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Porque un día dejé de serlo, vuelvo a ser

En un plácido atardecer de agosto, en el protegido retiro de su playa, agotando el último de los primeros días de su vida antes de arremangarse para los ensayos de su nueva vida, ella conversa animadamente con ella. Resguardada ya del sol, los pensamientos fluyen al compás de la naturaleza. La brisa, caprichosa, envuelve el momento. Hay palabras, ideas que brotan sosegadamente. No hay prisa.

De repente, mira al cielo y descubre el vuelo de la gaviota. Saborea la libertad del animal como si fuera la propia. Todo es consecuencia de la constancia y de la profundidad con que se vive en cada momento. Lo traduce. Lo hace suyo. En un acto de continuidad, ella regresa a su conversación con ella mientras el ave, eterno pasajero circunstancial, desaparece en el alto azul llevando al viento un alma transparente, un carácter fluido.

Porque existen cosas que sólo puede hacer uno mismo, un breve relato que surge de la inspiración y del profundo pensamiento de Maite Arbonés (Lleida), en un estilo muy personal en que los ojos clavan las frases dichas y escritas como alfileres, dulces alfileres. Con música y mucho amor, porque la vida es como una caja de bombones…

– ¿Duermes?

– No sin un sueño.

– ¿Te levantas?

– No sin un motivo.

– ¿Vives?

– No por nadie que no esté dispuesto a vivir por mí.

– ¿Y tu ayer, y tu mañana?

– Ningún día se parece a otro.

– ¿Parece que…?

– Nadie se parece a mí.

– ¿Quién te hará feliz?

– Sólo hay una persona capaz de hacerme feliz para toda la vida.

– ¿Quién es?.

– Yo mismo, yo misma.

Porque un día dejé de serlo, vuelvo a ser.

 

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Páginas que hablan de mí

Eleanor Roosevelt dijo una vez, “ganas fuerza, valor y confianza en cada experiencia en la que realmente te paras para enfrentarte al miedo”. Es así como, entonces,  podrás hacer aquello que nunca creiste que podrias hacer. No existe viaje más fascinante que aquel que realizamos a nuestro propio interior. Y para ver en ese viaje, cierra los ojos y escribe sobre ti, sobre el mundo, pues estamos hechos de palabras.

En pocas palabras, Cylhia CG, desde México, viaja sin moverse -porque muchas veces no hace falta ese trajín-, para decirnos que lo escribirá cuando llegue allí, a ese lugar donde todos debemos llegar. Con música, como no podía ser de otra manera.

 

¿Quién lo sabe?, “sólo un idiota diría”…

… Más puedo decir que, al llegar allí, espero encontrarme a mí misma, con una pequeña libreta de notas en la que haya escrito, por lo menos, dos páginas que me hablen de mí. Querrá decir entonces que me he conocido un poco.

 

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Relato breve de un (maravilloso) idiota

¿Quién sabe dónde el camino puede conducirnos?, sólo un idiota diría / ¿Quién sabe si nos encontraremos a lo largo del camino? / ¿Quién sabe dónde los vientos nos harán volar?, sólo un idiota diría / ¿Quién sabe si alguna vez alcanzaremos la orilla? / Sigue un son naciente con los ojos que sólo pueden mirar fijamente / ¿Qué tipo de fuego nos quemará allí?, sólo un idiota diría.

Hay situaciones y palabras que no merecen mayores explicaciones, como la música de Alan Parsons Project dedicada a un fantástico idiota que nos señala el camino. Un relato de David Creus, de Mollet del Vallès (Barcelona).

Contigo no siento dudas de querer compartir mi vida. Mirarte frente a frente permite a mi corazón palpitar con el embrujo de la vida eterna. Sólo pretendo que me acompañes por el sendero pasional de mi más simple y sincera existencia. Sólo deseo abrazarte con el convencimiento de que, en ese instante, te merezco.

Sí, amiga, te persigo, te pretendo. Necesito saciarme de tu esencia mientras te busco detrás de la sombras de mi soledad. Compañeros de viaje o no, te buscaré en cada rincón por donde transite. No dejaré de pensar en ti. 

Creo en ti, como una obsesión que fatiga, que duele. No importa, mereces que ponga mi vida en tus manos si te gozo un sólo instante. Preséntate sin miedo, abusa de mi tiempo si pedir permiso, explota mis recuerdos y, ante todo, no olvides que te necesito, te necesitamos. 

A ti, felicidad, no abandones el mundo por incomprensión.

 

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Tocarem els estels (Tocaremos las estrellas)

Y, por fin, descubrió el mar y su olor de azul turquesa del cielo, y el mar luminoso en contraste con la abigarrada ciudad, protegida por montañas ya míticas. Y pudo tocar la estrellas mientras cuatro músicos tocaban en las mismas verjas del parque. Tocaban canciones de amor.

De Santi Fornell (Balsareny, Barcelona). Un cuento con música sobre las estrellas pues hacen falta ya que, en estos tiempos agitados, aún queremos y debemos ver y utilizar las estrellas para que nos guien en el camino.

Versió original (en català)

Cada nit dibuixarem un estel nou. Sortirem per mirar el cel mentre va enfosquint la seva llum, mirarem que mai falti cap ni un dels estels que ahir hi havien, i si un no hi és, el pintarem nosaltres.

I així, mica en mica, també posarem noms a tots aquells que inventem en el nostre dibuix: un serà el que et digui que t’estima, l’altre serà el que et recordi que ets especial, el de més enllà et dirà que mai la soledat serà asseguda al teu costat… I així, mica en mica, anirem omplint aquesta negror que fa un temps era tan i tan fosca, i que d’ençà que tu i jo la pintem d’estels cada cop és més i més brillant.

No oblidis mai, encara que passi el temps, encara que pensis que jo no hi soc, sempre que surtis a mirar la nit i vegis els estels, recorda que jo, sempre hi seré. Avui, desprès de pintar-los, els tocarem, pujarem als nuvolets dels somnis, els que tu cada nit fas venir fins al teu cap, i allà al damunt d’ells ens endinsarem fins on res no sigui diferent… Vens ?

Cada noche dibujaremos una estrella nueva. Saldremos para mirar el cielo mientras va oscureciendo su luz, miraremos que nunca falte ni una de las estrellas que ayer existían y, si acaso una falta, la pintaremos nosotros.

Y así, poco a poco, también pondremos nombres a todos aquellos que inventamos en nuestro dibujo: uno será el que te diga que te quiere; el otro será el que te recuerde que eres especial; el de más allá te dirá que nunca la soledad se sentará a tu lado… Y así, poco a poco, iremos llenando esta negrura que hace un tiempo era tan y tan oscura, y que desde que tú y yo la pintamos de estrellas cada vez es más y más brillante.

No olvides nunca, aunque pase el tiempo, aunque pienses que yo no estoy, siempre que salgas a mirar la noche y veas las estrellas, recuerda que yo siempre estaré. Hoy, después de pintarlas, las tocaremos, subiremos a las nubes de los sueños, las que tú cada noche haces venir a tu cabeza, y allá encima de ellas nos adentraremos donde nada sea diferente… ¿ Vienes ?

 

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El niño raro (Ir capítulo)

Decía Marie Curie, que no era diferente sino especial: “en la vida no hay cosas que temer, sólo hay cosas que comprender”. Y esas cosas comienzan en uno mismo. Abre bien los ojos. Haz trabajar la cabeza, Controla el corazón. No cierres nunca la boca. Gritan bien fuerte, cuando sea necesario. Da todo de ti mismo.

Un cuento por entregas de Rocío Sánchez Rivas, de Sevilla, que nos habla del camino que todos debemos emprender para comprender y realizar. Un relato con música, por supuesto; come away with me lyrics.

En un pueblo llamado Esmeralda, habitado por un centenar de habitantes, vivía Carlos, un niño solitario y callado que apenas había pronunciado más de diez palabras a lo largo de sus pocos años de vida. Su único entretenimiento, y a quien dedicaba toda su atención, era Rufo, un San Bernardo que le habían regalado por su noveno cumpleaños.

En Esmeralda todos los vecinos lo conocían por “el niño raro”, apodo que  gustaba a los padres de Carlos, aunque ellos también pensaran que lo era. Pero un buen día, Carlos sorprendió a todo el pueblo con un acontecimiento inesperado. Al anochecer, el “niño raro” salió de casa para dar de comer a Rufo y observó un destello de luz que provenía de un olmo situado a quinientos metros de su casa.

La curiosidad pudo con él y se acercó al árbol para ver qué era esa luz brillante. El perro le siguió y, juntos, se adentraron en el bosque hacia el viejo olmo. A medida que se acercaba escuchaba susurros dulces y melódicos cómo una canción de un idioma no conocido. La luz era cegadora y no pudo ver nada. De momento, notó que alguien o algo tiraba de él, pero sin ser agarrado. Era como una fuerza incalculable que lo adentró en una ceguera total. Se desvaneció un minuto, quizás una semana, o un año, no lo sabía con exactitud, estaba aturdido.

En su ceguera blanca vio una sombra tenue que transmitía esa melodía pacificadora. Carlos estaba aterrado y fascinado a la vez, brotó de su garganta una palabra:

-¡Ayúdame!.

La voz le contestó en el idioma de la música que eso era precisamente lo que quería hacer, venía para ayudarlo.

Se acercó a él. Carlos pudo ver el rostro y la silueta borrosa de lo que parecía un boceto de mujer con rasgos extraños. Tenía ojos de gato, la nariz minúscula, la boca grande, el cabello largo y blanquecino a la altura de los tobillos. Entre las telas que cubrían su cuerpo se apreciaba su delgadez y fragilidad, como el tallo de una flor.

Carlos se preguntaba, ¿quién será esta mujer de extraña belleza? ¿Es realidad lo que estoy viviendo, o sólo es un sueño? Ha dicho que quiere ayudarme, que para eso ha venido, pero, ¿qué puede hacer ella por mí?

La mujer acercó la mano y le mostró una semilla luminosa, parecida a una luciérnaga, y le susurró al oído:

-Toma este fruto de la vida, la verdad y la justicia, siémbralo donde otras personas no puedan dañarlo hasta que crezca. Cuando dé su fruto, cómelo y de ti emanará una gran sabiduría.

El niño respondió.

-Soy un niño raro, eso dicen todos de mí. No creo que sea posible poder cambiar eso.

Hubo replica.

-Carlos, a veces es bueno ser “raro” o diferente para poder ser sabio. Tu destino está escrito.

El niño se quedó pensativo. Sin decir nada más guardó la semilla y se arrodilló ante la mujer diciéndole, “gracias, lo haré”.

Ella con una dulce sonrisa se alejó de él al ritmo de la música en cada uno de sus movimientos.

 

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Visual / Sopa de amor

 
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Publicado por en 12/02/2012 en Visual

 

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(1+1)= todo; (2-1)=nada

“Amor mío, estas son las cosas que recuerdo de mi amor: tus cálidas manos, tu cálido aliento, tu cálida boca, tus brazos a mi alrededor. Recuerdo sentirme seguro siempre, como una sóla persona, los dos en silencio, en paz, entrelazados. Recuerdo lo que sentí la primera vez que te besé, fue como… el gran salto. ¿Qué recuerdas tú?. Los caminos se bifurcan, cada uno toma una dirección pensando que al final los caminos se volverán a unir…”

Un problema matemático de amor planteado en tres tiempos por Acero Rojo, desde Barranquilla (Colombia). Porque, en la aritmética del amor, uno más uno es igual a todo, y dos menos uno es igual a nada. Un relato con música.

 

(1+1). Siempre he sabido que mis labios están hechos para los tuyos.

(1*1). Algunos días tenía miedo de decirte te amo. Otros no podía parar. Tu silencio siempre fue cruel.

(1-1). Cada vez que te veía se me aceleraba el corazón. Pero no de amor, si no de miedo… miedo a que me partieras el corazón.

 

 

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