, 
vivo, 
pese a todo.
 

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LA NIÑA QUE CRECIÓ DEPRISA (el significado de la palabra vivir)

Un día, cualquier día, antes de concluir una sesión de Facebook, me encontré con un mensaje de una persona que me contaba que le encanta escribir. Y lo hace no sólo por satisfacción propia sino porque también le gusta ayudar a las personas. En aquel momento, me dijo, escribió unas palabras dirigidas a un ser en concreto que pasaba por momentos muy amargos.

“Soy aficionada, escribo porque me gusta hacerlo; el mero hecho de coger un papel y un bolígrafo me hace sentir bien. Pienso que cuando algo te gusta siempre hay que hacerlo, aunque no sepas hacerlo…”, me explicaba.

Esa persona que siente la escritura como una sanación y una salvación del alma propia y ajena es Mar García, de Jaén, que escribe poesía, relatos, cuentos, reflexiones e historias. Y me –nos- obsequió con este relato sobre la vida. Y al final, al leerlo, me deseó que me sintiera como en casa. Y a fe que lo he sentido.

Relato con música. You Give Me Something

 

Hay sucesos e historias que narran nuestras vidas. De ellas, con el paso del tiempo aprendemos y te hacen ser más fuerte, te hacen valorar más, y pensar para que estamos aquí. Hay una frase que quisiera compartir porque un día, mientras estaba en mi ordenador escribiendo, me vino a la mente, la frase es la siguiente:” Estamos aquí para sobrevivir y estamos aquí para luchar y ser felices”.

Os voy a contar una historia, la historia de una niña, que a mí me tocó vivir de cerca y narro para que, de un modo u otro, entendáis el significado de estas palabras.

La historia, como bien he dicho, trata de una niña, que desde muy pequeña tuvo que tomar una decisión, la de vivir o abandonarse a la muerte; una niña que desde pequeñita hubo de encargarse de una labor complicada para su edad: tenía a su madre enferma y un hermano más pequeño que ella, un ser frágil e indefenso, el cual también dependía de ella.

Como podéis imaginar la vida de esa niña no fue fácil, ya con diez años. Se pasaba todo el día trabajando fuera de casa para ganar el sustento, el único, de la familia. Se encargaba de todo. Y no sólo eso, además estudiaba. Y, cuando disponía de un poco de tiempo libre, seguía trabajando.  

Pese a todo, aquella niña siempre tenía una sonrisa en los labios. Era feliz, aún la calamidad de vida que debía llevar porque sabía que debía hacer todas esas cosas, que tenía que luchar aún a su corta edad. Si ella se venía abajo, toda la familia se hundía. Y lo hacía desde el cariño que profesaba a los que le rodeaban.

Y aquella niña hubo de madurar demasiado pronto, robando tiempo que jamás regresaría a su adolescencia, a su juventud. Hoy, pese a todo, esa niña es una mujer y es feliz. Y lo es porque tomó la decisión de caminar, de luchar, de vivir. Y aún hoy, conserva siempre esa sonrisa en los labios.

Os cuento pinceladas de esta historía porque vivir requiere un esfuerzo, requiere, como os digo, lucha. Hay personas que piensan que no pueden hacerlo, que es difícil, y se rinden…

Pues bien, a mi juicio, bajo ningun concepto hay que rendirse, porque la palabra vivir tiene un amplio significado: implica caminar, superarse, alcanzar los sueños. Puesto que las cosas malas, por así decirlo, llegan solas, también hay que recibirlas como las buenas, pero siempre mirando hacía delante…

Recuerdo una frase de un gran amigo que decía así:” a veces la vida nos la complicamos nosotros mismos”, frase que, si se analiza y se piensa, guarda una gran verdad. A veces, más de las debidas, nos encerramos en algo, miramos un solo objetivo, y no damos la oportunidad de mirar ambos lados y ver que hay más caminos abiertos, que es más facil de lo que nosotros pensamos. Simplemente, hay que detenerse un momento y observar.

Muchas personas se sentirán identificadas con esta breve historía, otras no será así, pues seguro que han tenido una niñez y una adolescencía fantasticas y se han ocupado de ser lo que debáin ser, niños y niñas. Por fortuna, la vida tiene unas etapas y es maravilloso poder disfrutar de todas y cada una de ellas.

Sin embargo, no olvidéis que ha existido, alguna vez, en algún lugar, cerca o lejos, niños que no pudieron ser niños.

Por último, os dejo otra frase que me gusta mucho. No es mía, pero al leerla me hizo ver que es así:” cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuestralé que tienes mil y una para sonreír”.

 

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