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PERO SIGUES ADELANTE

“Querido viejo;

Me siento como Hans Thomas, el muchacho noruego que emprende un incierto viaje junto a su padre, tú, un marino en tierra aficionado a la vida y a la filosofía, de bolsillo, la popular, la más sabia. Pretendemos cruzar el mundo a pie o en coche, o tan sólo con nuestra imaginación, que, como muy bien sabes, nos lleva a todas partes con tan solo desearlo.

En el camino nos detendremos en un pueblecito, que ni siquiera aparece en los mapas, donde un enigmático enano nos regalará un enorme libro que cuenta la historia de un poeta vivo ya muerto y cuya poderosa obra continúa, contra viento y marea, como el marino que naufragó hace 150 años y llegó a una isla desierta, que tampoco aparecía en mapa alguno, y a la que el destino parece haber vinculado…

Y allí sigue nuestro querido marino, emitiendo alaridos por los techos del mundo entre estrofas soñadas y por soñar porque sabe que, en sueños, es libre el hombre. Dice el gran libro del misterioso enano que el marino vive intensamente, sin mediocridad alguna, pues sabe que el futuro está en él y lo encara con orgullo, sin miedo.Y no, no es cierto que viva en silencio, el peor de los errores del hombre. Sabe que la mayoría vive en silencio, un silencio espantoso. Y resuelto, ha decidido no resignarse. Tampoco huir.

Será cierto, querido viejo, que la sociedad de hoy somos nosotros, seres vivos aspirantes a poetas que, ciegos, no aprendemos de quienes nos pueden enseñar, desechando las experiencias de quienes nos precedieron, nuestros poetas muertos que, como el marino, aún siguen viviendo. ¿Es cierto que ellos nos pueden ayudar a caminar por la vida ?

¿Remamos a favor o en contra de nosotros mismos ? Intuyo que lo hacemos en contra, transformando la vida en un infierno. ¿Es cierto que también podemos disfrutar del pánico que nos provoca tener la vida por delante ?

Mientras te escribo estas líneas, observo que las corrientes pasan y el agua cambia, pero el río sigue siendo el río. Lucho con denuedo por no dejarme arrastrar por las circunstancias. Pero, ¿ qué hacer con ellas ?

Quizás es lo que hecmos todos: nos lanzamos y esperamos poder volar, porque si no es así, caemos como piedras. Y durante la caída nos preguntamos, ¿se puede saber por qué he saltado?… Pero aquí estoy, cayendo, y sólo hay una persona que puede hacerme creer que vuelo… y eres tú, soy yo.

Afectuosamente, tuyo, siempre

PD:  Cuando encuentres al querido señor Gaarder (Jostein) pregúntale si es cierto que si no sabemos en todo momento a dónde vamos, puede resultar útil saber
de dónde venimos para ser más que un mono desnudo.

En su búsqueda incansable y maravillosa de nuevas voces, el Café Romantic ha hallado a Menchu Regueiro, de A Coruña, que, en 99 palabras, nos dice que es preferible seguir caminando que detenerse y ponerse a temblar. Música de Pablo Alborán (clicando en la imagen).

Hay momentos que sentimos que todo aquello que anhelamos se va desvaneciendo poco a poco, que el pasado vuelve a nuestra memoria de forma casi inexplicable, recordándonos que el tiempo pasa y nada cambia.

Entonces, y sólo entonces, nos damos cuenta que esos recuerdos, esos que nos quedan, son lo mejor que hemos tenido, pero sigues adelante…

Y llega un momento en el que la ilusión desaparece, tus sueños dejan también de serlo y todo pierde sentido. Y sigues… a pesar de que sólo tú sabes que una parte importante de ti, ya se ha quedado en el camino…

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El parque del viejo olmo

Mientras la ciudad aún duerme, analizo y observo que vivimos en una plétora de conflictos innecesarios que orillan la periferia. Como dijo G.B.Shaw, veo esas cosas y me pregunto ¿por qué? cuando, en realidad, busco cosas que aún no han sido y me quiero preguntar ¿por qué no?. ¿Por qué no? un mundo posible, un poco mejor, sólo un poco. Y me lo pregunto a la vera de un viejo árbol, moribundo pero aún intacto, aún en pie, en presencia agigantada por su propio tamaño y la duración sobrehumana de su vida.

Con la sensibilidad del Sur, la escritora María del Pino, de Córdoba, nos habla del desgarrador sentimiento de la pérdida de un árbol, como si le hubieran arrebatado una parte del alma. María tuvo una visión, un sueño. En este, caminaba por un parque sin árboles que cubriesen parte del cielo con sus sombras acogedoras. Lo único que veía, era pura edificación, un parque de asfalto, ventanas, bancos y piedras con cuatro palos maltrechos. Nos quitaban parte de su existencia y de ahí, escribió  estas palabras que ahora muestra. Esto no es otra cosa que una pequeña dedicatoria a las zonas verdes de nuestras ciudades. Algo que jamás debería ser mancillado y manchado por la urbanización y su contaminación.

Con música, y mucho amor; Dances With Wolves – The John Dunbar Theme

Lloran las hojas del suelo por su partida, tristes y deprimidas. Solloza la brisa en el vacío que sin querer nos ha dejado. Hoy he venido y él, sin avisar, se ha ido. Se ha marchado. O, más bien, se lo han llevado. No está donde debía, causando así mi melancolía. Siempre camino por el parque, alegre al verlo aun en la distancia. Empero, ahora ya no. En su lugar no hay nada. Sólo unas hojas caducas que enfatizan sus añoranzas, mostrándolas con desengaño, crujiendo esparcidas sin su amo. Ya no se encuentra ahí el árbol que me escuchaba en los días amargos, o en los soleados. Y, al ver la cavidad que nos ha dejado, comprendo que no volverá. ¡Lo han talado sin avisar! Y rompiendo su alma, destruyeron gran parte de la mía, dejando a su paso por el parque centenares de añicos formando cristales, pues desde pequeña vengo a jugar y, en sus raíces, mi cuerpo recostar. Hoy (repito) lo han talado y de mi vida lo han arrancado. Toco las betas de sus años viejos, ajados. Recorro su tronco mal cortado. Paso mi mano por su áspera corteza mientras las hojas siguen su rumbo, movidas por el viento que ahora el centenario ya no frena. Se alejan despacio, farfullando a los crueles hombres que pensaron que ahí, un árbol tan grande no armonizaba la estética de la ciudad. Ciudad sumergida en el mundo del bullicio y descontrol, del tiempo de las prisas…
Nos han despojado de la esencia del “parque del viejo Olmo”, pues, sin este anfitrión, ya no es nada más que una simple réplica de parque que aguarda a la nada con un puñado de bancos, cuatro arboluchos maltrechos y un montón de personas que ahora buscan y extrañan su cobijo. Lloro porque se lo han llevado… Lloro porque su historia nos han quitado…

 

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Que el futuro nos pille siendo niños

El viejo de la imprenta me explicó en una ocasión una curiosa historia de alguien que hacía 20 años que tenía quince años. Vendía bombillas. Parecía que cada vez que probaba una bombilla se iluminara la vida.

– ¿Tú crees que vendía bombillas? – preguntó, retórico el viejo-. En realidad lo que la gente iba a buscar eran ideas, ilusiones, -aclaró enfatizando sus palabras con un repiqueteo de su bastón sobre el desigual suelo de la imprenta-.

El viejo sabía como aquel eterno niño vendedor de bombillas que no todos soirven para darse cuenta de lo que tienen entre manos. Aquella tienda se convirtió en la escuela a la que nunca fuimos, a la que nunca iremos. Y la ciudad recibió el nombre de “la villa que nunca duerme”.

En los momentos más difíciles, cuando ni siquiera quedaban quinqués ni lámparas de aceite, ni siquiera velas ni linternas, encendían una bombilla y todo parecía más fácil, como un niño.

Es una verdadera pena que no recordemos cómo empezamos a andar. La sensación de los primeros pasos, tras el gateo, como tanteando el mundo por el que luego deambularemos años y años. Mezcla de preocupación y diversión. Nos desplazábamos por abismos que sólo existían en nuestra cabeza. Buscando lugares seguros, asideros sin precipicios, y la mirada de la madre, que nos animaba a soltarnos, a arriesgar. Y lo hacíamos, como diciendo “aquí estoy yo y me voy a comer el mundo”. Más tarde, te conformas con que el mundo no te coma a ti. Echas la vista atrás y llamas al niño que siempre está ahí, siempre estará ahí…

Que el futuro nos pille siendo niños, un bello relato de la periodista de Badalona Mercè Roura. Con música, desde El Café Romantic…

 

Cuando era niña las horas eran eternas. Sesenta minutos sentada ojeando un libro, fijándome en las comisuras de sus páginas, pasando los ojos por sus dibujos, siguiendo con las pupilas las letras… eludiendo pensamientos… eran una vida. Mis ojos lo escrutaban todo. Las formas caprichosas de las baldosas en el patio, la incandescencia de las bombillas, el reverso de las hojas de los árboles, los dibujos que formaban las nubes… todos los tenues quejidos que de noche se oían en casa. Lo pequeño era grande, enorme… digno de ser analizado hasta saciar la curiosidad. Y lo mejor, siempre parecía nuevo, sorprendente.

Cuando era niña notaba el calor del abrigo y el frío del helado. Los percibía intensamente con toda mi escasa materia, me calaban por dentro, me reseguían las esquinas… cada pequeña sensación era un tesoro, una experiencia capaz de transformar mi esencia, de mutarme, de hacerme más alta, más lista… más curiosa. Y siempre tenía espacio en mi dermis para una sensación más, un pedazo de vida nuevo… un camino distinto. Todo era gigante pero cabía en una caja diminuta.

Cuando era niña me bastaba con levantar la vista y buscar a mi madre y saber que era mi casa. Un par de besos eran una escuela, un palacio, un planeta. Mi cabeza sobrevolaba montañas y desiertos desde un sofá, mi pensamiento era de chicle, mis manos tenían magia para cambiar el mundo. Cuando era niña era de goma y de sueño, de pedazo de selva y de barco en el mar. Vivía en un castillo y era capaz de zamparme cualquier cosa que pudiera imaginar… y lo imaginaba todo y todo me cabía entre las manos.

Cuando eres niño todo es nuevo, eterno, intenso. Todo supone un pequeño reto, todo es asumible… todo se puede recortar y pegar. Y los esfuerzos tienen grandes recompensas…

Y maduramos o eso creemos. Aunque a veces, lo que hacemos es crecer por fuera; ponernos corbata o tacón alto, dejar el castillo, seguir un camino predeterminado. Nos ponemos rígidos como un palo y forzamos la sonrisa… porque no entendemos nada. El ejercicio de ser adultos debería suponer poder guardar esa capacidad de verlo todo cada día como si tu mirada fuera virgen… pero almacenar una conciencia sabia. Descubrir que no somos el ombligo del mundo y volver a mirar el reverso de las hojas…recuperar el juego.

Saber que no todo va ser como deseamos… pero que quizá pueda ser mejor. Recordar que no todo se ve y se toca, que no todo se alcanza con la mano pero que está a tiro de pensamiento. Y que cuando toca lluvia, hay que mojarse.

Que el próximo minuto nos encuentre un poco vírgenes… que el futuro nos pille siendo niños.

 

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El tejedor de sentires

En el mediodía de su vida, había llegado más lejos que en sus sueños de adolescente, unos sueños que eran tan poderosos, que ni siquiera cumplirlos podía superar lo que le hacía sentir. ¿Y qué sentía ahora que los había cumplido?. Una necesidad. La necesidad de escribir. Y decidió contar las cosas como las sentía, poniendo las palabras al servicio de las emociones, reivindicando pequeños códigos de escritura propios, los suyos, los de su época, romántica y rebelde, siempre hasta encontrar la propia. Y escribía para dar las gracias a alguien que, con unas simples palabras tejidas sobre un puñado de mensajes, la había arrancado de las fauces de la tristeza.

Desde una oscuridad romántica, nocturna, de lágrimas de rímel y un negro no necesariamente riguroso, Cylthia CG (México) ha escrito estas cinco líneas para decirnos que recibió un regalo en forma de palabras tan poderosas que vencieron a su tristeza y la llevaron hasta su infancia. Nos dice además Cylthia que tan bonito e imprescindible es escribir como compartir, dedicar las palabras a alguien cuando las necesita y menos lo espera y dar las gracias, sobre todo en este mundo que nos condena hasta el hastío… Porque la vida son palabras y música.

 

Esta noche tenía los instantes llenos de lágrimas tristes. Entré a leerte y montarme en tus letras para irme lejos, aunque fuera un breve momento.Y me encontré con semejante regalo. ¡Mira, lo he abierto como una niña!. Mis lágrimas se han convertido en remanso dulce, gracias a tus letras, querido tejedor de sentires.

 

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De aquí para allá

Es una pena que no recordemos cómo empezamos a andar. La sensación de los primeros pasos, tras el gateo, como tanteando el mundo por el que luego deambularemos y erraremos años y años. Mezcla de preocupación y diversión, desvelo y expansión. Íbamos de aquí para allá, desplazándonos por abismos que sólo existían en nuestra cabeza. Buscando siempre lugares seguros, asideros sin precipicios, y la mirada de la madre, que nos animaba a soltarnos, a arriesgar. Y lo hacíamos, como diciendo “aquí estoy yo y me voy a comer el mundo”. Más tarde, te conformas con que el mundo no te coma a ti. Ahora, estamos aquí para estar allá, y no es pasado ni futuro.

La Dama Se Esconde (Ruiz Mora), de Murcia, ha estado allá para volver aquí y decirnos qué ha visto y cómo lo ha visto, como si se tratara de un sueño infantil con el que es fácil empatizar. El viejo de la imprenta me habló una vez del hombre y de su primaria incapacidad para ver un poco más allá. Yo miré allá, incrédulo. Y el viejo me espetó, ¿es que no te enteras burro?. Con música, pues nunca deben faltar las palabras y los ritmos.

Nubes,
luz,
vaiven,
¡zas!.
Pensamientos, pensadores;
periódico, hoja;
hechizo, reflexión;
vuelta, revuelta en las almas;
tristeza, apaga.
Vamos, parada,
freno, incendio.
Te espero,
añoro,
mi cena,
tu espacio,
mis dedos.
Pintura,
camino,
la vuelta,
la nada.
¿Tristeza?,
¿abismo?,
¿el miedo?,
no, más bien nada.
Perdí mi sonrisa,
colgé la palabra.
Los que me han visto,
me dicen, ¿dónde te hayas?.
No sé,
no cuento, no digo nada.
 

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“Fortirer in re, suaviter in modo”

Fortirer in re, suaviter in modo (fuerte en el fondo, suave en la forma). Hay situaciones que no merecen mayores explicaciones. Relato núm. 100 del Café Romantic. Una composición poética del Café Romantic (Goyo Martínez), a partir de una idea original de M. Carmen Escriña (Madrid) y un momento eterno de inspiración de Alma Ballesteros (Murcia).

 

Aunque la distancia nos separe, 

[ tú estás aquí ]

y puedo sentir tus caricias

Aunque te vayas lejos

[ sigues aquí ]

y puedo escuchar tus palabras

Aún en la distancia,

[ cierro los ojos y te veo  ] 

y tengo largas conversaciones

y veo que me sonríes

y te siento tanto.

 

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A ti (y lo digo todo)

El valor de las cosas no está en el tiempo que duren, sino en la intensidad con que sucedan. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables. Incluso en Facebook. Es así de sencillo aunque nos empeñamos en complicarlo todo.

Un relato de Cristina Jiménez-Buil (Madrid)

Relato con música

 

A ti, que sin saber quien era un buen dìa decidiste añadirme en tu lista de contactos…

A ti, que sabes que tengo defectos y errores…

A ti, que sin importarte quién soy, cómo soy ni de dónde vengo, me abriste tu corazón y me brindaste lo mas preciado que un ser humano pueda dar, “su amistad”…

A ti, que sin saber si estoy triste o feliz, me envias tus mensajes, los cuales muchas veces me hacen sonreír en momentos en los que quiero llorar…

A ti, que me llamas “amiga”, que me envías etiquetas, imágenes, besos, abrazos y mensajes…

A ti, quiero decirte “gracias”; gracias por estar en mi vida.

 

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