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Postales desde el filo de la vida (I)

 

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Querido Federico (III)

Querido Federico;

Qué razón tienes, amigo Federico; debemos interpretar las cosas siempre escanciando nuestra alma sobre ellas, buscando un algo espiritual donde no existe, proporcionando a las formas el encanto de nuestros sentimientos y ser un y ser mil para sentir las cosas en todos sus matices. Ahora soy capaz de verlo: lagos donde hay charcas, montañas donde hay colinas, o vicerversa cuando nuestra vista o nuestro cuerpo no son capaces de alcanzarlas, o almas antiguas que pasaron por plazas solitarias.

Tus últimas palabras son acicate para el alma y el corazón: hay que ser religiosos y profanos. Reunir el misticismo de una severa catedral gótica con la maravilla de la Grecia o la Roma pagana. Verlo todo, y sentirlo todo. En la eternidad, ya gozaremos del premio de no haber tenido horizontes.

Busco en tus palabras la humildad y la sinceridad para ponerlas en práctica en un mundo que nos es hostil. Quiero desplegar amor y misericordia para todos y recibir en pago tan solo un respeto. Ciertamente, poco más nos queda que soñar. ¡Desdichado del que no sueñe, pues nunca verá la luz!.

Querido Federico, nos hallamos ante un momento de la historia en que se presenta como un friso continuo de ventanas que se abren y se cierran y en el que aparecen paisajes y personajes, en una suerte de trampantojo creada, quizás por Dios y el diablo al unísono. ¿ Habrán generado una amistad desconocida para nosotros?.

¿ En qué creer?, querido Federico. Las ilusiones forman parte del pasado y, quizás, del futuro pero hoy solo son frustraciones. Si este es nuestro futuro, quizá prefiera un pasado.

La política, amigo mío, ha dejado de ser un noble arte. Recuerdas a Rimbaud: “Regresaré, con miembros de hierro, la piel ensombrecida, la mirada furiosa: por mi máscara, me juzgarán de una raza fuerte. Tendré oro: seré ocioso y brutal. Las mujeres cuidarán a esos feroces lisiados reflujo de las tierras cálidas. Intervendré en política. ¡Salvado!.”

Hoy, la política se ha reducido al infame arte de escuchar quien dice la barbaridad más alta y quien escupe más lejos. Mientras más lejos, mejor. Ya se ha iniciado la tensión de las urnas. Nos querrán deslumbrar con la poesía para aparcar la prosa en que consiste la política del día a día. Unos, que se dicen socialistas, proponen nuevas recetas para tiempos distintos y llevan al foso ¿de los leones? a un político cómplice de un desgobierno que apenas sí supo ubicarse a la altura de las circunstancias. La izquierda, querido Federico, aparece rota en mil pedazos, como así lo ha sido siempre en la historia de España.

Los otros, conservadores, hablan y hablan para no decir nada realmente importante. Tampoco les ha hecho falta, en realidad. Han conseguido aunar las fuerzas de la derecha, como siempre ha sido en España y siempre lo será.

A todos, sin embargo, les une, y siempre les unirá, una máxima: no saben lo que es forjar un auténtico gobierno por y para el pueblo. Les falta, aún hoy en día, una verdadera cultura del diálogo e inventan sobre la marcha. Son, estos gobiernos, artefactos políticos creados para conservar el poder y mantener a los adversarios en la oposición, esperando a que desaparezcan como alternativa. Y de tanto en cuando, más veces de las debidas, aparecen voces de “ladronzuelos” que han hecho de la política un arte de birlibirloque y que pregonan sus ofertas de cantamañanas.

Será cierto, como proclamó Rimbaud, que ahora estamos malditos y tenemos horror a todo. ¿Será mejor dormir, completamente ebrio, sobre la playa?, a la espera de mejores tiempos.

PD: querido Federico, definitivamente he dejado de creer en la justicia, al menos la terrenal y espero que Dios reparta justicia cuando les llegue la hora de cruzar la puerta solitaria. Llueve sobre mojado o noy hay nada nuevo bajo el sol. Nos movemos de un extremo a otro, a la deriva, sin remisión. Te explicó. Hace unos días, castigaron con la cárcel a un grupo de funcionarios y empresarios, todos ellos de orden influyente, por defraudar al fisco que es lo mismo que defraudar a todos. Ellos, en apariencia, son iguales pero son distintos. No son ni representan la miseria de la sociedad, no son vagabundos, ni prostitutas, ni drogoadictos, ni ladronzuelos, ni pobres que roban para sobrevivir o que comen sardinas de papel para engañar a sus maltrechos estómagos, ni parados… son, en apariencia, la crema de la sociedad y ninguno ha dado con sus huesos en la cárcel.

Como siempre, Querido Federico una melodía para colmar tus oídos.

Siempre tuyo, tuyo siempre,

Goyo Martínez

 

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Querido Federico (30 de julio de 2011)

Querido Federico;

He recibido con inmensa alegría tus últimas palabras en las que me invitas a sentirme abatido pero nunca batido. Veo cómo pasan cosas y cosas siempre retratadas con amargura e interpretadas con tristeza e intento sobreponerme a las adversidades de la vida, una realidad compleja, dramática, repleta de bachez y curvas imprevistas que altera nuestro guión de sopetón.

Observo en mi alma, y en la tuya, algo que sobrepuja a todo lo existente. Un algo que, en la mayor parte de las horas, está dormido. Sin embargo, cuando recordamos o sufrimos, como es el caso, una amable lejanía despierta.

Quiero seguir tu camino y ver poesía en todas las cosas, en lo hermoso y en lo feo, en lo repugnante y en lo deleitable. Me cuesta, sin embargo, descubrirla. Ya me advertiste de que era difícil alcanzar ese descubrimiento pero intento no desfallecer.

Cuan admirable es el espíritu que recibe una emoción y la interpreta de muchas maneras, todas distintas y contrarias y ninguna contrapuesta. Pasamos por el mundo y, cuando llegue a la puerta de la ruta solitaria, espero poder copar todas las emociones existentes: virtud, pecado, pureza, negrura.

Querido Federico, es, sin embargo esa realidad de la que te hablo, lo que trastoca los planes personales e impide ese descubrimiento a través del incógnito a la par que maravilloso viaje a las profundidades de nuestro interior.

El país anda sumido de nuevo en un convulso ambiente político y social. De hecho, la nuestra es una historia en la que no nos es ajeno el sufrimiento, el sacrificio e incluso la sangre. Como si Dios y el diablo hubieran escrito a cuatro manos nuestro devenir.

Ciertamente, querido Federico, es este un país raro. Prohiben la droga pero autorizan su consumo; prohiben fumar pero detectan el monopolio del tabaco; prohiben circular con los autos a más de 120 pero fabrican coches que pueden alcanzar velocidades de vértigo.

Sí, querido Federico, las cosas, esas cosas en las que intento ver belleza y esperanza, andan mal. Tanto que, en las oficinas del paro, comienzan a despedir a desempleados. El otro día, sin ir más lejos, en la barra del café un hombre encorbatado y repeinado le preguntó a otro que parecía languidecer, buscando alguna solución en el fondo de un botellín de cerveza:

– ¿ Y usted, es de derechas o izquierdas?.

– Yo soy del PSOE,- respondió el de aspecto obrero.

El trajeado le replicó:

– Sí, de acuerdo, ¿ pero usted es de derechas o izquierdas?.

Nunca, a mi modo de entender, ha habido un proyecto coherente y articulado. Un brindis al sol, todo lo más, de mayor o menor duración pero siempre perecedero.

A la vista de los titubeantes acontecimientos, pasados, presentes y futuros, el Gobierno de turno que rige nuestros destinos nos convoca a las urnas. Dicen que será el próximo 20 de noviembre. ¿ De qué nos suena ese día?, querido Federico.

Sin más, espero recibas estas letras con la misma emoción con las que yo las escribo.

Siempre tuyo, Goyo Martínez

PD: como siempre, te adjunto una melodía para tu deleite.

Barcelona, 30 de julio de 2011

 

 

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Era lunes y amanecía

Ilustración: goyo martínez (clica sobre la imagen para escuchar la música de este relato)

Por “Barlovento”, alias de Alba R., desde Punta Umbría (Huelva)

Sólo se atrevió a toquetearla y besarla como un quinceañero. ¿Sexo adolescente?. En realidad, el sexo adulto le importaba poco. Besaba bien y fue romántico. Ella le rogó que le desvirgara. Él dijo: cuando llegue el momento, si se da la oportunidad. En realidad, buscaba más una compañera con la que compartir momentos y sensaciones que con la que mantener relaciones. Era un hombre inteligente y también pasional, que sabía de lo que hablaba. Le pintó los ojos con las chiribitas de la ilusión y la esperanza y le regaló encajadas cómplices y abrazos casi fraternales. Entonces, se hizo el silencio entre ellos, un silencio donde descansaba sus almas. No supieron nada del tiempo que transcurrió al cruzarse sus miradas en ese silencio. Él le regaló una flor y ella le dibujó en un papel algo parecido a un corazón. Hasta los ángeles bajaron del cielo y los demonios subieron del infierno para escuchar aquel silencio. Era lunes… y amanecía.

 

 

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El infame Cardenal

Ilustración: goyo martínez (clica sobre la imagen para escuchar la música de este relato)

Julio de 1936, en un rascacielos de la calle de Muntaner de Barcelona. Cinco y media de la tarde. (El espía de Madrid).

El consejero de Gobernación se levantó de su sillón y pidió calma con ostensibles gestos de las manos.

            —¡Caballeros, serenidad! Creo yo que al señor Nelo le asiste… parte de la razón. Analicemos la situación actual: los pequeños conflictos obreros existentes en Barcelona se van solucionando satisfactoriamente. Yo personalmente he mediado en el conflicto de los barcos de la Trasmediterránea y les puedo asegurar que los correos saldrán prestos a su destino. El conflicto de los buques de Transatlántica también está en vías de solución. La huelga del ramo mercantil de Lérida se resolverá en breve. Cierto es que ha habido pequeños incidentes… los cuales, sin embargo, no permiten extraer tan grave conclusión. Juzgar los atentados del día 2 de julio como «pequeños incidentes» era, como poco, temerario, pensó Nelo.

            —Por otra parte —añadió el consejero— debo manifestarles que durante el viaje que ayer realicé a Madrid, para reunirme con el ministro de la Gobernación, observé una situación de absoluta tranquilidad y así me lo expresó él. Tanto es así que dedicamos la jornada de trabajo a ultimar algunos detalles referentes al traspaso de los servicios de orden público. ¡En fin, señores, no veo motivos para tanta preocupación!

            Nelo juzgó que era el momento para volver a intervenir.

            —Primo de Rivera —empezó a decir— supo utilizar a su favor una situación de caos en la política española. Los continuos enfrentamientos entre facciones, las animosidades personales e ideológicas impidieron una reacción contra su levantamiento.

            —Y el rey de España lo apoyó desde el primer momento —añadió Escofet.

            —Y la burguesía catalana, no lo olviden —apuntó Casanellas.

            —Y, por supuesto, el estamento militar —siguió Nelo—. Recuerden que estaba pendiente el expediente Picasso, que pretendía exigir responsabilidades a los militares tras los desastres del norte de África y que fue convenientemente aparcado por Primo.

            —Vamos, vamos, señor Nelo, no se dan las mismas circunstancias —sugirió Ramón Nogués—. La república está más consolidada y cuenta con más apoyos que la monarquía parlamentaria de 1923. Es muy distinta la deriva política de la nación.

            —De eso se trata, precisamente —replicó el agente—. Con los actos de estos días pretenden crear las condiciones para un alzamiento militar, señores. Y tengan muy presente que hoy las consecuencias de ese alzamiento serían mucho más dramáticas que las de 1923. Partidos y sindicatos están mejor organizados, y la sociedad civil se opondría, sin duda, incluso por las armas.    

            Hubo quien se mostró de acuerdo con las tesis de Nelo; otros recelaron de lo que juzgaban bienintencionados pero equivocados vaticinios. Ya todos los reunidos estaban en pie y hablaban al mismo tiempo, discutiendo de forma desordenada, como en una sesión del Parlamento de aquellos días.

            —¡Orden, caballeros! —gritó con voz atronadora el comisario Escofet—. ¡Mal haremos si entre nosotros no hay unidad!

            Escofet alertó entonces de la inminente huelga anunciada por el Sindicato Único del Transporte y la persistencia de los paros en fábricas de tanta significación, por su simbolismo y por el número de trabajadores, como Uralita, Riviere y Asland.

            —¡Una huelga del ramo de los transportes sería una hecatombe social! —observó el diputado Ruiz Ponseti.

            —¡No se alarme! —apuntó el consejero de Gobernación—. Eso no ocurrirá. Ya trabajamos para pacificar el asunto.

            Sin embargo, ese día, a esas horas, los poderosos sindicatos del sector aún mantenían su oficio de huelga y no parecía que tuvieran la intención de retirarlo, pues la patronal se había levantado de la mesa de negociaciones tras calificar de inadmisibles las
demandas obreras. 

            Se hizo un temeroso silencio en la terraza, como si todos los presentes imaginaran una ciudad absolutamente paralizada, sin abastecimiento, sin autobuses, sin el metropolitano…

            —¡Caballeros, les ruego que se calmen! ¡No sean ustedes como los de Madrid, tan catastrofistas! —volvió a apuntar el señor España apelando al espíritu del dichoso oasis catalán.

            Nelo irrumpió en ese instante con un factor que, hasta ese momento, no había aparecido en el encuentro.

            —¡Caballeros! ¿Y la Iglesia?

            —¿Qué ocurre con esa gentuza? —preguntó el diputado Fronjosá. 

            —¡Les recuerdo que, oficialmente, España ya no es católica… y está partida en dos! —respondió el agente.

            —¡Ni falta que hace! —le replicó el diputado Nogués.

            —Mucho me temo que aquellas palabras del cardenal Segura al proclamarse la República recobran hoy su vigencia. Y ya sabemos que cuando la Iglesia advierte, sus palabras no tienen descuento y su amenaza es tan real como cierta…

            —¿Y qué dijo el infame cardenal? —preguntó de nuevo el señor Fronjosá. Nelo le refrescó la memoria.

            —«Cuando los enemigos del reinado de Jesucristo avanzan resueltamente, ningún católico puede permanecer inactivo…»

            —¡Sandeces! Mientras quienes deben llorar no lloren y sus lágrimas de sincera y cristiana contrición no purguen y laven la mancha inferida por años, por siglos de expolio y barbarie en nombre de Dios…, ¡que callen! —dijo el diputado, con el mismo tono y la arrogancia que solía usar en la tribuna del congreso.

            —¡Disculpe, diputado! No se ofenda usted, pero creo que no es la persona más indicada para… He oído por ahí que le llaman el cazador de monjas… —le espetó Nelo, pensando en la monumental trifulca que inició el diputado Fronjosá días atrás al interpelar al Parlamento por las razones por las cuales la Generalitat aún no había cambiado de nombre la Casa de la Caritat ni había prescindido de las monjas, de los sacerdotes y de las señoras caritativas, soliviantando con ello a gran parte de la sociedad barcelonesa—. Se trata precisamente de eso, señor Fronjosá, de no excitar los ánimos con discursos incendiarios.

 

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