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EL CAFÉ LARGO / UN FRASCO DE TIEMPO

Buenos días, mundo.

– ¡ Buenos días !
– ¡ Buenos días ! ¿ Qué desea ?
– Quizá piense que estoy loco pero desearía un frasco de tiempo.
– Es usted el maravilloso enésimo loco que me pide un frasco de tiempo.
– ¡ Uff!, me quita usted un peso de encima… Por momentos pensé que me había vuelto loco.
– ¿ Qué tipo de tiempo desearía ?
– Había pensado en aquel que te permite hacer de cada momento una vida, y de la vida un único momento.
– Por el mismo precio, le puedo ofrecer otro frasco de tiempo personalizado.
– ¿ Existe el tiempo personalizado?
– ¡ Naturalmente ! Pruébelo y decida qué hacer con el tiempo que se le ha otorgado…

… – ¿ Y si no son de mi gusto ?
– Si no está satisfecho no hay problema; me devuelve los frascos de ese tiempo y le entrego el tiempo que usted trajo aquí, en este momento. Pero, ya verá como no ha perdido el tiempo.
– ¿ Cuánto es ?
– ¡ Está usted loco, el tiempo no tiene precio !

¡ Gracias por su tiempo !

Imagen con música: Cuando el mar te tenga / El último de la fila

Feliz jueves.

 

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He dormido bien…

Un día, el viejo de la imprenta me llevó a su colegio de toda la vida, un antiguo templo del saber. Del edificio existente, prácticamente en ruinas, apenas se podía aprovechar nada, salvo recuerdos y vistas. Algunos de esos recuerdos aún colgaban de paredes como únicos testigos de que, otrora, allí convivieron unos seres cuyas ansias de vivir no cabían en aquel lugar.

El viejo tomó en sus manos una fotografía mientras una araña sorprendida por nuestra presencia corría a esconderse entre trastos viejos. La imagen inmortalizaba a unos jóvenes que parecían todos forjados por el mismo patrón: impolutos, pulcros, con chaqueta negra en la que destacaba una regia insignia, camisa blanca y corbata y pantalones cortos, también negros. Algunos sonreían, se les veía cuanto menos contentos. Otros rasgaban mirada y labios; se les intuía desafiantes, o disgustados, quizá por el momento, por el lugar.

El viejo liberó la fotografía de las infinitas capas de polvo que desdibujaban la imagen y habló, esta vez con arte declamatorio y gesto vibratorio:

– ¡Toma las rosas mientras puedas, veloz el tiempo vuela; y esta misma flor que hoy admiras, mañana estará muriendo!

El momento sugirió que volvía el pasado, acudía el futuro y se encontraban en aquel presente. Como siempre, el viejo leyó mi pensamiento y mi expresión.

– Mi querido e ingenuo amigo, todos somos comida para gusanos! Lo creas o no,  un día todos y cada uno de nosotros dejará de respirar, se enfriará y morirá!

Miré fijamente la foto. Aquellos muchachos no parecían muy diferentes a mí, en la adolescencia. Semejantes cortes de cabello, llenos de hormonas, invencibles…

– ¿Esperarás hasta que sea demasiado tarde para hacer de tu vida lo que eres capaz, lo que sueñas…? – reclamó el viejo.

Entre aquellos muchachos de la fotografía estaba él, el viejo. Y pude escuchar sus susurros: ¡aprovecha el día, haz algo extraordinario con tu vida, cada día!.

¡Gracias querido viejo!

Rafael Rodríguez Torres, de Barcelona, nos trae un breve relato sobre una de esas instantáneas de cada día, algo que puede parecer baladí pero que, al final, al hacer recuento del día, o incluso de la propia vida, resulta extraordinario.

Música; dream a little dream (clica en la imagen)

 

He dormido bien. Un sueño dulce. Es curioso, mi sueño me ha hecho ver lo que todos mis sentidos me están negando. ¡Puto sentido común!, siempre en lucha con ese corazón de atleta, – aunque he de confesar que es curiosa la contradicción de mi cuerpo, ya que es lo único de atleta que tengo, por más que me esfuerce en reforzar otras partes-.

He salido con mi Thai a pasear y nos hemos vuelto a encontrar, cada uno con su perro, una sonrisa leve y un movimiento de cabeza evitando cruzar las miradas. Con que poquita cosa se alegra el día uno.

 

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Gato Félix

Apoyado en la almohada, con la tele encendida, el niño pregunta a la madre cosas muy raras:

– ¿Mami, por qué hay estrellas? ¿Cómo puedo ver a Dios?

Y ella, madrísima, librepensadora, con la palma de la mano apoyada en su pecho, como queriendo taponar futuras heridas, le contestó:

– Mi niño, en la escuela te dirán que hay un Dios y te explicarán el porqué de las estrellas. Pero, cuando seas mayor, tu alma y tu corazón te irán diciendo si existe alguien ahí arriba y sabrás por qué y para qué nos han dado las estrellas.

Y el niño entró en duermevela soñando que las estrellas eran una de las grandes obras de Dios, de su dios.

No hay certezas cuando se habla de sueños. Algunos se logran, pero otros tantos chisporrotean y mueren. Cuando eso sucede es tentador preguntarse por qué uno ha soñado alguna vez en la vida. Y en el recuento de su vida, aquel niño supo que podía existir la magia sólo si había fe. Y murió colgado de una estrella, con los ojos cerrados y el corazón ensanchado, como el árbol, enraizado en un lugar y con las ramas abiertas al mundo.

De la fabulosa pluma de Guillermo Háskel (Buenos Aires, Argentina) un original poema que habla de uno de los héroes de su infancia, que lo sigue siendo, el Gato Félix, siempre adorable. Dice Guillermo que el Gato Félix ha sido y es el compañero de ruta que todos quisiéramos tener, sobre todo, en un viaje interestelar.

Este “poemita”, explica el poeta argentino, se escribió sobre el recuerdo de interminables siestas pueblerinas a las afueras de Buenos Aires, hace ya 50 años, cuando aquel niño – y otros- esperan con ansias las revistas mexicanas de Félix, la Pequeña Lulú, la Zorra y el Cuervo (que incluía a La Jauría y la Liebre, Tuco y Tico — las urracas parlanchinas — y al maravilloso Tito y su Burrrito, que siempre decía, “ji jau”), Superman, el Súper Ratón, Archie y algunas más.

En una de ellas, el Gato Félix sube hasta las estrellas haciendo equilibrio sobre su haz de luz. Luego se hace a sí mismo una pregunta mental, genera en el globito de diálogo un signo de interrogación, lo toma y con ese gancho va descolgándose entre ellas. si eso no es magia, ¿qué es?. En el poema, Háskel dejo claro su anhelo – que también es el mío- de poder poder hacer lo mismo que el héroe gatuno. (Con música, entre mis recuerdos)

¡Quién pudiera

Gato Félix

pasearse

igual que vos

por las estrellas

columpiándose

de signos

de preguntas

o funámbulo

sobre haces

de luces

de linternas!

 

 

 

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Los Juegos de la vida

El automovilista argentino Juan Manuel Fangio dijo un día, “siempre hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creerse el mejor”. El legendario jugador de baloncesto Magic Johnson sentenció, “no preguntes qué pueden hacer tus compañeros por ti. Pregunta qué puedes hacer tú por tus compañeros”. El nadador norteamericano Matt Biondi nos indicó, que “hay demasiado énfasis en el éxito y en el fracaso y muy poco en cómo la persona progresa a través del esfuerzo. Disfruta del viaje, disfruta cada momento y deja de preocuparte por la victoria y la derrota”. La atleta Florence Griffith concluyó, “no se fracasa hasta que no se deja de intentar”. Y Pierre de Coubertin, pedagogo francés, renovador de los Juegos Olímpicos, legó para la historia, “lo más importante del deporte no es ganar, sino participar, porque lo esencial en la vida no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo”.Unos versos muy necesarios sobre las “olimpiadas de la vida” de la Dama Se Esconde (Ruiz Mora), desde Murcia. Con música, por supuesto, porque de vez en cuando la vida…

Hoy necesito ser atleta de mi tiempo;

atleta de sonrisas,

campeona del esfuerzo diario,

fondista de creatividad para dar lo mejor; 

oro en ser madre,

plata en intentar ser mejor,

y bronce (que ya es mucho) en amistad.

Quiero ser nadadora de poemas,

y saltadora de vicisitudes,

porque no son pocas en mi vida, nuestras vidas,

y en esta España que nos toca vivir.

Quiero ser, necesito ser olímpica en bondad,

en compatir,

en sonreír,

y en abrazar. 

 

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Donde el tiempo se detuvo

Conocí un camino, el camino de la sierpe, que me recordaba que algo reptaba entre el follaje y que en un tiempo pasado, cuando niños, vivimos algo indefinible que ahora nos es tan imprescindible como imposible de evocar. Y, como picoteados al azar, en el gran cesto de la memoria, se nos antojaba los recuerdos que le brindaba.

Tan sólo en un puñado de palabras, Aida Glez., desde Zaragoza, nos sumerge en una edad casi olvidada, donde el tiempo se detuvo. Es la magia del recuerdo y de la tranquilidad en estado puro, cuando el abuelo, con su rostro que siempre nos parecía anclado en el pasado, nos narraba cuentos de lobos y románticos bandoleros. Con música, por supuesto.

 

Detuvo el tiempo donde el silencio olía a leña mojada y las tardes sonaban a esquilas y cantos de grillos. Podía oír y tocar lo que nadie oía y sentía. Podía recibir mensajes de los pájaros, del viento, de los árboles, de un perro o de una gallina.

 

 

 

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Espiral de latidos

Como un poeta, soy un viajero, un trashumante hacedor de palabras, que lo mismo construyo un paisaje que distintas rutas hacia una búsqueda interior. Miro al mundo,  desde las ciudades del altiplano o las montañas. Evoco el recuerdo y convoco al mar, al amor, a los amigos y a todos los mundos posibles. Rose Kennedy dijo una vez, “los pájaros cantan tras la tormenta, ¿por qué no va a poder la gente deleitarse con la poca luz que les quede?.
Alma Ballesteros, Murcia, se ha situado en la línea curva que genera el mundo y que hace que la vida se aleje progresivamente del centro de las cosas para que gire alrededor de él, hasta alcanzar el vértice del tiempo. Sencillamente, precioso. Y con música.
Una espiral de latidos,
de esperanzas,
de suspiros.
Una espiral de ensueños,
sin fe,
desatando la duda en un minuto.
Una espiral de arena,
de olas de margaritas,
un sí y no de horas,
un no y un sí de años,
un te quiero abrazado al látigo…
de amoríos.
Una espiral sin línea de fuga,
sin paisaje,
sin la perspectiva nueva en un corazón mínimo,
un despertarse siempre con el hilo del pasado…
cosido al índice de un mañana.
Una espiral de trabajo que no llega,
un cerrar los ojos y al abrirlos…
siempre en el mimo punto de partida.
“Reflexiones a lo alto del alma”, ALMA.
 

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Se busca líder (El quiosco del Café)

Un líder es, a mi juicio, aquel capaz de convertir una visión en realidad. A la espera de semejante y romántico milagro, no queremos gobiernos e instituciones con más marionetas, sino líderes que, de verdad, quieran gobernarnos. Líderes capaces de velar por nuestro sueño y que no conviertan las ciudades y pueblos en lugares donde nunca se duerme porque sus pobres necesitan todas las horas del día para conseguir su magro sustento. Líder es también aquel que, cuando cae un chaparrón, le presta el paraguas al prójimo o le dice la palabra adecuada, en el momento justo y el lugar acertado. Un artículo de la periodista Mercè Roura sobre una búsqueda, hoy en día más que necesaria, ¡urgente!.

 

El líder es alguien que escucha. No le asustan las ideas nuevas, es más, está dispuesto a abrir su mente a nuevos enfoques para encontrar otras soluciones que le puedan pasar por alto. El líder es alguien que sabe que si las cosas se hacen cada día de la misma forma es imposible ser creativo y alcanzar retos. El líder no grita porque no le hace falta. No causa temor, infunde respeto.

El líder se rodea de personas más inteligentes que él porque sabe que eso suma esfuerzo y talento. Sabe que debe adaptarse como un camaleón. Que hay momentos para integrarse en el paisaje y momentos para sobresalir. Es alguien con ideas claras y métodos claros pero dispuesto a hacer concesiones. Sabe sus límites pero está dispuesto a superarlos.

El líder es cauto y racionaliza pero al mismo tiempo valora las emociones y cómo sus actos afectan a las personas.

El líder sabe cuando hablar y cuando callar y siempre da la cara, aunque sea para recibir incomprensión o quejas.

El líder es sencillo, pero brilla.

El líder está dispuesto a tomar decisiones arriesgadas que no gusten… si las cree justas, incluso a riesgo de perder votos o prebendas. Sabe que quizá su liderazgo será valorado por la historia, no por sus contemporáneos.

El líder también tiene miedo, a veces mucho, pero se lo traga.Sabe cómo canalizarlo, como transformarlo en trabajo, en esfuerzo. Su miedo no es el de un cordero que espera manso su turno en el matadero, es el de una madre cinco minutos antes de dar a luz, cuando la ilusión y las ganas vencen al dolor y la incertidumbre.

Un líder usa las palabras, nunca de las come. No se cree mejor que nadie pero se respeta a sí mismo.

Se equivoca y lo admite. Fracasa y se levanta. Sabe que puede, piensa que puede. El líder no es ni duro ni blando, es resistente pero flexible.

El líder tranquiliza, actuá de bálsamo, hace de guía.

Se busca líder.

Razón : un pueblo demócrata y desesperado

Abstenerse aspirantes con ánimo de lucro.

 
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Publicado por en 19/04/2012 en el quiosco, la barra del café

 

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