RSS

Archivo de la etiqueta: víctimas terrorismo

EL VIAJE DEFINITIVO (DE ROBERT MANRIQUE)

No es ni será su último viaje pues aún, y desde la paz, debe librar muchas batallas. Sí, quizás, será su viaje más definitivo. Un viaje que se inició por culpa de la mano y del plomo ajeno hace 25 años cuando tres personas que nada tienen que ver con el sentido común, con la humanidad, en definitiva tres animales, decidieron colocar en nombre del diablo un coche bomba en unos grandes almacenes de Barcelona, causando la muerte de 21 personas y heridas a otras 45, una de las mayores matanzas perpetradas por ETA, la de Hipercor.

Hoy, mi amigo, y sí digo mi amigo Robert Manrique, está en Vitoria. Hablamos. Está instalado en el hotel después de un viaje en tren durante el cual ni el traqueteo de las máquinas habrá despistado su atención. Aunque la procesión va por dentro, pues humano es, percibo la misma entereza y serenidad de siempre, aquella que incluso muestra antes de un partidito de tenis en el club de toda la vida, allí en el Valle de Hebrón de Barcelona, con los amigos.

Robert no va a Vitoria a pasar unos días de descanso. Ni tampoco a ver la ciudad, la cual ya conoce. Ni a tomarse unas cervezas. Va a entrevistarse con uno de los tres animales que perpetraron el atentado de Hipercor, Rafael Carido Simón.

Hace aproximadamente un año, el tal Caride –no merece el calificativo de señor- le escribió una carta en la que reconocía el daño causado por él y los de su calaña. No había disculpas públicas. Tampoco un reconocimiento explícito del perdón y de querer abandonar las armas. No sabemos aún si la letra del etarra desprende sinceridad o sólo es un gesto con el fin de lograr una amnistía, algún beneficio que le libre antes de la cárcel antes de lo estipulado.

El caso es que Robert ha llegado este mediodía, jueves, 15 de junio de 2012, a Vitoria para verse con el animal de Caride mañana viernes, en una prisión próxima a la capital alavesa.

– ¿Le estrecharás la mano?, le pregunto.

– ¡No!, por supuesto, me contesta, tajante.

Robert es así. Es capaz de enviarte a la mierda, y perdón la expresión, con una sonrisa en los labios. Desde que una maldita bomba de ETA le envío al infierno, del que regresó ¡gracias a Dios! para contarlo, le convirtió en el Roberto persona, hombre, en Roberto Víctima, la persona se ha transformado. ¿ Y quién no iba a sufrir semejante transformación?.

Y no le estrechará la mano porque el salvaje Caride Simón no la merece. Y por respeto a decenas de víctimas del terrorismo que no merecen un gesto de tamaña cualidad humana.

– ¿ Y cuál será la primera pregunta qué le harás?, cuestiono a mi amigo Robert.

En realidad hay muchas preguntas hoy en día por responder respecto de un conflicto armado surgido sólo en la mente enfermiza de unos cuantos –algunos de los cuales, como Caride Simón, que ni siquiera son vascos-.

– Le preguntaré –me cuenta- qué pinta un gallego como él, en una banda de asesinos que dice hablar en nombre del País Vasco, en un atentado cometido en Barcelona contra gente de toda España por un comando formado por un palentino, una Navarra y un gallego.

Buena pregunta, Robert, le respondo. Yo, confieso, aún no he podido entender la cuestión 25 años después. Si alguien es capaz de responderla con un mínimo sentido común, que lo haga y yo reconoceré mi ignorancia, mi estupidez.

Robert ha ido sólo a Vitoria. Ni una llamada de un político. No le hace falta, afirma. Quizás, mañana, cuando se cumplan 25 años del atentado de Hipercor, o cuando salga de la prisión alavesa tras verse con el animal, todos quieran hacerse la foto con él. “Cínicos, Hipócritas”, les diré yo.

Sí que lleva Robert en su pequeña maleta el alma, el corazón y las preguntas de otras víctimas que comprenden –como yo- su gesto.

Una de las peticiones más extendidas a trasladar al etarra por parte de esas víctimas, petición que hago mía, es que pida perdón pública y explícitamente a las víctimas y a toda la sociedad en general. Y si no lo hace, es que su gesto es cobarde, tan cobarde como lo que hizo aquel 19 de junio de 1987 en Hipercor. Y si lo hace y los animales que aún quedan en pide de ETA lo matan, su vida bien habrá valido un pequeño paso hacia el final de lo que nunca debió existir. Y si muere ese animal, yo no lloraré. Sí que lo haré, y lo haré de “alegría”, por los centenares de víctimas que se fueron y que aún quedan ¡por fortuna! quedan entre nosotros de los desalmados.

Se critica ahora el gesto a Robert. Se le puede criticare. Lo que nadie podrá reprocharle es el coraje, la valentía… de enfrentarse a su asesino, al asesino de muchos para decirle que es un hijo de satanás, un malnacido. Posiblemente, Robert no se lo dirá con estas palabras –yo lo haría-, pero hay que saber muchas veces leer entre líneas, lo que le ha faltado a este mundo de las asociaciones de “defensa” de las víctimas del terrorismo, donde sólo prima la política – y el dinero de las subvenciones- y que ha dejado absolutamente sólo a Robert en su viaje definitivo.

Y que conste que fue Caride Simón quien pidió el encuentro y que ha sido el ministerio del Interior, gobernado por el PP, quien lo ha autorizado.

¡ Suerte Robert, a por él que es uno y muy cobarde ¡

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Cuando la política asoma, la humanidad se exilia… (a la figura de Robert Manrique) (via goyomartinez9)

Cuando la política asoma, la humanidad se exilia... (a la figura de Robert Manrique) Hace 24 años que lo conozco y nunca deja de sorprenderme, como una puesta de sol. Es inagotable y agotador. Amigo de sus amigos. Fiel. De emociones inusitadas, puede actuar por placer, por curiosidad, por necesidad o por el extremo deseo de conocer nuevos mundos, nuevas vidas. Sabe que hay otros mundo, pero están en este. Y también sabe que hay otras vidas, pero están tí, en cada uno de nosotros. Y el dicho popular, que es muy sabio, cobra vigenc … Read More

via goyomartinez9

 
Deja un comentario

Publicado por en 02/07/2011 en El espía de Madrid

 

Etiquetas: , , , , , , , ,

Cuando la política asoma, la humanidad se exilia… (a la figura de Robert Manrique)

Hace 24 años que lo conozco y nunca deja de sorprenderme, como una puesta de sol. Es inagotable y agotador. Amigo de sus amigos. Fiel. De emociones inusitadas, puede actuar por placer, por curiosidad, por necesidad o por el extremo deseo de conocer nuevos mundos, nuevas vidas. Sabe que hay otros mundo, pero están en este. Y también sabe que hay otras vidas, pero están tí, en cada uno de nosotros. Y el dicho popular, que es muy sabio, cobra vigencia: lo que cuenta no son los años de vida, sino la vida de esos años.

Describir a Robert Manrique con unas cuantas líneas es como intentar descubrir el universo a partir de una sola estrella. Podría decir de él que es un tipo delicioso y fuerte a la vez. Que cae cien, mil veces y se levanta cien y mil veces. De mil y un matices. Pero si me quedo con una palabra para definirlo es humanidad, entendida como la sensibilidad y la bondad hacia los semejantes.

Estos días, con ocasión de la presentación en varias ciudades de la novela El Espía de Madrid (Ed. Singular), le he dicho ven y él ha venido. No ha hecho falta decírselo dos veces. Lo ha dejado todo para acompañarme (a mí y a mi compañero coautor, Joan Salvador Vergés). Y aún hoy en día, 24 años despúés, no deja de emocionarme y de sorprenderme por su manera de emocionarse y sorprenderse.

Él me descubrió otro mundo, un mundo posible; quizás no sea el mejor de los mundos, ese que hoy en día buscamos todos, sino un mundo factible. Donde viven y sobreviven seres únicos, irrepetibles.

“Nos rodean excelentes personas, auténticos tesoros escondidos de sensibilidad humana y de sabiduría acumulada…”, ha dicho de Manrique y de ellos la ex consellera Montserrat Tura (prólogo del libro Pido la Palabra, ed. Lectio). Hablo de las víctimas del terrorismo. Con ellas he aprendido a reír y a llorar; a ver nuevas luces de esperanza y a sufrir.

“La felicidad une, el dolor reúne”, qué fantástica frase me enseñó Robert Manrique cuando, durante dos años, los que necesité para escribir “Pido la palabra”, ví la botella; no estaba medio vacía, sino medio llena. Él, a base de esfuerzo, la intenta llenar cada día un poco más. Y así, desde hace 24 años, con frío y con calor, con una maleta o un hatillo, a pie, por carretera o por avión. Parece que nunca está pero siempre se le percibe. La falta noria del destino quiso que, un 19 de junio de 1987, se asomara al infierno. Unos malnacidos, los terroristas de ETA, que dicen luchar por la libertad de un pueblo cuando en realidad lo atenaza con el miedo, cambiaron su vida; la de él y otras 21 personas que murieron y otras 44 que resultaron heridas en el atentado de Hipercor. Todos ellos inocentes.

El diablo quiso atraparlo en su infierno pero él se resistió y regreso para explicarlo. Pero, pese a todo, la suya, como la de muchas víctimas de la barbarie terrorista, no es una vida triste. Que nadie se lleve a engaño. Las víctimas, con Robert a la cabeza, no necesitan consuelo sino solidaridad, comprensión, reconocimiento, aliento… y sobre todo, mantenerlas alejadas de la política.

Cuántas veces habré destestado con toda mi rabia frases y gestos como “este muerto es nuestro” o “aquel muerto es de ellos”. Quiénes son ellos o quiénes somos nosotros para reclamar la patria sobre un muerte a manos del terrorismo, sea del color o de la religión que sea. No soy víctima del terrorismo, pero cada día muero un poco cuando escucho y veo discusiones de políticos que, a la postre, no son más que figuras decorativas transitorias que pasan fugazmente por un tablero de ajedrez y cuyos verdaderos jugadores aún no conocemos. Ya lo decía El espía de Madrid: “hay dos clases de hombres que hay que evitar como la peste: los políticos y los filósofos que pregonan sus ofertas de cantamañanas”.

Y llegados a este punto, parece que no hemos aprendido nada. A medida que crecemos, somos un poco más idiotas cada día. Somos animales que tropezamos mil veces en la misma piedra. ¿ De qué sirve la experiencia, la historia, la memoria?.

Alguien tenía que decirlo

El 26 de junio de 2003, Robert Manrique, hastiado del cariz que había tomado la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en Madrid, en la que definitivamente la política entró por la puerta para echar por la ventana al humanismo, funda, junto a otros compañeros de fatiga, la Asociación Catalana de Organizaciones de Víctimas Terroristas (ACVOT); pero quién le iba a decir a él que, 6 años después, los amigos de la cena se convertirían en los enemigos del desayuno.

Los actuales dirigentes de la ACVOT abrieron las puertas de par en par a la política y, con cajas destempladas, sin ni siquiera un “gracias por sus servicios”, expulsaron a Robert Manrique, dejando la asociación huérfana de alma y espíritu. Ahora dicen ellos, esos dirigentes que se las dan de sabios en este complejo mundo de las víctimas del terrorismo, que fue Robert Manrique quien se fue, entre algunas sombras de sospecha. Mentira. Difamación. Calumnia.

Han olvidado en la cúpula de la ACVOT aquella máxima que les inspiró: “no olvidéis nunca que somos los custodios de la dignidad de las víctimas. Que nunca nos ha movido ni nos moverá un sentimiento de venganza, sino de justicia. Que debemos aprender a convivir con ello y que debemos trabajar, además, para que no vuelva a ocurrir. Y que, pese a la persistente sinfonía de muerte, no debemos desfallecer”.

Hoy, la política, la barata y maldita política, la que tiene mil nombres, como los ladrones, se ha apropiado de un universo que debería ser patrimonio único y exclusivo de lo humano y del humanismo. Las ilusiones y esperanzas forman parte del pasado y quizás del presente, hoy sólo son frustraciones.

Y mientras, hoy en día – porque la maldita crisis también se ha cebado con el universo de las víctimas-, y  por 85 míseros euros al mes, aunque el dinero es lo de menos porque lo haría gratis, aquel joven aprendiz de carnicero que murió el 19 de junio de 1987 en Hipercor para renacer como nueva víctima del terrorismo, sigue dando lo mejor de sí por el bienestar de todas las víctimas, sean azules o rojas, nacionales o extranjeras, jóvenes o viejas, y, lo más importante, siempre ajeno a la política. Y no ceja en el empeño. De noche o de día; a dos teléfonos si es necesario; en tren, en coche o a pie. En Vic o en Madrid o en Almería. Donde haga falta.

Dijo el poeta, cuando sabía certero que la muerte lo acechaba: “ante todo soy hombre del mundo y hermano de todos”.

 

 

Etiquetas: , , , , ,

 
A %d blogueros les gusta esto: